← Back to sermons

En Jesús: Conocemos el Amor, Somos Amados, Podemos Amar

Amar a todas las personas

Watch on YouTube →
Church
Iglesia EmmanuelEvangelicalLima, Peru
Date
Tuesday 3rd February 2026
Read time
8 min
Language
Spanish

Scriptures

Hosea 11:4Psalms 16:111 John 3:1John 1:121 John 4:19Matthew 9:12-13

Tags

Categories

SermonsVision & Mission

Bible Characters

Jesus

Key Takeaways

  • En Jesús conocemos el amor verdadero de Dios, experimentado a través de su presencia y su gracia transformadora.
  • En Jesús somos valorados y aceptados como hijos de Dios, no por nuestros méritos sino por su amor incondicional.
  • En Jesús podemos amar a otros de manera genuina, mirándolos con ojos de misericordia y compasión como Jesús los ve.
  • La transformación del corazón ocurre cuando permanecemos en la presencia de Jesús y permitimos que su amor nos cambie.
  • El mayor regalo que podemos compartir con nuestras familias y amigos es a Jesús y su amor salvador.
  • Debemos volver a nuestro primer amor con Jesús para poder ministrar su amor a todas las personas, especialmente a las que aún no lo conocen.

Need another language?

Checking translation support for this browser...
In this sermon

En Jesús: Conocer, Ser Amado y Amar

Introducción

Estamos hablando del segundo eje de nuestra visión: amar a todas las personas. Pero ¿qué es realmente el amor? Cuando hablamos de amor, hablamos de Dios, porque Dios no tiene amor—Dios es amor. Y la manifestación más grande del amor de Dios fue Jesús. Como dice la Escritura: "De tal manera amó Dios al mundo que envió a su hijo."

Hoy vamos a explorar tres aspectos fundamentales:

  1. En Jesús conocemos el amor
  2. En Jesús somos amados
  3. En Jesús podemos amar

Este mensaje viene de mi propio testimonio, de los momentos que el Señor me ha permitido vivir y experimentar su amor transformador.

Primer Aspecto: En Jesús Conocemos el Amor

Mi Condición Sin Jesús

Recuerdo mi condición antes de conocer a Jesús. Yo era un resentido con Dios—vivía amargado, molesto, peleando con él, culpándolo por todo lo malo que me había sucedido. Las heridas de mi corazón y alma se las echaba todas a Dios.

Era un rebelde que buscaba llenar vacíos de manera inútil. Sin Jesús, sin Dios, mi corazón estaba vacío. Buscaba llenarlo con amigos, con diferentes cosas, pero cada búsqueda era en vano. Nada llenaba ese vacío.

Andaba golpeado por las consecuencias de mis malas acciones. Sin Jesús no hay dirección; cometes error tras error, y a veces piensas que un error subsanará otro, pero solo tropiezas una y otra vez.

El Encuentro Transformador

Pero entonces llegó aquel día en que tuve un encuentro con Jesús. Fue sorprendente porque yo, que era un resentido con Dios, que miraba a Dios con rebeldía, orgullo y soberbia, ese día Jesús impactó mi corazón y se convirtió en mi lugar seguro.

Encontré descanso, seguridad y paz en su presencia. Y creo que muchos de nosotros podemos identificarnos: el día que encontramos a Jesús, él se convirtió en nuestro lugar seguro, en el lugar donde podemos encontrar descanso.

Con lazos de ternura, con cuerdas de amor los atraje hacia mí. Los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho. Me incliné a ellos para darles de comer. (Oseas 11:4)

Qué precioso, ¿verdad? Rebelde, resentido, vacío, golpeado—pero ese amor perfecto nos atrajo con ternura, con cuerdas de amor. No importa cuánto pecado hayas cometido, no importa cuán malo parezcas para el mundo: Dios nos ama.

Jesús se convirtió en mi primer amor. ¿Recuerdas tu primer amor con Jesús? Recuerdo que solo quería estar en su presencia. Tenía un cuarto en el tercer piso—mi aposento alto—y cuando algo me pasaba, automáticamente corría allá, me postraba de rodillas, y eran momentos maravillosos en su presencia.

Encontrar Dirección en su Amor

Me mostrarás el camino de la vida; hay alegría plena en tu presencia y dicha eterna junto a ti. (Salmos 16:11)

Dios no solo nos atrae con cuerdas de amor y nos abraza; en su presencia encontramos esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Encontramos dirección, gran alegría, y dicha eterna.

Segundo Aspecto: En Jesús Somos Amados

La Búsqueda de Aceptación en el Mundo

Todo el mundo quiere ser aceptado, amado y reconocido. Nadie quiere sentirse sin valor. Pero en el mundo, buscamos esa aceptación muchas veces con nuestras propias fuerzas.

Yo trataba de buscar ese amor siendo simpático, contando chistes, intentando ser un buen amigo. A veces invitaba a alguien a algo y funcionaba en el momento. Pero cuando no tenía dinero, ahí desaparecía la aceptación.

Muchas veces también buscamos aceptación en el mundo cometiendo malas prácticas. Frecuentábamos gente que no debíamos, hacíamos cosas que no debíamos—todo para caer bien, para sentirnos amados. Y terminábamos más golpeados.

La Aceptación Verdadera en Jesús

Pero en Jesús, el día que lo encontramos, verdaderamente podemos sentirnos aceptados, valorados y amados. Juan se calificaba a sí mismo como "el discípulo amado" porque en Jesús encontramos aceptación genuina.

Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos. (1 Juan 3:1)

En Jesús soy llamado hijo de Dios. Como dice la Escritura:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser llamados hijos de Dios. (Juan 1:12)

La Relación de Hijo con el Padre

Imagina a un padre de familia. ¿Estaría dispuesto a dejar de desayunar para darle su desayuno a su hijo? ¿Dejaría de comprarse zapatos para comprarle zapatos a su hijo? Claro. Si su hijo necesita el hospital en la noche, ¿dejaría su cama? Por supuesto. Haría lo que fuese porque es su hijo.

El Señor escogió esa relación—llamarnos hijos—porque entregó lo más valioso que tenía: su unigénito por nosotros. Esa relación de ser hijos de Dios nos hace sentirnos amados todo el tiempo.

Como hijos, podemos correr a nuestro Padre y él siempre estará con los brazos abiertos. Sus ojos estarán en nosotros, pendiente de lo que necesitamos, no solo proveyendo, sino también instruyéndonos, educándonos, guardándonos del camino equivocado. El Padre siempre mira al hijo para que no tropiece, no se caiga, no se desvíe por malas amistades.

En Jesús nos sentimos amados.

Tercer Aspecto: En Jesús Podemos Amar

El Amor Que Responde al Amor

Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero. (1 Juan 4:19)

Antes de Jesús, yo no amaba a Dios. Creo que ninguno de nosotros lo hacía de verdad. Decíamos que lo amábamos, pero nuestras acciones demostraban totalmente lo contrario.

Pero en Jesús, el día que fuimos conquistados por su amor, el día que Jesús llegó a nuestros corazones, el día que fuimos cautivados con esas cuerdas de amor y rescatados—entonces podemos amarlo. Lo amamos porque él nos amó primero. ¿Cómo no responder ante tan grande amor?

Y es allí cuando somos movidos por su amor para amar a las personas. Solamente en Jesús puedo amar a las personas.

Transformación de Nuestra Manera de Ver

Antes miraba con indiferencia el sufrimiento. Miraba con ira la maldad. Miraba con rencor la traición. Cuando alguien me traicionaba, había rencor, amargura, enojo.

Pero en Jesús puedo mirar a las personas como él las ve. Y esto es importante:

  • Si tú estás en Jesús y has recibido a Cristo en tu corazón, eres hijo de Dios.
  • Pero si permaneces en Jesús, en su presencia, podrás mirar a las personas como él las ve.
  • Si sales de su presencia y dejas de buscarlo, vuelves a tu viejo hombre y ya no miras a la gente como Dios la ve.

Eso es lo que quiere el enemigo. Pero en Jesús recibimos un nuevo corazón. Dios cambió nuestro corazón egoísta, rencoroso e indiferente.

Testimonio: Mi Tío Perseguidor

Recuerdo aquel tío que tanto me perseguía. Tenía una Biblia—la espada de doble filo—y me perseguía mañana, tarde y noche. Yo huía de él, no podía ni verlo en pintura. Pero por más que me corría, él parecía un atleta y siempre me alcanzaba. Cuando me sentaba a su lado, no había quien me librara.

Pero el día que recibí a Jesús, hermanos, cuando lo miré... corrí y lo abracé con amor y le dije: "Gracias, tío. Gracias."

¡En Jesús podemos amar a las personas! Miraba a ese tío con amargura y enojo, pero Jesús llegó a mi corazón y automáticamente cambió mi mirada. Ahora era una mirada tierna. Desde entonces vivía agradecido con él. Aunque ya murió, sigo agradecido y lo recuerdo con gratitud.

Testimonio: El Anciano Cascarrabias

Trabajé en un hogar de ancianos. Había un hombre en el tercer piso que las enfermeras le tenían temor. Era un cascarrabias, siempre gritando, nunca pedía las cosas con amor, siempre con tosquedad y dureza. Muy pocos querían atenderlo; todos se corrían de él.

Un día pasé por su habitación y escuché quejidos. El hombre estaba sufriendo. Me acerqué y le pregunté: "¿Puedo ayudarte en algo?"

Lo vi entonces por primera vez: era gordito, y estaba tratando de cortarse las uñas pero no alcanzaba. Le dije: "¿Puedo ayudarte?" Me miró con ojos de fuego, pero me acerqué y tomé el cortauñas. Mientras le cortaba las uñas, su mirada comenzó a cambiar. Se rompió algo en ese momento.

Comenzó a conversar conmigo. Hicimos conexión. Y desde entonces quería que yo lo atendiera. Todas las enfermeras decían: "Anda tú, pues, es tu amigo."

En Jesús podemos mirar a las personas con otros ojos. En Jesús podemos amar a las personas.

Testimonio: Mis Amigos del Barrio

Recuerdo a mis amigotes del barrio con los que frecuentaba—para mí eran mi tesoro. Andar con ellos era lo que más me complacía. Pero en Jesús pude sentir el amor de Dios tan profundo en mi vida y pude mirarlos con otros ojos.

No con ojos de desprecio. No con ojos de menosprecio, tampoco corriendo de ellos para que no me molestaran. Sino con ojos de misericordia hacia mis amigos que no conocían al Señor.

En Jesús comencé a acercarme a ellos. Tuve que invertir, invitarlos a comer, llevarlos a mi casa. Pude mirar a las personas que no conocen a Cristo como Jesús las ve. Y traje aquí a la iglesia a muchos de mis amigos del barrio, y muchos conocieron a Jesús.

La Manifestación Más Grande del Amor de Dios

La manifestación más grande del amor de Dios es Jesús. Él vino para perdonar. Como dijo:

Yo he venido a salvar lo que está perdido. Yo no he venido por los sanos, sino por los que están enfermos. Porque los sanos no necesitan médico, pero los que están enfermos sí. (Mateo 9:12-13)

Misericordia quiero, no sacrificios. (Mateo 9:13)

En Jesús podemos amar a las personas.

Lo Más Precioso que Podemos Compartir

Lo más precioso que tú has recibido como hijo de Dios es Jesús. Es el amor de Dios.

Y lo más precioso que tú puedes compartir con tus seres queridos, con tu familia, con tus hijos, con tus padres, se llama Jesús. Ese es el regalo más grande.

Solamente en Jesús podrás mirarlos con ojos de amor y no con indiferencia.

Reflexión Final y Llamado

Este es el tiempo en el que quizás tengamos que volver a ese primer amor, para que podamos estar nuevamente en su presencia, deleitarnos en su presencia. Y cuando permanecemos en su presencia, solamente de nuestra vida brota su amor, y queremos mostrar su amor a todo el mundo.

Yo te invito ahora a que reflexiones:

  • ¿Tienes familiares, amigos que no conocen a Jesús?
  • ¿Sabes que ellos necesitan ese amor más grande?
  • Ellos siguen buscando desesperadamente llenar un vacío.
  • Ellos siguen golpeándose una y otra vez.
  • Y tú tienes lo que ellos necesitan.

Este es el tiempo en que tú y yo hagamos un compromiso con Dios para decirle: "Señor, heme aquí, envíame a mí."