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Antes de compartir este mensaje, quiero reflexionar sobre una frase célebre del padre Pío, un sacerdote capuchino italiano que dijo en los años 1900:
"Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar a Dios."
Esta frase nos invita a ver la crisis no como un problema, sino como una oportunidad para crecer, una oportunidad para mirar al cielo, una oportunidad para buscar a Dios.
En este mensaje, quiero compartir dos puntos fundamentales:
En el libro de Nahúm, capítulo 1, verso 7, encontramos esta promesa:
"El Señor es bueno, es un refugio seguro cuando llegan las dificultades. Él está cerca de los que confían en él."
De este versículo resaltan tres verdades importantes:
Dios es bueno. Su enojo, su ira, su juicio y su justicia no contradicen su amor. Precisamente, su justicia, su ira y su enojo vienen de la misma fuente: la fuente de su amor inquebrantable.
Él es un refugio seguro. No es un refugio anti-problemas ni anti-adversidad. Es un refugio en medio de la adversidad. Cuando pasamos por situaciones difíciles, buscamos un balance emocional y espiritual, y Dios es ese refugio donde podemos descansar, recibir su paz, recuperar nuestra fe, nuestra esperanza y la visión del plan de Dios.
Él está cerca de nosotros. Dios no está distante. Debemos permanecer confiando en sus palabras y promesas. Las adversidades no cambian su bondad. Dios no cambia por las situaciones que vivimos. Él sigue siendo un Dios bondadoso y amoroso que cuida de cada uno de nosotros.
En tiempos de angustia, la primera tentación que tenemos en nuestro corazón es dudar del carácter de Dios. Al ver la magnitud de las cosas, pensamos: "¿Y dónde está Dios?" o "¿Por qué permitió esto?" Dudamos de su bondad.
Pero debemos saber que Dios es bueno y que él es un refugio en medio de la angustia, en medio de las circunstancias, en medio de la adversidad.
Un refugio es un lugar elevado, impenetrable e indestructible frente al enemigo. Dios no promete que el día de la angustia no vendrá, pero sí garantiza que podrá guardarnos en un lugar seguro. Dios nos mantendrá estables emocional y espiritualmente en el día de la crisis.
Como dice el Salmo 46:1:
"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad. Él es nuestro pronto auxilio."
Hemos visto a Dios llegar a lugares donde otros no pueden llegar, con sus manos extendidas para bendecir, para dar, para dar cobijo, para devolver la esperanza, para traer paz en el corazón.
En Segunda de Corintios 4:17-18, Pablo nos dice:
"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria, no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."
Lo que llama la atención es que Pablo llama leve a la tribulación. Para entender por qué, debemos ver qué sufrimientos enfrentó.
En Segunda de Corintios 11:24-28, Pablo relata sus tribulaciones:
"De los judíos cinco veces he recibido 40 azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas, una vez apedreado. Tres veces he padecido naufragio. Una noche y un día he estado como náufrago en altamar. En caminos muchas veces en peligro de ríos. Peligro de ladrones, peligro de mi nación, peligro de las gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos en trabajo y fatiga y en muchos desvelos, en hambre y sed y en muchos ayunos, en frío y en desnudez. Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias."
Pablo había pasado por hambre, desnudez, sed, peligros, fue apedreado, golpeado y encarcelado. Sin embargo, él llamaba a esto "leve" porque tenía un concepto claro de la eternidad, de la gloria de Dios y del reino de Dios.
Lo que preocupaba a Pablo por encima de todas estas adversidades era la asignación que Dios le había dado: si la iglesia estaba brillando, si estaba haciendo luz, si estaba creciendo, si el reino de Dios se estaba extendiendo.
La tribulación es productiva cuando la sabemos ver a la luz de la línea de tiempo de Dios, de la temporada de Dios. La crisis:
Pablo hace un hermoso balance entre ciertas palabras:
"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."
¿Dónde estamos poniendo nuestra mirada? ¿En las cosas temporales, en lo material, en las cosas que hoy están y luego no están? ¿O estamos poniendo nuestra mirada en lo eterno, en la gloria venidera, en el plan de Dios, en la asignación de Dios?
Que tu enfoque esté puesto en las cosas eternas: su gloria, su plan, su salvación, su palabra, su recompensa, su reino.
Romanos 8:18 nos recuerda:
"Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse."
Gálatas 6:9 nos exhorta:
"No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no desmayamos."
Este es un recordatorio para no caer en el desánimo, para no dejarnos desanimar, sino para seguir persistiendo, caminando, brillando y caminando en las obras que Dios preparó con anticipación para que nosotros caminemos en ellas. Cuando los hombres vean esto, glorificarán al Padre.
Es el ánimo a persistir para que a su tiempo veamos una cosecha para el Señor.
Segunda de Corintios 1:3-4 dice:
"Bendito sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación."
Las tribulaciones nos capacitan para:
Después de cada crisis, cada día se convierte en una oportunidad para reconstruir con fe, para devolverle la esperanza a alguien, para orar por alguien, para llevar a alguien a los pies del Señor, para llevar a alguien a buscar a Dios.
Permíteme compartir una parábola que ilustra esta verdad:
En las alturas de una gran cordillera habitaba una joven águila. Durante sus primeros años volaba por cielos despejados y cazaba con facilidad en los valles templados. Todo en su vida era predecible, seguro y cómodo. Sin embargo, con el tiempo, densas nubes oscuras comenzaron a cubrir las montañas y los vientos amenazaban con destruir su nido.
La joven águila intentó huir refugiándose entre las grietas de las rocas, temerosa de que la tempestad la destruyera. Pero un águila anciana, al ver su angustia, se acercó y le dijo: "Las demás aves buscan refugio en las ramas bajas y le temen al viento. Pero Dios no te creó para esconderte. Él diseñó tus alas de una forma especial. Cuando la tormenta arrecia, si abres tus alas en el ángulo correcto, la fuerza del propio viento no te derribará, sino que te eleva por encima de las nubes."
Con el corazón temblando, la joven águila abandonó la grieta y se lanzó al vacío en medio del rugido de la tormenta. Al principio sintió el impacto del viento y el miedo a caer, pero recordó la enseñanza del águila anciana y desplegó sus alas con firmeza. Permitió que la corriente ascendente la impulsara. Y para su sorpresa, la misma fuerza que amenazaba con destruirla la catapultó hacia alturas que nunca antes había alcanzado.
Al cruzar la densa capa de nubes, emergió a un cielo radiante e iluminado por la luz del sol.
Somos águilas en el Señor. Dios nos ha diseñado y nos ha dado su Espíritu. Nos ha capacitado y nos ha entrenado en medio de la crisis para que cuando venga el vendaval, cuando venga la tormenta, podamos desplegar nuestras alas y elevarnos a nuevas alturas.
Lo que Dios ha puesto en mi corazón es que las crisis te posicionan en una mayor altura, en una mayor unción, en una mayor gracia, en una mayor autoridad. Las crisis te posicionan en un lugar de mayor autoridad y de mayor influencia.
No tenemos que temer a lo que estamos viendo. No debe haber temor porque se esté moviendo la tierra. Estos solo son oportunidades para ayudarnos a crecer, para elevarnos a nuevas alturas, para ver a Dios en medio de las circunstancias, para que podamos ver la respuesta de Dios y ser usados por Dios para que otros le conozcan, para recoger la cosecha que Dios está preparando para su regreso.
Todas estas cosas que estamos viendo, toda esta leve tribulación es momentánea. Esto no es para siempre. Esto es solo momentáneo y esta leve tribulación momentánea solo producirá un excelente peso de la gloria de Dios.
Si tú estás aquí conectado, si estás viendo este video y no has rendido tu vida al Señor, esta es una oportunidad para que puedas poner tu unidad al cielo.
Dice en Romanos 10:9:
"Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y lo crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la escritura dice, 'Todo aquel que en él creyere no será avergonzado.'"
Si tú estás conectado y no tienes la certeza en tu corazón de tu salvación, vamos a orar y vamos a entregar nuestra vida a Él.
Puedes hacer esta oración:
Señor Jesús, perdona mis pecados, perdona mis malas decisiones, perdona mi necedad. Perdona por tomar mi propio camino. Yo hoy te pido que me limpies con tu sangre preciosa. Hoy declaro que tú moriste por mí en la cruz, que llevaste mis pecados para darme una nueva vida, que tú resucitaste al tercer día para darme a mí una nueva esperanza y una nueva vida. Por eso, Señor, yo hoy entrego mi corazón y te confieso como el Señor y el Salvador de mi vida.
Antes de compartir este mensaje, quiero reflexionar sobre una frase célebre del padre Pío, un sacerdote capuchino italiano que dijo en los años 1900:
"Bendita la crisis que te hizo crecer, la caída que te hizo mirar al cielo, el problema que te hizo buscar a Dios."
Esta frase nos invita a ver la crisis no como un problema, sino como una oportunidad para crecer, una oportunidad para mirar al cielo, una oportunidad para buscar a Dios.
En este mensaje, quiero compartir dos puntos fundamentales:
En el libro de Nahúm, capítulo 1, verso 7, encontramos esta promesa:
"El Señor es bueno, es un refugio seguro cuando llegan las dificultades. Él está cerca de los que confían en él."
De este versículo resaltan tres verdades importantes:
Dios es bueno. Su enojo, su ira, su juicio y su justicia no contradicen su amor. Precisamente, su justicia, su ira y su enojo vienen de la misma fuente: la fuente de su amor inquebrantable.
Él es un refugio seguro. No es un refugio anti-problemas ni anti-adversidad. Es un refugio en medio de la adversidad. Cuando pasamos por situaciones difíciles, buscamos un balance emocional y espiritual, y Dios es ese refugio donde podemos descansar, recibir su paz, recuperar nuestra fe, nuestra esperanza y la visión del plan de Dios.
Él está cerca de nosotros. Dios no está distante. Debemos permanecer confiando en sus palabras y promesas. Las adversidades no cambian su bondad. Dios no cambia por las situaciones que vivimos. Él sigue siendo un Dios bondadoso y amoroso que cuida de cada uno de nosotros.
En tiempos de angustia, la primera tentación que tenemos en nuestro corazón es dudar del carácter de Dios. Al ver la magnitud de las cosas, pensamos: "¿Y dónde está Dios?" o "¿Por qué permitió esto?" Dudamos de su bondad.
Pero debemos saber que Dios es bueno y que él es un refugio en medio de la angustia, en medio de las circunstancias, en medio de la adversidad.
Un refugio es un lugar elevado, impenetrable e indestructible frente al enemigo. Dios no promete que el día de la angustia no vendrá, pero sí garantiza que podrá guardarnos en un lugar seguro. Dios nos mantendrá estables emocional y espiritualmente en el día de la crisis.
Como dice el Salmo 46:1:
"Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad. Él es nuestro pronto auxilio."
Hemos visto a Dios llegar a lugares donde otros no pueden llegar, con sus manos extendidas para bendecir, para dar, para dar cobijo, para devolver la esperanza, para traer paz en el corazón.
En Segunda de Corintios 4:17-18, Pablo nos dice:
"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria, no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."
Lo que llama la atención es que Pablo llama leve a la tribulación. Para entender por qué, debemos ver qué sufrimientos enfrentó.
En Segunda de Corintios 11:24-28, Pablo relata sus tribulaciones:
"De los judíos cinco veces he recibido 40 azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas, una vez apedreado. Tres veces he padecido naufragio. Una noche y un día he estado como náufrago en altamar. En caminos muchas veces en peligro de ríos. Peligro de ladrones, peligro de mi nación, peligro de las gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos en trabajo y fatiga y en muchos desvelos, en hambre y sed y en muchos ayunos, en frío y en desnudez. Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias."
Pablo había pasado por hambre, desnudez, sed, peligros, fue apedreado, golpeado y encarcelado. Sin embargo, él llamaba a esto "leve" porque tenía un concepto claro de la eternidad, de la gloria de Dios y del reino de Dios.
Lo que preocupaba a Pablo por encima de todas estas adversidades era la asignación que Dios le había dado: si la iglesia estaba brillando, si estaba haciendo luz, si estaba creciendo, si el reino de Dios se estaba extendiendo.
La tribulación es productiva cuando la sabemos ver a la luz de la línea de tiempo de Dios, de la temporada de Dios. La crisis:
Pablo hace un hermoso balance entre ciertas palabras:
"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven. Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."
¿Dónde estamos poniendo nuestra mirada? ¿En las cosas temporales, en lo material, en las cosas que hoy están y luego no están? ¿O estamos poniendo nuestra mirada en lo eterno, en la gloria venidera, en el plan de Dios, en la asignación de Dios?
Que tu enfoque esté puesto en las cosas eternas: su gloria, su plan, su salvación, su palabra, su recompensa, su reino.
Romanos 8:18 nos recuerda:
"Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse."
Gálatas 6:9 nos exhorta:
"No nos cansemos, pues, de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no desmayamos."
Este es un recordatorio para no caer en el desánimo, para no dejarnos desanimar, sino para seguir persistiendo, caminando, brillando y caminando en las obras que Dios preparó con anticipación para que nosotros caminemos en ellas. Cuando los hombres vean esto, glorificarán al Padre.
Es el ánimo a persistir para que a su tiempo veamos una cosecha para el Señor.
Segunda de Corintios 1:3-4 dice:
"Bendito sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación."
Las tribulaciones nos capacitan para:
Después de cada crisis, cada día se convierte en una oportunidad para reconstruir con fe, para devolverle la esperanza a alguien, para orar por alguien, para llevar a alguien a los pies del Señor, para llevar a alguien a buscar a Dios.
Permíteme compartir una parábola que ilustra esta verdad:
En las alturas de una gran cordillera habitaba una joven águila. Durante sus primeros años volaba por cielos despejados y cazaba con facilidad en los valles templados. Todo en su vida era predecible, seguro y cómodo. Sin embargo, con el tiempo, densas nubes oscuras comenzaron a cubrir las montañas y los vientos amenazaban con destruir su nido.
La joven águila intentó huir refugiándose entre las grietas de las rocas, temerosa de que la tempestad la destruyera. Pero un águila anciana, al ver su angustia, se acercó y le dijo: "Las demás aves buscan refugio en las ramas bajas y le temen al viento. Pero Dios no te creó para esconderte. Él diseñó tus alas de una forma especial. Cuando la tormenta arrecia, si abres tus alas en el ángulo correcto, la fuerza del propio viento no te derribará, sino que te eleva por encima de las nubes."
Con el corazón temblando, la joven águila abandonó la grieta y se lanzó al vacío en medio del rugido de la tormenta. Al principio sintió el impacto del viento y el miedo a caer, pero recordó la enseñanza del águila anciana y desplegó sus alas con firmeza. Permitió que la corriente ascendente la impulsara. Y para su sorpresa, la misma fuerza que amenazaba con destruirla la catapultó hacia alturas que nunca antes había alcanzado.
Al cruzar la densa capa de nubes, emergió a un cielo radiante e iluminado por la luz del sol.
Somos águilas en el Señor. Dios nos ha diseñado y nos ha dado su Espíritu. Nos ha capacitado y nos ha entrenado en medio de la crisis para que cuando venga el vendaval, cuando venga la tormenta, podamos desplegar nuestras alas y elevarnos a nuevas alturas.
Lo que Dios ha puesto en mi corazón es que las crisis te posicionan en una mayor altura, en una mayor unción, en una mayor gracia, en una mayor autoridad. Las crisis te posicionan en un lugar de mayor autoridad y de mayor influencia.
No tenemos que temer a lo que estamos viendo. No debe haber temor porque se esté moviendo la tierra. Estos solo son oportunidades para ayudarnos a crecer, para elevarnos a nuevas alturas, para ver a Dios en medio de las circunstancias, para que podamos ver la respuesta de Dios y ser usados por Dios para que otros le conozcan, para recoger la cosecha que Dios está preparando para su regreso.
Todas estas cosas que estamos viendo, toda esta leve tribulación es momentánea. Esto no es para siempre. Esto es solo momentáneo y esta leve tribulación momentánea solo producirá un excelente peso de la gloria de Dios.
Si tú estás aquí conectado, si estás viendo este video y no has rendido tu vida al Señor, esta es una oportunidad para que puedas poner tu unidad al cielo.
Dice en Romanos 10:9:
"Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y lo crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la escritura dice, 'Todo aquel que en él creyere no será avergonzado.'"
Si tú estás conectado y no tienes la certeza en tu corazón de tu salvación, vamos a orar y vamos a entregar nuestra vida a Él.
Puedes hacer esta oración:
Señor Jesús, perdona mis pecados, perdona mis malas decisiones, perdona mi necedad. Perdona por tomar mi propio camino. Yo hoy te pido que me limpies con tu sangre preciosa. Hoy declaro que tú moriste por mí en la cruz, que llevaste mis pecados para darme una nueva vida, que tú resucitaste al tercer día para darme a mí una nueva esperanza y una nueva vida. Por eso, Señor, yo hoy entrego mi corazón y te confieso como el Señor y el Salvador de mi vida.