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Esta noche quiero hablarles como un padre. Literalmente quiero hablarles de la problemática de nuestro tiempo con respecto a las relaciones de los hombres. Es muy importante que lo entiendan.
Aquí hay varios tipos de hombres: solteros que no se han casado, casados y "pasándola", divorciados y "esperándola". Pero todos los que están aquí están conectados —en el pasado, en el presente o en el futuro— con una mujer. Y muchos están lidiando con algo sin entender por qué se ha hecho tan difícil convivir con una mujer en este tiempo.
¿Cuántos recuerdan la relación de su abuelo y su abuelita? En un gran porcentaje, aquella abuela era devota de ese hombre. No le levantaba la voz, le preparaba su comida. La devoción y el respeto eran tan impresionantes que hoy pensamos en eso como una historia del pasado, porque lo que vivimos hoy es total y absolutamente diferente.
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra.
Fue la primera maldición sobre la tierra. No le echen la culpa a nadie: fue el hombre quien provocó la maldición. Dios creó un universo lleno de bendición, vio que todo era bueno, pero por un solo acto —la obediencia del hombre a la voz de su mujer— el hombre trajo una maldición.
Desde el principio, el diseño de Dios fue crear un hombre y una mujer, pero nunca los quiso crear iguales. No digo que uno sea mejor y el otro peor; digo que somos diferentes.
Dios creó al hombre como la cabeza, la autoridad, y creó a la mujer como la que sigue y obedece. Aún anatómicamente el hombre da y la mujer recibe. Lo mismo pasa en todos los aspectos:
Esto no es un invento de la sociedad; es Dios quien nos diseñó. La primera institución que Dios estableció fue el matrimonio, y lo hizo de manera que el hombre sea la cabeza y la mujer siga su liderazgo.
Satanás cambió los roles. Le dijo a la mujer: "Quiero que seas tú la que le des a él, y que él reciba." La mujer le dio a comer del fruto, y el hombre lo aceptó. El orden se alteró: el hombre —que da— pasó a recibir, y la mujer —que recibe— pasó a dar. Cuando esto pasó, Dios maldijo a la humanidad.
Te voy a decir algo: el hombre sometido a su mujer está caminando en maldición. El Señor pronunció cuatro consecuencias:
Ese es el estado diario de los hombres que permitieron que esta sociedad les cambiara los roles. Es una sociedad preparada para un sistema anticristo, que ha perdido los valores morales y quiere destruir todo lo que Dios construye.
En Génesis 3:16, cuando Dios pasa sentencia, vuelve a establecer el orden y le dice a la mujer:
Tu esposo se enseñoreará de ti.
Y no solamente ahí:
Si usted es un cristiano que sigue la Palabra, tiene que entender que el orden es que usted es la autoridad y su mujer lo debe obedecer y seguir. Aunque no puedan refutar la Biblia, la gente sí refutará lo que estoy diciendo, porque la sociedad ha sido contaminada con todo lo que es anticristo.
Proverbios 21:9 — Mejor es vivir en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en casa espaciosa.
Prefiero ver a un hijo mío en un rincón sin dinero antes que verlo en una casa espaciosa con una mujer tóxica. Mil veces mejor estar solo que tener una mujer que no entiende lo que es obediencia y respeto.
Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorean de él.
En hebreo, "muchachos" es olelim: niños inexpertos, inmaduros, incapaces de gobernar, dependientes. Eso es exactamente en lo que se ha convertido el hombre actual: dependiente de una mujer, inmaduro, incapaz de tomar decisiones, con miedo de que lo dejen.
Si hay muchas mujeres "macho", también hay muy pocos hombres "machos".
La palabra "enseñorean" es mashal: ejercer dominio, tomar control, rugir con autoridad, ser soberana. Ser soberana significa: "No tengo ley, no tengo control, no tengo autoridad sobre mí." Ese es el estado en que viven los hombres hoy: mujeres extremadamente masculinas y hombres extremadamente femeninos.
Y todo esto ha sido por diseño. La sociedad que te entregó ese "león" te ha preparado para esto. No es un accidente: nos lo enseñan desde niños. Por eso vas por un tercer matrimonio diciendo "es que me salen todas iguales"; es porque fuiste entrenado así.
El 90% de los hombres de hoy nunca han ido a la guerra —con excepción de Fortnite— y fueron sobreprotegidos desde pequeños. Hoy viven mejor que los reyes de la antigüedad, que no tenían nevera ni plomería y pasaban muchísimo trabajo.
El hombre de hoy es muy suave, demasiado cómodo. La Biblia advierte contra el hombre que se acostumbra al lujo y a los ungüentos. Por eso hay que salir a hacer ejercicio, correr, levantar pesas, buscar aventuras sanas, salir de la comodidad.
Hoy hay hombres con muchísimos músculos "de lujo" que son más femeninos que cualquier mujer. Y hay hombres que pasan tanto tiempo con la mujer que se han vuelto como una mujer —incluso con las uñas pintadas, las cejas depiladas y las mascarillas. Córtese las uñas, sea hombre.
Dato: tus hormonas imitan las de las personas con quienes más pasas el tiempo. Si pasas mucho tiempo con mujeres, tus estrógenos suben; si pasas tiempo con hombres, tu testosterona sube.
Muchos productos que usamos hoy —desde el enjuague bucal hasta la pasta de dientes— tienden a bajar la testosterona del hombre. La testosterona de un hombre joven de hoy es la que tenían nuestros abuelos.
La baja testosterona hace al hombre sumiso, emocional, blando, impulsivo, chismoso y fácilmente ofendido. El hombre no está supuesto a ser tan delicado ni tan "touchy".
Muchos padres ausentes, pasivos, sometidos; muchos referentes que no son masculinos. La mayoría de los hombres se crían con una mamá y aprenden a ver a la mujer como la figura de autoridad. Luego, cuando se casan, se someten a su mujer como se sometieron a su mamá.
La mamá sola muchas veces se vuelve ultra dominante porque tiene que ser padre y madre a la vez. Aunque sea una mujer masculina, sigue siendo una mujer, y esa se convierte en tu figura de autoridad. Ese es un gran problema.
Hoy todo lo masculino se etiqueta como tóxico:
Es una agenda. En las películas de Hollywood el hombre siempre es una porquería y la mujer es la heroína. La asertividad masculina hoy es considerada tóxica: no incomodes, no confrontes, no corrijas, no pelees. A veces hay niños muy masculinos a quienes les quitan la masculinidad a fuerza, medicándolos por ser lo que son.
Yo le digo a las mujeres: dejen de querer que sus hombres sean sensibles; los hombres sensibles ya tienen novio. Nunca te disculpes por la asertividad que Dios puso en ti.
El hombre de hoy, aún siendo cristiano, es muy poco espiritual. Lo que verdaderamente te da autoridad es tener autoridad en el espíritu.
El hombre con autoridad espiritual tiene identidad, carácter, límites, principios, voluntad, valentía y abnegación; es capaz de morir por su fe. Por eso los hombres de la Biblia eran extremadamente masculinos: tenían autoridad espiritual. Enséñame un hombre que camine en fe, y yo te enseño un hombre que no le tiene miedo a nada.
"El hombre y la mujer son iguales." Eso es mentira; la Biblia nunca lo dijo. En el Titanic, ninguna mujer dijo "queremos ser iguales a los hombres": los hombres se ahogaron y las mujeres se salvaron. Pero cuando se trata de quién decide, ahí sí quieren igualdad.
A la hora del sacrificio y del peligro, el hombre es el hombre; entonces, a la hora de decidir, no somos iguales tampoco. Enséñeselo también a sus hijos: no somos iguales. El feminismo es una teoría diabólica —el primer feminista fue Satanás, porque en vez de ir a Adán, la autoridad establecida, fue a Eva.
El espíritu de Jezabel era tan endemoniado que no dejaba que el rey Acab tomara decisiones, y todas las que ella tomaba eran diabólicas. Si usted deja que su mujer tome todas las decisiones de la familia, está permitiendo operar ese espíritu.
Desde niño, madres, abuelas, maestras y niñeras nos educan y cuidan, y las mujeres educan como mujeres. A un niño muy varonil le dicen "bájate de ahí, no hables así, no levantes la voz."
Si usted es el papá, pase tiempo con su hijo. Enséñele a ser asertivo, a no criarse como una niña. No se puede criar a un varón igual que a una niña, porque son dos cosas diferentes. Hoy hay niños medicados por ser masculinos; a veces ese niño no tiene un problema: simplemente se está defendiendo, está siendo asertivo.
El hombre dice "yo no quiero lío, yo no quiero problemas, mejor dejo que ella haga lo que quiera." Pero al hacer eso estás alimentando un tiburón que se te va a comer vivo.
Sí, a nosotros nos encanta la paz, pero usted no puede rendirse cada vez que ella levanta la voz. Usted tiene que corregir a su esposa con firmeza. La mujer conoce ese truco: te pega cuatro gritos porque sabe que amas la paz. Un policía que no está dispuesto a imponer su autoridad se lo comen vivo; igual te están comiendo a ti. Imponga su autoridad con dignidad.
Hollywood te metió un cuento. Usted no es el sirviente de su mujer, y no tiene que complacerla en absolutamente todo. Ella tiene que ser feliz con lo que usted decide.
Una de las cosas más nefastas: cuando van a salir a cenar y ella pregunta "¿a dónde vamos?" y tú respondes "a donde tú digas". ¡Si tú eres el líder! Le estás poniendo un peso a la mujer, porque ella funciona más por emoción; el racional eres tú. Dile: "Te voy a llevar a un lugar que te va a encantar."
Las historias de "yo la complací en todo y me fue infiel" o "me dejó" tienen una explicación: ella no es lesbiana, y tú te portabas como una mujer. Usted debe decidir, tener ideas, marcar el rumbo.
Hay una cantidad de hombres mantenidos, que hasta tienen que pedirle dinero a la esposa. Quien lleva la cartera lleva la autoridad. Si por alguna razón a su esposa le va mejor económicamente, ella igual debe confiar en su liderazgo para administrar. Si no lo hace, es porque no confía en su autoridad. Y cuando aparezca al lado de ella un hombre con sus cuentas claras, ella empezará a comparar.
Ahora les daré cómo recuperar esa autoridad, ese respeto y esa confianza para que nuestras mujeres nos vean como líderes y quieran obedecernos —así como Sara llamaba "señor" a Abraham.
Cultiva tu dominio propio. Usted no puede ser un hombre impulsivo, que toma decisiones por impulso o que vive descontrolado. Si está fuera de control, su mujer pensará: "Este tipo no es digno de confianza."
Nadie quiere subirse a un avión y ver al piloto entrar con una botella de cerveza; nadie confía su vida a alguien que no está en control. Cuando tu mujer te ve en control, te obedece.
Recuerdo el huracán David en mi país: se desató una ola de crímenes y mi papá amanecía armado, sereno, como un lobo, sin pestañear. Como yo lo veía tan seguro y en control, yo me sentía en paz. Todo líder debe estar en control.
Y algo difícil pero cierto: si usted llora delante de su esposa, ella nunca más lo verá igual. ¿Que los hombres no lloran? Sí lloran —pero vaya al garaje a llorar, y cuando salga dígale: "Tranquila, todo va a salir bien." Ella no se casó con la reina del sur; se casó con Rambo. Tenemos miedo, tenemos nervios, pero no lo vamos a mostrar llorando delante de ella. No es tu mamá, es tu mujer, y necesita ver que tiene un hombre.
No te victimices en todo. Muchos hombres llegan a casa quejándose de su jefe, del que le quiere quitar el trabajo. Eso no es para hablarlo con tu mujer: búscate dos o tres hombres de confianza y desahógate con ellos.
Fortalécete en Dios. No tienes que decirle todo a tu mujer; hay cosas que ella no puede sobrellevar, y los hombres tienen un código que no se viola. No seas una víctima: sé firme.
Sea tu hablar "sí, sí" y "no, no". Cuando le digas a tu mujer, a tus hijos y a tu familia que sí, que sea sí; y cuando digas no, que sea no. Si constantemente violas tu palabra, nadie te va a creer ni a confiar en ti. Tu mujer tiene que poder confiar en tu palabra para respetarte.
Nunca negocies tus principios para encajar o ser aceptado. Ni para que no te rechacen, ni para que no se incomode, ni para que no te deje. Nada de eso funcionará.
La mujer puede usar muchas herramientas de manipulación: victimización, amenazas, gritos, difamación. Pero usted no mueve un pie de sus principios. Al principio parecerá extraño, pero es la señal de que este hombre maduró, que ya no es un juguete ni un niño.
Usted tiene que amar a su mujer, pero no necesitarla. Sin su mujer, usted sobrevive, y ella tiene que saberlo.
Lo peor que un hombre le dice a una mujer es "yo no puedo vivir sin ti". Esa frase es lo que más empodera a una mujer para manipularte. Diga más bien: "Te adoro, pero si un día me toca decirte adiós, yo sobrevivo." Usted vive por un propósito; usted es un hombre racional, con carácter. Ella detesta la debilidad emocional aunque tú no lo sepas.
Tú necesitas vivir por algo más que por una mujer. Un proyecto de vida no es un trabajo de nueve a cinco: son metas por las que te esfuerzas, en lo espiritual, lo financiero y lo familiar.
Que tu mujer entienda que cuando no le contestas el teléfono es porque estás ocupado en un proyecto que también la incluye a ella. El hombre que contesta cada cinco minutos no es respetado. Si usted no sabe para dónde va, ¿por qué lo va a seguir?
Una mujer no necesita un hombre con mucho dinero para enamorarse, pero sí necesita un hombre con visión. Todos empezamos arrancados, pero teníamos un proyecto.
La Biblia dice: el desmayo del pobre es su pobreza.
Mientras tú no te desmayes, mientras trabajas y tienes visión, no eres pobre: eres un pobre en evolución hacia ser rico. Esto se lo digo especialmente a los jóvenes.
Tu mujer te tiene que ver sudando, trabajando, batallando. El hombre sentado no se respeta.
¿Por qué lo primero que Dios le dio a Adán fue un trabajo, antes de darle una mujer? Porque el trabajo levanta al hombre, lo mantiene viril, luchando, en pie. Antes de que Dios te dé una mujer, te da un trabajo.
No le agarres miedo al trabajo. Si estás "retirado", abre un negocio, haz algo. Los CEO que siguen vigentes a los 90 años son gente que nunca se retiró: si no te retiras, tu cerebro sigue funcionando, tu corazón sigue latiendo. El hombre nunca fue creado para tirarse en una cama; fue creado para trabajar.
Lo que hice esta noche no fue una prédica: fue el corazón de un hombre que ha vivido bastante, deseando depositar algo en el tuyo.
Tu mujer quiere someterse, quiere respetarte y quiere confiar en ti —pero usted tiene que ser un hombre digno de esas cosas: un hombre de palabra, de carácter.
Deja de pedir tanto perdón. Deja de disculparte por ser un hombre. Tu mujer quiere un hombre con carácter, con varonilidad. Y aunque a veces te tachen de "machista" o de "narcisista" por ser masculino —según los estándares de esta cultura— nunca te disculpes por ser quien Dios te creó para ser.
Esta noche quiero hablarles como un padre. Literalmente quiero hablarles de la problemática de nuestro tiempo con respecto a las relaciones de los hombres. Es muy importante que lo entiendan.
Aquí hay varios tipos de hombres: solteros que no se han casado, casados y "pasándola", divorciados y "esperándola". Pero todos los que están aquí están conectados —en el pasado, en el presente o en el futuro— con una mujer. Y muchos están lidiando con algo sin entender por qué se ha hecho tan difícil convivir con una mujer en este tiempo.
¿Cuántos recuerdan la relación de su abuelo y su abuelita? En un gran porcentaje, aquella abuela era devota de ese hombre. No le levantaba la voz, le preparaba su comida. La devoción y el respeto eran tan impresionantes que hoy pensamos en eso como una historia del pasado, porque lo que vivimos hoy es total y absolutamente diferente.
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra.
Fue la primera maldición sobre la tierra. No le echen la culpa a nadie: fue el hombre quien provocó la maldición. Dios creó un universo lleno de bendición, vio que todo era bueno, pero por un solo acto —la obediencia del hombre a la voz de su mujer— el hombre trajo una maldición.
Desde el principio, el diseño de Dios fue crear un hombre y una mujer, pero nunca los quiso crear iguales. No digo que uno sea mejor y el otro peor; digo que somos diferentes.
Dios creó al hombre como la cabeza, la autoridad, y creó a la mujer como la que sigue y obedece. Aún anatómicamente el hombre da y la mujer recibe. Lo mismo pasa en todos los aspectos:
Esto no es un invento de la sociedad; es Dios quien nos diseñó. La primera institución que Dios estableció fue el matrimonio, y lo hizo de manera que el hombre sea la cabeza y la mujer siga su liderazgo.
Satanás cambió los roles. Le dijo a la mujer: "Quiero que seas tú la que le des a él, y que él reciba." La mujer le dio a comer del fruto, y el hombre lo aceptó. El orden se alteró: el hombre —que da— pasó a recibir, y la mujer —que recibe— pasó a dar. Cuando esto pasó, Dios maldijo a la humanidad.
Te voy a decir algo: el hombre sometido a su mujer está caminando en maldición. El Señor pronunció cuatro consecuencias:
Ese es el estado diario de los hombres que permitieron que esta sociedad les cambiara los roles. Es una sociedad preparada para un sistema anticristo, que ha perdido los valores morales y quiere destruir todo lo que Dios construye.
En Génesis 3:16, cuando Dios pasa sentencia, vuelve a establecer el orden y le dice a la mujer:
Tu esposo se enseñoreará de ti.
Y no solamente ahí:
Si usted es un cristiano que sigue la Palabra, tiene que entender que el orden es que usted es la autoridad y su mujer lo debe obedecer y seguir. Aunque no puedan refutar la Biblia, la gente sí refutará lo que estoy diciendo, porque la sociedad ha sido contaminada con todo lo que es anticristo.
Proverbios 21:9 — Mejor es vivir en un rincón del terrado, que con mujer rencillosa en casa espaciosa.
Prefiero ver a un hijo mío en un rincón sin dinero antes que verlo en una casa espaciosa con una mujer tóxica. Mil veces mejor estar solo que tener una mujer que no entiende lo que es obediencia y respeto.
Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorean de él.
En hebreo, "muchachos" es olelim: niños inexpertos, inmaduros, incapaces de gobernar, dependientes. Eso es exactamente en lo que se ha convertido el hombre actual: dependiente de una mujer, inmaduro, incapaz de tomar decisiones, con miedo de que lo dejen.
Si hay muchas mujeres "macho", también hay muy pocos hombres "machos".
La palabra "enseñorean" es mashal: ejercer dominio, tomar control, rugir con autoridad, ser soberana. Ser soberana significa: "No tengo ley, no tengo control, no tengo autoridad sobre mí." Ese es el estado en que viven los hombres hoy: mujeres extremadamente masculinas y hombres extremadamente femeninos.
Y todo esto ha sido por diseño. La sociedad que te entregó ese "león" te ha preparado para esto. No es un accidente: nos lo enseñan desde niños. Por eso vas por un tercer matrimonio diciendo "es que me salen todas iguales"; es porque fuiste entrenado así.
El 90% de los hombres de hoy nunca han ido a la guerra —con excepción de Fortnite— y fueron sobreprotegidos desde pequeños. Hoy viven mejor que los reyes de la antigüedad, que no tenían nevera ni plomería y pasaban muchísimo trabajo.
El hombre de hoy es muy suave, demasiado cómodo. La Biblia advierte contra el hombre que se acostumbra al lujo y a los ungüentos. Por eso hay que salir a hacer ejercicio, correr, levantar pesas, buscar aventuras sanas, salir de la comodidad.
Hoy hay hombres con muchísimos músculos "de lujo" que son más femeninos que cualquier mujer. Y hay hombres que pasan tanto tiempo con la mujer que se han vuelto como una mujer —incluso con las uñas pintadas, las cejas depiladas y las mascarillas. Córtese las uñas, sea hombre.
Dato: tus hormonas imitan las de las personas con quienes más pasas el tiempo. Si pasas mucho tiempo con mujeres, tus estrógenos suben; si pasas tiempo con hombres, tu testosterona sube.
Muchos productos que usamos hoy —desde el enjuague bucal hasta la pasta de dientes— tienden a bajar la testosterona del hombre. La testosterona de un hombre joven de hoy es la que tenían nuestros abuelos.
La baja testosterona hace al hombre sumiso, emocional, blando, impulsivo, chismoso y fácilmente ofendido. El hombre no está supuesto a ser tan delicado ni tan "touchy".
Muchos padres ausentes, pasivos, sometidos; muchos referentes que no son masculinos. La mayoría de los hombres se crían con una mamá y aprenden a ver a la mujer como la figura de autoridad. Luego, cuando se casan, se someten a su mujer como se sometieron a su mamá.
La mamá sola muchas veces se vuelve ultra dominante porque tiene que ser padre y madre a la vez. Aunque sea una mujer masculina, sigue siendo una mujer, y esa se convierte en tu figura de autoridad. Ese es un gran problema.
Hoy todo lo masculino se etiqueta como tóxico:
Es una agenda. En las películas de Hollywood el hombre siempre es una porquería y la mujer es la heroína. La asertividad masculina hoy es considerada tóxica: no incomodes, no confrontes, no corrijas, no pelees. A veces hay niños muy masculinos a quienes les quitan la masculinidad a fuerza, medicándolos por ser lo que son.
Yo le digo a las mujeres: dejen de querer que sus hombres sean sensibles; los hombres sensibles ya tienen novio. Nunca te disculpes por la asertividad que Dios puso en ti.
El hombre de hoy, aún siendo cristiano, es muy poco espiritual. Lo que verdaderamente te da autoridad es tener autoridad en el espíritu.
El hombre con autoridad espiritual tiene identidad, carácter, límites, principios, voluntad, valentía y abnegación; es capaz de morir por su fe. Por eso los hombres de la Biblia eran extremadamente masculinos: tenían autoridad espiritual. Enséñame un hombre que camine en fe, y yo te enseño un hombre que no le tiene miedo a nada.
"El hombre y la mujer son iguales." Eso es mentira; la Biblia nunca lo dijo. En el Titanic, ninguna mujer dijo "queremos ser iguales a los hombres": los hombres se ahogaron y las mujeres se salvaron. Pero cuando se trata de quién decide, ahí sí quieren igualdad.
A la hora del sacrificio y del peligro, el hombre es el hombre; entonces, a la hora de decidir, no somos iguales tampoco. Enséñeselo también a sus hijos: no somos iguales. El feminismo es una teoría diabólica —el primer feminista fue Satanás, porque en vez de ir a Adán, la autoridad establecida, fue a Eva.
El espíritu de Jezabel era tan endemoniado que no dejaba que el rey Acab tomara decisiones, y todas las que ella tomaba eran diabólicas. Si usted deja que su mujer tome todas las decisiones de la familia, está permitiendo operar ese espíritu.
Desde niño, madres, abuelas, maestras y niñeras nos educan y cuidan, y las mujeres educan como mujeres. A un niño muy varonil le dicen "bájate de ahí, no hables así, no levantes la voz."
Si usted es el papá, pase tiempo con su hijo. Enséñele a ser asertivo, a no criarse como una niña. No se puede criar a un varón igual que a una niña, porque son dos cosas diferentes. Hoy hay niños medicados por ser masculinos; a veces ese niño no tiene un problema: simplemente se está defendiendo, está siendo asertivo.
El hombre dice "yo no quiero lío, yo no quiero problemas, mejor dejo que ella haga lo que quiera." Pero al hacer eso estás alimentando un tiburón que se te va a comer vivo.
Sí, a nosotros nos encanta la paz, pero usted no puede rendirse cada vez que ella levanta la voz. Usted tiene que corregir a su esposa con firmeza. La mujer conoce ese truco: te pega cuatro gritos porque sabe que amas la paz. Un policía que no está dispuesto a imponer su autoridad se lo comen vivo; igual te están comiendo a ti. Imponga su autoridad con dignidad.
Hollywood te metió un cuento. Usted no es el sirviente de su mujer, y no tiene que complacerla en absolutamente todo. Ella tiene que ser feliz con lo que usted decide.
Una de las cosas más nefastas: cuando van a salir a cenar y ella pregunta "¿a dónde vamos?" y tú respondes "a donde tú digas". ¡Si tú eres el líder! Le estás poniendo un peso a la mujer, porque ella funciona más por emoción; el racional eres tú. Dile: "Te voy a llevar a un lugar que te va a encantar."
Las historias de "yo la complací en todo y me fue infiel" o "me dejó" tienen una explicación: ella no es lesbiana, y tú te portabas como una mujer. Usted debe decidir, tener ideas, marcar el rumbo.
Hay una cantidad de hombres mantenidos, que hasta tienen que pedirle dinero a la esposa. Quien lleva la cartera lleva la autoridad. Si por alguna razón a su esposa le va mejor económicamente, ella igual debe confiar en su liderazgo para administrar. Si no lo hace, es porque no confía en su autoridad. Y cuando aparezca al lado de ella un hombre con sus cuentas claras, ella empezará a comparar.
Ahora les daré cómo recuperar esa autoridad, ese respeto y esa confianza para que nuestras mujeres nos vean como líderes y quieran obedecernos —así como Sara llamaba "señor" a Abraham.
Cultiva tu dominio propio. Usted no puede ser un hombre impulsivo, que toma decisiones por impulso o que vive descontrolado. Si está fuera de control, su mujer pensará: "Este tipo no es digno de confianza."
Nadie quiere subirse a un avión y ver al piloto entrar con una botella de cerveza; nadie confía su vida a alguien que no está en control. Cuando tu mujer te ve en control, te obedece.
Recuerdo el huracán David en mi país: se desató una ola de crímenes y mi papá amanecía armado, sereno, como un lobo, sin pestañear. Como yo lo veía tan seguro y en control, yo me sentía en paz. Todo líder debe estar en control.
Y algo difícil pero cierto: si usted llora delante de su esposa, ella nunca más lo verá igual. ¿Que los hombres no lloran? Sí lloran —pero vaya al garaje a llorar, y cuando salga dígale: "Tranquila, todo va a salir bien." Ella no se casó con la reina del sur; se casó con Rambo. Tenemos miedo, tenemos nervios, pero no lo vamos a mostrar llorando delante de ella. No es tu mamá, es tu mujer, y necesita ver que tiene un hombre.
No te victimices en todo. Muchos hombres llegan a casa quejándose de su jefe, del que le quiere quitar el trabajo. Eso no es para hablarlo con tu mujer: búscate dos o tres hombres de confianza y desahógate con ellos.
Fortalécete en Dios. No tienes que decirle todo a tu mujer; hay cosas que ella no puede sobrellevar, y los hombres tienen un código que no se viola. No seas una víctima: sé firme.
Sea tu hablar "sí, sí" y "no, no". Cuando le digas a tu mujer, a tus hijos y a tu familia que sí, que sea sí; y cuando digas no, que sea no. Si constantemente violas tu palabra, nadie te va a creer ni a confiar en ti. Tu mujer tiene que poder confiar en tu palabra para respetarte.
Nunca negocies tus principios para encajar o ser aceptado. Ni para que no te rechacen, ni para que no se incomode, ni para que no te deje. Nada de eso funcionará.
La mujer puede usar muchas herramientas de manipulación: victimización, amenazas, gritos, difamación. Pero usted no mueve un pie de sus principios. Al principio parecerá extraño, pero es la señal de que este hombre maduró, que ya no es un juguete ni un niño.
Usted tiene que amar a su mujer, pero no necesitarla. Sin su mujer, usted sobrevive, y ella tiene que saberlo.
Lo peor que un hombre le dice a una mujer es "yo no puedo vivir sin ti". Esa frase es lo que más empodera a una mujer para manipularte. Diga más bien: "Te adoro, pero si un día me toca decirte adiós, yo sobrevivo." Usted vive por un propósito; usted es un hombre racional, con carácter. Ella detesta la debilidad emocional aunque tú no lo sepas.
Tú necesitas vivir por algo más que por una mujer. Un proyecto de vida no es un trabajo de nueve a cinco: son metas por las que te esfuerzas, en lo espiritual, lo financiero y lo familiar.
Que tu mujer entienda que cuando no le contestas el teléfono es porque estás ocupado en un proyecto que también la incluye a ella. El hombre que contesta cada cinco minutos no es respetado. Si usted no sabe para dónde va, ¿por qué lo va a seguir?
Una mujer no necesita un hombre con mucho dinero para enamorarse, pero sí necesita un hombre con visión. Todos empezamos arrancados, pero teníamos un proyecto.
La Biblia dice: el desmayo del pobre es su pobreza.
Mientras tú no te desmayes, mientras trabajas y tienes visión, no eres pobre: eres un pobre en evolución hacia ser rico. Esto se lo digo especialmente a los jóvenes.
Tu mujer te tiene que ver sudando, trabajando, batallando. El hombre sentado no se respeta.
¿Por qué lo primero que Dios le dio a Adán fue un trabajo, antes de darle una mujer? Porque el trabajo levanta al hombre, lo mantiene viril, luchando, en pie. Antes de que Dios te dé una mujer, te da un trabajo.
No le agarres miedo al trabajo. Si estás "retirado", abre un negocio, haz algo. Los CEO que siguen vigentes a los 90 años son gente que nunca se retiró: si no te retiras, tu cerebro sigue funcionando, tu corazón sigue latiendo. El hombre nunca fue creado para tirarse en una cama; fue creado para trabajar.
Lo que hice esta noche no fue una prédica: fue el corazón de un hombre que ha vivido bastante, deseando depositar algo en el tuyo.
Tu mujer quiere someterse, quiere respetarte y quiere confiar en ti —pero usted tiene que ser un hombre digno de esas cosas: un hombre de palabra, de carácter.
Deja de pedir tanto perdón. Deja de disculparte por ser un hombre. Tu mujer quiere un hombre con carácter, con varonilidad. Y aunque a veces te tachen de "machista" o de "narcisista" por ser masculino —según los estándares de esta cultura— nunca te disculpes por ser quien Dios te creó para ser.