Abre los Ojos
Recupera el asombro por lo que Dios ha puesto en tus manos
- Preacher
- Willy Briones
- Church
- Camino de VidaEvangelicalLima, Peru
- Date
- Sunday 12th July 2026
- Read time
- 8 min
- Language
- Spanish
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Abre los Ojos
La Historia del Doctor y el Tesoro Olvidado
En el año 2016, un doctor que se había jubilado después de años de trabajar como especialista recibió una herencia de su padre. Entre las cosas que heredó había varios escritos y objetos antiguos que guardó sin prestar mucha atención. Cuando finalmente tuvo tiempo de curiosear sobre lo que poseía, decidió llevar los objetos a una casa de empeño para evaluarlos.
Lo que descubrió lo sorprendió profundamente. Entre aproximadamente 14 dibujos antiguos de unos 500 años, encontraba una obra maestra: el Martirio de San Sebastián, un dibujo original de Leonardo da Vinci. Esta obra fue valuada en 1.5 millones de euros. El doctor tenía una fortuna en sus manos todo ese tiempo sin saberlo.
El Título del Mensaje: Abre los Ojos
A menudo oramos y esperamos que Dios haga algo nuevo en nuestras vidas. Decimos: "Seré feliz cuando suceda esto," "Mi vida será diferente cuando aquello cambie," "Cuando tenga un nuevo trabajo," "Cuando deje esta adicción," "Cuando sane." Pero a veces, la respuesta de Dios es simplemente: abre tus ojos.
Abre tus ojos y date cuenta de lo que tienes en tus manos. Abre tus ojos y reconoce lo bendecido que eres. Abre tus ojos y sé agradecido.
Jesús en Nazaret: La Familiaridad Bloquea lo Milagroso
En Marcos 6:1-6, leemos que cuando Jesús regresó a su tierra de origen, Nazaret, los habitantes se escandalizaron. Decían:
"¿De dónde sacó este tales cosas? ¿Qué sabiduría es esta que le se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?"
Jesús, quien había estado sanando enfermos, echando fuera demonios y haciendo prodigios por todas partes, no pudo hacer ningún milagro en Nazaret, excepto sanar a unos pocos enfermos. El texto dice que "él se quedó asombrado por la incredulidad de ellos."
¿Por qué no pudo hacer milagros? No porque le faltara poder, sino porque la atmósfera del lugar era de familiaridad.
Definiendo la Familiaridad
La familiaridad es ver algo o alguien y ya no reconocer su valor. No quita el valor real de la persona o cosa, sino que simplemente cambia nuestra mirada. La familiaridad no destruye el objeto; relaja nuestra capacidad de verlo claramente.
Es como cuando entras a un lugar oscuro desde el sol brillante. Al principio quedas casi ciego. Pero después de unos segundos, tus ojos se acostumbran y ves todo normalmente. Muchas veces, nuestra vista espiritual se acostumbra a lo que en algún momento fue milagroso y ahora lo ve como algo común.
Tres Áreas Donde Nos Volvemos Familiares
1. Nos volvemos familiares con la familia de sangre
La familia es con quien estamos más cerca. Vemos todos sus defectos, nos acostumbramos a los mismos chistes, a las mismas conversaciones.
Recuerda cuando acabas de enamorarte. Podías vivir a 2 horas de distancia de tu pareja y recorrer 4 horas diarias sin importarte. Tus ojos brillaban cada vez que la veías. Pero después de 10, 20, 30 años, sacar la basura se vuelve complicado. No cambió el valor de esa persona; cambió tu mirada.
Con tus hijos ocurre algo similar. Anhelabas ser papá o mamá, pero ahora la rutina diaria te hace perder de vista lo milagroso de tenerlos. Con tus padres, dices "No tengo tiempo para mamá o papá, estoy muy ocupado." Pero cuando se van, desearías poder hablar con ellos una vez más, abrazarlos, pasar tiempo. Los valoras más a veces cuando no están.
No hay familias perfectas. Pero Dios nos bendice con la familia que tenemos. Lo importante es limpiar nuestra mirada y recordar lo valiosos que son.
2. Nos volvemos familiares con la iglesia
¿Recuerdas la primera vez que viniste a la iglesia? Parecía algo increíble. Contabas el tiempo para llegar, venías temprano, estabas animado de servir, de estar en grupos pequeños.
Ahora tal vez cuesta venir. Antes las alabanzas parecían lo más increíble; ahora solo tienes ganas de quedarte 20 minutos. La gente de la iglesia que parecía la más amable del mundo ahora no lo parece tanto. No es que hayan cambiado; es que nos hemos vuelto familiares.
El salmista dice en el Salmo 84:10:
"Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los impíos."
Y en el Salmo 122:1: "Yo me alegro cuando me dicen, 'Vamos a la casa del Señor.'"
No siempre tienes ganas de ir a la iglesia, incluso si eres pastor. Pero cuando recuerdas lo que significa estar en la casa de Dios—que van a suceder milagros, que Dios estará presente, que verás su obrar—entonces tu mirada se limpia.
Somos bendecidos. En el mundo entero, millones de cristianos se reúnen como tú y yo para alabar al mismo Dios. Pero hay creyentes cuyas iglesias están en sótanos escondidos, en lugares pequeños, porque son perseguidos. Hay cristianos que caminan 2 horas de ida y 2 de vuelta, cruzando cerros, solo para llegar a una reunión de 5 metros cuadrados. Somos bendecidos por la iglesia que tenemos.
3. Nos volvemos familiares con Dios mismo
Juan el Bautista era primo de Jesús, probablemente de casi la misma edad. Posiblemente jugaron juntos. Pero Juan nunca se volvió familiar con Jesús. Cuando vio a Jesús, dijo:
"He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es de quien dije: Tras de mí viene un varón que es preferido antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine bautizando con agua."
Y añadió: "Ni siquiera yo soy digno de desatar sus sandalias."
Pero los de Nazaret se volvieron familiares con Jesús. Aunque no eran su familia de sangre, la cercanía y la repetición los hicieron perder el asombro.
A veces nos resentimos con Dios cuando no hace lo que le pedimos. Hacemos cosas "por él" como si él necesitara que cumpliéramos, como si Dios dijera "Ven a la iglesia para que yo esté bien." No; él dice "Ve a la iglesia porque tú necesitas ir." A veces lo vemos como un "hada madrina" que debe hacer lo que esperamos, y nos volvemos familiares con el mismo Dios.
Cuando esto ocurre, comenzamos a murmurar, a quejarnos, a menospreciar a las personas y las cosas de Dios. Nuestros labios sacan lo que hay en el corazón.
El Antídoto: La Gratitud
Hay algo simple pero poderoso que puede ayudarte a nunca volverte familiar o a recuperar el asombro en las cosas de Dios: sé agradecido en todo tiempo.
Primera de Tesalonicenses 5:16-18 dice:
"Estén siempre alegres, oren sin cesar y den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús."
Que en tu boca siempre haya agradecimiento:
- Gracias, Dios, por mi familia.
- Gracias, Dios, por mi iglesia.
- Gracias, Dios, por mi esposa o esposo.
- Gracias, Dios, por lo que me has dado, sea mucho o poco.
- No soy todo lo que me gustaría ser, pero gracias, Dios, por lo que has hecho en mi vida.
- Gracias, Dios, por mis amigos y mi familia de fe.
Dios nos ha dado mucho más de lo que nos damos cuenta. Como el doctor en la historia, no reconocemos lo que tenemos porque nos hemos vuelto familiares con la familia, con la iglesia, con Dios mismo.
Oración Final
Señor, ayúdame a ver a cada persona como tú la ves, y a cada circunstancia a través de tus ojos. Enséñame a mirar como tú miras y a agradecer aun cuando todavía no veo. No quiero acostumbrarme a lo milagroso—al milagro de la vida, de tus personas, de los amigos, de tu casa, al milagro de la salud y de la compañía, de lo que tengo y de lo que no. Pero sobre todo, al milagro de tenerte a ti, Señor.
Despierta en nosotros una mirada de asombro—asombro por las cosas sencillas, por las cosas cotidianas que siguen siendo un milagro. Asombro por las personas que has puesto en nuestro camino. Asombro por lo que has hecho en nuestras vidas. No nos dejes vivir teniendo mucho y reconociendo poco. Ayúdanos a que haya en nuestros labios una palabra de agradecimiento en todo momento.
Invitación a la Salvación
Si estás aquí por la primera vez y sientes algo diferente en tu corazón—no es solo la música, es Dios—quiero decirte que Dios quiere ser parte de tu vida. Quiere caminar contigo, quiere entrar en tu vida como tu Señor y Salvador. Pero Dios nunca entra obligando; él nos dio el regalo del libre albedrío.
Romanos 10:9-10 dice claramente:
"Si confiesas con tu boca que Jesús es tu Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."
Serás cristiano no por haber ido a una iglesia de pequeño, ni por tener una Biblia, sino por aceptar a Jesús como tu Señor y Salvador. Es una relación personal con él.
Si quieres hacer esta oración hoy, repite después de mí:
Padre nuestro que estás en el cielo, en este día yo te pido perdón por mis pecados. Yo te acepto como mi Señor y como mi Salvador. Entra a mi vida y haz tu obra en el nombre de Jesús. Amén.
Si hiciste esta oración, conócenos en caminodevida.com y encuentra tu siguiente paso.
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