Serie "Juega Limpio: Un Llamado a Vivir una Vida Santificada que Refleje a Jesús"
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Antes de entrar a la cancha, un jugador no se prepara para convertirse en parte del equipo. Ya pertenece a él. Del mismo modo, en Cristo no buscamos la santidad para ganar nuestra salvación. Por la gracia de Dios, ya fuimos llamados, limpiados y apartados para él.
Nuestra identidad no comienza en lo que hacemos, sino en lo que Jesús ya hizo por nosotros. Hemos sido justificados porque hemos nacido a una vida nueva. Ahora, desde esa identidad, somos llamados a vivir de una manera diferente: una vida de santificación.
No jugamos limpio para ser aceptados por Dios. Jugamos limpio porque ya fuimos aceptados en Cristo. Una vida santificada no intenta comprar el favor de Dios; refleja la obra de Jesús en nosotros.
Estamos usando la analogía del fútbol para hablar de verdades espirituales profundas. El mensaje de hoy se titula "Disciplina de un Campeón" para entender que debemos guardar nuestro cuerpo para reflejar a Jesús.
La santidad tiene que ver con nuestra identidad—lo que somos. La santificación es un proceso—lo que hacemos, motivado en lo que somos.
Después de nuestro nuevo nacimiento espiritual, adoptamos una nueva naturaleza, una naturaleza santa y apartada para Dios. Santidad significa, posicionalmente o relacionalmente, estar apartado para un uso específico. Estamos en Cristo y en Dios, por eso somos santos.
Sin embargo, la santificación es de todos los días. No es solo una cuestión de nuestro espíritu—aunque ya tenemos garantizada la eternidad—sino también de nuestra alma (emociones, pensamientos y voluntad) y de nuestro cuerpo. En este mensaje nos enfocaremos en la santificación de nuestro cuerpo.
"¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio con la sangre de Jesús. Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo." (1 Corintios 6:15, 19-20)
Con nuestro cuerpo podemos darle gloria a Dios o entristecerlo y contaminarlo.
No somos dueños de nuestro cuerpo. Somos mayordomos, administradores de nuestro cuerpo. Tú no eres dueño de tu cuerpo, y yo tampoco.
Cuando rentamos un auto, nos lo cuidamos porque no es nuestro. Lo mismísimo pasa con nuestro cuerpo. El dueño se llama Dios, y nosotros tenemos que rendirle cuentas. En otras palabras, debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo.
Existen atletas extraordinariamente disciplinados en el mundo. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, a los 41 años mantiene una salud celular de un joven de 28 o 29 años. ¿Cómo lo logra?
La Biblia promete longevidad: "Los más longevos, 70 y 80 años, fuertes y robustos." Creemos en las promesas de Dios, pero hay condiciones. La longevidad tiene que ver con honrar a nuestros padres, pero también con cómo tratamos nuestro cuerpo con lo que ingerimos, bebemos y comemos.
Un campeón no juega bajo influencia química externa que altere su fuerza. Los atletas son sometidos a pruebas antidoping para asegurar que no hay sustancias prohibidas.
"No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo." (Efesios 5:18)
¿Qué sabio es Dios? El punto no es solo no emborracharse, no fumar, no inhalar sustancias prohibidas. Entendemos que los golpes más fuertes de la vida son las separaciones, rupturas de relaciones, la muerte de seres queridos. Cuando uno no sabe a quién acudir, busca alcohol o drogas para relajarse, para olvidar los problemas.
Pero la Biblia dice: no se emborrachen para que no sean destruidos. Hay consecuencias colaterales: irresponsabilidad, falta de enfoque en trabajo y familia.
Lo hermoso es que Dios no solo protege nuestro cuerpo, sino que nos invita a ser llenos del Espíritu Santo. Aunque tengamos dolor porque perdimos a un ser querido, hay alguien que puede darnos paz, tranquilidad, un gozo que pasa nuestra razón humana, una paz que pasa nuestro entendimiento. Hay algo milagroso y poderoso en el Espíritu Santo.
"Huye de las pasiones juveniles." (2 Timoteo 2:22)
Pablo no invita a Timoteo a resistir las pasiones, sino a huir. No es lo mismo.
Definiciones importantes:
Hay una mentira del enemigo que dice: "Si ninguno de los dos está casado, no estás siendo infiel a nadie." Pero se le está cometiendo infidelidad a Dios y a su voluntad divina. La voluntad de Dios es que la intimidad sexual sea dentro del matrimonio.
Otra mentira: "Nos vamos a casar, somos novios." Pero continúan siendo infieles a Dios y a la confianza de los padres.
Hay una bendición hermosa cuando nos santificamos en nuestro cuerpo, nos damos a respetar y respetamos a la otra persona.
Pornografía es una palabra compuesta: porno (prostituta en el original) + grafía (dibujos, visuales). Los hombres somos más visuales que las mujeres, pero las estadísticas muestran que las mujeres también consumen pornografía.
Datos alarmantes:
¿Por qué? Ahora es más accesible. Todos tenemos dispositivos electrónicos—teléfonos, tablets. Aunque los padres cuidan, los mensajes subliminales saltan. Los mensajes visuales penetran.
Hay más de 20 enfermedades de transmisión sexual. Algunas son bacteriales, otras virales. Algunas, como el VIH/SIDA, son incurables; solo hay medicamentos para detener su desarrollo.
Pero en Jesús hay esperanza. "Para el que cree nada le es difícil." Mi Jesús es Jehová Rafa—Jehová sanador. La Biblia no distingue entre enfermedades curables e incurables, porque la llaga de Jesucristo nos cura de toda enfermedad. Mi Cristo tiene poder para sanar cánceres, tumores y toda enfermedad porque cargó con todo en la cruz.
Un campeón mantiene la mirada en la meta. Huye del amor al mundo—no de las actividades sociales, sino de esa manera de pensar del mundo, esas filosofías contrarias a la Biblia: antifamilia, antimatrimonio, antibíblica, anticristiana.
"No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la altivez de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos también pasan, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." (1 Juan 2:15-17)
La palabra griega sarks (carne) no se refiere a la piel o pellejo, sino a la naturaleza inclinada al mal. Desde que Adán y Eva pecaron, la concupiscencia habita en el ser humano—cristiano o no cristiano.
Todos luchamos diariamente con:
He estado luchando personalmente con el tema de la alimentación. Desde enero me desconcentré y ha sido difícil realinearme. No es fácil, pero se puede en Cristo Jesús.
Debemos cultivar:
En el nombre de Jesús, podemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo. No estoy hablando con espíritu de acusación o condenación. Todos estamos en esto. Pero el evangelio nos empodera. El Espíritu Santo puede ayudarnos a mantenernos en rectitud.
Amén.
Antes de entrar a la cancha, un jugador no se prepara para convertirse en parte del equipo. Ya pertenece a él. Del mismo modo, en Cristo no buscamos la santidad para ganar nuestra salvación. Por la gracia de Dios, ya fuimos llamados, limpiados y apartados para él.
Nuestra identidad no comienza en lo que hacemos, sino en lo que Jesús ya hizo por nosotros. Hemos sido justificados porque hemos nacido a una vida nueva. Ahora, desde esa identidad, somos llamados a vivir de una manera diferente: una vida de santificación.
No jugamos limpio para ser aceptados por Dios. Jugamos limpio porque ya fuimos aceptados en Cristo. Una vida santificada no intenta comprar el favor de Dios; refleja la obra de Jesús en nosotros.
Estamos usando la analogía del fútbol para hablar de verdades espirituales profundas. El mensaje de hoy se titula "Disciplina de un Campeón" para entender que debemos guardar nuestro cuerpo para reflejar a Jesús.
La santidad tiene que ver con nuestra identidad—lo que somos. La santificación es un proceso—lo que hacemos, motivado en lo que somos.
Después de nuestro nuevo nacimiento espiritual, adoptamos una nueva naturaleza, una naturaleza santa y apartada para Dios. Santidad significa, posicionalmente o relacionalmente, estar apartado para un uso específico. Estamos en Cristo y en Dios, por eso somos santos.
Sin embargo, la santificación es de todos los días. No es solo una cuestión de nuestro espíritu—aunque ya tenemos garantizada la eternidad—sino también de nuestra alma (emociones, pensamientos y voluntad) y de nuestro cuerpo. En este mensaje nos enfocaremos en la santificación de nuestro cuerpo.
"¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio con la sangre de Jesús. Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo." (1 Corintios 6:15, 19-20)
Con nuestro cuerpo podemos darle gloria a Dios o entristecerlo y contaminarlo.
No somos dueños de nuestro cuerpo. Somos mayordomos, administradores de nuestro cuerpo. Tú no eres dueño de tu cuerpo, y yo tampoco.
Cuando rentamos un auto, nos lo cuidamos porque no es nuestro. Lo mismísimo pasa con nuestro cuerpo. El dueño se llama Dios, y nosotros tenemos que rendirle cuentas. En otras palabras, debemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo.
Existen atletas extraordinariamente disciplinados en el mundo. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, a los 41 años mantiene una salud celular de un joven de 28 o 29 años. ¿Cómo lo logra?
La Biblia promete longevidad: "Los más longevos, 70 y 80 años, fuertes y robustos." Creemos en las promesas de Dios, pero hay condiciones. La longevidad tiene que ver con honrar a nuestros padres, pero también con cómo tratamos nuestro cuerpo con lo que ingerimos, bebemos y comemos.
Un campeón no juega bajo influencia química externa que altere su fuerza. Los atletas son sometidos a pruebas antidoping para asegurar que no hay sustancias prohibidas.
"No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo." (Efesios 5:18)
¿Qué sabio es Dios? El punto no es solo no emborracharse, no fumar, no inhalar sustancias prohibidas. Entendemos que los golpes más fuertes de la vida son las separaciones, rupturas de relaciones, la muerte de seres queridos. Cuando uno no sabe a quién acudir, busca alcohol o drogas para relajarse, para olvidar los problemas.
Pero la Biblia dice: no se emborrachen para que no sean destruidos. Hay consecuencias colaterales: irresponsabilidad, falta de enfoque en trabajo y familia.
Lo hermoso es que Dios no solo protege nuestro cuerpo, sino que nos invita a ser llenos del Espíritu Santo. Aunque tengamos dolor porque perdimos a un ser querido, hay alguien que puede darnos paz, tranquilidad, un gozo que pasa nuestra razón humana, una paz que pasa nuestro entendimiento. Hay algo milagroso y poderoso en el Espíritu Santo.
"Huye de las pasiones juveniles." (2 Timoteo 2:22)
Pablo no invita a Timoteo a resistir las pasiones, sino a huir. No es lo mismo.
Definiciones importantes:
Hay una mentira del enemigo que dice: "Si ninguno de los dos está casado, no estás siendo infiel a nadie." Pero se le está cometiendo infidelidad a Dios y a su voluntad divina. La voluntad de Dios es que la intimidad sexual sea dentro del matrimonio.
Otra mentira: "Nos vamos a casar, somos novios." Pero continúan siendo infieles a Dios y a la confianza de los padres.
Hay una bendición hermosa cuando nos santificamos en nuestro cuerpo, nos damos a respetar y respetamos a la otra persona.
Pornografía es una palabra compuesta: porno (prostituta en el original) + grafía (dibujos, visuales). Los hombres somos más visuales que las mujeres, pero las estadísticas muestran que las mujeres también consumen pornografía.
Datos alarmantes:
¿Por qué? Ahora es más accesible. Todos tenemos dispositivos electrónicos—teléfonos, tablets. Aunque los padres cuidan, los mensajes subliminales saltan. Los mensajes visuales penetran.
Hay más de 20 enfermedades de transmisión sexual. Algunas son bacteriales, otras virales. Algunas, como el VIH/SIDA, son incurables; solo hay medicamentos para detener su desarrollo.
Pero en Jesús hay esperanza. "Para el que cree nada le es difícil." Mi Jesús es Jehová Rafa—Jehová sanador. La Biblia no distingue entre enfermedades curables e incurables, porque la llaga de Jesucristo nos cura de toda enfermedad. Mi Cristo tiene poder para sanar cánceres, tumores y toda enfermedad porque cargó con todo en la cruz.
Un campeón mantiene la mirada en la meta. Huye del amor al mundo—no de las actividades sociales, sino de esa manera de pensar del mundo, esas filosofías contrarias a la Biblia: antifamilia, antimatrimonio, antibíblica, anticristiana.
"No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la altivez de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos también pasan, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." (1 Juan 2:15-17)
La palabra griega sarks (carne) no se refiere a la piel o pellejo, sino a la naturaleza inclinada al mal. Desde que Adán y Eva pecaron, la concupiscencia habita en el ser humano—cristiano o no cristiano.
Todos luchamos diariamente con:
He estado luchando personalmente con el tema de la alimentación. Desde enero me desconcentré y ha sido difícil realinearme. No es fácil, pero se puede en Cristo Jesús.
Debemos cultivar:
En el nombre de Jesús, podemos glorificar a Dios con nuestro cuerpo. No estoy hablando con espíritu de acusación o condenación. Todos estamos en esto. Pero el evangelio nos empodera. El Espíritu Santo puede ayudarnos a mantenernos en rectitud.
Amén.