La Mesa de Comunión con Dios
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La Mesa de Comunión con Dios
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Padre, te doy gracias porque tú eres bueno, para siempre es tu misericordia. Te pido por el poder de tu palabra, que este pueblo sea terreno fértil, donde tú siembres una semilla de fe, mi Señor, y que quede bien plantada y que dé fruto al ciento por uno en el nombre de Jesús.
Quiero presentarles un video que muestra un momento poderoso. Se trata de Robert F. Smith, uno de los primeros billonarios afroamericanos en los Estados Unidos. Ocho generaciones de personas pobres fueron prosperando poco a poco, y hace unos años atrás le dan un doctorado honorario. En su discurso frente a 400 estudiantes, hace una declaración poderosa: "Yo me siento honrado de ser parte de esta clase y como esta es mi clase, yo he decidido junto a mi familia, después de ocho generaciones de personas que nos han traído hasta este lugar, pagarle las deudas estudiantiles a todos ustedes."
El costo final de ese pago fueron 34 millones de dólares. Ese día donó 34 millones para que todos los estudiantes quedaran libres de toda deuda.
Lo más interesante es que Smith aprendió a ser generoso de sus padres, que eran personas bastante pobres y humildes. A pesar de sus dificultades económicas, siempre sacaban algo para dar. En su biografía dice: "Aprendí de mis padres y de mi madre que a pesar de las dificultades económicas que yo pudiera tener, siempre habría que tener un espacio para yo poder dar y ayudar a los demás."
En su discurso les dice a todos los universitarios: "Ustedes también algún día van a hacer lo mismo." Este hombre aprendió el principio que vemos en la palabra del Señor: más bienaventurado es dar que recibir. Qué grandioso sería que todos los que estamos en este lugar algún día podamos llegar con la mano abierta, no extendida pidiendo, sino dada para dar. Que Dios nos prospere de tal manera que donde quiera que vayamos podamos cambiar nuestra comunidad y nuestro sector.
La generosidad de una persona puede cambiar toda una comunidad.
Pero para eso tiene que haber una conciencia diferente en nuestros corazones, una manera de pensar muy distinta.
Quiero continuar con lo que comenzó a predicarse la semana pasada: una de las historias más poderosas que hay en la palabra del Señor, específicamente en la vida de Abraham. En el libro de Génesis, capítulo 14, se nos presenta un momento crucial en la vida de Abraham.
Abraham llega luego de una batalla poderosa. Había peleado contra cinco reyes, había peleado contra un montón de gente para liberar a su familia y recuperar todas las finanzas. Él fue a liberar a Lot, a su familia, y fue a liberar también todas las riquezas. Se llevó todo lo que tenía en aquel lugar.
Ahora, piensa en este hombre que viene con 318 personas después de pelear contra cinco reyes. Un hombre que viene cansado, que viene desgastado, que viene de una batalla tan dura, tan difícil. Y en el camino le sale al encuentro uno de los personajes más misteriosos pero poderosos de la palabra del Señor: el gran Melquisedec.
Melquisedec hace algo distinto a lo que hace el resto del mundo cuando te encuentra a ti cansado. Aunque no se nos dice de forma literal, por lo menos por los gestos que él hizo, Melquisedec le da una mesa a Abraham. Le pone una mesa porque la Biblia dice en Génesis capítulo 14 que Melquisedec sacó pan y vino. El pan y el vino no es algo que se sirve de pie, por lo tanto, de alguna manera u otra tuvieron que haberse sentado a la mesa y tuvieron una gran comunión.
En aquel momento hay cuatro cosas que debemos ver de ese momento especial:
Es bien interesante porque la palabra del Señor muestra múltiples ocasiones donde personas dentro del plan divino tienen la necesidad de sentarse a la mesa con Dios de alguna forma u otra para poder recuperar sus fuerzas.
Por ejemplo, vemos a un Elías que estaba cansado después de la gran batalla y Dios tiene que sentarlo a la mesa y darle de comer y dejarlo que descanse, diciéndole: "Largo camino te resta."
Abraham tiene que tomar una decisión crucial: aceptar lo que Melquisedec le dice en aquella mesa o aceptar lo que eventualmente el rey de Sodoma le ofrece, que son los bienes. El rey de Sodoma sale al encuentro y le dice: "Quédate con todas las riquezas, quédate con todos los bienes."
En el libro de Éxodo, hay un momento muy interesante en la vida de Moisés. Dios le dice a Moisés: "¿Sabes qué, Moisés? Yo no voy a ir a la tierra prometida con ustedes. Yo los voy a enviar a la tierra prometida. Te voy a enviar un ángel, te doy mi palabra, vas a entrar en la tierra prometida. Pero no voy a ir con ustedes."
Dios estaba un poco molesto con el pueblo de Israel. Lo curioso es que Dios era capaz de darles resultados sin presencia. Cuando Dios te promete darte algo, él va a cumplir su palabra. Pero no quiere decir que él vaya contigo.
Sin embargo, Moisés tuvo una reacción diferente. Moisés dijo:
"Qué bueno que me vas a dar todas esas cosas, pero si tú no vas con nosotros, mejor no nos saques de aquí."
Moisés se dio cuenta de lo que también se dio cuenta Abraham: más poderoso es la comunión, más poderosa es la relación que los bienes que el mundo me pueda dar. Más poderoso es tener ese espacio donde puedo recuperar mi fuerza y donde puedo recuperar la plenitud para poder alcanzar lo que Dios tiene para mi vida.
Tu vida ha cambiado porque en este lugar, cuando tú llegaste cansado, cuando tú llegaste preocupado, luego de luchar en el mundo, llegaste a esta iglesia y esta iglesia te dio una mesa donde sentarte. Esta iglesia te dio más que dinero. Esta iglesia te dio una mesa donde tú te sentaste a tener un descanso de toda la semana.
Aquí se te han servido tres cosas:
Porque cuando tú vives para Dios, los bienes van a llegar de cualquier manera. Dios te va a prosperar en tu camino. Y lo más grande que esta iglesia ha hecho para ti es en medio de tu desierto servirte una mesa donde te da la comunión con el Padre Celestial.
¿Cuántos de ustedes llegaron aquí cansados como Abraham? ¿Cuántos de ustedes llegaron como Elías a esta iglesia? ¿Cuántos de ustedes llegaron a este lugar y en vez de pedirte nada, lo primero que hicieron fue sentarte en un buen lugar, sentarte y te dieron pan, te dieron vino, te dieron una palabra que bendijeron tu vida para que tú pudieras en el día de hoy estar donde tú te encuentras en este momento?
Gloria a Dios que Abraham se sentó a aquella mesa con Melquisedec. Y cuando se sienta en aquel lugar, Melquisedec hace tres cosas por él.
Número uno, le da pan. El pan representa la provisión diaria para nuestras vidas. Abraham podía comer un bocado y recuperar fuerzas y saber que Dios iba a proveer para su vida por el resto de sus días.
Número dos, le da vino. La Biblia dice que el vino es representativo del Espíritu Santo. El vino es representación de una palabra, de una revelación divina. La realidad es que en nuestra vida nunca tú y yo podemos seguir nuestro camino y continuar con las promesas que Dios nos ha dado, alcanzando todo lo que Dios nos ha prometido, si nosotros no tenemos la revelación del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Sodoma te ofrece los bienes, pero Melquisedec te ofrece algo que los bienes y las riquezas no te pueden dar: la comunión con el Espíritu Santo y una revelación con la palabra de Dios que marque cada uno de tus pasos.
Número tres, Melquisedec da una bendición. Pero ¿por qué es tan importante esa bendición?
En Génesis capítulo 12, se nos dice que Dios le habló a Abraham y Dios le dijo: "Sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que yo te voy a mostrar." Pero no se nos dice cómo Dios le habló. No se nos dice que se le haya aparecido un ángel. No se nos dice que haya oído la voz audible de Dios. Simplemente se nos dice que Abraham obedeció una voz que él escuchó.
Así que Abraham, antes de llegar donde Melquisedec, Abraham ya era un hombre bendecido.
Pero en el día de hoy, en la vida de cada uno de nosotros, necesitamos un momento, necesitamos llegar a un lugar en nuestras vidas donde escuchemos a un hombre que me diga lo que ya Dios me dijo. Hay poder en las palabras de un hombre que Dios trae en mi camino y que me dice con palabras audibles lo que ya yo he escuchado de parte de Dios.
Hay un momento donde todos necesitamos escuchar de un hombre especial que marque nuestras vidas y que declare sobre nosotros esa bendición que ya Dios estableció para nosotros.
Y por primera vez Abraham se sienta en una mesa y ve a Melquisedec, un hombre que declara una bendición sobre él y le dice: "Abraham, hijo del Dios altísimo. Dios va a cuidar de ti. Dios te va a proteger. Dios va a caminar contigo. Dios te va a cuidar. Dios te va a guardar."
Cuando Abraham escucha aquella palabra, tiene la reacción correcta que todos debemos tener ante esas tres cosas en nuestra vida.
Yo sé que Dios te puede hablar en el camino, yo sé que Dios te puede hablar en tu casa, pero cuando tú llegas a este lugar y tú te das cuenta que Dios utiliza a hombres y a mujeres de Dios para darte una palabra que marque en tu corazón, es un nivel totalmente diferente.
Y yo no sé cuántos de los que están aquí una vez más pueden darle gracias a Dios que tú llegaste a Casa de Dios cansado del camino, triste, preocupado, desgastado. Pero aquí en este lugar se te ha servido una mesa hermosa donde se te ha dado pan, se te ha dado vino, y todos los domingos y todas las semanas hay un hombre y una mujer de Dios que viene a darte una palabra que confirma lo que Dios te ha dicho en el camino. Eso es lo que te permite a ti caminar en esa libertad que Dios tiene para tu vida.
Pero si poderoso es lo que ocurre con Melquisedec, más grande me parece la reacción de Abraham.
Abraham recibe y hace varias cosas importantes. Abraham reacciona dando los diezmos, siendo generoso, entregando los diezmos a Melquisedec. Cuando tú estás en una mesa, y especialmente en una mesa como la que tienes aquí en Casa de Dios, tu primera reacción ante esa mesa que Dios te da debe ser la generosidad.
Es bien interesante también que el rey de Sodoma siempre tiene que negociar. "Dame esto, yo te doy aquello, dame aquello, dame lo otro." Porque el mundo siempre quiere negociar contigo. Dios es el único que no negocia. Dios es el primero que te da, te entrega y espera a ver cómo tú reaccionas.
El cine no negocia contigo. Cuando tú vas al cine, no importa si la película es buena o es mala, te cobran el boleto al principio y tú no puedes decir: "La película estuvo buena o estuvo mala y si estuvo mala, devuélveme el boleto."
En la iglesia es el único lugar donde te predicamos la palabra del Señor y te pedimos una ofrenda y tú decides si el mensaje estuvo bueno, si me siento bien, si no me siento bien, si me agrada o no me agrada. Y tú decides a lo último a ver cómo tú vas a dar y cómo tú vas a responder, porque Dios funciona de esa manera. Te damos, te ofrecemos y esperamos tu reacción.
Y todo aquel que ha estado en una buena mesa luego de haber estado cansado por tanto tiempo, hermanos, su reacción debe ser, número uno, debe ser generosidad. Todos debemos reaccionar de esa manera. Debemos ser generosos, debemos decir: "¿Sabes qué, Señor? Yo te doy porque tú me has dado primero."
La segunda reacción de Abraham ante aquella mesa es una reacción muy poderosa porque es una reacción de fidelidad y de obediencia a Dios. Cuando le sale al encuentro el rey de Sodoma, de repente ahora Abraham tiene que escoger. Y Abraham declara y jura y dice:
"He jurado delante de Dios que no te voy a dar, ¿verdad? Ninguna, no voy a tomar de ti ninguna de estas cosas porque Dios es quien va a prosperar mi camino."
En otras palabras: voy a caminar en fidelidad y obediencia a Dios por el resto de mi vida. Una buena mesa debe provocar en tu vida:
Si tú has sido bendecido en este lugar, oiga bien, si tú has sido bendecido por esta palabra, si Dios te ha traído esta mesa, en este lugar tú debes ser fiel. En este lugar tú debes decir:
"¿Sabes qué? Yo no voy a negociar con el mundo. Yo le voy a ser fiel a Dios y voy a ser fiel al lugar que Dios ha usado para darme la mesa. Cuando yo estaba cansado, cuando yo estaba preocupado, cuando yo estaba triste, cuando yo no sabía qué iba a hacer. Dios me llevó a ese lugar y yo voy a obedecer, voy a ser fiel. Esa es mi reacción a la mesa que me han servido delante de mí."
Lo tercero es que se tiene que levantar en ti una confianza sobrenatural de que tú eres un hijo de Dios.
Cuando nosotros miramos la mesa, el significado de la mesa es poderoso. Uno de los momentos cruciales donde miramos esa mesa especial es la mesa que David prepara para Mefiboset. Recuerden ese ejemplo donde Mefiboset, el hijo de Jonatán, estaba perdido comiendo en los peores lugares cuando Dios había hecho una promesa de que lo iba a prosperar a través de la vida de David.
David lo sienta a la mesa y lo bendice y le devuelve la conciencia de que era un hijo de Dios. Mefiboset se creía un perro, se creía alguien que no servía, pero un día David lo sienta a la mesa y le dice:
"Tú eres un hijo de la promesa. Tú eres un hijo de Dios y por lo tanto debes caminar por el resto de tu vida de esa manera."
Así que hay tres cosas con las que tú y yo debemos reaccionar ante tal bendición que Dios pone en nuestra vida:
Cada vez que tú vienes a este lugar y escuchas la palabra de Dios, nuestra reacción a lo que recibimos de parte de Dios tienen que estar en esas tres áreas.
Y ahora quiero que veamos esa conciencia de hijo y por qué es importante para nuestras vidas en el día de hoy.
En Mateo capítulo 17, hay un momento muy interesante en la vida de nuestro Señor Jesucristo. Los hijos pensamos diferente. Los hijos no suplicamos, los hijos no mendigamos, los hijos creemos en quiénes somos, la identidad que hay dentro de cada uno de nosotros.
Por eso, cuando tú te sientas a la mesa y tú sabes que tú eres un hijo de Dios, tú puedes reaccionar delante del mundo de una manera diferente a la que el mundo reacciona.
En Mateo capítulo 17, verso 24, hay un momento muy interesante. Dice: "Cuando llegaron a Capernaún, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dragmas y le dijeron, 'Vuestro maestro no paga las dos dragmas.'"
Lo primero es que Jesús no está con Pedro. Jesús está en otro lugar. Pedro está solo con este grupo de personas y van donde él y le dicen: "Vuestro maestro no paga las dos dragmas, no hace eso."
Y verso 25 dice: "Y él dijo, 'Sí'."
Pedro se compromete por Jesús sin que Jesús esté allí. Pedro dice: "Sí, por no pelear con ellos."
Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero. Y cuando Jesús le habla primero, mira lo que le dice:
"¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos o de los extraños?"
Pedro le respondió: "De los extraños."
"Jesús le dijo, 'Luego los hijos están, ¿qué? Exentos.'"
Ahora miren el verso 27:
"Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca hallarás un estatero. Tómalo y dáselo por mí y por ti."
Mientras estudiaba estos versos, pensaba en esta expresión de Jesús: "para no ofenderles." Y me preguntaba: ¿cuándo Jesús estuvo tan ocupado de ofender a la gente? Si toda su vida lo que hizo fue ofender a todo el mundo.
Todo lo que Jesús hacía era ofender. Ofendía a los fariseos, ofendía a sus discípulos. Ofendía a su mamá. Un día está en un culto, el lugar está lleno y le dicen: "Allá afuera está tu hermano y tu madre."
Y Jesús se para en medio del culto. "Mi mamá y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi padre." Mami tiene silla VIP aquí. O se pone en el programa o no es mami. ¿Sabes cuánta gente se tiene que haber ofendido en ese culto?
Este hombre le decía a la gente: "Víboras", "cementerio blanqueado", miraba las mesas. A Pedro le dijo una vez: "Apártate de mí, Satanás, porque me eres estorbo."
Y yo me preguntaba en estos días: Jesús, Señor, nunca estuviste preocupado en ofender a alguien y te están cobrando un impuesto que no debes pagar y por no ofender lo vas a pagar.
Y aprendí algo muy importante: lo único por lo que los hijos de Dios no debemos estar ofendidos ni ofender es por dinero.
Pero si por algo se ofenden los hijos de Dios, es siempre por dinero. Te ofende el diezmo, te ofende la ofrenda, la taquilla que te cobren el café. Siempre están ofendidos por dinero.
La crítica en el internet allá afuera a las iglesias, ¿qué es? Dinero. Les ofende el dinero, les ofende si te cobro el diezmo, si te predico el diezmo.
La gente siempre dice Segunda de Corintios, el verso que se lee en estos tiempos. "Ah, pero es que Pablo dijo que hay que dar de corazón, que hay que dar porque Dios ama al dador alegre."
Pero la gente se olvida que esos versos antes de eso, el apóstol Pablo hacía algo que si yo hago hoy me van a criticar. Pablo mandaba a líderes antes de que él llegara a la cruzada. Si ustedes buscan en Corintios, la Biblia dice que él mandaba gente y le decía: "Enséñele a dar para que cuando yo llegue y pida la ofrenda parezca que es del corazón."
Así que Pablo antes de hacer la cruzada mandaba el sobre, y él llegaba y él pedía la ofrenda, ya todo el mundo tuviera el sobre listo. Eso está en la Biblia. Porque no hay tal cosa como que el corazón de todo el mundo 100% es generoso. A la gente hay que enseñarle a ser generoso porque se han sentado a la mesa y hay que enseñarles a dejar de estar ofendido por dinero.
Todos los que estamos aquí a veces nos ofendemos por dinero, por el impuesto que pagamos, por los que nos cobran. Vas a las tiendas y encuentras algo caro, "uf, esto es..." te ofendes.
Y lo único que Jesús decidió no ofender fue en pagar un impuesto injusto. Porque Jesús aprendió que yo tengo que escoger en qué ofendo.
Tú y yo como cristianos no podemos tener temor de ofender a alguien cuando predico el evangelio. Te voy a predicar el evangelio. Te voy a predicar la verdad. Te ofenda o no te ofenda. Te voy a predicar de santidad, de pureza. Te ofenda o no te ofenda. Voy a defender los valores y no importa si tú te ofendes o no te ofendes allá afuera, porque yo no tengo problema en ofender por lo que es justo, por la verdad.
Pero pelear por dinero, déjame pagarlo. Lo primero que yo quiero que tú saques en el día de hoy es que los hijos nunca tenemos problemas. Los hijos de Dios que hemos estado a la mesa nunca nos ofendemos por lo que tenemos que pagar, aunque parezca injusto, porque nosotros sabemos dónde está la mesa y quién provee para mi vida.
Así que Pedro estaba bien al decir: "Mi maestro va a pagar." Y alguien debe decir en el día de hoy:
"Mi maestro va a pagar. Él va a pagar por esa casa. Él me va a ayudar a pagar por todo lo que me estás cobrando. El impuesto que me están cobrando en Guatemala lo voy a pagar aunque no sea justo."
Porque lo mismo pasa en otros lugares. La gente paga impuestos y se queja por las carreteras y se queja por aquello y no deberíamos estar pagando tanto.
Óyeme bien, en el día de hoy, Dios me va a ayudar para pagar lo que es justo y lo que es injusto también, porque yo le sirvo a un Padre celestial que siempre tiene una mesa de provisión para mi vida. Siempre hay pan, siempre hay vino. Y yo soy un hijo de Dios y sé que él me ha bendecido. He escuchado una palabra.
Así que quítese de la cabeza que es caro. Quítese de la cabeza que el mundo está peleando por dinero. Cuando le digan: "Tu maestro paga". ¿Qué tú vas a contestar? Sí, por supuesto, ven acá. Y cuando vengas acá, él te va a decir: "Te voy a dar para que pagues, pero paga por mí primero y después por ti."
Ahora, mira qué interesante. Cuando nosotros miramos esta historia, vemos algo muy curioso y poderoso. Jesús tiene una conciencia de hijo. Jesús dice:
"Los hijos estamos exentos."
Pero los hijos están exentos, pero saben de dónde viene la provisión, porque ha estado a la mesa. Los hijos estamos exentos de estos problemas del mundo y lo que el mundo nos quiere cobrar, que es injusto allá afuera. Pero un hijo no tiene miedo en pagar porque sabe quién es el que provee.
Pedro fue valiente al decir: "Mi maestro paga. Él va a pagar."
Lo curioso es que cuando él llega donde Jesús, Jesús se le adelanta y le dice: "Pedro, básicamente vamos a pagar porque ya tú te comprometiste en pagar, pero yo voy a pagar a través de ti y lo manda a hacer lo mismo que siempre Pedro había hecho."
Uno de los problemas que hay en el día es que hay mucha gente, aún aquí hay mucha gente hoy, queriendo buscar nuevos negocios, queriendo hacer cosas que Dios no te mandó a hacer porque piensas que Dios no te puede proveer en lo que ya tú haces.
Has pensado que como eres barbero no puedes prosperar. Has pensado que como eres maestro no puedes. Entonces estás buscando inventar algo nuevo pensando que tu provisión está en algo nuevo en lo que tú no eres.
Jesús no mandó a Pedro a que se convirtiera en un carpintero. Jesús no mandó a Pedro a hacer nada distinto, lo mandó a hacer lo que él sabía hacer.
Yo he batallado con eso toda mi vida, y los otros días me pasó algo curioso. Iba para Perú y de repente cuando voy a Perú mi avión, mi vuelo, me lo compraron mal. Bueno, lo compré yo mal, siempre que sea la culpa de alguien, pero fui yo en realidad. Lo compré con una escala de 12 horas. Iba con un grupo de 30 personas a Perú, voy a Panamá, llego a Panamá y cuando veo mi boleto me iba a las 7 de la noche y todo el otro grupo se fue en el otro vuelo.
Así que estoy ahora yo con mi familia 12 horas en Panamá. Allí nos sentamos a trabajar, a hacer cosas y de momento vamos a un restaurante. Cuando voy a entrar, alguien me reconoce y se me acerca. "¿Verdad que usted es el pastor Font?"
Yo le digo: "Saludos." "Sí, ¿cómo está usted?"
Le digo: "¿Va para Perú?" "No, no, ¿para qué para Perú? No, es que... perdón, es que vamos para un evento, un evento muy grande y pensé que usted como me reconoció, pues pensé que... no, yo soy de México, esta es mi esposa, estos son unos amigos y yo... su ministerio ha bendecido mi vida. Lo veo por televisión, su palabra ha cambiado mi vida."
Me decía: "Mire, se me paran los pelos por decírselo aquí." Estaba mi familia, estaban mis hijas, estaba mi mamá. Que por cierto, cuando fui a predicar en el coliseo de Perú, llevé a mi mamá para que me viera estando allí. Lo primero que dije después de saludar dije: "Mami, mira dónde estoy." Para que se sintiera orgulloso, ¿verdad? Para que sepa dónde Dios me ha llevado.
Pero estaban ella, mi familia allí, y de momento estoy sentado en este Olive Garden, en este lugar, un restaurante, no es un lugar caro, y está el lugar lleno. De repente este hombre se levanta y me da un billete de 100 delante de todo el mundo.
Me dice: "Pastor, tome para que pague."
Yo le dije: "Tranquilo, gracias, no se preocupe, no tiene que hacer eso. Gracias." "No, no, no, no, pero a toda boca." Entonces se vuelve... uno no quiere, ¿verdad? No se le da vergüenza.
"No, no, no, no. Es que yo tengo que sembrar porque su palabra ha bendecido mi vida. Usted ha sido un gran predicador que ha cambiado mi vida y yo le tengo que dar esta ofrenda delante de todo el mundo."
Yo la cogí medio avergonzado porque entonces todo el mundo va a pensar... que este hombre y yo... y en la mente de uno, toda la gente lista: "Mira de lo que vive, vividor."
Y tomé ese billete de 100 y lo guardé en una esquinita en mi cartera escondido de mi esposa, porque si lo encuentra lo va a gastar, ¿verdad? Está ahí escondido.
Ah, no es broma. Lo tengo en mi cartera. Porque cuando me fui al almuerzo, comienzo a darle gracias a Dios y oigo en mi corazón que Dios me dice:
"Tú ves, tú no tienes que ser nada distinto de lo que yo te llamé a hacer para que yo te pueda prosperar. No es porque tú eres un gran empresario, es porque eres pastor y estás predicando la palabra."
Yo tengo ese billetito guardado ahí para saber una cosa: la prosperidad llega, no porque yo invente ser algo que yo no soy. Mientras sea lo que Dios quiere que yo sea, Dios puede proveer.
Óiga bien, si tú estás creyendo que un nuevo negocio diferente a lo que Dios te llamó a hacer es lo que te va a dar provisión, estás haciendo de ese negocio tu Dios y no el Dios que te sentó a la mesa y que te dijo: "Donde estás te voy a proveer."
Así que Pedro tenía que ir ahora a hacer lo mismo que siempre hizo. Lo que cambió fue su mente. Ahora va a ser lo mismo para hacer negocio de una manera distinta a la que siempre hacía.
Porque Pedro antes, óigalo bien, en el día de hoy, así es que piensan los hijos de Dios, los que han estado a la mesa, los que conocen al Padre Celestial, los que han comido el pan, los que han tomado el vino, los que están a la mesa, saben qué es lo que tienen que hacer.
Pedro va caminando ahora pensando: "Voy a pescar y en el primer pez que pesque ahí va a estar la moneda. Ahí va a estar la moneda. Ahí va a estar la moneda." Él nunca había ido a pescar con esa mentalidad.
Siempre había ido a pescar con esta mentalidad: "Voy pesco, pesco, saco el pez, lo llevo al mercado, vendo el pez, me dan el dinero, pago y me quedo otra vez en nada."
En esta ocasión es distinta. "Voy a ir a pescar. Voy a pescar. Voy a sacar la moneda de adentro, voy a pagar y me quedo con el pescado en la mano."
Te lo voy a volver a repetir: Porque en el negocio pasado, siendo mendigo, nunca te sobra. Pero los que han estado a la mesa salen a pescar en lo mismo que han pescado toda su vida, sabiendo algo: el pez va a traer la moneda y después de pagar me va a sobrar. Me va a sobrar.
Habrá alguien que lo crea en el día de hoy. Me va a sobrar. Yo vine a decirte en el día de hoy que esta semana te va a sobrar.
Todo lo que hace falta es que tú salgas allá afuera. Hoy tú has estado en una mesa en el día de hoy. Yo no sé a quién vine a hablarle en el día de hoy, pero tú estás en una de las mejores mesas de todo el mundo. Una iglesia que te ha enseñado la palabra de Dios, te ha servido pan, te ha servido vino y te han dejado saber que tú eres un hijo de Dios.
Mañana cuando salgas a trabajar, no importa que el mundo te quiera cobrar, no te ofendas. No vivas ofendido por dinero. Dios va a proveer y nos va a sobrar. Me va a sobrar. Me va a sobrar.
Yo no sé si usted lo cree en esta mañana, pero te va a sobrar. Te va a sobrar, pastor.
Pero si mi trabajo no da para eso, óigalo bien en el día de hoy: No tienes que tener un nuevo trabajo para que Dios te prospere. Todo lo que hace falta es salir a trabajar en el lugar que tú estás trabajando en el día de hoy, sabiendo que Dios puede hacer un milagro.
Hoy tú vas con la fe de que voy a pescar y esta ocasión va a ser diferente. Antes iba y pescaba, vendía, pagaba y me quedaba en cero. Esta vez regreso a casa con el pescado en la mano para decirle a mi familia: "Aquí está."
Pero, ¿con qué pagaste los impuestos? No, no, déjame contarte: No pagué tan solo el impuesto mío, pagué el de Dios primero, pagué el mío y mira cómo tengo las manos llenas.
Y yo le pido a Dios que todo el que está escuchando este mensaje, que se ha sentado a esta mesa en el día de hoy, que reaccione con generosidad, le sea fiel a Dios y salga de aquí con una conciencia de hijo.
Este año cuando traigas tu promesa de fe, no tan solo le darás a Dios lo que le has prometido, también pagarás por ti y te va a sobrar en el nombre poderoso de Jesús.
Mira que está a tu lado, dile: "Te va a sobrar, te va a sobrar, te va a sobrar, te va a sobrar. Tú eres un hijo de Dios. Tú eres una hija de Dios."
Yo pienso que usted debería estar más alegre en esta mañana, pero te va a sobrar. Te va a sobrar.
En medio de tu desierto, Dios ha abierto una mesa para prosperarte y bendecirte. Y oye bien, en el día de hoy, una vez más, te va a sobrar, te va a sobrar, te vas a sobrar, te va a sobrar. Vas a poder pagar tus gastos y te va a sobrar en el nombre poderoso de Jesús.
Dale un fuerte aplauso al Señor ahí en esta mañana. Vamos, vamos. Dale un fuerte aplauso al Señor y ponte de pie ahí en esta hora.
Padre, te doy gracias porque tú eres bueno, para siempre es tu misericordia. Te pido por el poder de tu palabra, que este pueblo sea terreno fértil, donde tú siembres una semilla de fe, mi Señor, y que quede bien plantada y que dé fruto al ciento por uno en el nombre de Jesús.
Quiero presentarles un video que muestra un momento poderoso. Se trata de Robert F. Smith, uno de los primeros billonarios afroamericanos en los Estados Unidos. Ocho generaciones de personas pobres fueron prosperando poco a poco, y hace unos años atrás le dan un doctorado honorario. En su discurso frente a 400 estudiantes, hace una declaración poderosa: "Yo me siento honrado de ser parte de esta clase y como esta es mi clase, yo he decidido junto a mi familia, después de ocho generaciones de personas que nos han traído hasta este lugar, pagarle las deudas estudiantiles a todos ustedes."
El costo final de ese pago fueron 34 millones de dólares. Ese día donó 34 millones para que todos los estudiantes quedaran libres de toda deuda.
Lo más interesante es que Smith aprendió a ser generoso de sus padres, que eran personas bastante pobres y humildes. A pesar de sus dificultades económicas, siempre sacaban algo para dar. En su biografía dice: "Aprendí de mis padres y de mi madre que a pesar de las dificultades económicas que yo pudiera tener, siempre habría que tener un espacio para yo poder dar y ayudar a los demás."
En su discurso les dice a todos los universitarios: "Ustedes también algún día van a hacer lo mismo." Este hombre aprendió el principio que vemos en la palabra del Señor: más bienaventurado es dar que recibir. Qué grandioso sería que todos los que estamos en este lugar algún día podamos llegar con la mano abierta, no extendida pidiendo, sino dada para dar. Que Dios nos prospere de tal manera que donde quiera que vayamos podamos cambiar nuestra comunidad y nuestro sector.
La generosidad de una persona puede cambiar toda una comunidad.
Pero para eso tiene que haber una conciencia diferente en nuestros corazones, una manera de pensar muy distinta.
Quiero continuar con lo que comenzó a predicarse la semana pasada: una de las historias más poderosas que hay en la palabra del Señor, específicamente en la vida de Abraham. En el libro de Génesis, capítulo 14, se nos presenta un momento crucial en la vida de Abraham.
Abraham llega luego de una batalla poderosa. Había peleado contra cinco reyes, había peleado contra un montón de gente para liberar a su familia y recuperar todas las finanzas. Él fue a liberar a Lot, a su familia, y fue a liberar también todas las riquezas. Se llevó todo lo que tenía en aquel lugar.
Ahora, piensa en este hombre que viene con 318 personas después de pelear contra cinco reyes. Un hombre que viene cansado, que viene desgastado, que viene de una batalla tan dura, tan difícil. Y en el camino le sale al encuentro uno de los personajes más misteriosos pero poderosos de la palabra del Señor: el gran Melquisedec.
Melquisedec hace algo distinto a lo que hace el resto del mundo cuando te encuentra a ti cansado. Aunque no se nos dice de forma literal, por lo menos por los gestos que él hizo, Melquisedec le da una mesa a Abraham. Le pone una mesa porque la Biblia dice en Génesis capítulo 14 que Melquisedec sacó pan y vino. El pan y el vino no es algo que se sirve de pie, por lo tanto, de alguna manera u otra tuvieron que haberse sentado a la mesa y tuvieron una gran comunión.
En aquel momento hay cuatro cosas que debemos ver de ese momento especial:
Es bien interesante porque la palabra del Señor muestra múltiples ocasiones donde personas dentro del plan divino tienen la necesidad de sentarse a la mesa con Dios de alguna forma u otra para poder recuperar sus fuerzas.
Por ejemplo, vemos a un Elías que estaba cansado después de la gran batalla y Dios tiene que sentarlo a la mesa y darle de comer y dejarlo que descanse, diciéndole: "Largo camino te resta."
Abraham tiene que tomar una decisión crucial: aceptar lo que Melquisedec le dice en aquella mesa o aceptar lo que eventualmente el rey de Sodoma le ofrece, que son los bienes. El rey de Sodoma sale al encuentro y le dice: "Quédate con todas las riquezas, quédate con todos los bienes."
En el libro de Éxodo, hay un momento muy interesante en la vida de Moisés. Dios le dice a Moisés: "¿Sabes qué, Moisés? Yo no voy a ir a la tierra prometida con ustedes. Yo los voy a enviar a la tierra prometida. Te voy a enviar un ángel, te doy mi palabra, vas a entrar en la tierra prometida. Pero no voy a ir con ustedes."
Dios estaba un poco molesto con el pueblo de Israel. Lo curioso es que Dios era capaz de darles resultados sin presencia. Cuando Dios te promete darte algo, él va a cumplir su palabra. Pero no quiere decir que él vaya contigo.
Sin embargo, Moisés tuvo una reacción diferente. Moisés dijo:
"Qué bueno que me vas a dar todas esas cosas, pero si tú no vas con nosotros, mejor no nos saques de aquí."
Moisés se dio cuenta de lo que también se dio cuenta Abraham: más poderoso es la comunión, más poderosa es la relación que los bienes que el mundo me pueda dar. Más poderoso es tener ese espacio donde puedo recuperar mi fuerza y donde puedo recuperar la plenitud para poder alcanzar lo que Dios tiene para mi vida.
Tu vida ha cambiado porque en este lugar, cuando tú llegaste cansado, cuando tú llegaste preocupado, luego de luchar en el mundo, llegaste a esta iglesia y esta iglesia te dio una mesa donde sentarte. Esta iglesia te dio más que dinero. Esta iglesia te dio una mesa donde tú te sentaste a tener un descanso de toda la semana.
Aquí se te han servido tres cosas:
Porque cuando tú vives para Dios, los bienes van a llegar de cualquier manera. Dios te va a prosperar en tu camino. Y lo más grande que esta iglesia ha hecho para ti es en medio de tu desierto servirte una mesa donde te da la comunión con el Padre Celestial.
¿Cuántos de ustedes llegaron aquí cansados como Abraham? ¿Cuántos de ustedes llegaron como Elías a esta iglesia? ¿Cuántos de ustedes llegaron a este lugar y en vez de pedirte nada, lo primero que hicieron fue sentarte en un buen lugar, sentarte y te dieron pan, te dieron vino, te dieron una palabra que bendijeron tu vida para que tú pudieras en el día de hoy estar donde tú te encuentras en este momento?
Gloria a Dios que Abraham se sentó a aquella mesa con Melquisedec. Y cuando se sienta en aquel lugar, Melquisedec hace tres cosas por él.
Número uno, le da pan. El pan representa la provisión diaria para nuestras vidas. Abraham podía comer un bocado y recuperar fuerzas y saber que Dios iba a proveer para su vida por el resto de sus días.
Número dos, le da vino. La Biblia dice que el vino es representativo del Espíritu Santo. El vino es representación de una palabra, de una revelación divina. La realidad es que en nuestra vida nunca tú y yo podemos seguir nuestro camino y continuar con las promesas que Dios nos ha dado, alcanzando todo lo que Dios nos ha prometido, si nosotros no tenemos la revelación del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Sodoma te ofrece los bienes, pero Melquisedec te ofrece algo que los bienes y las riquezas no te pueden dar: la comunión con el Espíritu Santo y una revelación con la palabra de Dios que marque cada uno de tus pasos.
Número tres, Melquisedec da una bendición. Pero ¿por qué es tan importante esa bendición?
En Génesis capítulo 12, se nos dice que Dios le habló a Abraham y Dios le dijo: "Sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que yo te voy a mostrar." Pero no se nos dice cómo Dios le habló. No se nos dice que se le haya aparecido un ángel. No se nos dice que haya oído la voz audible de Dios. Simplemente se nos dice que Abraham obedeció una voz que él escuchó.
Así que Abraham, antes de llegar donde Melquisedec, Abraham ya era un hombre bendecido.
Pero en el día de hoy, en la vida de cada uno de nosotros, necesitamos un momento, necesitamos llegar a un lugar en nuestras vidas donde escuchemos a un hombre que me diga lo que ya Dios me dijo. Hay poder en las palabras de un hombre que Dios trae en mi camino y que me dice con palabras audibles lo que ya yo he escuchado de parte de Dios.
Hay un momento donde todos necesitamos escuchar de un hombre especial que marque nuestras vidas y que declare sobre nosotros esa bendición que ya Dios estableció para nosotros.
Y por primera vez Abraham se sienta en una mesa y ve a Melquisedec, un hombre que declara una bendición sobre él y le dice: "Abraham, hijo del Dios altísimo. Dios va a cuidar de ti. Dios te va a proteger. Dios va a caminar contigo. Dios te va a cuidar. Dios te va a guardar."
Cuando Abraham escucha aquella palabra, tiene la reacción correcta que todos debemos tener ante esas tres cosas en nuestra vida.
Yo sé que Dios te puede hablar en el camino, yo sé que Dios te puede hablar en tu casa, pero cuando tú llegas a este lugar y tú te das cuenta que Dios utiliza a hombres y a mujeres de Dios para darte una palabra que marque en tu corazón, es un nivel totalmente diferente.
Y yo no sé cuántos de los que están aquí una vez más pueden darle gracias a Dios que tú llegaste a Casa de Dios cansado del camino, triste, preocupado, desgastado. Pero aquí en este lugar se te ha servido una mesa hermosa donde se te ha dado pan, se te ha dado vino, y todos los domingos y todas las semanas hay un hombre y una mujer de Dios que viene a darte una palabra que confirma lo que Dios te ha dicho en el camino. Eso es lo que te permite a ti caminar en esa libertad que Dios tiene para tu vida.
Pero si poderoso es lo que ocurre con Melquisedec, más grande me parece la reacción de Abraham.
Abraham recibe y hace varias cosas importantes. Abraham reacciona dando los diezmos, siendo generoso, entregando los diezmos a Melquisedec. Cuando tú estás en una mesa, y especialmente en una mesa como la que tienes aquí en Casa de Dios, tu primera reacción ante esa mesa que Dios te da debe ser la generosidad.
Es bien interesante también que el rey de Sodoma siempre tiene que negociar. "Dame esto, yo te doy aquello, dame aquello, dame lo otro." Porque el mundo siempre quiere negociar contigo. Dios es el único que no negocia. Dios es el primero que te da, te entrega y espera a ver cómo tú reaccionas.
El cine no negocia contigo. Cuando tú vas al cine, no importa si la película es buena o es mala, te cobran el boleto al principio y tú no puedes decir: "La película estuvo buena o estuvo mala y si estuvo mala, devuélveme el boleto."
En la iglesia es el único lugar donde te predicamos la palabra del Señor y te pedimos una ofrenda y tú decides si el mensaje estuvo bueno, si me siento bien, si no me siento bien, si me agrada o no me agrada. Y tú decides a lo último a ver cómo tú vas a dar y cómo tú vas a responder, porque Dios funciona de esa manera. Te damos, te ofrecemos y esperamos tu reacción.
Y todo aquel que ha estado en una buena mesa luego de haber estado cansado por tanto tiempo, hermanos, su reacción debe ser, número uno, debe ser generosidad. Todos debemos reaccionar de esa manera. Debemos ser generosos, debemos decir: "¿Sabes qué, Señor? Yo te doy porque tú me has dado primero."
La segunda reacción de Abraham ante aquella mesa es una reacción muy poderosa porque es una reacción de fidelidad y de obediencia a Dios. Cuando le sale al encuentro el rey de Sodoma, de repente ahora Abraham tiene que escoger. Y Abraham declara y jura y dice:
"He jurado delante de Dios que no te voy a dar, ¿verdad? Ninguna, no voy a tomar de ti ninguna de estas cosas porque Dios es quien va a prosperar mi camino."
En otras palabras: voy a caminar en fidelidad y obediencia a Dios por el resto de mi vida. Una buena mesa debe provocar en tu vida:
Si tú has sido bendecido en este lugar, oiga bien, si tú has sido bendecido por esta palabra, si Dios te ha traído esta mesa, en este lugar tú debes ser fiel. En este lugar tú debes decir:
"¿Sabes qué? Yo no voy a negociar con el mundo. Yo le voy a ser fiel a Dios y voy a ser fiel al lugar que Dios ha usado para darme la mesa. Cuando yo estaba cansado, cuando yo estaba preocupado, cuando yo estaba triste, cuando yo no sabía qué iba a hacer. Dios me llevó a ese lugar y yo voy a obedecer, voy a ser fiel. Esa es mi reacción a la mesa que me han servido delante de mí."
Lo tercero es que se tiene que levantar en ti una confianza sobrenatural de que tú eres un hijo de Dios.
Cuando nosotros miramos la mesa, el significado de la mesa es poderoso. Uno de los momentos cruciales donde miramos esa mesa especial es la mesa que David prepara para Mefiboset. Recuerden ese ejemplo donde Mefiboset, el hijo de Jonatán, estaba perdido comiendo en los peores lugares cuando Dios había hecho una promesa de que lo iba a prosperar a través de la vida de David.
David lo sienta a la mesa y lo bendice y le devuelve la conciencia de que era un hijo de Dios. Mefiboset se creía un perro, se creía alguien que no servía, pero un día David lo sienta a la mesa y le dice:
"Tú eres un hijo de la promesa. Tú eres un hijo de Dios y por lo tanto debes caminar por el resto de tu vida de esa manera."
Así que hay tres cosas con las que tú y yo debemos reaccionar ante tal bendición que Dios pone en nuestra vida:
Cada vez que tú vienes a este lugar y escuchas la palabra de Dios, nuestra reacción a lo que recibimos de parte de Dios tienen que estar en esas tres áreas.
Y ahora quiero que veamos esa conciencia de hijo y por qué es importante para nuestras vidas en el día de hoy.
En Mateo capítulo 17, hay un momento muy interesante en la vida de nuestro Señor Jesucristo. Los hijos pensamos diferente. Los hijos no suplicamos, los hijos no mendigamos, los hijos creemos en quiénes somos, la identidad que hay dentro de cada uno de nosotros.
Por eso, cuando tú te sientas a la mesa y tú sabes que tú eres un hijo de Dios, tú puedes reaccionar delante del mundo de una manera diferente a la que el mundo reacciona.
En Mateo capítulo 17, verso 24, hay un momento muy interesante. Dice: "Cuando llegaron a Capernaún, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dragmas y le dijeron, 'Vuestro maestro no paga las dos dragmas.'"
Lo primero es que Jesús no está con Pedro. Jesús está en otro lugar. Pedro está solo con este grupo de personas y van donde él y le dicen: "Vuestro maestro no paga las dos dragmas, no hace eso."
Y verso 25 dice: "Y él dijo, 'Sí'."
Pedro se compromete por Jesús sin que Jesús esté allí. Pedro dice: "Sí, por no pelear con ellos."
Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero. Y cuando Jesús le habla primero, mira lo que le dice:
"¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos o de los extraños?"
Pedro le respondió: "De los extraños."
"Jesús le dijo, 'Luego los hijos están, ¿qué? Exentos.'"
Ahora miren el verso 27:
"Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca hallarás un estatero. Tómalo y dáselo por mí y por ti."
Mientras estudiaba estos versos, pensaba en esta expresión de Jesús: "para no ofenderles." Y me preguntaba: ¿cuándo Jesús estuvo tan ocupado de ofender a la gente? Si toda su vida lo que hizo fue ofender a todo el mundo.
Todo lo que Jesús hacía era ofender. Ofendía a los fariseos, ofendía a sus discípulos. Ofendía a su mamá. Un día está en un culto, el lugar está lleno y le dicen: "Allá afuera está tu hermano y tu madre."
Y Jesús se para en medio del culto. "Mi mamá y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi padre." Mami tiene silla VIP aquí. O se pone en el programa o no es mami. ¿Sabes cuánta gente se tiene que haber ofendido en ese culto?
Este hombre le decía a la gente: "Víboras", "cementerio blanqueado", miraba las mesas. A Pedro le dijo una vez: "Apártate de mí, Satanás, porque me eres estorbo."
Y yo me preguntaba en estos días: Jesús, Señor, nunca estuviste preocupado en ofender a alguien y te están cobrando un impuesto que no debes pagar y por no ofender lo vas a pagar.
Y aprendí algo muy importante: lo único por lo que los hijos de Dios no debemos estar ofendidos ni ofender es por dinero.
Pero si por algo se ofenden los hijos de Dios, es siempre por dinero. Te ofende el diezmo, te ofende la ofrenda, la taquilla que te cobren el café. Siempre están ofendidos por dinero.
La crítica en el internet allá afuera a las iglesias, ¿qué es? Dinero. Les ofende el dinero, les ofende si te cobro el diezmo, si te predico el diezmo.
La gente siempre dice Segunda de Corintios, el verso que se lee en estos tiempos. "Ah, pero es que Pablo dijo que hay que dar de corazón, que hay que dar porque Dios ama al dador alegre."
Pero la gente se olvida que esos versos antes de eso, el apóstol Pablo hacía algo que si yo hago hoy me van a criticar. Pablo mandaba a líderes antes de que él llegara a la cruzada. Si ustedes buscan en Corintios, la Biblia dice que él mandaba gente y le decía: "Enséñele a dar para que cuando yo llegue y pida la ofrenda parezca que es del corazón."
Así que Pablo antes de hacer la cruzada mandaba el sobre, y él llegaba y él pedía la ofrenda, ya todo el mundo tuviera el sobre listo. Eso está en la Biblia. Porque no hay tal cosa como que el corazón de todo el mundo 100% es generoso. A la gente hay que enseñarle a ser generoso porque se han sentado a la mesa y hay que enseñarles a dejar de estar ofendido por dinero.
Todos los que estamos aquí a veces nos ofendemos por dinero, por el impuesto que pagamos, por los que nos cobran. Vas a las tiendas y encuentras algo caro, "uf, esto es..." te ofendes.
Y lo único que Jesús decidió no ofender fue en pagar un impuesto injusto. Porque Jesús aprendió que yo tengo que escoger en qué ofendo.
Tú y yo como cristianos no podemos tener temor de ofender a alguien cuando predico el evangelio. Te voy a predicar el evangelio. Te voy a predicar la verdad. Te ofenda o no te ofenda. Te voy a predicar de santidad, de pureza. Te ofenda o no te ofenda. Voy a defender los valores y no importa si tú te ofendes o no te ofendes allá afuera, porque yo no tengo problema en ofender por lo que es justo, por la verdad.
Pero pelear por dinero, déjame pagarlo. Lo primero que yo quiero que tú saques en el día de hoy es que los hijos nunca tenemos problemas. Los hijos de Dios que hemos estado a la mesa nunca nos ofendemos por lo que tenemos que pagar, aunque parezca injusto, porque nosotros sabemos dónde está la mesa y quién provee para mi vida.
Así que Pedro estaba bien al decir: "Mi maestro va a pagar." Y alguien debe decir en el día de hoy:
"Mi maestro va a pagar. Él va a pagar por esa casa. Él me va a ayudar a pagar por todo lo que me estás cobrando. El impuesto que me están cobrando en Guatemala lo voy a pagar aunque no sea justo."
Porque lo mismo pasa en otros lugares. La gente paga impuestos y se queja por las carreteras y se queja por aquello y no deberíamos estar pagando tanto.
Óyeme bien, en el día de hoy, Dios me va a ayudar para pagar lo que es justo y lo que es injusto también, porque yo le sirvo a un Padre celestial que siempre tiene una mesa de provisión para mi vida. Siempre hay pan, siempre hay vino. Y yo soy un hijo de Dios y sé que él me ha bendecido. He escuchado una palabra.
Así que quítese de la cabeza que es caro. Quítese de la cabeza que el mundo está peleando por dinero. Cuando le digan: "Tu maestro paga". ¿Qué tú vas a contestar? Sí, por supuesto, ven acá. Y cuando vengas acá, él te va a decir: "Te voy a dar para que pagues, pero paga por mí primero y después por ti."
Ahora, mira qué interesante. Cuando nosotros miramos esta historia, vemos algo muy curioso y poderoso. Jesús tiene una conciencia de hijo. Jesús dice:
"Los hijos estamos exentos."
Pero los hijos están exentos, pero saben de dónde viene la provisión, porque ha estado a la mesa. Los hijos estamos exentos de estos problemas del mundo y lo que el mundo nos quiere cobrar, que es injusto allá afuera. Pero un hijo no tiene miedo en pagar porque sabe quién es el que provee.
Pedro fue valiente al decir: "Mi maestro paga. Él va a pagar."
Lo curioso es que cuando él llega donde Jesús, Jesús se le adelanta y le dice: "Pedro, básicamente vamos a pagar porque ya tú te comprometiste en pagar, pero yo voy a pagar a través de ti y lo manda a hacer lo mismo que siempre Pedro había hecho."
Uno de los problemas que hay en el día es que hay mucha gente, aún aquí hay mucha gente hoy, queriendo buscar nuevos negocios, queriendo hacer cosas que Dios no te mandó a hacer porque piensas que Dios no te puede proveer en lo que ya tú haces.
Has pensado que como eres barbero no puedes prosperar. Has pensado que como eres maestro no puedes. Entonces estás buscando inventar algo nuevo pensando que tu provisión está en algo nuevo en lo que tú no eres.
Jesús no mandó a Pedro a que se convirtiera en un carpintero. Jesús no mandó a Pedro a hacer nada distinto, lo mandó a hacer lo que él sabía hacer.
Yo he batallado con eso toda mi vida, y los otros días me pasó algo curioso. Iba para Perú y de repente cuando voy a Perú mi avión, mi vuelo, me lo compraron mal. Bueno, lo compré yo mal, siempre que sea la culpa de alguien, pero fui yo en realidad. Lo compré con una escala de 12 horas. Iba con un grupo de 30 personas a Perú, voy a Panamá, llego a Panamá y cuando veo mi boleto me iba a las 7 de la noche y todo el otro grupo se fue en el otro vuelo.
Así que estoy ahora yo con mi familia 12 horas en Panamá. Allí nos sentamos a trabajar, a hacer cosas y de momento vamos a un restaurante. Cuando voy a entrar, alguien me reconoce y se me acerca. "¿Verdad que usted es el pastor Font?"
Yo le digo: "Saludos." "Sí, ¿cómo está usted?"
Le digo: "¿Va para Perú?" "No, no, ¿para qué para Perú? No, es que... perdón, es que vamos para un evento, un evento muy grande y pensé que usted como me reconoció, pues pensé que... no, yo soy de México, esta es mi esposa, estos son unos amigos y yo... su ministerio ha bendecido mi vida. Lo veo por televisión, su palabra ha cambiado mi vida."
Me decía: "Mire, se me paran los pelos por decírselo aquí." Estaba mi familia, estaban mis hijas, estaba mi mamá. Que por cierto, cuando fui a predicar en el coliseo de Perú, llevé a mi mamá para que me viera estando allí. Lo primero que dije después de saludar dije: "Mami, mira dónde estoy." Para que se sintiera orgulloso, ¿verdad? Para que sepa dónde Dios me ha llevado.
Pero estaban ella, mi familia allí, y de momento estoy sentado en este Olive Garden, en este lugar, un restaurante, no es un lugar caro, y está el lugar lleno. De repente este hombre se levanta y me da un billete de 100 delante de todo el mundo.
Me dice: "Pastor, tome para que pague."
Yo le dije: "Tranquilo, gracias, no se preocupe, no tiene que hacer eso. Gracias." "No, no, no, no, pero a toda boca." Entonces se vuelve... uno no quiere, ¿verdad? No se le da vergüenza.
"No, no, no, no. Es que yo tengo que sembrar porque su palabra ha bendecido mi vida. Usted ha sido un gran predicador que ha cambiado mi vida y yo le tengo que dar esta ofrenda delante de todo el mundo."
Yo la cogí medio avergonzado porque entonces todo el mundo va a pensar... que este hombre y yo... y en la mente de uno, toda la gente lista: "Mira de lo que vive, vividor."
Y tomé ese billete de 100 y lo guardé en una esquinita en mi cartera escondido de mi esposa, porque si lo encuentra lo va a gastar, ¿verdad? Está ahí escondido.
Ah, no es broma. Lo tengo en mi cartera. Porque cuando me fui al almuerzo, comienzo a darle gracias a Dios y oigo en mi corazón que Dios me dice:
"Tú ves, tú no tienes que ser nada distinto de lo que yo te llamé a hacer para que yo te pueda prosperar. No es porque tú eres un gran empresario, es porque eres pastor y estás predicando la palabra."
Yo tengo ese billetito guardado ahí para saber una cosa: la prosperidad llega, no porque yo invente ser algo que yo no soy. Mientras sea lo que Dios quiere que yo sea, Dios puede proveer.
Óiga bien, si tú estás creyendo que un nuevo negocio diferente a lo que Dios te llamó a hacer es lo que te va a dar provisión, estás haciendo de ese negocio tu Dios y no el Dios que te sentó a la mesa y que te dijo: "Donde estás te voy a proveer."
Así que Pedro tenía que ir ahora a hacer lo mismo que siempre hizo. Lo que cambió fue su mente. Ahora va a ser lo mismo para hacer negocio de una manera distinta a la que siempre hacía.
Porque Pedro antes, óigalo bien, en el día de hoy, así es que piensan los hijos de Dios, los que han estado a la mesa, los que conocen al Padre Celestial, los que han comido el pan, los que han tomado el vino, los que están a la mesa, saben qué es lo que tienen que hacer.
Pedro va caminando ahora pensando: "Voy a pescar y en el primer pez que pesque ahí va a estar la moneda. Ahí va a estar la moneda. Ahí va a estar la moneda." Él nunca había ido a pescar con esa mentalidad.
Siempre había ido a pescar con esta mentalidad: "Voy pesco, pesco, saco el pez, lo llevo al mercado, vendo el pez, me dan el dinero, pago y me quedo otra vez en nada."
En esta ocasión es distinta. "Voy a ir a pescar. Voy a pescar. Voy a sacar la moneda de adentro, voy a pagar y me quedo con el pescado en la mano."
Te lo voy a volver a repetir: Porque en el negocio pasado, siendo mendigo, nunca te sobra. Pero los que han estado a la mesa salen a pescar en lo mismo que han pescado toda su vida, sabiendo algo: el pez va a traer la moneda y después de pagar me va a sobrar. Me va a sobrar.
Habrá alguien que lo crea en el día de hoy. Me va a sobrar. Yo vine a decirte en el día de hoy que esta semana te va a sobrar.
Todo lo que hace falta es que tú salgas allá afuera. Hoy tú has estado en una mesa en el día de hoy. Yo no sé a quién vine a hablarle en el día de hoy, pero tú estás en una de las mejores mesas de todo el mundo. Una iglesia que te ha enseñado la palabra de Dios, te ha servido pan, te ha servido vino y te han dejado saber que tú eres un hijo de Dios.
Mañana cuando salgas a trabajar, no importa que el mundo te quiera cobrar, no te ofendas. No vivas ofendido por dinero. Dios va a proveer y nos va a sobrar. Me va a sobrar. Me va a sobrar.
Yo no sé si usted lo cree en esta mañana, pero te va a sobrar. Te va a sobrar, pastor.
Pero si mi trabajo no da para eso, óigalo bien en el día de hoy: No tienes que tener un nuevo trabajo para que Dios te prospere. Todo lo que hace falta es salir a trabajar en el lugar que tú estás trabajando en el día de hoy, sabiendo que Dios puede hacer un milagro.
Hoy tú vas con la fe de que voy a pescar y esta ocasión va a ser diferente. Antes iba y pescaba, vendía, pagaba y me quedaba en cero. Esta vez regreso a casa con el pescado en la mano para decirle a mi familia: "Aquí está."
Pero, ¿con qué pagaste los impuestos? No, no, déjame contarte: No pagué tan solo el impuesto mío, pagué el de Dios primero, pagué el mío y mira cómo tengo las manos llenas.
Y yo le pido a Dios que todo el que está escuchando este mensaje, que se ha sentado a esta mesa en el día de hoy, que reaccione con generosidad, le sea fiel a Dios y salga de aquí con una conciencia de hijo.
Este año cuando traigas tu promesa de fe, no tan solo le darás a Dios lo que le has prometido, también pagarás por ti y te va a sobrar en el nombre poderoso de Jesús.
Mira que está a tu lado, dile: "Te va a sobrar, te va a sobrar, te va a sobrar, te va a sobrar. Tú eres un hijo de Dios. Tú eres una hija de Dios."
Yo pienso que usted debería estar más alegre en esta mañana, pero te va a sobrar. Te va a sobrar.
En medio de tu desierto, Dios ha abierto una mesa para prosperarte y bendecirte. Y oye bien, en el día de hoy, una vez más, te va a sobrar, te va a sobrar, te vas a sobrar, te va a sobrar. Vas a poder pagar tus gastos y te va a sobrar en el nombre poderoso de Jesús.
Dale un fuerte aplauso al Señor ahí en esta mañana. Vamos, vamos. Dale un fuerte aplauso al Señor y ponte de pie ahí en esta hora.