Leones, Fosos y Nieve: Un Código de Guerra para Hombres
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Hoy quiero ser usado por el Espíritu Santo para traer una hermosa palabra de restauración, confrontación, aliento y esperanza para esta generación de hombres.
Leemos en Primera de Pedro, capítulo 5, versículo 8: "Sean sobrios y velen, porque su adversario, el como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar."
Es importante entender que la palabra nunca dice que el enemigo sea un león. Dice que está imitando al león, que quiere parecerse al león. Hay un solo león verdadero, hombres, y es el león de la tribu de Judá. El nuestro adversario está como un león rugiente, esperando una pequeña falla, una brecha, una grieta, una ofensa, una amargura para tomar una actitud de venganza y ataque contra nosotros.
Por eso es tan importante que esta generación de hombres se levante en integridad y en pureza, pero también esté parada en la fe.
Quiero llevarte a Segunda de Samuel, capítulo 23, versículo 20, donde leemos acerca de Benaía, hijo de Joiada. El nombre Benaía significa "el Señor ha edificado" o "Yahwéh construye". Esto nos habla de la paternidad de Dios.
Muchachos, es muy hermoso ver a Dios como Salvador, como sanador, como proveedor, como amigo. Pero ¡qué difícil es verlo como Padre! Como latinoamericanos, muchas veces nuestro destino, nuestro propósito, nuestro camino de vida se define por una buena o una mala paternidad.
Escúchame bien: No eres el error, ni el pecado, ni la enfermedad de tu bisabuelo. No eres el error, el pecado, ni la enfermedad de tu abuelo, ni de tu padre. En ti hay una nueva genética. Hay una nueva naturaleza: la naturaleza de un guerrero, de un hombre de fe, de un hombre que le cree a Dios.
Segunda de Samuel 23:20 nos cuenta: "Benaía, hijo de Joiada... mató a dos leones de Moab, y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando."
Los dos leones de Moab no hablan de dos felinos grandes. Son dos guerreros de élite, dos guerreros preparados para pelear, adiestrados en el arte de la guerra. Históricamente, un león de Moab, un guerrero de Moab, podía vencer a 100, 200 o 300 hombres él solo.
Benaía se enfrentó a estos dos y los venció. ¿Qué tremendo es que Benaía sabía que tenía el respaldo de Dios! No dice que un ejército viniera con él, que no tenía un séquito de escuderos o hombres que estaban con él. Él solo confió en la paternidad de la cual provenía. Él solo dependió del Dios al que su padre adoraba y servía.
Ningún arma forjada contra ti prosperará. Ningún arma forjada contra ti, contra tu casa, tus hijos, tu descendencia prosperará, porque tienes el poder de la palabra. Tienes el poder de una promesa. Tienes el poder de la paternidad de Dios sobre tu vida. No importa cuántos leones de Moab se levanten contra ti, ningún arma forjada contra ti prosperará.
La palabra dice que Benaía "descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando". El foso representa algo importante.
En Capsel, en el sur de Judá, había una escasez de agua. El único recurso que podía traer esperanza a la ciudad era ese foso. Alguien tenía que volver a cavar, alguien tenía que volver a creer que iban a encontrar agua. Ese foso representaba una luz de esperanza para el pueblo.
Sin embargo, en ese lugar que se encontraba vacío pero que podía seguirse trabajando, en ese foso cayó un león. Lo que iba a ser un acto de esperanza para una comunidad, hoy no podía acabarse más, no podía ser utilizado más.
El león estaba desesperado, hambriento, atrapado. Pero Benaía se armó de valor. Él descendió—no fue enviado por nadie, no recibió una orden de nadie. Benaía tuvo la iniciativa de entrar a ese foso, acabar con este león y recuperar ese foso para que una vez más volviera a tener agua, volviera a tener vida útil.
Nadie le dio una orden. Benaía tuvo la iniciativa de recuperar el foso, de pelear con este león, vencerlo, matarlo, y sacarlo de esa fuente de agua.
Lo que más me llama la atención, varones, es que estaba nevando. Un león ya es un enemigo difícil. Un foso vacío es un reto difícil. Pero lo más tremendo es que estaba nevando en una región de Judá donde no es común que caiga nieve.
Todo parecía estar en contra de Benaía. El foso seco, el foso vacío, ahora un león en él, y comienza a nevar. Aparentemente todo estaba en contra de Benaía.
Pero Benaía tomó una decisión: Benaía venció el clima.
Un evento tan raro como la nieve significa desventaja, significa un suelo resbaladizo, significa una visibilidad reducida y un frío que entumece las manos para sostener la espada.
Muchachas veces el clima está en nuestra contra. Muchas veces el clima de lo que se ve en las redes sociales, muchas veces el clima de la televisión, muchas veces el clima de lo que se escucha, muchas veces el clima en casa a veces parece una tormenta de nieve.
Hoy esta generación de hombres tiene que levantarse a pesar del clima. A pesar del clima social, a pesar del clima económico, a pesar del clima cultural, a pesar de lo que estén diciendo allá afuera, el poder de lo que dice este libro puede cambiar el clima, puede cambiar la temporada, puede cambiar el ambiente.
Benaía no peleó en un campo abierto donde podía correr o tener ciertas maniobras para desequilibrar la fuerza del felino. Benaía peleó en un foso, un espacio confinado, un espacio claustrofóbico sin salida.
No podía ir más abajo, no podía ir a los lados. La única manera de salir era hacia arriba y salir con vida. Era la única opción.
Muchas veces el terreno se vuelve difícil. Quizás era un lugar aparentemente seco, pero la poca agua que quedaba formó lodo, un elemento que impedía la agilidad de Benaía, encerrado, rodeado simplemente por paredes.
A veces pensamos que nuestra fuente se secó, que la fuerza que teníamos, la pasión que teníamos, la hombría que teníamos en algún momento de nuestra vida fue secuestrada. En algún momento de nuestra vida fue se llenó de temor, de terror.
Pero hoy te digo en el nombre de Jesús: Él puede cambiar la calidad de tu tierra. Él puede cambiar nuestro terreno, él puede cambiar nuestro corazón.
No importa qué tan vacíos llegamos, saldremos llenos de agua de vida. No importa qué tan vacío o qué tan difícil resultó el terreno, saldrás fortalecido. Saldrás con gozo y con alegría. Y lo más importante, saldrás con vida y en victoria.
Lo que leemos en Primera de Pedro es que el enemigo es como un león rugiente. El oponente es un león acorralado. El oponente está completamente alterado, completamente hambriento.
Era un oponente fascinante, tremendo, peligroso para Benaía.
Escúcheme: Benaía no cayó ahí por accidente. Al adversario no le tienes que dar la vuelta. Al adversario lo enfrentas frontalmente.
Muchas veces evitamos el conflicto, evitamos la discusión, evitamos la pelea. Caminamos en cosas del alma y en silencio. Hay veces que se toma ventaja sobre el alma del hombre porque no estamos habilitados para discutir y a veces guardamos cosas en el corazón.
La vida secreta arruina la gloria pública. La vida secreta arruina la bendición pública.
Ese es el adversario. Cosas que no han sido arregladas, cosas que no han sido confesadas, cosas que están en tu teléfono de manera oculta, cosas que estaban en el ayer, cosas de los ojos.
El oponente sabe que si a esa familia le saca al hombre de casa, la familia quedarán débil. Si a esa empresa le saca al hombre de Dios que la dirige, esa empresa experimentará la ruina. A esos hijos que están siendo dirigidos por una voz paterna. Si el enemigo roba y secuestra tu voz, los hijos terminarán sin rumbo, sin propósito y sin destino.
Al adversario, hombres, no se le ataca de lado ni por la espalda, se le enfrenta, se le va con él de frente y se le dice: "Ha sido vencido y derrotado en la cruz del calvario. Ha sido vencido y derrotado por uno más grande que tú. Hay poder en la sangre de Jesús."
El enemigo que quiere secuestrar y acabar con tu vida te echará en cara tu pasado. No importa que tengas 15 años, 14 años, el enemigo sabrá lo que hiciste ayer. Sabrá lo que hiciste hoy en la mañana, lejos de todo principio bíblico, lejos de toda santidad.
Por eso es importante que en este momento, en este lugar, en toda esta jornada, en arrepentimiento sincero y puro, vengamos delante del Señor. Que recuperemos nuestra hambre y también nuestra santidad. Que recuperemos nuestra hambre y también nuestra pureza.
Hay vida, vida en abundancia y vida eterna en el nombre de Jesús para aquellos que en arrepentimiento genuino vengamos del Señor. Ningún error del ayer es más grande que tu promesa, es más grande que tu llamado. Límpiate en la sangre de Jesús.
Tienes que tomar la iniciativa de bajar al foso. Benaía no cayó como el león. El león cayó por accidente, pero Benaía tomó la decisión. Él descendió al foso donde estaba el león en medio de la nevada.
Hoy tienes que tomar la decisión de descender a los lugares ocultos. Hoy tienes que tomar la decisión de descender al ayer, no para quedarte ahí, sino para sanarlo, cancelarlo y avanzar a un futuro lleno de esperanza.
No importa que esté león, no importa que el terreno sea peligroso, no importa que el clima no esté a favor. Hoy tomamos la decisión de descender, porque antes de que desciendas tienes una promesa: Tuya es la victoria. En el nombre de Jesús es mayor el que está con nosotros que el que está con el mundo.
Benaía tomó la decisión de descender sin importar el clima, el terreno y el adversario.
Benaía sería muy clave en la transición de Salomón como rey. En Primera de Reyes, capítulo 2, versículos 34 al 35, leemos que Salomón lo capacita a Benaía para eliminar a Joab, el general que había pecado.
Primera de Reyes 2:34 dice: "Entonces Benaía, hijo de Joyada, el mismo que descendió al foso en medio de la nieve peleando con el león, subió y arremetió contra él... y lo mató."
Luego el rey puso a Benaía en lugar de Joab, como general del ejército.
Escúchame, varón: Los que descienden saben subir. Estoy hablando proféticamente. Los que descienden a lugares oscuros sabrán subir a lugares públicos. Los que saben vencer en lugares oscuros sabrán subir a lugares públicos. Los que saben vencer las tinieblas proclamarán la luz de Jesús en las naciones de la tierra.
A menudo hablamos de la soberanía de Dios. Pero a veces olvidamos la responsabilidad humana de actuar con valentía.
Sí, Dios es soberano. Amén. Dios es bueno. Amén. Dios es proveedor. Amén. Pero tu responsabilidad es ser valiente. Tu responsabilidad es abrazar la valentía.
Benaía no tenía una promesa de seguridad. No tenía una promesa de seguridad, pero sabía que si vencía al león y lo sacaba del foso, si volviera a trabajar en ese foso, iba a volver a tener agua.
Hay muchas cosas que han estado detenidas por ese león que está contra tu vida. Hay muchas promesas que no están en el olvido, simplemente están detenidas porque hay un invasor en el foso de tu vida. Hay muchas cosas que desde tu niñez se habían detenido. Hay muchas cosas que en el ayer, en el pasado, se han vuelto estructuras de pensamiento que impiden una renovación de nuestra mente.
El apóstol Pablo nos dice en el libro de Romanos: "Transforma tu manera de pensar. No te conformes a este siglo, sino cree en la palabra."
Benaía no tenía ninguna promesa de seguridad. Pero tenía un deber y un instinto de responsabilidad.
No solamente venció a los leones de Moab, a los grandes guerreros, venció al león, pero también venció a un gigante. Primera de Crónicas, capítulo 11, versículos 22 al 24 nos cuenta que Benaía venció a un egipcio de cinco codos de estatura (2,5 metros), que traía una lanza como un rollo de tejedor.
"Mas él descendió con un báculo." ¿Con qué descendió Benaía? Con un báculo, con un palo. Descendió con un palo y arrebató al egipcio la lanza de la mano y lo mató con su misma lanza.
Puede ser que este adversario venga contra ti con espada. Puede ser que este adversario venga contra ti con amenazas, con tentación, con perversión, con iniquidad, con mentira. Pero escúchame, lo único que tú necesitas es la espada de la palabra y arrebatarás del adversario sus tretas. Arrebatarás del adversario su mentira.
Lo que estaba en tu contra, si tú desciendes valientemente, varón, hombre, lo que estaba en tu contra, Dios lo pondrá a tu favor.
No era suerte, era disciplina. Tienes que ser un hombre disciplinado. Tienes que orar, tienes que ayunar, tienes que leer la palabra, tienes que congregarte, tienes que servir a Dios, tienes que trabajar, tienes que esforzarte, tienes que clamar al Dios soberano de todas las cosas.
No es suerte, es disciplina. Y escúchame, varón, disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede. Vuélvete disciplinado contigo. Vuélvete disciplinado con tu mente. Disciplina tus ojos. Disciplina tus palabras, disciplina tu corazón.
Vuelve a la lectura de la Biblia. Honra a Dios. Y ningún clima, ningún terreno y ningún adversario serán suficientes para sacarte de propósito.
Es bueno ser hombre. Disciplina tu masculinidad, disciplina tu hombría. Disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede.
A veces pensamos que la fe es pasiva. A veces pensamos que la fe solamente es una varita mágica que hace que las cosas sucedan sin valentía. Pero eso no es así. Un hombre disciplinado desarrolla valentía.
La historia de Benaía nos recuerda que a veces la fe se ve como alguien bajando a lugares oscuros, a lugares olvidados, a lugares secos, enfrentando lo que otros temen, enfrentando lo que otras generaciones no vencieron.
Pero hoy te digo, varón, serás llevado de gloria en gloria y de victoria en victoria en el nombre de Jesús.
Esa es la fe: bajar a donde nadie ha bajado y vencer lo que otros no vencieron. El Señor te está entregando la victoria.
Sé un hombre disciplinado. Disciplina tu corazón, disciplina tus tiempos, disciplina tu mente, disciplina tu alma, disciplina tu espíritu con la palabra.
Proverbios capítulo 26, versículo 1 dice: "Como no conviene la nieve en el verano ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra."
No pierdas tu sentido de honor. Sigue honrando al Señor. Sigue honrando al Señor y todo lo que tú necesites ya está resuelto conforme a sus riquezas en gloria.
No importa que haya nieve, no importa que haya un foso, no importa que haya un león, no importa cuántos estorbos haya en esta carrera, llegarás a la meta en el nombre de Jesús.
El foso representa lo que terminó su ciclo en tu vida. El foso representa lo que ya terminó su ciclo en tu vida. No lo traigas de regreso. No pertenece a tu presente y no entrará contigo a tu promesa.
El foso representa lo que terminó en tu vida, lo que estaba vacío, en lo que nadie se había interesado en llenarlo, en recuperarlo, en repararlo. El foso significa algo que habías dejado de cabar, que habías dejado de insistir.
Pero hoy te digo algo, en el nombre de Jesús: También el foso significa que obtendrás agua de nuevo. Tendrás fuerza de nuevo, vendrá la pasión, de nuevo vendrá la estabilidad, de nuevo vendrá la fortaleza.
No dejes de cabar. No dejes de cabar. No dejes de cabar. No dejes de cabar.
Los lugares vacíos se llenarán. Lo que estaba en el olvido será traído al cuidado. Ese foso vacío se llenará de agua una vez más.
La nieve es la temporada en la que estamos viviendo. Un tiempo donde la hombría, la virilidad, la masculinidad es una ofensa a la sociedad. La nieve ha llegado sigilosamente y es una toxina para tu hombría. Es un veneno que está esperando a la siguiente generación de hombres que ahora mismo son niños.
Y es un estorbo para el sano desarrollo de las familias, de las comunidades, de la sociedad y de la nación entera.
Hay un cambio de temporada. Y la nieve que te estorbaba, la nieve que entumecía tus manos, hoy no estará más. Tendrás la primavera de tu vida. Empuñarás la espada y saldrás más que vencedor en Cristo Jesús.
Mientras golpeas, algo está cambiando. Mientras golpeas algo está sucediendo. Que cambie el clima. Será el clima propicio para avanzar a tu promesa. Será el clima propicio para declarar victoria.
Y por último, el león. El león es todo aquello, varón, que atenta contra tu integridad, contra tu santidad, que pretende atemorizarte, hacerte pecar, sacarte de tu familia, sacarte de tu propósito, sacarte de la iglesia y sacarte del cielo.
El león es la tentación de la comparación. Compararte con otro hombre. Eres un diseño único. Dios pensó en ti. Dios pensó en ti. Dios pensó en ti.
No te compares con nadie. El león es la tentación de la estabilidad económica no lograda, de los celos, de la envidia por lo que ves en otros, el deseo de robar los logros ajenos, la familia ajena y lo peor de todo, perder el gobierno sobre tus ímpetus.
Pero en el nombre de Jesús te digo: Ese león está vencido. Ese león está vencido. Ese león está vencido en el nombre de Jesús.
El foso se llenará de agua, la nieve cambiará y nos dará la primavera de nuestra vida. Y este león, este león antes de que desciendas ya estará acabado, ya estará muerto. Tú solamente lo sacarás para recuperar el agua del foso.
Salmo 91, versículo 13 dice:
Sobre el león y el áspid pisarás. Ollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré. Le pondré en alto. Por cuanto ha conocido mi nombre, me invocará y yo le responderé. Con él estaré yo en la angustia. Lo libraré y le glorificaré, lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.
Ese adversario no podrá contra ti. Ese adversario ya está vencido. No le tengas miedo. No huyas del adversario. Enfréntale. Preséntate de frente ante él. El Señor ya te ha dado la victoria.
Tu foso volverá a llenarse de agua. Tu cisterna volverá a llenarse de agua. Vuelve a cavar. Vuelve a cavar. Saca al león que estaba en el foso. Ya lo venciste, pero no dejes su cadáver en el foso. Contaminará el agua. Sácalo. Vuelve a cavar. Esfuérzate. Sé disciplinado.
Disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede.
No permitas que la nieve detenga tu fuerza. No permitas que la nieve robe tu propósito. No permitas que la nieve secuestre tus llamados. Oh, el clima cambiará. El clima cambiará a tu favor.
Una generación de hombres que vence al león. Una generación de hombres que desciende al foso. Una generación de hombres que no le teme a la nieve.
Una generación de hombres que serán bendecidos. Sobre el león y el áspid pisarás. Ollarás al cachorro del león y al dragón.
Desciende al foso. Desciende. El que desciende sabrá subir. El que vence en el foso será elevado a una recompensa pública.
El único león es el león de la tribu de Judá y es el que rugirá a tu favor.
Vencerás al león. Vencerás al foso. Vencerás la nieve. Vas a vencer el impostor.
Tu legado está salvo. La palabra está salvo. El león está vencido. Ese león en el foso está vencido. Es un impostor. Es una mentira, no es una verdad.
El único león es el león de la tribu de Judá y es el que rugirá a tu favor.
Hoy quiero ser usado por el Espíritu Santo para traer una hermosa palabra de restauración, confrontación, aliento y esperanza para esta generación de hombres.
Leemos en Primera de Pedro, capítulo 5, versículo 8: "Sean sobrios y velen, porque su adversario, el como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar."
Es importante entender que la palabra nunca dice que el enemigo sea un león. Dice que está imitando al león, que quiere parecerse al león. Hay un solo león verdadero, hombres, y es el león de la tribu de Judá. El nuestro adversario está como un león rugiente, esperando una pequeña falla, una brecha, una grieta, una ofensa, una amargura para tomar una actitud de venganza y ataque contra nosotros.
Por eso es tan importante que esta generación de hombres se levante en integridad y en pureza, pero también esté parada en la fe.
Quiero llevarte a Segunda de Samuel, capítulo 23, versículo 20, donde leemos acerca de Benaía, hijo de Joiada. El nombre Benaía significa "el Señor ha edificado" o "Yahwéh construye". Esto nos habla de la paternidad de Dios.
Muchachos, es muy hermoso ver a Dios como Salvador, como sanador, como proveedor, como amigo. Pero ¡qué difícil es verlo como Padre! Como latinoamericanos, muchas veces nuestro destino, nuestro propósito, nuestro camino de vida se define por una buena o una mala paternidad.
Escúchame bien: No eres el error, ni el pecado, ni la enfermedad de tu bisabuelo. No eres el error, el pecado, ni la enfermedad de tu abuelo, ni de tu padre. En ti hay una nueva genética. Hay una nueva naturaleza: la naturaleza de un guerrero, de un hombre de fe, de un hombre que le cree a Dios.
Segunda de Samuel 23:20 nos cuenta: "Benaía, hijo de Joiada... mató a dos leones de Moab, y él mismo descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando."
Los dos leones de Moab no hablan de dos felinos grandes. Son dos guerreros de élite, dos guerreros preparados para pelear, adiestrados en el arte de la guerra. Históricamente, un león de Moab, un guerrero de Moab, podía vencer a 100, 200 o 300 hombres él solo.
Benaía se enfrentó a estos dos y los venció. ¿Qué tremendo es que Benaía sabía que tenía el respaldo de Dios! No dice que un ejército viniera con él, que no tenía un séquito de escuderos o hombres que estaban con él. Él solo confió en la paternidad de la cual provenía. Él solo dependió del Dios al que su padre adoraba y servía.
Ningún arma forjada contra ti prosperará. Ningún arma forjada contra ti, contra tu casa, tus hijos, tu descendencia prosperará, porque tienes el poder de la palabra. Tienes el poder de una promesa. Tienes el poder de la paternidad de Dios sobre tu vida. No importa cuántos leones de Moab se levanten contra ti, ningún arma forjada contra ti prosperará.
La palabra dice que Benaía "descendió y mató a un león en medio de un foso cuando estaba nevando". El foso representa algo importante.
En Capsel, en el sur de Judá, había una escasez de agua. El único recurso que podía traer esperanza a la ciudad era ese foso. Alguien tenía que volver a cavar, alguien tenía que volver a creer que iban a encontrar agua. Ese foso representaba una luz de esperanza para el pueblo.
Sin embargo, en ese lugar que se encontraba vacío pero que podía seguirse trabajando, en ese foso cayó un león. Lo que iba a ser un acto de esperanza para una comunidad, hoy no podía acabarse más, no podía ser utilizado más.
El león estaba desesperado, hambriento, atrapado. Pero Benaía se armó de valor. Él descendió—no fue enviado por nadie, no recibió una orden de nadie. Benaía tuvo la iniciativa de entrar a ese foso, acabar con este león y recuperar ese foso para que una vez más volviera a tener agua, volviera a tener vida útil.
Nadie le dio una orden. Benaía tuvo la iniciativa de recuperar el foso, de pelear con este león, vencerlo, matarlo, y sacarlo de esa fuente de agua.
Lo que más me llama la atención, varones, es que estaba nevando. Un león ya es un enemigo difícil. Un foso vacío es un reto difícil. Pero lo más tremendo es que estaba nevando en una región de Judá donde no es común que caiga nieve.
Todo parecía estar en contra de Benaía. El foso seco, el foso vacío, ahora un león en él, y comienza a nevar. Aparentemente todo estaba en contra de Benaía.
Pero Benaía tomó una decisión: Benaía venció el clima.
Un evento tan raro como la nieve significa desventaja, significa un suelo resbaladizo, significa una visibilidad reducida y un frío que entumece las manos para sostener la espada.
Muchachas veces el clima está en nuestra contra. Muchas veces el clima de lo que se ve en las redes sociales, muchas veces el clima de la televisión, muchas veces el clima de lo que se escucha, muchas veces el clima en casa a veces parece una tormenta de nieve.
Hoy esta generación de hombres tiene que levantarse a pesar del clima. A pesar del clima social, a pesar del clima económico, a pesar del clima cultural, a pesar de lo que estén diciendo allá afuera, el poder de lo que dice este libro puede cambiar el clima, puede cambiar la temporada, puede cambiar el ambiente.
Benaía no peleó en un campo abierto donde podía correr o tener ciertas maniobras para desequilibrar la fuerza del felino. Benaía peleó en un foso, un espacio confinado, un espacio claustrofóbico sin salida.
No podía ir más abajo, no podía ir a los lados. La única manera de salir era hacia arriba y salir con vida. Era la única opción.
Muchas veces el terreno se vuelve difícil. Quizás era un lugar aparentemente seco, pero la poca agua que quedaba formó lodo, un elemento que impedía la agilidad de Benaía, encerrado, rodeado simplemente por paredes.
A veces pensamos que nuestra fuente se secó, que la fuerza que teníamos, la pasión que teníamos, la hombría que teníamos en algún momento de nuestra vida fue secuestrada. En algún momento de nuestra vida fue se llenó de temor, de terror.
Pero hoy te digo en el nombre de Jesús: Él puede cambiar la calidad de tu tierra. Él puede cambiar nuestro terreno, él puede cambiar nuestro corazón.
No importa qué tan vacíos llegamos, saldremos llenos de agua de vida. No importa qué tan vacío o qué tan difícil resultó el terreno, saldrás fortalecido. Saldrás con gozo y con alegría. Y lo más importante, saldrás con vida y en victoria.
Lo que leemos en Primera de Pedro es que el enemigo es como un león rugiente. El oponente es un león acorralado. El oponente está completamente alterado, completamente hambriento.
Era un oponente fascinante, tremendo, peligroso para Benaía.
Escúcheme: Benaía no cayó ahí por accidente. Al adversario no le tienes que dar la vuelta. Al adversario lo enfrentas frontalmente.
Muchas veces evitamos el conflicto, evitamos la discusión, evitamos la pelea. Caminamos en cosas del alma y en silencio. Hay veces que se toma ventaja sobre el alma del hombre porque no estamos habilitados para discutir y a veces guardamos cosas en el corazón.
La vida secreta arruina la gloria pública. La vida secreta arruina la bendición pública.
Ese es el adversario. Cosas que no han sido arregladas, cosas que no han sido confesadas, cosas que están en tu teléfono de manera oculta, cosas que estaban en el ayer, cosas de los ojos.
El oponente sabe que si a esa familia le saca al hombre de casa, la familia quedarán débil. Si a esa empresa le saca al hombre de Dios que la dirige, esa empresa experimentará la ruina. A esos hijos que están siendo dirigidos por una voz paterna. Si el enemigo roba y secuestra tu voz, los hijos terminarán sin rumbo, sin propósito y sin destino.
Al adversario, hombres, no se le ataca de lado ni por la espalda, se le enfrenta, se le va con él de frente y se le dice: "Ha sido vencido y derrotado en la cruz del calvario. Ha sido vencido y derrotado por uno más grande que tú. Hay poder en la sangre de Jesús."
El enemigo que quiere secuestrar y acabar con tu vida te echará en cara tu pasado. No importa que tengas 15 años, 14 años, el enemigo sabrá lo que hiciste ayer. Sabrá lo que hiciste hoy en la mañana, lejos de todo principio bíblico, lejos de toda santidad.
Por eso es importante que en este momento, en este lugar, en toda esta jornada, en arrepentimiento sincero y puro, vengamos delante del Señor. Que recuperemos nuestra hambre y también nuestra santidad. Que recuperemos nuestra hambre y también nuestra pureza.
Hay vida, vida en abundancia y vida eterna en el nombre de Jesús para aquellos que en arrepentimiento genuino vengamos del Señor. Ningún error del ayer es más grande que tu promesa, es más grande que tu llamado. Límpiate en la sangre de Jesús.
Tienes que tomar la iniciativa de bajar al foso. Benaía no cayó como el león. El león cayó por accidente, pero Benaía tomó la decisión. Él descendió al foso donde estaba el león en medio de la nevada.
Hoy tienes que tomar la decisión de descender a los lugares ocultos. Hoy tienes que tomar la decisión de descender al ayer, no para quedarte ahí, sino para sanarlo, cancelarlo y avanzar a un futuro lleno de esperanza.
No importa que esté león, no importa que el terreno sea peligroso, no importa que el clima no esté a favor. Hoy tomamos la decisión de descender, porque antes de que desciendas tienes una promesa: Tuya es la victoria. En el nombre de Jesús es mayor el que está con nosotros que el que está con el mundo.
Benaía tomó la decisión de descender sin importar el clima, el terreno y el adversario.
Benaía sería muy clave en la transición de Salomón como rey. En Primera de Reyes, capítulo 2, versículos 34 al 35, leemos que Salomón lo capacita a Benaía para eliminar a Joab, el general que había pecado.
Primera de Reyes 2:34 dice: "Entonces Benaía, hijo de Joyada, el mismo que descendió al foso en medio de la nieve peleando con el león, subió y arremetió contra él... y lo mató."
Luego el rey puso a Benaía en lugar de Joab, como general del ejército.
Escúchame, varón: Los que descienden saben subir. Estoy hablando proféticamente. Los que descienden a lugares oscuros sabrán subir a lugares públicos. Los que saben vencer en lugares oscuros sabrán subir a lugares públicos. Los que saben vencer las tinieblas proclamarán la luz de Jesús en las naciones de la tierra.
A menudo hablamos de la soberanía de Dios. Pero a veces olvidamos la responsabilidad humana de actuar con valentía.
Sí, Dios es soberano. Amén. Dios es bueno. Amén. Dios es proveedor. Amén. Pero tu responsabilidad es ser valiente. Tu responsabilidad es abrazar la valentía.
Benaía no tenía una promesa de seguridad. No tenía una promesa de seguridad, pero sabía que si vencía al león y lo sacaba del foso, si volviera a trabajar en ese foso, iba a volver a tener agua.
Hay muchas cosas que han estado detenidas por ese león que está contra tu vida. Hay muchas promesas que no están en el olvido, simplemente están detenidas porque hay un invasor en el foso de tu vida. Hay muchas cosas que desde tu niñez se habían detenido. Hay muchas cosas que en el ayer, en el pasado, se han vuelto estructuras de pensamiento que impiden una renovación de nuestra mente.
El apóstol Pablo nos dice en el libro de Romanos: "Transforma tu manera de pensar. No te conformes a este siglo, sino cree en la palabra."
Benaía no tenía ninguna promesa de seguridad. Pero tenía un deber y un instinto de responsabilidad.
No solamente venció a los leones de Moab, a los grandes guerreros, venció al león, pero también venció a un gigante. Primera de Crónicas, capítulo 11, versículos 22 al 24 nos cuenta que Benaía venció a un egipcio de cinco codos de estatura (2,5 metros), que traía una lanza como un rollo de tejedor.
"Mas él descendió con un báculo." ¿Con qué descendió Benaía? Con un báculo, con un palo. Descendió con un palo y arrebató al egipcio la lanza de la mano y lo mató con su misma lanza.
Puede ser que este adversario venga contra ti con espada. Puede ser que este adversario venga contra ti con amenazas, con tentación, con perversión, con iniquidad, con mentira. Pero escúchame, lo único que tú necesitas es la espada de la palabra y arrebatarás del adversario sus tretas. Arrebatarás del adversario su mentira.
Lo que estaba en tu contra, si tú desciendes valientemente, varón, hombre, lo que estaba en tu contra, Dios lo pondrá a tu favor.
No era suerte, era disciplina. Tienes que ser un hombre disciplinado. Tienes que orar, tienes que ayunar, tienes que leer la palabra, tienes que congregarte, tienes que servir a Dios, tienes que trabajar, tienes que esforzarte, tienes que clamar al Dios soberano de todas las cosas.
No es suerte, es disciplina. Y escúchame, varón, disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede. Vuélvete disciplinado contigo. Vuélvete disciplinado con tu mente. Disciplina tus ojos. Disciplina tus palabras, disciplina tu corazón.
Vuelve a la lectura de la Biblia. Honra a Dios. Y ningún clima, ningún terreno y ningún adversario serán suficientes para sacarte de propósito.
Es bueno ser hombre. Disciplina tu masculinidad, disciplina tu hombría. Disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede.
A veces pensamos que la fe es pasiva. A veces pensamos que la fe solamente es una varita mágica que hace que las cosas sucedan sin valentía. Pero eso no es así. Un hombre disciplinado desarrolla valentía.
La historia de Benaía nos recuerda que a veces la fe se ve como alguien bajando a lugares oscuros, a lugares olvidados, a lugares secos, enfrentando lo que otros temen, enfrentando lo que otras generaciones no vencieron.
Pero hoy te digo, varón, serás llevado de gloria en gloria y de victoria en victoria en el nombre de Jesús.
Esa es la fe: bajar a donde nadie ha bajado y vencer lo que otros no vencieron. El Señor te está entregando la victoria.
Sé un hombre disciplinado. Disciplina tu corazón, disciplina tus tiempos, disciplina tu mente, disciplina tu alma, disciplina tu espíritu con la palabra.
Proverbios capítulo 26, versículo 1 dice: "Como no conviene la nieve en el verano ni la lluvia en la siega, así no conviene al necio la honra."
No pierdas tu sentido de honor. Sigue honrando al Señor. Sigue honrando al Señor y todo lo que tú necesites ya está resuelto conforme a sus riquezas en gloria.
No importa que haya nieve, no importa que haya un foso, no importa que haya un león, no importa cuántos estorbos haya en esta carrera, llegarás a la meta en el nombre de Jesús.
El foso representa lo que terminó su ciclo en tu vida. El foso representa lo que ya terminó su ciclo en tu vida. No lo traigas de regreso. No pertenece a tu presente y no entrará contigo a tu promesa.
El foso representa lo que terminó en tu vida, lo que estaba vacío, en lo que nadie se había interesado en llenarlo, en recuperarlo, en repararlo. El foso significa algo que habías dejado de cabar, que habías dejado de insistir.
Pero hoy te digo algo, en el nombre de Jesús: También el foso significa que obtendrás agua de nuevo. Tendrás fuerza de nuevo, vendrá la pasión, de nuevo vendrá la estabilidad, de nuevo vendrá la fortaleza.
No dejes de cabar. No dejes de cabar. No dejes de cabar. No dejes de cabar.
Los lugares vacíos se llenarán. Lo que estaba en el olvido será traído al cuidado. Ese foso vacío se llenará de agua una vez más.
La nieve es la temporada en la que estamos viviendo. Un tiempo donde la hombría, la virilidad, la masculinidad es una ofensa a la sociedad. La nieve ha llegado sigilosamente y es una toxina para tu hombría. Es un veneno que está esperando a la siguiente generación de hombres que ahora mismo son niños.
Y es un estorbo para el sano desarrollo de las familias, de las comunidades, de la sociedad y de la nación entera.
Hay un cambio de temporada. Y la nieve que te estorbaba, la nieve que entumecía tus manos, hoy no estará más. Tendrás la primavera de tu vida. Empuñarás la espada y saldrás más que vencedor en Cristo Jesús.
Mientras golpeas, algo está cambiando. Mientras golpeas algo está sucediendo. Que cambie el clima. Será el clima propicio para avanzar a tu promesa. Será el clima propicio para declarar victoria.
Y por último, el león. El león es todo aquello, varón, que atenta contra tu integridad, contra tu santidad, que pretende atemorizarte, hacerte pecar, sacarte de tu familia, sacarte de tu propósito, sacarte de la iglesia y sacarte del cielo.
El león es la tentación de la comparación. Compararte con otro hombre. Eres un diseño único. Dios pensó en ti. Dios pensó en ti. Dios pensó en ti.
No te compares con nadie. El león es la tentación de la estabilidad económica no lograda, de los celos, de la envidia por lo que ves en otros, el deseo de robar los logros ajenos, la familia ajena y lo peor de todo, perder el gobierno sobre tus ímpetus.
Pero en el nombre de Jesús te digo: Ese león está vencido. Ese león está vencido. Ese león está vencido en el nombre de Jesús.
El foso se llenará de agua, la nieve cambiará y nos dará la primavera de nuestra vida. Y este león, este león antes de que desciendas ya estará acabado, ya estará muerto. Tú solamente lo sacarás para recuperar el agua del foso.
Salmo 91, versículo 13 dice:
Sobre el león y el áspid pisarás. Ollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré. Le pondré en alto. Por cuanto ha conocido mi nombre, me invocará y yo le responderé. Con él estaré yo en la angustia. Lo libraré y le glorificaré, lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación.
Ese adversario no podrá contra ti. Ese adversario ya está vencido. No le tengas miedo. No huyas del adversario. Enfréntale. Preséntate de frente ante él. El Señor ya te ha dado la victoria.
Tu foso volverá a llenarse de agua. Tu cisterna volverá a llenarse de agua. Vuelve a cavar. Vuelve a cavar. Saca al león que estaba en el foso. Ya lo venciste, pero no dejes su cadáver en el foso. Contaminará el agua. Sácalo. Vuelve a cavar. Esfuérzate. Sé disciplinado.
Disciplina te lleva a donde esfuerzo no puede.
No permitas que la nieve detenga tu fuerza. No permitas que la nieve robe tu propósito. No permitas que la nieve secuestre tus llamados. Oh, el clima cambiará. El clima cambiará a tu favor.
Una generación de hombres que vence al león. Una generación de hombres que desciende al foso. Una generación de hombres que no le teme a la nieve.
Una generación de hombres que serán bendecidos. Sobre el león y el áspid pisarás. Ollarás al cachorro del león y al dragón.
Desciende al foso. Desciende. El que desciende sabrá subir. El que vence en el foso será elevado a una recompensa pública.
El único león es el león de la tribu de Judá y es el que rugirá a tu favor.
Vencerás al león. Vencerás al foso. Vencerás la nieve. Vas a vencer el impostor.
Tu legado está salvo. La palabra está salvo. El león está vencido. Ese león en el foso está vencido. Es un impostor. Es una mentira, no es una verdad.
El único león es el león de la tribu de Judá y es el que rugirá a tu favor.