Ciclos y temporadas: cuando un año no termina como esperabas
La historia de Tamar y el proceso del duelo
- Preacher
- Vanessa Gracia Cruz
- Church
- Segadores de VidaNon-DenominationalSouthwest Ranches, United States
- Date
- Friday 22nd May 2026
- Read time
- 26 min
- Language
- Spanish
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Ciclos y temporadas: cuando un año no termina como esperabas
Cuando me estaba preparando para este mensaje, el Señor me empezó a hablar de ciclos y temporadas. ¿Cuántos saben que nuestras vidas consisten de diferentes temporadas? La palabra dice en Eclesiastés que hay un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar, un tiempo para nacer, un tiempo para morir; hay un tiempo para todo. Y así mismo nosotros tenemos ciclos y temporadas en nuestras vidas.
Algo interesante es que estamos comenzando un nuevo año, y siempre que comenzamos uno nuevo, todo el mundo parece estar celebrando un nuevo ciclo. Sin embargo, hay algunos de nosotros que, aunque comenzó un nuevo año, todavía no han terminado el otro proceso. ¿Alguien se siente así?
Yo sé lo que es estar en un enero, con todo el mundo celebrando cosas nuevas, y estar todavía en medio de un proceso doloroso. Si tú entraste a este año todavía recuperándote de todo lo que te pasó en el otro, si entraste al 2026 cojeando, no te preocupes, porque no estás solo.
Muchas veces vemos que todo el mundo está celebrando en diciembre y empezando su ayuno en enero. Algunos de nosotros estamos ayunando para no morirnos, porque entramos al año, pero casi no llegamos. Yo vine a hablarles a ciertas personas que están literalmente terminando un ciclo que no terminó como pensaban que debía terminarse.
La historia de Tamar: un ciclo que terminó en muerte
El Señor me llevó a la historia de una mujer que experimentó esto. Vayan conmigo a Génesis 38, comenzando en el versículo 6:
Después Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar. Pero Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y Jehová le quitó la vida.
Dice que este hombre era malo ante los ojos de Jehová, así que Dios le quitó la vida.
Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida.
Ahora, el versículo 11 dice:
Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo.
Y ahí quiero llegar. Este fue un ciclo en la vida tanto de Tamar como de Judá que debió terminar de una manera diferente. Escucha lo que dijo Judá: tú saliste de tu casa como una novia, pero ahora vas a tener que regresar como una viuda.
Cuando lo que empezó en esperanza termina en pérdida
Yo quiero saber si hay alguien aquí que una vez empezó algo en su vida pensando que iba a terminar en victoria y al final terminó en muerte. Esto fue una pérdida no solamente para Tamar, sino para Judá. Judá estaba tratando de levantar una descendencia a su familia. Sin embargo, tanto Judá como Tamar tuvieron que terminar un ciclo en pérdida.
Y eso es algo que a veces los cristianos no queremos reconocer. Los evangélicos nacidos de nuevo y religiosos queremos siempre decir: "Terminé el año, pero estoy en victoria." Terminó el año, todo el mundo se murió, pero "estoy bien". No estás bien. Tenemos que reconocer que este ciclo terminó en muerte.
Ahora, fue una muerte que Dios permitió, e incluso una muerte que Dios provocó. Porque, ¿cuántos saben que si hay algo en tu vida que te está haciendo daño, Dios mismo se va a encargar de removerlo? Pero escuchen esto: la palabra no dice que Él se lo avisó a Judá. Él quitó algo de la vida de Judá y algo de la vida de Tamar.
La pobre Tamar tuvo que salir de su casa como novia. ¿Cómo salen las novias de su casa? Salen vestidas de blanco, con mucha esperanza: voy a tener cuatro bebés, cinco bebés, diez bebés; todos se van a parecer a mí, van a ser lindos e inteligentes; vamos a ser millonarios. Salen con mucha esperanza. Pero esta pobre niña tuvo que volver a su casa no una vez viuda, sino dos veces viuda. Fue algo que Dios permitió, pero eso no quiere decir que no dolió.
La pausa necesaria entre una etapa y otra
Mira lo que dice el versículo 12:
Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá.
Ahí van tres pérdidas: le murió su primogénito, le murió el otro hijo, tuvo que mandar a la nuera a su casa en vergüenza, y se le murió la esposa. Y pasaron muchos años, porque hay veces que el Señor te quita cosas de tu vida y no te dice cuándo te las va a devolver.
No estoy profetizando muerte. Le estoy hablando a las personas que quizás en el 2025 no pueden celebrar con los que dijeron: "Sí, tuve un bebé, gané tanto dinero, gané esto." Y a veces uno lo está mirando y dice: I wish. Porque hay gente que perdió, que tuvo que llorar, que entró gateando al año.
Cuando mi mamá falleció en el 2013 —falleció un noviembre— yo sé lo que es celebrar la Navidad llorando y no riéndome. Una de las pérdidas de embarazo que tuve fue en un diciembre, y otra fue en un enero. Yo sé lo que es comenzar un año y decir: "No me queda mucha esperanza, porque el otro no me fue tan bien."
Imagínate cómo estaba pensando Tamar: me casé una vez y se murió; me casé otra vez y se murió; ahora el suegro me manda a mi casa en vergüenza y me dirá cuándo puedo salir. Porque Dios no solamente no te avisa que fue Él quien mató lo que tenía que morir en tu vida, sino que tampoco te avisa cuándo lo vas a recuperar.
Y la palabra dice que pasaron muchos años. ¿Sabes lo que representa eso? Que entre una etapa y otra hay lo que se llama la pausa necesaria.
El mal hábito de los religiosos
Hay algunos de nosotros que hemos perdido, que estamos viviendo un duelo, que tenemos heridas que venimos arrastrando —quizás no del 2025, sino del 2015— y no hemos parado. ¿Sabes por qué? Porque los cristianos religiosos tenemos un mal hábito: no nos gusta sentir el dolor.
Pensamos que para tener fe hay que rompernos las rodillas y seguir corriendo con la misma rodilla rota. No lo haces con tu cuerpo físico, pero sí lo haces con tu espíritu. En vez de tomar una pausa para sanar, sigues corriendo.
Pero he venido a decirte: si no tomas el tiempo para sanar, no vas a tener la fuerza necesaria para la próxima etapa.
La palabra dice que Elías se deprimió. ¿Por qué? Porque había perdido; experimentó algo difícil. Y hoy vine a darles permiso de admitir que pasaron por algo difícil. No sé por qué los cristianos piensan que tienen que ver la muerte, la traición, el divorcio, y estar sonriendo. Solo el loco sonríe cuando alguien se muere; a nosotros nos han enseñado mal.
¿Qué le dijo Judá a Tamar? "Regresa a la casa de tu padre y tómate un tiempo, porque el otro todavía no está listo. Espera, toma una pausa."
Pasaron muchos días, y murió la mujer de Judá. Y después de que Judá se consoló...
Comenzó la otra etapa. Hermano, hermana: hay etapas en tu vida que no van a comenzar hasta que recibas el consuelo que necesitas. Se nos olvida que el Espíritu Santo es nuestro Consolador.
La gente quiere que uno, en medio del duelo, siga ministrando, predicando, avanzando, ganando dinero, trabajando de nueve a cinco, cocinando, sin engordar, sin verse viejo. A veces no tienes fuerza para hacer todo eso.
La palabra dice que Elías se deprimió y le dijo al Señor: "Yo me quiero morir." ¿Y sabes lo que le dijo el Señor? "Descansa y come, porque lo que tienes adelante es un viaje largo."
Tu pausa no es rendirte; es equiparte para la próxima etapa. Para que no tengas que entrar a otro matrimonio deprimido.
Los errores de no tomar la pausa
Hay muchos cristianos que cometen errores porque:
- Entran a matrimonios sin consolarse del matrimonio anterior.
- Entran a amistades sin bregar con el dolor que les dejó la otra amistad.
- Se van de una iglesia y de una vez quieren liderazgo en la otra.
Y como todos los pastores quieren líderes, escuchan que vienes de Segadores de Vida y de una vez te dan plataforma. Y tú estás predicando y sangrando sobre todas las personas a quienes les estás predicando, porque no tomaste tu pausa.
El duelo: la pausa necesaria
Otro nombre para la pausa es el duelo. Vamos a leer la definición de los psicólogos:
El duelo es el proceso psicológico y emocional de adaptación ante una pérdida significativa —la muerte de un ser querido, rupturas, cambios de salud, traición. Este proceso incluye reacciones emocionales, cognitivas, físicas y sociales, y tiene como objetivo integrar la nueva realidad de la pérdida a la vida de la persona.
El duelo es necesario para que no seas un loco. ¿Lo puedo explicar? Si vives algo doloroso y no logras adaptarte o aceptarlo como realidad, te conviertes en una persona viviendo una realidad y pensando en otra. ¿Cómo se llama ese tipo de persona? Un loco.
Si yo le digo a alguien: "Bienvenido a Segadores de Vida" y esa persona me dice: "No, yo estoy en McDonald's", voy a concluir que necesita liberación. No voy a decir: "¡Qué persona llena de fe! Muy pronto esto se convertirá en un McDonald's." Nunca se va a convertir en un McDonald's. Esa persona va a vivir su vida frustrada, porque no ha adaptado la nueva realidad a su vida.
Fe no es negación
Tamar perdió dos esposos. Cuando regresó a la casa de su papá, era una viuda, y Judá no le dijo: "No declares que eres viuda." Era viuda.
Yo soy una mujer victoriosa, pero también perdí a mi mamá. Soy una mujer muy bendecida con muchos hijos, pero también perdí a tres hijos que están en el cielo, y me dolió. Yo tuve que tomar una pausa y lidiar con mi nueva realidad e integrarla a mi vida.
Si no lo hacemos, no es que somos más espirituales que todo el mundo, es que estamos viviendo en algo que se llama la negación. Y la negación no es de Dios.
La definición de fe no es negar lo que estás viendo y decir otra cosa. La definición de fe es la certeza de lo que aún no se ha visto. Está basada en el futuro; no niega el presente ni el pasado.
Después de perder mi tercer embarazo yo pude decir: "Voy a ser mamá otra vez." Eso es fe, está basado en el futuro. Pero no puedo decir, sin mentir —y Dios odia la mentira—: "Yo no perdí un bebé." Eso sería locura o mentira. Y ninguno de los dos es de Dios.
Las tres partes de la pausa
Judá le dijo a su nuera: "Regresa, viuda, a la casa de tu padre." Y ahí hay tres partes de la pausa. Y quiero decirte: no importa lo que hayas perdido, si a ti te dolió, vale.
Hay gente que dice: "Ella puede decirlo porque alguien murió." No: si a ti te dolió, te puede doler. Y deja de decirle a la gente: "Por lo menos tienes tres hijos más", "por lo menos tienes vida y salud." Está bien, pero me duele.
¿Alguna vez alguien aquí ha dado a luz? Imagínate que en medio del parto alguien te diga: "Pero por lo menos tu corazón está bien, tus oídos, tus ojos." A mí no me importa; me duele lo que me está pasando. Si te duele, te duele.
Hay muchas personas que creen que están viviendo en depresión, y en realidad están viviendo en duelo, porque nunca lidiaron con algo que perdieron. Pensaron que lidiar con el dolor era negar su fe, y tienen años sin confrontarlo.
1. "Regresa": la etapa del dolor
A nadie le gusta regresar. A nadie le gusta reflexionar en lo que pasó. Tenemos tantas excusas: "El Señor dice: dejando atrás el pasado." Sí, pero antes de dejarlo atrás, a veces tienes que saber qué estás dejando atrás.
Él dice: regresa, reflexiona, siente tu dolor. El dolor es la reacción apropiada a la pérdida. Toda otra reacción es una locura.
El duelo incluye reacciones emocionales, cognitivas, físicas y sociales. El dolor es cómo procesar los cambios que resultan de lo que perdiste. Yo tuve que aceptar que mi primer embarazo resultó en muerte. No quiere decir que no amo a mis hijos ni que no voy a tener una vida próspera. Quiere decir que tuve que procesar que nunca más iba a ser igual.
Todas las emociones son aceptables. A veces pensamos que solo la tristeza es aceptable, pero no. Cuando pasas por un duelo, a veces experimentas ira. Ha habido momentos en los cuales yo me he enojado con Dios: "Dios, esto no tiene sentido. It's not fair." Es una reacción apropiada. ¿Y sabes por qué? Porque fuiste creado a imagen y semejanza de un Dios que siente.
- La palabra dice que Dios se afligió.
- La palabra dice que se entristeció en su corazón.
- La palabra dice que el Espíritu Santo se puede entristecer.
- En Isaías, cuando el pueblo fue rebelde, hicieron enojar al Espíritu Santo.
El enojo es parte del duelo. Hasta Dios experimentó decepción. Él creyó en su pueblo, su pueblo no le hizo caso, y Él tuvo que reaccionar ante esa pérdida y esa traición. Sin embargo, nosotros pensamos que vamos a ser diferentes.
Todo el mundo en la iglesia habla del perdón —perdona, perdona, perdona— pero no hay ni un lugar en la palabra que diga que el perdón es automático. Hay personas que yo todavía estoy en proceso de perdonar. La palabra dice que la ira de Dios es momentánea, y que su misericordia es para siempre. Va a llegar el momento donde mi misericordia va a ser para siempre; pero antes hay un proceso.
Las emociones son como niños
¿Alguna vez has tratado de ignorar a un niño? ¿Qué hace? Grita más fuerte: "¡Mami, mami, mami!" Las emociones son iguales. Si tienes emociones que todavía te están hiriendo, es porque no te has vuelto a ver qué te están tratando de decir. Tu ira te está tratando de decir algo. Tu duelo te está tratando de decir algo.
Nunca sanarás si evitas la herida. Y el resultado de procesar tu dolor es salud. La salud viene cuando puedes mirar a esa emoción y decir: "Déjame mirarte. ¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué me cuesta tanto perdonar a esta persona?" Y ir a Dios y decir: "Señor, enséñame."
A veces esa emoción está conectada a otra que has tenido bajo la superficie por mucho tiempo. "Me costó perdonar a esta persona porque me hicieron sentir estúpida, igual que a los 9 años, en cuarto grado, por un trauma que sufrí." Pero si no examino esa emoción, nunca voy a sanar.
Salmo 51:6 dice:
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Dios desea tu genuinidad. No le estás haciendo ningún favor fingiendo que estás bien cuando no lo estás. Ve a Dios. Métete en tu carro y grita. La palabra dice: "Airaos, pero no pequéis." Mientras no sea pecado, vale.
Les voy a dar mi secreto: cuando estoy bien enojada, me meto en mi carro, me voy a un lugar apartado, y grito, y le digo al carro vacío todo lo que le quiero decir a esa persona. Y después le digo al Señor: "Cambia tú a esta persona, porque si tú no la agarras, la voy a matar. La palabra dice que me guías por sendas de justicia por amor a tu nombre; así que, por amor a tu nombre, agarra a tu hija, porque si no, la agarro yo." Pero es verdad en lo íntimo.
2. "Viuda": la etapa de aceptación
La segunda parte de la pausa dice: "Vuelve, viuda." Este paso se llama aceptación: aceptar una nueva realidad. Tamar tuvo que aceptar que ya no se casaría virgen; sería una mujer divorciada.
Hay partes de tu vida que van a cambiar, que nunca más van a ser iguales. No quiere decir que tu vida vaya a ser peor, pero va a ser diferente. Y muchos de nosotros queremos cambiar el pasado en vez de aceptar qué pasó. Mientras sigas luchando contra el pasado, nunca vas a sanar.
¿Alguien ha experimentado la rumination —esos pensamientos que no te puedes quitar de la mente? Estás tan enojado que ves la película una y otra vez: a esa persona traicionándote, abusándote. Lo que tu cerebro está tratando de hacer es cambiar lo que te pasó. Y la respuesta no es evitar el pensamiento, sino mirarlo y decir: "Yo entiendo. Yo acepto que como mujer divorciada nunca más haré esto y lo otro. Lo acepto, no lo puedo cambiar, pero estoy mirando hacia el futuro."
Yo tuve que aceptar que mi mamá no iba a estar en mi boda ni iba a conocer a mis hijos. Lo pensaba y lo pensaba. Pero tuve que llegar al momento —después de llorarlo, después de sentirlo— de decir: "Nunca voy a ser una mujer que tiene una sola historia de su mamá en su boda. And it's okay. Acéptalo."
No queremos aceptar porque pensamos que aceptar es estancarnos. Pero no: tienes que cerrar la puerta al pasado para poder abrir otra. La aceptación no es quedarte donde estás; es aceptar que vas a tener un nuevo punto de partida.
Si tuviste un negocio y cerró, ese dinero no va a volver. Puedes empezar a soñar con otros cien mil, pero mientras sigas diciendo: "Si hubiera... debí... si tan solo lo hubiera sabido...", no lo sabías. Plátano maduro no vuelve a verde, y el tiempo que se va no vuelve. Acéptalo.
Tú puedes aceptar lo que pasó y tener fe. En Juan 11 dice que Jesús lloró antes de resucitar a Lázaro. Él sabía que lo iba a resucitar, pero aun así lloró. ¿Por qué? Porque estaba aceptando que su amigo murió. Si tienes problemas en tu matrimonio, vas a llorar aunque sepas que el Señor te lo va a restaurar. No tienes que fingir que todo está bien.
En 2 Reyes 4, a la sunamita se le muere el hijo. Mientras estaba vivo, lo tenía en su regazo; pero en el instante en que murió, lo puso en un lugar y se fue. ¿Por qué se fue? Porque estaba muerto. Una mamá no se va si el hijo está enfermo; se queda cuidándolo. El hecho de que se fue significa que aceptó que estaba muerto. Lo único que podía hacer era ir a Dios —pero no diciendo: "Nadie se murió."
La mayor aceptación que vemos en la palabra: Jesús murió y después resucitó, pero duró muerto tres días para comprobar que estaba muerto de verdad. Está bien decir: "Las cosas están graves." Es la realidad. Ahora va a mejorar; otra puerta se va a abrir; el Señor va a hacer un milagro. Pero no puedo estar peleando con el pasado.
La aceptación te da perspectiva y paz
Es en la aceptación que recibes perspectiva. Tamar perdió a sus dos esposos y Judá a sus dos hijos porque eran malos. Cuando no eres capaz de aceptar la realidad, terminas romantizando el pasado. Son estas personas que dicen: "Yo debí casarme con mi primera novia; esa sí era." No era, porque si era, estuvieras casado. "Yo no debí dejar a esta persona." La dejaste, ya se casó con otra, déjalo.
Mientras las cosas estén vivas, sigues orando y creyendo. Pero cuando se muere, se muere. Como nos cuenta el bishop de David: mientras su hijo estaba enfermo, ayunó y oró. Pero cuando el hijo murió, se lavó la cara, lo aceptó y dijo: "Él no podrá volver a mí, pero yo un día iré a él."
El proceso de aceptación es largo, y sí, a veces tendrás pensamientos: "¿Qué hubiese pasado si hubiese tenido este hijo?" Vale, pero no puedes quedarte ahí, porque la aceptación te ofrece perspectiva. Cuando puedes mirar y decir: "Si me hubiese quedado con ese hombre, hubiese estado muerta ahora." No romantices cosas que Dios mismo mató para cuidarte.
Pensamos: "Dios me quitó el negocio." Tú no sabes lo que te iba a hacer ese negocio, esa persona. Déjalo ir. Si Dios permitió que muriera es porque tiene algo mayor y mejor para ti.
El resultado de la aceptación es paz. ¿Quieres tener paz? Acepta lo que pasó. Acepta que eres viuda si eres viuda; divorciada si eres divorciada; huérfana si eres huérfana. Acepta que te violaron si te violaron —and I'm so sorry—, pero pasó. Tu mente engañándote te lleva todos los días a cuando tenías cinco años, y estás viviendo una vida de sufrimiento en el pasado, cuando tu yo de hoy ya no está siendo abusado. Gracias a Dios, Él te sacó de ese lugar.
Yo amo y extraño a mi mamá todos los días, pero estoy agradecida de no estar hoy en el mismo lugar emocional del 2013, cuando estaba deprimida, perdida, sufriendo. No es que no la extrañe, pero tengo doce años de sanidad. No puedo regresar todos los días a lo mismo.
3. "A la casa de tu padre": tu nuevo punto de partida
La tercera parte de la pausa —regresar a la casa de tu padre— significa tu nuevo punto de partida: la etapa de reorientación hacia el futuro, integrar la realidad de la pérdida.
Nunca más vas a ser quien antes fuiste. Ya no tienes los cien mil que tuviste, ni el apoyo que antes tenías, ni el matrimonio como antes. Dios te va a dar un futuro mejor y mayor, pero no desde el mismo punto de partida.
Dios cambia de curso. Se lo compruebo:
- Génesis 3: el plan de Dios era tener una creación que lo adorara para siempre. Caímos en la tentación, y Él tuvo que trazar todo un plan de redención porque metimos la pata. Necesitaría otro Adán.
- Génesis 6: el pueblo se vuelve malvado otra vez, y el Señor tiene que hacer un diluvio. El diluvio no fue parte del plan original: it was a pivot.
Sometimes you got to pivot. Tienes que ser flexible. Muchas personas no avanzan porque siempre están pensando: "Yo debí salir de Colombia directo a Nueva York." No lo hiciste. "Antes yo era más joven y más bonita." Eres bonita todavía, no tan joven. Y no hay nada que podamos hacer. Tienes un nuevo punto de partida.
Después de sanar viene el tiempo de darle "play"
Después de la pausa, la palabra dice que después de que Judá se consoló, comenzó la nueva etapa. Cuando sientes el dolor, cuando aceptas el dolor, cuando aceptas que tu vida va a ser diferente, entonces le puedes dar play.
Muchas personas no están listas todavía. Si te divorciaste hace tres días, no te recomiendo empezar a salir con alguien en un mes, porque vas a tratar a esa persona nueva como si estuvieras en el mismo punto de partida de tu matrimonio anterior —donde tu esposa de 20 años conocía todas tus mañas—, y la nueva no te lo va a aceptar. Así que sánate.
Otro ejemplo, en la iglesia: si te fuiste de tu red porque tienes problema con Mayira, o con Juan, te vas a llevar esa ofensa y le vas a dañar la vida a Lina, porque la ofensa está ahí. Sánate. Yo siempre digo: no te vayas de tu red hasta que seas sano. Si aún cuando te sanes puedes ver a Mayira, abrazarla y bendecirla en el nombre de Jesús, y todavía te quieres ir, vete. Pero no te vayas en rebeldía ni con ofensa, porque la ofensa te va a seguir.
Y la ofensa es compoundable, como el interés de tu tarjeta. Si no la pagas, el mes que viene el balance no baja: sube. Mayira te hizo tres cosas y te fuiste; Lina te va a hacer dos cosas y te vas en la segunda; después Elena te dice una cosita y te vas de la iglesia, porque no sanaste, no tomaste el tiempo para pausar.
1 Pedro 5:10 dice:
Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
¿Quién quiere sufrir? Nadie. Pero dice que solo cuando hemos sufrido, entonces Él mismo nos restaura, nos afirma, nos fortalece y nos establece. Vas a sufrir —no porque yo lo quiera, sino para que entiendas que tienes permiso para sufrir, permiso para sentir el duelo, permiso para decir: "Señor, yo pensé que ya estaría casada, que ya tendría hijos, que ya tendría mi negocio. He hecho tres negocios y todos se murieron." Sigue adelante. Vas a sufrir un tiempo, pero Él mismo te va a restaurar, afirmar y establecer.
Timnat: tu porción asignada
Cuando Judá se consoló, subió a Timnat, a los trasquiladores de sus ovejas, y le avisaron a Tamar. ¿Sabes lo que quiere decir Timnat? Porción asignada.
Cuando tomes la pausa necesaria, va a llegar un momento en que tu porción asignada estará lista, y te lo van a avisar. No estás tarde. El Señor no se olvidó. Esta pobre muchacha estaba en su casa, quizás pensando: "Nadie me va a querer, nadie me va a venir a buscar, me voy a quedar viuda, sin hijos, sin descendencia." No. Cuando Dios tiene algo para ti, Él hará que te encuentre.
Ella estaba en su casa; no estaba en Tinder, ni en Christian Match, ni en Facebook hablándole al esposo de otra, ni coqueteando con las mujeres de la iglesia del mismo grupo de tu esposa. Estaba donde tenía que estar, y la bendición la buscó a ella.
El versículo 14 dice que le avisaron a Tamar. Acuérdate: tu suegro te hizo una promesa, y esa promesa es tuya. ¡Gloria a Dios por esos amigos que, después de que has esperado, te dicen: "Esa es la tuya, ese es el tuyo"!
Entonces se quitó los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat.
Cuando ella había sanado, pudo ver posibilidades que antes no veía. Y ella hizo tres cosas.
Se quitó los vestidos de viudez
Después de sanar, pudo tomar pasos hacia la sanidad y regresar a su identidad sana. El dolor es inevitable, pero cuando lo enfrentas, llega el momento de sanidad. Ella dijo: "Ya no soy viuda. Let's go."
Hay personas que no pueden continuar con su vida porque viven en el duelo del pasado. Tómate tu pausa, habla con Dios, brega con tu dolor, ve a terapia, habla con alguien, sana tu actitud. Cuando llegue la oportunidad, no vas a estar en temor. Uno no tiene que ser viuda para siempre; ella tuvo que serlo por un momento porque fue su realidad, pero no para siempre.
Se cubrió con un velo
Esto representa una nueva estrategia, porque tendrás un punto de partida diferente. Vas a tener que hacer cosas que antes no hacías. Si estás conociendo a alguien a los 40 años, no es como cuando conocías a alguien a los 15. Tu primera novia se conformaba con un Ben & Jerry's; la nueva quiere que la lleves a comer carne, porque ya no es una niña. Así que si no tienes trabajo, quédate en tu pausa.
Y mujeres, tú tampoco le puedes pedir a tu nuevo novio cosas porque todavía estás celosa por lo que te hizo tu exesposo. Cuando sales en la primera cita y dices: "¿Sabes lo que me hizo mi exesposo?" No, no. Ella se cubrió con un velo: "Yo soy ahora una persona diferente. Voy a intentar cosas diferentes. Es parte de mi nueva realidad."
Se puso donde venía la oportunidad
Ella se puso en el lugar donde sabía que venía una oportunidad. ¿Sabes cuándo estás verdaderamente sano? Cuando las nuevas oportunidades ya no te repelen, sino que te atraen.
Cuando estás herida y ves a un hombre con buenos hábitos, buena familia y buen credit score, dices: "No, ese tiene algo debajo de la superficie, tiene que ser psicópata." Pero cuando sanas, ves a ese hombre y dices: "Déjame darle antes de que otra lo vea." Esa es la sanidad.
Y escucha esto: ella fue aun cuando se trató de una persona que antes le había dolido. ¿Sabes cuándo estás sana de verdad? Cuando tuviste problemas en tu matrimonio, pero decidiste seguir con el mismo hombre porque Dios te dijo que ahí iba a restaurar tu matrimonio. Cuando, después de que se te pase la furia, te quedas en tu red con Mayira. Cuando pueden aparecer los mismos tipos de personas, pero en vez de temor, puedes ver la mano de Dios.
A veces el Señor te manda circunstancias similares para redimir. Mi primer embarazo tuvo exactamente seis semanas y lo perdí. El segundo, exactamente seis semanas, y lo perdí. El tercero, exactamente seis semanas, y comencé a sangrar. Pero ese niño se llama Leví. Si no hubiese sanado, habría empezado a declarar muerte: "Se murió, nunca voy a ser mamá." Pero como ya no vivía en el pasado, como ya había aceptado y cerrado esa puerta, pude mirarlo y decir: "Es el mismo comienzo, pero va a ser un final diferente."
De la muerte a la autoridad, el pacto y la herencia
Tamar dijo: "Voy a tener que bregar otra vez con este mentiroso de Judá que me dejó como viuda." Él no fue a buscarla; ella fue y lo buscó, porque estaba sana. Yo creo que la diferencia entre Judá y Tamar era que Tamar estaba sana; Judá no. Judá se comportó igual que sus hijos: mintió, fue rebelde, fue promiscuo. Pero hubo un fin diferente porque Dios tenía algo para Tamar.
Judá no la reconoció porque estaba cubierta con un velo. Hay personas que no van a ver tu cambio, pero no te preocupes: todavía te pueden bendecir. La gente no tiene que ver tu potencial para bendecirte. Él le preguntó qué quería a cambio, y ella dijo: "Dame tu sello, tu cordón y tu bastón."
¿Sabes lo que significan esas cosas?
- El sello representa autoridad.
- El cordón representa conexión y pacto.
- El bastón representa herencia.
¿Sabes lo que el Señor está enseñando? Que antes tu historia terminó en muerte, pero esta historia va a terminar en autoridad, en pacto y en herencia.
¿Por qué ella no recibió herencia de los otros? Porque no eran para ella. Pero cuando llegó lo que era para ella, recibió mucho más de lo que debió recibir.
Hay cosas que el Señor va a hacer en tu vida que al principio te van a dar miedo: "Va a volver a pasar lo mismo." No va a volver a pasar lo mismo, porque ya estás sano. Ya puedes ver cosas que antes no veías. Cuando eras una muchachita, cualquiera te engañaba; hoy no todo el mundo te engaña. Antes pensabas que tu discernimiento era una cosita en el estómago; ahora sabes que algo no está bien, y puedes interceder, tomar decisiones y hacer cosas diferentes. Tú no eres el mismo, tú no eres la misma.
La doble porción
El versículo 27 dice que al tiempo de dar a luz había doble porción en su seno.
Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí había gemelos en su seno.
La primera vez terminó en muerte, la segunda en muerte, pero la tercera terminó en doble porción. El hecho de que te haya pasado antes no quiere decir que va a pasar otra vez.
A uno le puso por nombre Fares, que quiere decir abrir brecha; y al otro Zara, que significa levantarse como el sol. Porque cuando Dios te restaura, te abre brecha y te levanta a otro nivel.
Ella no tuvo descendencia antes, pero el Señor le dio dos hijos varones: en tiempos bíblicos, eso significaba doble porción de descendencia, dos personas cargando su legado, dos personas cargando su nombre.
Joel 2:25 dice:
Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta.
Y escuchen esto:
Y comeréis hasta saciaros.
Cuando el Señor te da restitución, no te da solo un poquito extra: te da hasta que no puedas comer más.
Llamado: permiso para llorar y sanar
Hay personas que terminaron el 2025 un poquito heridas. No tienes que fingir que no estás herido. No tienes que fingir que todo está bien. No tienes que decirle a todo el mundo que tu esposo está de viaje cuando se divorciaron. No tienes que decir que tu grupo se mudó lejos cuando en realidad te lo cerraron. Di la verdad, sé honesto.
Pero eso no quiere decir que siempre va a ser así. Porque después de sufrir un poco de tiempo, el Señor mismo te va a levantar, te va a restaurar, te va a afirmar, y va a abrir brecha. Hay oportunidades que vienen para ti. Hay una doble porción que viene para ti.
Y en el mismo lugar donde te hirieron, en la misma área donde todo el mundo te miró y se burló —"mira esta viuda, mira esta que tuvo que regresar a su casa"—, en ese mismo lugar tú vas a ser quien tiene la doble porción.
Levanta tus manos, porque creo que el Señor me dio esta palabra proféticamente para aquellas personas que necesitan llorar, que necesitan sentir ese duelo, que necesitan entender que no están solas. A veces en la iglesia uno se siente muy solo porque todo el mundo está fingiendo que tiene el matrimonio perfecto, que nadie tiene problemas financieros, que nadie está en pecado. Pero no estás solo, y el Señor te va a restaurar.
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