Salmo 54 - Confianza en Dios en Tiempos de Angustia
Cuando estamos en angustia, muchas veces tomamos decisiones equivocadas. El pánico y la aflicción nos ganan fácilmente. David en el Salmo 54 estaba pasando un momento bien difícil porque lo había traicionado su propia familia, su propia tribu. Lo habían entregado al rey Saúl.
Todos hemos experimentado ese dolor de la traición de la persona más cercana a nosotros. Esperamos lealtad de quienes están a nuestro lado, pero a veces nos decepciona el compañero de trabajo que pensábamos era confiable, o el amigo cercano que nos falla en el momento crucial. Imagínese el dolor en el corazón de David al saber que su propia gente, su propio pueblo, lo había entregado.
Cuando uno se siente traicionado así, uno quisiera que algo malo le pasara a esa persona. Porque somos humanos y tenemos un montón de sentimientos adentro que muchas veces no los podemos controlar. Pero David, a pesar de todo, a pesar de que un ejército lo buscaba, a pesar de la traición, sabía algo fundamental: esa ansiedad solo se la podía entregar al Señor.
En el Salmo 54:1-3, vemos reflejada una oración urgente. David clama:
"Ven con tu gran poder, oh Dios, y rescata. Escucha mi oración, oh Dios. Presta atención a mi ruego, pues me atacan desconocidos, gente violenta trata de matarme."
David no se dirige a sus vecinos, a sus amigos, o a sus compañeros. Se dirige al Señor. Apela a ese gran nombre que cada uno de nosotros también conocemos: el nombre de Dios.
David sabía que los hombres cambian, que los hombres traicionan. Pero él permanece con el Señor. A pesar del dolor, a pesar de la traición, a pesar de la preocupación, su clamor fue dirigido a ese Dios. Y es lo mismo que nosotros tenemos que hacer.
Hacer una ilustración de un niño que camina con su papá. De repente se va la luz y queda en la oscuridad. ¿Cuál es la reacción del niño? Tomar la mano del papá y apretarla bien fuerte. ¿A quién se aferró? A su papá. ¿Por qué? Porque lo protege, porque le da confianza, porque sabía que lo podía defender.
Cuando nuestro corazón está angustiado, preocupado, decepcionado, frustrado, ¿a quién vamos a aferrarnos? Al Señor. Pero somos tercos, hermanos. En vez de aferrarnos al Señor cuando vienen los problemas, nos quejamos con el vecino, con el amigo, con el compañero. ¿Por qué? Porque se nos olvida de quién dependemos. Se nos olvida que en esa angustia necesitamos del Señor, de ese nombre que tiene poder, ese nombre que nos levantó hoy por la mañana, ese nombre del cual dependemos todos los días.
Yo le comentaba a un amigo que cuando uno escribe un sermón, le tiene que enseñar a uno primero. Y el Señor ya me enseñó. Salí temprano de mi casa a las 5 de la mañana. Quería llegar temprano a la iglesia. Pero una rastra dio vuelta en la carretera y se paró todo el tráfico. Pasaron 5, 10, 15, 20 minutos. Cuando ya pasó media hora, me angustié. Le hablé a mi compañero: "No voy a llegar."
En ese momento yo estaba confiada que venía temprano y que iba a estar temprano. Pero no es mi voluntad, es la del Padre. Así es en nuestra vida. Un amigo después me dijo: "Dios sabe por qué no te tuvo. Si hubiera madrugado un poquito más, no sé qué hubiera pasado. Tal vez hubieras sido tú la que estaba en el accidente." Dios tiene control, hermanos.
No es mi voluntad, es la de él. El plan de Dios era enseñarme que no puedo hacer nada más que confiar en él, que no puedo hacer nada en mi angustia más que venir hacia él y confiar en él.
En el Salmo 54:4, David hace una declaración poderosa:
"Pero Dios es mi ayudador. El Señor me mantiene con vida."
¿Por qué andamos buscando al vecino? Porque estamos dependiendo de las personas que nos rodean. Sí, son personas importantes en nuestra vida, pero Dios es primero. Nos va a doler, pero sabemos a quién clamar. Sabemos quién es el Dios que da paz, sabemos quién es el Dios que da fortaleza, sabemos quién es nuestro ayudador.
David sabía que Dios era su ayudador personal. Las circunstancias externas no habían cambiado. Lo seguían persiguiendo, lo seguían buscando. Pero David sabía que había un propósito. Siempre en las cosas que nos suceden, hermanos, pidámosle al Señor que nos muestre el propósito. ¿Por qué estoy pasando esto? Rapidito nos contesta.
A veces tenemos un compañero de trabajo que nos hace la vida imposible. Dan ganas de hacer algo, pero la justicia de Dios es perfecta. Esa no falla, hermanos. Ahí es donde nosotros debemos de saber contener nuestras emociones, nuestros caprichos, y dejar que Dios haga justicia.
Cuando usted sabe que está haciendo bien las cosas, siente paz. No busquemos justicia por nuestra propia mano. No lo hagamos porque nuestra justicia es corta, pero la de él es duradera. Cuando nosotros sabemos que estamos haciendo bien las cosas, Dios va a venir y va a pelear por nosotros. Dios va a resolver las cosas sin que nosotros tomemos la justicia en nuestras manos.
La fe no va a borrar el problema. Ay, Señor, yo tengo fe. No nos va a borrar el problema ni va a desaparecer la tormenta. Vamos a tener que vivirla quizás en ese momento. Lo que sí le puedo decir es que si usted está en la roca firme, que es Cristo, la tormenta va a pasar, la posición va a cambiar, esa inseguridad y esa amenaza va a desaparecer.
No es lo mismo ver que otro tenga un problema que yo estar dentro del problema. Son dos cosas bien distintas. Pero van al mismo punto: buscar a Dios en ese momento de angustia.
Tengo fe, pero el problema ahí está. Tengo fe, pero me siguen buscando. Tengo fe, pero tengo el dolor que mi familia me traicionó. La fe no va a borrar el problema, pero debemos confiar en el Señor, debemos clamar en el Señor, debemos pedirle auxilio al Señor.
Cuando mi esposo falleció, hace ya 10 años, lo primero que sentí fue angustia. Mis hijos estaban chiquitos. Un compañero de trabajo me hizo una pregunta un día antes que él falleciera. Me dijo: "¿Estás lista?"
Yo pregunté: "¿Para qué?"
Me dijo: "Para lo que viene."
Yo le dije: "No estoy lista ni monetariamente, ni psicológicamente, ni anímicamente."
Eso fue el jueves a las 4 de la tarde. Mi esposo falleció el viernes a las 6 de la mañana. Nunca vamos a estar listos, hermano. Lo que sí le puedo decir es que ese pronto auxilio que necesitamos siempre va a estar con nosotros, que es el Señor. Hasta ese día él me ha sostenido, hasta ese día él me ha levantado y hasta ese día él me ha dado la fuerza. Porque uno solo no puede, hermanos. Uno cree que puede, pero no puede.
Es como cuando usted va a hacer un viaje. Si ya tiene el boleto en la mano, usted está seguro que va a viajar. Entonces, esa seguridad, hermanos, es la que Dios nos da.
Sabemos que alabar a Dios en medio de la prueba es tener esa seguridad que vamos a salir adelante. Es tener esa seguridad que vamos a poder afrontar lo que estamos viviendo. Es poder saber que todos nos van a fallar, hermanos. Todos. Pero él jamás.
Qué bueno es saber que usted tiene un amor tan leal como el del Señor, que dio su vida por nosotros, hermano, y que nos sigue aceptando y amando tal cual somos. Rebeldes, renegones, chillones, de todo nos agarra, hermano. Pero qué bueno es sentir ese amor.
Qué bueno es que cuando nuestro corazón está angustiado, podamos venir a él y podamos decirle:
"Señor, no he salido del problema. Pero te voy a dar gracias. No he salido del problema, pero te voy a alabar. No he salido del problema, pero yo sé que tú me vas a dar esa respuesta que necesito."
No hemos salido del problema, pero vamos a testificar que creemos en un Dios grande, porque en él está la confianza, hermanos. En él está la respuesta.
David lo que hizo fue cambiar su enfoque. Nosotros también podemos cambiar nuestro enfoque. No ver ese gran gigante como que ya nos derrotó, sino que estamos viendo un Señor que está peleando por nosotros. Puede que sea chiquito, puede que sea grande, puede que ya tenga meses o años con el problema. Dios va a responder.
Lastimosamente no va a ser en nuestro tiempo, va a ser en el tiempo de Dios. David también agradeció por esas personas que están al lado, por esas personas que le dicen que no se rinda, por esas personas que le dicen: "Dios nos va a dar una respuesta, Dios nos va a dar una salida."
Siempre hay una persona, hermanos, y esas personas se deben de valorar. Esos amigos que son leales, que están siempre ahí. No es de confiar en ellos, porque nuestra confianza está en el Señor. Pero muchas veces Dios ocupa ángeles. Dios quiere a veces darnos una palabra con alguien. No es la persona, es Dios actuando en nuestras vidas.
Ese salmo concluye que realmente es una declaración rotunda de fe. David, a pesar de cómo se sentía, sabía que voluntariamente él se iba a sacrificar, pasara lo que pasara. Pero sobre todo él iba a alabar al Señor.
Cuando él escribió ese salmo, en ese momento de angustia, él estaba alabando al Señor. No estaba pensando si lo iban a encontrar o no, hermanos. Estaba alabando a ese rey en el que él había confiado. Y ese mismo rey al que él alababa es al que nosotros alabamos. Ese mismo rey de ayer, de hoy, de siempre es al que nosotros vamos a recorrer en ese momento de auxilio.
Lo extraordinario es que David nunca pidió nada en contra de sus enemigos. En ningún momento dijo algo en contra de ellos o maquinó algo en su cabeza. Simplemente celebró la victoria de antemano. Él dijo y sabía que su fe no dependía de las personas, dependía de que él había puesto sus ojos en el Señor.
Entonces, ¿por qué estamos dudando que el Señor nos va a sacar? Créalo. Dele gracias al Señor. Si nos ha levantado una vez nos va a volver a levantar. Si nos dio vida eterna para poder estar aquí, para poder conocer de su palabra, para poder vivir al lado de él, Dios nos va a dar la respuesta.
Yo siempre digo algo: usted haga lo posible, todo. Si es en una enfermedad, si es en el trabajo, si es en una relación, si es en su matrimonio, si es con sus hijos, usted haga todo lo posible, porque lo imposible lo hace Dios. Lo creativo lo hace Dios, los milagros los hace Dios. Las respuestas nos las va a dar Dios en todo tiempo.
Corremos a esa roca fuerte, a esa torre fuerte que necesitamos para poder seguir adelante. Y sobre todo démosle grandeza solo a él por esos milagros, por esas respuestas. Y sobre todo porque él es el que viene a nosotros a recordarnos que si confiamos en él jamás, hermanos, jamás seremos avergonzados.
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Salmo 54 - Confianza en Dios en Tiempos de Angustia
Cuando estamos en angustia, muchas veces tomamos decisiones equivocadas. El pánico y la aflicción nos ganan fácilmente. David en el Salmo 54 estaba pasando un momento bien difícil porque lo había traicionado su propia familia, su propia tribu. Lo habían entregado al rey Saúl.
Todos hemos experimentado ese dolor de la traición de la persona más cercana a nosotros. Esperamos lealtad de quienes están a nuestro lado, pero a veces nos decepciona el compañero de trabajo que pensábamos era confiable, o el amigo cercano que nos falla en el momento crucial. Imagínese el dolor en el corazón de David al saber que su propia gente, su propio pueblo, lo había entregado.
Cuando uno se siente traicionado así, uno quisiera que algo malo le pasara a esa persona. Porque somos humanos y tenemos un montón de sentimientos adentro que muchas veces no los podemos controlar. Pero David, a pesar de todo, a pesar de que un ejército lo buscaba, a pesar de la traición, sabía algo fundamental: esa ansiedad solo se la podía entregar al Señor.
En el Salmo 54:1-3, vemos reflejada una oración urgente. David clama:
"Ven con tu gran poder, oh Dios, y rescata. Escucha mi oración, oh Dios. Presta atención a mi ruego, pues me atacan desconocidos, gente violenta trata de matarme."
David no se dirige a sus vecinos, a sus amigos, o a sus compañeros. Se dirige al Señor. Apela a ese gran nombre que cada uno de nosotros también conocemos: el nombre de Dios.
David sabía que los hombres cambian, que los hombres traicionan. Pero él permanece con el Señor. A pesar del dolor, a pesar de la traición, a pesar de la preocupación, su clamor fue dirigido a ese Dios. Y es lo mismo que nosotros tenemos que hacer.
Hacer una ilustración de un niño que camina con su papá. De repente se va la luz y queda en la oscuridad. ¿Cuál es la reacción del niño? Tomar la mano del papá y apretarla bien fuerte. ¿A quién se aferró? A su papá. ¿Por qué? Porque lo protege, porque le da confianza, porque sabía que lo podía defender.
Cuando nuestro corazón está angustiado, preocupado, decepcionado, frustrado, ¿a quién vamos a aferrarnos? Al Señor. Pero somos tercos, hermanos. En vez de aferrarnos al Señor cuando vienen los problemas, nos quejamos con el vecino, con el amigo, con el compañero. ¿Por qué? Porque se nos olvida de quién dependemos. Se nos olvida que en esa angustia necesitamos del Señor, de ese nombre que tiene poder, ese nombre que nos levantó hoy por la mañana, ese nombre del cual dependemos todos los días.
Yo le comentaba a un amigo que cuando uno escribe un sermón, le tiene que enseñar a uno primero. Y el Señor ya me enseñó. Salí temprano de mi casa a las 5 de la mañana. Quería llegar temprano a la iglesia. Pero una rastra dio vuelta en la carretera y se paró todo el tráfico. Pasaron 5, 10, 15, 20 minutos. Cuando ya pasó media hora, me angustié. Le hablé a mi compañero: "No voy a llegar."
En ese momento yo estaba confiada que venía temprano y que iba a estar temprano. Pero no es mi voluntad, es la del Padre. Así es en nuestra vida. Un amigo después me dijo: "Dios sabe por qué no te tuvo. Si hubiera madrugado un poquito más, no sé qué hubiera pasado. Tal vez hubieras sido tú la que estaba en el accidente." Dios tiene control, hermanos.
No es mi voluntad, es la de él. El plan de Dios era enseñarme que no puedo hacer nada más que confiar en él, que no puedo hacer nada en mi angustia más que venir hacia él y confiar en él.
En el Salmo 54:4, David hace una declaración poderosa:
"Pero Dios es mi ayudador. El Señor me mantiene con vida."
¿Por qué andamos buscando al vecino? Porque estamos dependiendo de las personas que nos rodean. Sí, son personas importantes en nuestra vida, pero Dios es primero. Nos va a doler, pero sabemos a quién clamar. Sabemos quién es el Dios que da paz, sabemos quién es el Dios que da fortaleza, sabemos quién es nuestro ayudador.
David sabía que Dios era su ayudador personal. Las circunstancias externas no habían cambiado. Lo seguían persiguiendo, lo seguían buscando. Pero David sabía que había un propósito. Siempre en las cosas que nos suceden, hermanos, pidámosle al Señor que nos muestre el propósito. ¿Por qué estoy pasando esto? Rapidito nos contesta.
A veces tenemos un compañero de trabajo que nos hace la vida imposible. Dan ganas de hacer algo, pero la justicia de Dios es perfecta. Esa no falla, hermanos. Ahí es donde nosotros debemos de saber contener nuestras emociones, nuestros caprichos, y dejar que Dios haga justicia.
Cuando usted sabe que está haciendo bien las cosas, siente paz. No busquemos justicia por nuestra propia mano. No lo hagamos porque nuestra justicia es corta, pero la de él es duradera. Cuando nosotros sabemos que estamos haciendo bien las cosas, Dios va a venir y va a pelear por nosotros. Dios va a resolver las cosas sin que nosotros tomemos la justicia en nuestras manos.
La fe no va a borrar el problema. Ay, Señor, yo tengo fe. No nos va a borrar el problema ni va a desaparecer la tormenta. Vamos a tener que vivirla quizás en ese momento. Lo que sí le puedo decir es que si usted está en la roca firme, que es Cristo, la tormenta va a pasar, la posición va a cambiar, esa inseguridad y esa amenaza va a desaparecer.
No es lo mismo ver que otro tenga un problema que yo estar dentro del problema. Son dos cosas bien distintas. Pero van al mismo punto: buscar a Dios en ese momento de angustia.
Tengo fe, pero el problema ahí está. Tengo fe, pero me siguen buscando. Tengo fe, pero tengo el dolor que mi familia me traicionó. La fe no va a borrar el problema, pero debemos confiar en el Señor, debemos clamar en el Señor, debemos pedirle auxilio al Señor.
Cuando mi esposo falleció, hace ya 10 años, lo primero que sentí fue angustia. Mis hijos estaban chiquitos. Un compañero de trabajo me hizo una pregunta un día antes que él falleciera. Me dijo: "¿Estás lista?"
Yo pregunté: "¿Para qué?"
Me dijo: "Para lo que viene."
Yo le dije: "No estoy lista ni monetariamente, ni psicológicamente, ni anímicamente."
Eso fue el jueves a las 4 de la tarde. Mi esposo falleció el viernes a las 6 de la mañana. Nunca vamos a estar listos, hermano. Lo que sí le puedo decir es que ese pronto auxilio que necesitamos siempre va a estar con nosotros, que es el Señor. Hasta ese día él me ha sostenido, hasta ese día él me ha levantado y hasta ese día él me ha dado la fuerza. Porque uno solo no puede, hermanos. Uno cree que puede, pero no puede.
Es como cuando usted va a hacer un viaje. Si ya tiene el boleto en la mano, usted está seguro que va a viajar. Entonces, esa seguridad, hermanos, es la que Dios nos da.
Sabemos que alabar a Dios en medio de la prueba es tener esa seguridad que vamos a salir adelante. Es tener esa seguridad que vamos a poder afrontar lo que estamos viviendo. Es poder saber que todos nos van a fallar, hermanos. Todos. Pero él jamás.
Qué bueno es saber que usted tiene un amor tan leal como el del Señor, que dio su vida por nosotros, hermano, y que nos sigue aceptando y amando tal cual somos. Rebeldes, renegones, chillones, de todo nos agarra, hermano. Pero qué bueno es sentir ese amor.
Qué bueno es que cuando nuestro corazón está angustiado, podamos venir a él y podamos decirle:
"Señor, no he salido del problema. Pero te voy a dar gracias. No he salido del problema, pero te voy a alabar. No he salido del problema, pero yo sé que tú me vas a dar esa respuesta que necesito."
No hemos salido del problema, pero vamos a testificar que creemos en un Dios grande, porque en él está la confianza, hermanos. En él está la respuesta.
David lo que hizo fue cambiar su enfoque. Nosotros también podemos cambiar nuestro enfoque. No ver ese gran gigante como que ya nos derrotó, sino que estamos viendo un Señor que está peleando por nosotros. Puede que sea chiquito, puede que sea grande, puede que ya tenga meses o años con el problema. Dios va a responder.
Lastimosamente no va a ser en nuestro tiempo, va a ser en el tiempo de Dios. David también agradeció por esas personas que están al lado, por esas personas que le dicen que no se rinda, por esas personas que le dicen: "Dios nos va a dar una respuesta, Dios nos va a dar una salida."
Siempre hay una persona, hermanos, y esas personas se deben de valorar. Esos amigos que son leales, que están siempre ahí. No es de confiar en ellos, porque nuestra confianza está en el Señor. Pero muchas veces Dios ocupa ángeles. Dios quiere a veces darnos una palabra con alguien. No es la persona, es Dios actuando en nuestras vidas.
Ese salmo concluye que realmente es una declaración rotunda de fe. David, a pesar de cómo se sentía, sabía que voluntariamente él se iba a sacrificar, pasara lo que pasara. Pero sobre todo él iba a alabar al Señor.
Cuando él escribió ese salmo, en ese momento de angustia, él estaba alabando al Señor. No estaba pensando si lo iban a encontrar o no, hermanos. Estaba alabando a ese rey en el que él había confiado. Y ese mismo rey al que él alababa es al que nosotros alabamos. Ese mismo rey de ayer, de hoy, de siempre es al que nosotros vamos a recorrer en ese momento de auxilio.
Lo extraordinario es que David nunca pidió nada en contra de sus enemigos. En ningún momento dijo algo en contra de ellos o maquinó algo en su cabeza. Simplemente celebró la victoria de antemano. Él dijo y sabía que su fe no dependía de las personas, dependía de que él había puesto sus ojos en el Señor.
Entonces, ¿por qué estamos dudando que el Señor nos va a sacar? Créalo. Dele gracias al Señor. Si nos ha levantado una vez nos va a volver a levantar. Si nos dio vida eterna para poder estar aquí, para poder conocer de su palabra, para poder vivir al lado de él, Dios nos va a dar la respuesta.
Yo siempre digo algo: usted haga lo posible, todo. Si es en una enfermedad, si es en el trabajo, si es en una relación, si es en su matrimonio, si es con sus hijos, usted haga todo lo posible, porque lo imposible lo hace Dios. Lo creativo lo hace Dios, los milagros los hace Dios. Las respuestas nos las va a dar Dios en todo tiempo.
Corremos a esa roca fuerte, a esa torre fuerte que necesitamos para poder seguir adelante. Y sobre todo démosle grandeza solo a él por esos milagros, por esas respuestas. Y sobre todo porque él es el que viene a nosotros a recordarnos que si confiamos en él jamás, hermanos, jamás seremos avergonzados.
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