Una Iglesia Para Todo El Mundo
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Somos un equipo llamado a salir a la cancha con un mismo propósito: que el nombre de Jesús resuene en todo el mundo. Sabemos que los rivales son difíciles. Hay oposición, cansancio y una cultura que juega en contra. Pero no entramos al campo con miedo, sino con confianza, porque Jesús ya venció y su victoria determina el marcador final.
Imagina la ciudad de Efeso en el primer año después de Cristo. Era considerada la puerta de Asia—el comercio de toda la región mediterránea entraba por ese lugar. La ciudad tenía una importancia comercial, cultural, social y religiosa impresionante.
Los efesios habían construido infraestructura extraordinaria:
Artemisa era la diosa a la que se le atribuía todo lo bueno: las cosechas, la cacería, la productividad. El templo de Artemisa había estado en Efeso casi 400 años—varios imperios antes de que llegara el cristianismo. Había idolatría durante tres siglos antes del evangelio.
Tan importante era este templo que Alejandro Magno declaró: "Todos los impuestos y administración del presupuesto partirán del templo de Artemisa."
Cuando el apóstol Pablo llega en su tercer viaje misionero y presenta el evangelio, la gente se arrepiente y llega a los pies de Jesús. Pero lo más interesante es que los engranajes del comercio en la ciudad se atrancaron.
"Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa Artemisa. Él les daba trabajo a muchos artesanos." (Hechos 19:24)
Demetrio era un líder conocido con mucho intelecto. Habló primero al bolsillo de los artesanos, luego al corazón:
"Caballeros, ustedes saben que nuestra riqueza proviene de este negocio. Pero ese tal Pablo ha convencido a mucha gente al decirles que los dioses hechos a mano no son realmente dioses."
Luego cambió de estrategia, enfocándose en el orgullo:
"Me preocupa que el templo de la gran diosa Artemisa pierda su influencia y que Artemisa, esta magnífica diosa adorada en toda la provincia de Asia y en todo el mundo, se le despoje de su gran prestigio."
La ciudad entera montó en cólera. Por dos horas, la multitud en el teatro gritaba:
"¡Grande es Artemisa de los efesios! ¡Grande es Artemisa!"
Erra una adoración desenfrenada. La ciudad se llenó de confusión. Los no creyentes ni siquiera sabían por qué estaban allí—solo sabían que algo que amaban estaba siendo amenazado.
El problema que enfrentaba Efeso no era social, político o comercial. El problema era espiritual.
Lucas nos muestra entre líneas que los no creyentes tenían más fácil la posibilidad de tener a alguien que gobernara sus vidas que no fuera Dios. Pero aquí viene la pregunta crucial:
¿Podría un creyente tener ídolos en su corazón, habiendo entregado su vida a Dios?
Ezequiel 14:3 nos revela que algunos de los ancianos de Israel habían puesto ídolos en su corazón.
"Queridos hijos, aléjense de todo lo que pueda ocupar el lugar de Dios en el corazón." (1 Juan 5:21)
Juan Calvino, el reformador, dijo: "El corazón del hombre es una fábrica de hacer ídolos."
El teólogo D. A. Carson lo expresó así: "El creyente lucha contra la tendencia continua a deificar las cosas creadas. La vida cotidiana implica volver a centrar todo alrededor de Dios."
"Cambiaron la verdad por una mentira y así rindieron culto y sirvieron a cosas que Dios creó, pero no al creador mismo." (Romanos 1:25)
Un ídolo es aquello a lo que le damos permiso para gobernarnos en lugar de Dios.
Puede ser tangible: una fotografía, una escultura, una pintura, un recuerdo, una efigie.
Pero también puede ser intangible: algo que ocupa nuestro pensamiento y nos gobierna desde adentro.
Timothy Keller sugiere una prueba: un ídolo es algo por lo que moriríamos si no lo tuviéramos.
Ese "me muero" puede ser un indicador de que algo está ocupando el centro de nuestro corazón.
Anti Wright, teólogo contemporáneo, lo describe así: Si alguien externamente se ve íntegro, pulcro y superficialmente bien—como Efeso con todo su esplendor—pero tiene un ídolo interno que maneja su vida:
"Nuestro mundo interior, nuestra imaginación, los afectos de nuestro corazón, las lealtades se deforman internamente. Por fuera peinaditos y pintaditos, pero por dentro vemos todo totalmente deformado."
Cuando tenemos un dios en nuestro corazón además de Jehová:
La promesa falsa: "Si controlo todo, saldrá bien."
Cómo se manifiesta: Ansiedad extrema, enojo e incomodidad cuando no tienes control.
La promesa falsa: "Si hago las cosas perfectamente, todo está bien."
Cómo se manifiesta: Intolerancia, incapacidad de delegar, necesidad de hacerlo todo uno mismo.
Especialmente común en personas sociables. Timothy Keller observó que aquellos enfocados en estar con la gente tienden a desarrollar este ídolo.
Síntomas: Vergüenza si no recibes aprobación, ansiedad esperando la palmadita en la espalda, insatisfacción sin la validación de otros.
"Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. Varios que practicaban la hechicería trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de 50,000 monedas de plata." (Hechos 19:18-19)
Eso equivale a 137 años de trabajo de una persona—millones de dólares hoy.
El arrepentimiento fue tan radical que la gente destruyó lo en lo que había invertido su vida. Habían invertido años y riqueza en lo que Artemisa gobernaba sus corazones.
"El mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto." (Hechos 19:20)
"Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes... No sean avaros, pues la persona avaros es idólatra porque adora las cosas." (Colosenses 3:5-6, 9)
Pablo presenta un contraste claro: en lugar de hacer esto, hagan esto otro.
En lugar de la vida centrada en ídolos:
"Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su creador y se parezcan más a él." (Colosenses 3:10)
Conforme vamos conociendo a Dios, nos ubicamos. Entendemos que:
Él es:
"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente." (Mateo 22:37)
Este es el principio de toda la predicación. Si en nuestro corazón tenemos espacio para amar algo o a alguien que no es Dios, no estamos amando a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con toda nuestra alma.
"Sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso, espíritus malignos en los lugares celestiales." (Efesios 6:10-12)
"Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios:
- Defiendan su posición poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios.
- Pónganse como calzado la paz que viene de la buena noticia.
- Levanten el escudo de la fe para poder apagar todas las flechas encendidas del maligno.
- Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del espíritu, que es la palabra de Dios." (Efesios 6:14-17)
Somos pacificadores. Tenemos contentamiento. Permanecemos firmes en la verdad y la justicia de Dios, no en la nuestra.
He estado viviendo con el ídolo del control y el perfeccionismo desde pequeño. Se asentó más durante mis estudios universitarios. Mi familia ha vivido en carne propia los embates de querer tenerlo todo controlado, haciéndome pedazos el corazón.
Así como Efeso tuvo el templo de Artemisa durante años hasta que Jesús lo liberó, he tenido viviendo con este ídolo.
Desde entonces, todos los días he tenido que tomar la decisión nuevamente de renunciar al control, al temor del futuro, al perfeccionismo y decirle a Dios:
"Señor, te necesito a ti que eres suficiente. Si yo te cedo el control, sé que las cosas van a estar de otra manera."
Dios me ha llevado a Jeremías 17:7:
"Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza."
Eso trae esperanza para mi vida. Te invito a que tomes esa decisión.
Primera: Si perdieras tu trabajo, tu ministerio, tu matrimonio, a una hija, a tu abuelo, tu título, tu posición, tu herencia—¿seguiría teniendo sentido tu vida? ¿Hay algo que si lo perdieras te morirías?
Segunda: ¿Qué situación te produce enojo desproporcionado hoy? ¿Por qué has estado tan irritable últimamente?
Tercera: ¿Qué estará tomando protagonismo en tu vida? ¿A la par o arriba de Dios?
Yo me arrepiento, Dios.
Perdóname por cederle terreno a un dios con D minúscula, a un ídolo en mi corazón.
Perdóname. Me arrepiento por mi idolatría.
Ayúdame, Dios.
Hoy miro hacia ti, Señor, y te pido me ayudes a sostenerme, a que tú seas el centro de mi vida.
Jesús, me arrepiento. Sé el Señor de mi vida. Dirige mis pasos. Escribe mi nombre en el libro de la vida y permíteme servirte y seguirte siempre a partir de hoy.
A partir de hoy, toda mi oración y toda mi adoración son solo para ti, Jesús.
Efeso necesitaba a Jesucristo para ser libre. Nosotros necesitamos a Jesucristo para seguir siendo libres.
No tengas que pasar por una crisis de salud como la mía para darte cuenta de que hay ídolos en tu vida. No tengas que vivir la confusión espiritual de Efeso para entender que el control de tu corazón pertenece solo a Dios.
Hoy, sé fuerte en el Señor. Pónte la armadura de Dios. Defiende tu posición. Y permanece firme en Él.
Somos un equipo llamado a salir a la cancha con un mismo propósito: que el nombre de Jesús resuene en todo el mundo. Sabemos que los rivales son difíciles. Hay oposición, cansancio y una cultura que juega en contra. Pero no entramos al campo con miedo, sino con confianza, porque Jesús ya venció y su victoria determina el marcador final.
Imagina la ciudad de Efeso en el primer año después de Cristo. Era considerada la puerta de Asia—el comercio de toda la región mediterránea entraba por ese lugar. La ciudad tenía una importancia comercial, cultural, social y religiosa impresionante.
Los efesios habían construido infraestructura extraordinaria:
Artemisa era la diosa a la que se le atribuía todo lo bueno: las cosechas, la cacería, la productividad. El templo de Artemisa había estado en Efeso casi 400 años—varios imperios antes de que llegara el cristianismo. Había idolatría durante tres siglos antes del evangelio.
Tan importante era este templo que Alejandro Magno declaró: "Todos los impuestos y administración del presupuesto partirán del templo de Artemisa."
Cuando el apóstol Pablo llega en su tercer viaje misionero y presenta el evangelio, la gente se arrepiente y llega a los pies de Jesús. Pero lo más interesante es que los engranajes del comercio en la ciudad se atrancaron.
"Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa Artemisa. Él les daba trabajo a muchos artesanos." (Hechos 19:24)
Demetrio era un líder conocido con mucho intelecto. Habló primero al bolsillo de los artesanos, luego al corazón:
"Caballeros, ustedes saben que nuestra riqueza proviene de este negocio. Pero ese tal Pablo ha convencido a mucha gente al decirles que los dioses hechos a mano no son realmente dioses."
Luego cambió de estrategia, enfocándose en el orgullo:
"Me preocupa que el templo de la gran diosa Artemisa pierda su influencia y que Artemisa, esta magnífica diosa adorada en toda la provincia de Asia y en todo el mundo, se le despoje de su gran prestigio."
La ciudad entera montó en cólera. Por dos horas, la multitud en el teatro gritaba:
"¡Grande es Artemisa de los efesios! ¡Grande es Artemisa!"
Erra una adoración desenfrenada. La ciudad se llenó de confusión. Los no creyentes ni siquiera sabían por qué estaban allí—solo sabían que algo que amaban estaba siendo amenazado.
El problema que enfrentaba Efeso no era social, político o comercial. El problema era espiritual.
Lucas nos muestra entre líneas que los no creyentes tenían más fácil la posibilidad de tener a alguien que gobernara sus vidas que no fuera Dios. Pero aquí viene la pregunta crucial:
¿Podría un creyente tener ídolos en su corazón, habiendo entregado su vida a Dios?
Ezequiel 14:3 nos revela que algunos de los ancianos de Israel habían puesto ídolos en su corazón.
"Queridos hijos, aléjense de todo lo que pueda ocupar el lugar de Dios en el corazón." (1 Juan 5:21)
Juan Calvino, el reformador, dijo: "El corazón del hombre es una fábrica de hacer ídolos."
El teólogo D. A. Carson lo expresó así: "El creyente lucha contra la tendencia continua a deificar las cosas creadas. La vida cotidiana implica volver a centrar todo alrededor de Dios."
"Cambiaron la verdad por una mentira y así rindieron culto y sirvieron a cosas que Dios creó, pero no al creador mismo." (Romanos 1:25)
Un ídolo es aquello a lo que le damos permiso para gobernarnos en lugar de Dios.
Puede ser tangible: una fotografía, una escultura, una pintura, un recuerdo, una efigie.
Pero también puede ser intangible: algo que ocupa nuestro pensamiento y nos gobierna desde adentro.
Timothy Keller sugiere una prueba: un ídolo es algo por lo que moriríamos si no lo tuviéramos.
Ese "me muero" puede ser un indicador de que algo está ocupando el centro de nuestro corazón.
Anti Wright, teólogo contemporáneo, lo describe así: Si alguien externamente se ve íntegro, pulcro y superficialmente bien—como Efeso con todo su esplendor—pero tiene un ídolo interno que maneja su vida:
"Nuestro mundo interior, nuestra imaginación, los afectos de nuestro corazón, las lealtades se deforman internamente. Por fuera peinaditos y pintaditos, pero por dentro vemos todo totalmente deformado."
Cuando tenemos un dios en nuestro corazón además de Jehová:
La promesa falsa: "Si controlo todo, saldrá bien."
Cómo se manifiesta: Ansiedad extrema, enojo e incomodidad cuando no tienes control.
La promesa falsa: "Si hago las cosas perfectamente, todo está bien."
Cómo se manifiesta: Intolerancia, incapacidad de delegar, necesidad de hacerlo todo uno mismo.
Especialmente común en personas sociables. Timothy Keller observó que aquellos enfocados en estar con la gente tienden a desarrollar este ídolo.
Síntomas: Vergüenza si no recibes aprobación, ansiedad esperando la palmadita en la espalda, insatisfacción sin la validación de otros.
"Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. Varios que practicaban la hechicería trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de 50,000 monedas de plata." (Hechos 19:18-19)
Eso equivale a 137 años de trabajo de una persona—millones de dólares hoy.
El arrepentimiento fue tan radical que la gente destruyó lo en lo que había invertido su vida. Habían invertido años y riqueza en lo que Artemisa gobernaba sus corazones.
"El mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto." (Hechos 19:20)
"Así que hagan morir las cosas pecaminosas y terrenales que acechan dentro de ustedes... No sean avaros, pues la persona avaros es idólatra porque adora las cosas." (Colosenses 3:5-6, 9)
Pablo presenta un contraste claro: en lugar de hacer esto, hagan esto otro.
En lugar de la vida centrada en ídolos:
"Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su creador y se parezcan más a él." (Colosenses 3:10)
Conforme vamos conociendo a Dios, nos ubicamos. Entendemos que:
Él es:
"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente." (Mateo 22:37)
Este es el principio de toda la predicación. Si en nuestro corazón tenemos espacio para amar algo o a alguien que no es Dios, no estamos amando a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con toda nuestra alma.
"Sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso, espíritus malignos en los lugares celestiales." (Efesios 6:10-12)
"Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios:
- Defiendan su posición poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios.
- Pónganse como calzado la paz que viene de la buena noticia.
- Levanten el escudo de la fe para poder apagar todas las flechas encendidas del maligno.
- Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del espíritu, que es la palabra de Dios." (Efesios 6:14-17)
Somos pacificadores. Tenemos contentamiento. Permanecemos firmes en la verdad y la justicia de Dios, no en la nuestra.
He estado viviendo con el ídolo del control y el perfeccionismo desde pequeño. Se asentó más durante mis estudios universitarios. Mi familia ha vivido en carne propia los embates de querer tenerlo todo controlado, haciéndome pedazos el corazón.
Así como Efeso tuvo el templo de Artemisa durante años hasta que Jesús lo liberó, he tenido viviendo con este ídolo.
Desde entonces, todos los días he tenido que tomar la decisión nuevamente de renunciar al control, al temor del futuro, al perfeccionismo y decirle a Dios:
"Señor, te necesito a ti que eres suficiente. Si yo te cedo el control, sé que las cosas van a estar de otra manera."
Dios me ha llevado a Jeremías 17:7:
"Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza."
Eso trae esperanza para mi vida. Te invito a que tomes esa decisión.
Primera: Si perdieras tu trabajo, tu ministerio, tu matrimonio, a una hija, a tu abuelo, tu título, tu posición, tu herencia—¿seguiría teniendo sentido tu vida? ¿Hay algo que si lo perdieras te morirías?
Segunda: ¿Qué situación te produce enojo desproporcionado hoy? ¿Por qué has estado tan irritable últimamente?
Tercera: ¿Qué estará tomando protagonismo en tu vida? ¿A la par o arriba de Dios?
Yo me arrepiento, Dios.
Perdóname por cederle terreno a un dios con D minúscula, a un ídolo en mi corazón.
Perdóname. Me arrepiento por mi idolatría.
Ayúdame, Dios.
Hoy miro hacia ti, Señor, y te pido me ayudes a sostenerme, a que tú seas el centro de mi vida.
Jesús, me arrepiento. Sé el Señor de mi vida. Dirige mis pasos. Escribe mi nombre en el libro de la vida y permíteme servirte y seguirte siempre a partir de hoy.
A partir de hoy, toda mi oración y toda mi adoración son solo para ti, Jesús.
Efeso necesitaba a Jesucristo para ser libre. Nosotros necesitamos a Jesucristo para seguir siendo libres.
No tengas que pasar por una crisis de salud como la mía para darte cuenta de que hay ídolos en tu vida. No tengas que vivir la confusión espiritual de Efeso para entender que el control de tu corazón pertenece solo a Dios.
Hoy, sé fuerte en el Señor. Pónte la armadura de Dios. Defiende tu posición. Y permanece firme en Él.