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Jesús hizo cosas revolucionarias cuando llegó a la tierra. Una de ellas fue que fue el primero en echar fuera demonios. Otra cosa increíble fue la honra que le dio a la mujer: mientras viajaba con sus discípulos, había mujeres con él. En esa época la mujer no tenía lugar, pero él le dio el lugar a la mujer.
Pero hay algo más que revolucionó completamente: Jesús visitaba hogares. Hay muchos relatos de que Jesús visitó hogares y cada vez que visitó un hogar, milagros sucedieron. Y esta mañana él quiere visitar tu hogar, él quiere visitar tu vida, él quiere visitar tu casa.
Una de las primeras visitas que hizo fue a una boda. En el capítulo 2 de Juan, una pareja se estaba casando en ese momento extraordinario donde uno recibe la bendición, donde uno celebra con sus amigos. Pero de pronto surgió un problema: se les acabó el vino.
El vino representa dos cosas. La primera es el gozo. Cuando Jesús llegó, la falta de vino hablaba de que algo se había terminado. Pensemos en nuestros hogares: ¿qué se terminó en tu hogar? Quizás se terminó el gozo. Quizás ya es una rutina—nos levantamos temprano, cocinamos, vamos, salimos—pero se perdió eso de, "ay, qué rico estar en casa juntos, ay, qué alegría."
Hace muchos años, cuando recién me casé con Alfredo, nuestro hogar había perdido el gozo. Estábamos recién casados, teníamos una imprenta y él llegaba a las 5 o 6 de la tarde. Después de unos meses comenzó a llegar a las 7, a las 8 de la noche, luego a las 9, luego ya llegaba a las 10. Un día lo esperé levantada en la sala y le dije, "Bueno, a mí me vas a decir en qué andás y por qué llegas tan tarde a casa." Y él me dice, "Es que no te aguanto. Desde que llego te quejas de que lo que traigo no alcanza. Desde que llego me decís que no sirvo. Desde que llego me decís que falta, que falta, que falta. Para no pelear prefiero llegar cuando estás dormida." Qué terrible que se haya casado conmigo para disfrutar y que se sienta así.
¿Qué ambiente hay en tu hogar? Quizás no estás en una crisis, pero todo ya es monotonía. Ya uno llega, se sienta, prende el televisor, el otro está por otro cuarto y cuántos los dispositivos nos han separado.
Hoy Jesús quiere visitarte y devolver el gozo en tu hogar. Las palabras determinan el ambiente de tu casa. Si tus palabras son negativas, si tus palabras son de quejas, el ambiente se carga de eso. El ambiente de tu casa se crea en bendición por las palabras que hablas. Efesios 4:29 dice: "Que ninguna palabra corrompida salga de tu boca, sino la que va a edificar."
Otra cosa que ayuda es el servir a otro. El servir trae honra. A veces estamos tan ocupados en la casa, haciendo esto y lo otro, pero el Señor a través del servicio trae honra.
Una de las cosas que más nos ayudó a Alfredo y a mí en nuestro matrimonio fue esto: cuando no podíamos ponernos de acuerdo y uno quería imponer su punto de vista, no nos hablábamos por tres, cuatro, cinco días. Cuando uno hiere a la otra persona, uno se aleja. Y las personas que más lo afectan a uno son las que están más cerca.
Dios me enseñó a orar así: "Señor, si yo estoy equivocada, cámbiame. Si él está equivocado, cámbialo." Cuando empezábamos a tensionarnos porque uno quiere hacer lo que uno quiere, yo me calmaba y decía, "Claro, mi amor," y me ponía a orar: "Señor, si yo estoy equivocada, cámbiame." Fue tremendo, porque muchas veces yo era la equivocada. Pero fue hermoso porque ya no era yo cambiándolo a él ni él cambiándome a mí, sino el Espíritu Santo en medio nuestro.
Quizás han tenido diferencias, quizás se han distanciado por cosas. Hoy es un día de perdonar, de soltar el dolor. Jesús entró a este hogar para devolverle el gozo. El fin de él es que tú vivas una vida de alegría.
Jesús transformó el agua en vino y trajo provisión. Juan 2 dice: "Y les dijo el maestre de sala, todo hombre sirve primero el buen vino y luego que ya han bebido mucho, entonces el inferior. Mas tú has reservado el buen vino para ahora." Jesús quiere entrar a tu casa para traer la provisión que necesitas. Él no solo quiere que tengas paz, no solo quiere que tengas gozo, sino que también quiere traer provisión.
Ha sido un tiempo donde hemos aprendido a poner en orden nuestras finanzas. He notado que el que se dispone a poner en orden sus finanzas comienzan a sucederle milagros. Hay una economía terrena, la que estamos pasando ahora—la inflación, lo que falta, lo que no hay. Pero hay una economía celestial, la economía del cielo. Dios nunca tuvo despido. Dios nunca estuvo en crisis. El cielo nunca estuvo en crisis.
Yo me conecto con la economía del cielo a través de mis diezmos y mis ofrendas. Cuando tú das tu diezmo y tus ofrendas, tú dejas de estar conectado a la economía de la tierra y te conectas a la del cielo, donde hay abundancia, donde hay milagros.
Una discípula me decía: "Pastora, quería contarte este milagro. Me faltaba para la renta y había hecho unas monas para Navidad. Como no tenía para pagar la renta, hice otras monas y le pedí a una amiga que tiene un negocio si me dejaba ir el sábado a venderlas. Vendí unas tres o cuatro. Luego vino una señora, le compré otras dos o tres. Luego esa misma señora volvió y me compró las 10 que le quedaban. Y ella estaba feliz porque había vendido lo que necesitaba. Y esta mujer le dice, 'Una pregunta, me gustaron mucho tus monas, muy buena calidad. ¿Cuándo puedes tener listas 5,000?' Y ella le dice, 'Perdón, ¿sí?' Dice, 'Yo soy la que compro este tipo de material para Falabella.'" Dile al que está al lado, te puede ocurrir a ti. ¿Por qué? Porque cuando tú pones en orden tus finanzas y te conectas, viene esa provisión.
Otra pareja que estaba con muchas deudas hace dos años cuando comenzó a hablarse de poner en orden, ellos dijeron, "Dejamos de ir a Juan Valdés. Empezamos a ahorrar lo del café, empezamos a ahorrar de las salidas. En vez de salir todos los fines de semana, salíamos un fin de semana al mes y todo era para pagar las deudas." Cuando tú tienes esa disposición, activas los milagros. ¿Y sabes qué sucedió? Vino un tío que cobró una herencia y les regaló 40 millones de pesos y pagaron todas sus deudas en un día.
Ahora quiero que leamos lo que dice en Marcos sobre otra visita que hizo Jesús, fue a la casa de Jairo. Marcos 5 dice:
Vino uno de los principales de la sinagoga llamado Jairo y luego que vio a Jesús, se postró a sus pies y le rogaba diciendo, "Mi hija está agonizando. Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva y vivirá."
Un padre con un hijo en una crisis, un padre con un hijo enfermo. Quizás tu caso es un hijo drogadicto, quizás tu caso es un familiar enfermo. Acá había alguien que estaba agonizando. Agonizando nos habla de que ya estaba en lo último, que ya estaba en la mayor crisis, que ya no había salida.
Este padre corre a Jesús a buscar ayuda. En medio de eso, la palabra nos muestra que Jesús no le contesta nada. Jesús sigue caminando y se encuentra con la mujer del flujo de sangre. Sigue avanzando, la mujer del flujo se sana.
Mientras tanto, en el versículo 35:
Mientras Jesús aún hablaba con la mujer del flujo, vinieron de la casa del principal de la sinagoga diciendo, "Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al maestro?"
Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, le dijo al principal de la sinagoga: "No temas, cree solamente."
Y no permitió que le siguiese nadie, sino Pedro, Jacobo y Juan. Y vino a la casa del principal de la sinagoga y vio el alboroto y a los que lloraban y se lamentaban mucho. Y entrando dijo:
¿Por qué se alborotan ni llora? La niña no está muerta si no duerme.
Me impacta esta historia. Acá había un padre en necesidad que va y busca a Jesús. Hay un tiempo de silencio en Jesús. ¿Te pasó alguna vez que buscaste a Jesús, que ayunaste, que oraste con tu líder y hubo como ese tiempo de silencio, como que no hubo respuestas?
Menos mal que la crisis a este papá lo agarró al lado de Jesús. Porque dice que Jesús escuchó cuando le dijeron a él lo que había pasado con su hija. Mi pregunta: ¿dónde te agarran las crisis? ¿Por qué a veces cuando viene la crisis ya no le contestamos el WhatsApp al líder? Ya dejamos la célula. Vamos y le decimos, "Ay, líder, me voy a tomar un tiempo." Terrible.
Qué bueno que a este padre la crisis lo agarró al lado de Jesús. Las crisis nos llegan a todos en la vida. Los problemas nos llegan a todos en diferentes situaciones. Pero que cuando te llegue el problema te encuentre al lado de Jesús, al lado del que lo puede solucionar, al lado de aquel que lo puede cambiar.
Me impacta que Jesús le pide creer después de la muerte. Le pide creer cuando ya no hay salida. Le pide creer cuando era el fin. Después que la niña murió, le dice, "No temas, cree solamente." Señor, qué tremendo. Le pediste creer cuando ya no había esperanza.
Eso es lo que el Señor te dice: ¿Qué ha muerto en ti? ¿Qué has perdido? ¿Qué has dejado? ¿Qué te sacó la vida? En medio de eso, Jesús viene a decirte, "No temas, cree solamente, porque yo aún puedo hacer un milagro en medio de lo que estás viviendo."
Lo segundo que le dice es: "La niña no está muerta, solo duerme." Jesús ve las cosas diferentes. Él no veía muerte, él veía vida. Él no ve a un hijo drogadicto, él ve a un siervo de Dios. Él no ve a un padre borracho en tu casa, él ve a un padre restaurado. Él no ve un hogar roto, un hogar disfuncional, él ve un lugar lleno de la presencia de Dios. Él no ve una casa con deudas, él ve una casa próspera. Él no ve tu célula con dos, él ve tu célula con doce.
Él no ve una Colombia caída. Él no ve una Colombia en violencia. Él no ve una Colombia que está perdiendo todo. Él ve una Colombia restaurada y tú hoy tienes que irte de este lugar viendo diferente.
Ese problema que ves tienes que verlo a través de los ojos de Jesús. "La niña no está muerta, solo duerme." Él donde hay enfermedad ve salud. Donde hay tinieblas ve luz. Donde hay angustia, ve gozo.
Hoy tú tienes que cambiar la manera de mirar. Y al cambiar la manera de mirar, cambiar la manera de hablar. ¿Cómo está tu hijo drogadicto? "Ah, el que es líder de jóvenes." ¿Cómo está tu matrimonio? "¿Seguís con problemas? Tenemos el mejor matrimonio." ¿Por qué? Porque con Jesús se ven las cosas diferentes.
Hoy tú tienes que cambiar tu manera de ver y de hablar. Así como Jesús vio vida donde no había, tú tienes que ver la vida de Jesús donde quizás ya no hay esperanza.
Lo tercero que veo que él hizo en esta casa fue echar fuera. Echó fuera a todos. Es una palabra media fuerte. Para mí esto me habla de que para ver el poder de la resurrección, para poder ver lo que Jesús trajo a esta casa—fe y resurrección—hay que echar fuera la duda, echar fuera la incredulidad, echar fuera la queja, echar fuera la pereza espiritual.
Muchas veces perdemos la fuerza de avanzar por la pereza espiritual. ¿Por qué uno puede seguir avanzando en medio de los problemas y las circunstancias? Porque hay una fortaleza. No es que uno no tiene problemas, pero esa fortaleza viene del contacto con la palabra, viene de que tú te conectes a las intercesiones. De ahí viene la fuerza para seguir avanzando. Pero tenemos que echar fuera la duda, la incredulidad, el temor, las palabras negativas.
Y cuando eso sucede, el Señor trae un espíritu de resurrección y vida. Eso es lo que quiere traer sobre ti: resucitar tu fe, resucitar tus sueños, resucitar las promesas que él te ha dado para que puedas decir, "El Señor me cumplió lo que me prometió."
Si tú hoy quieres que Jesús visite tu vida con gozo, con provisión, con fe, con resurrección, quiero invitarte a que te pongas de pie. Quiero que oremos juntos y quizás quieres dar ese paso acá adelante.
Algo poderoso sucede cuando venimos al altar. Si tú dices, "Señor, me encuentro agonizando en algún área, me encuentro cargado con mi familia, con mi hogar, con un hijo y hoy quiero que me visites como visitaste a Jairo," quiero que corras aquí adelante.
Me encanta esta figura de que Jesús se interesa por lo que pasa en tu casa. Quizás no nombré la necesidad de tu casa, pero no importa porque él la conoce. Quizás la necesidad de tu casa es poder descansar. Quizás has estado sufriendo de insomnio. Quizás la necesidad de tu casa es la salud. Quizás hay alguien enfermo. Cualquiera sea la necesidad, Jesús hoy quiere llegar y suplirla.
Ahí donde estás, pon una mano en el corazón, levanta la otra al cielo y comienza a declarar. Di conmigo:
Señor Jesús, hoy renuncio a toda tristeza, toda depresión, a toda ansiedad que quiso tomar mi vida, que quiso tomar mi familia. Yo hoy renuncio a toda preocupación, a todo temor al mañana y declaro que hoy tú visitas mi hogar trayendo gozo, trayendo paz. Que hoy visitas mi hogar llevándote esta carga tan pesada por no poder pagar lo que tengo que pagar.
Declaro una semana de milagros y hoy renuncio a todo temor al mañana, todo espíritu de muerte, toda sensación de pérdida, todo aquello que me ha robado las ganas de vivir. Y declaro que cuando tú me visitas, vuelve la vida.
Ayúdame a ver las cosas como tú las ves. Yo declaro que donde había enfermedad habrá salud, que donde había tristeza habrá gozo, que donde había muerte habrá vida, que donde había tinieblas habrá luz, que donde había debilidad habrá fuerza.
Y yo creo que esta semana veré el poder de la resurrección, avivando mi fe, avivando la esperanza. Y yo creo que así como visitaste a Jairo, visitas mi vida y supleso lo que necesito.
Dile al Señor específicamente, cada hogar es diferente. Dile, "Señor, hoy necesito esto. Necesito que se abra esta puerta. Necesito volver a conectarme con mi hijo. Quizás eres una mamá cabeza de familia y has perdido la conexión con tus hijos." Pídele al Señor ahora. Invítalo. Dile:
Ven a mi casa y cumple tus promesas. Ven a mi casa y obra milagros. Ven a mi casa y cambia el corazón. Ayúdame a ver las cosas diferentes.
Comienza a ver lo diferente. Comienza a ver que ese hijo pródigo vuelve a la casa. Comienza a ver que los gritos ya no están. Comienza a ver los milagros de provisión. Comienza a ver diferente.
Levanta tus manos y di:
Señor Jesús, qué hermoso saber que te interesas por la familia. Qué hermoso saber que te interesa mi familia y hoy vienes a mi casa a traer gozo, provisión, fe y resurrección. En el nombre de Jesús. Amén.
Jesús hizo cosas revolucionarias cuando llegó a la tierra. Una de ellas fue que fue el primero en echar fuera demonios. Otra cosa increíble fue la honra que le dio a la mujer: mientras viajaba con sus discípulos, había mujeres con él. En esa época la mujer no tenía lugar, pero él le dio el lugar a la mujer.
Pero hay algo más que revolucionó completamente: Jesús visitaba hogares. Hay muchos relatos de que Jesús visitó hogares y cada vez que visitó un hogar, milagros sucedieron. Y esta mañana él quiere visitar tu hogar, él quiere visitar tu vida, él quiere visitar tu casa.
Una de las primeras visitas que hizo fue a una boda. En el capítulo 2 de Juan, una pareja se estaba casando en ese momento extraordinario donde uno recibe la bendición, donde uno celebra con sus amigos. Pero de pronto surgió un problema: se les acabó el vino.
El vino representa dos cosas. La primera es el gozo. Cuando Jesús llegó, la falta de vino hablaba de que algo se había terminado. Pensemos en nuestros hogares: ¿qué se terminó en tu hogar? Quizás se terminó el gozo. Quizás ya es una rutina—nos levantamos temprano, cocinamos, vamos, salimos—pero se perdió eso de, "ay, qué rico estar en casa juntos, ay, qué alegría."
Hace muchos años, cuando recién me casé con Alfredo, nuestro hogar había perdido el gozo. Estábamos recién casados, teníamos una imprenta y él llegaba a las 5 o 6 de la tarde. Después de unos meses comenzó a llegar a las 7, a las 8 de la noche, luego a las 9, luego ya llegaba a las 10. Un día lo esperé levantada en la sala y le dije, "Bueno, a mí me vas a decir en qué andás y por qué llegas tan tarde a casa." Y él me dice, "Es que no te aguanto. Desde que llego te quejas de que lo que traigo no alcanza. Desde que llego me decís que no sirvo. Desde que llego me decís que falta, que falta, que falta. Para no pelear prefiero llegar cuando estás dormida." Qué terrible que se haya casado conmigo para disfrutar y que se sienta así.
¿Qué ambiente hay en tu hogar? Quizás no estás en una crisis, pero todo ya es monotonía. Ya uno llega, se sienta, prende el televisor, el otro está por otro cuarto y cuántos los dispositivos nos han separado.
Hoy Jesús quiere visitarte y devolver el gozo en tu hogar. Las palabras determinan el ambiente de tu casa. Si tus palabras son negativas, si tus palabras son de quejas, el ambiente se carga de eso. El ambiente de tu casa se crea en bendición por las palabras que hablas. Efesios 4:29 dice: "Que ninguna palabra corrompida salga de tu boca, sino la que va a edificar."
Otra cosa que ayuda es el servir a otro. El servir trae honra. A veces estamos tan ocupados en la casa, haciendo esto y lo otro, pero el Señor a través del servicio trae honra.
Una de las cosas que más nos ayudó a Alfredo y a mí en nuestro matrimonio fue esto: cuando no podíamos ponernos de acuerdo y uno quería imponer su punto de vista, no nos hablábamos por tres, cuatro, cinco días. Cuando uno hiere a la otra persona, uno se aleja. Y las personas que más lo afectan a uno son las que están más cerca.
Dios me enseñó a orar así: "Señor, si yo estoy equivocada, cámbiame. Si él está equivocado, cámbialo." Cuando empezábamos a tensionarnos porque uno quiere hacer lo que uno quiere, yo me calmaba y decía, "Claro, mi amor," y me ponía a orar: "Señor, si yo estoy equivocada, cámbiame." Fue tremendo, porque muchas veces yo era la equivocada. Pero fue hermoso porque ya no era yo cambiándolo a él ni él cambiándome a mí, sino el Espíritu Santo en medio nuestro.
Quizás han tenido diferencias, quizás se han distanciado por cosas. Hoy es un día de perdonar, de soltar el dolor. Jesús entró a este hogar para devolverle el gozo. El fin de él es que tú vivas una vida de alegría.
Jesús transformó el agua en vino y trajo provisión. Juan 2 dice: "Y les dijo el maestre de sala, todo hombre sirve primero el buen vino y luego que ya han bebido mucho, entonces el inferior. Mas tú has reservado el buen vino para ahora." Jesús quiere entrar a tu casa para traer la provisión que necesitas. Él no solo quiere que tengas paz, no solo quiere que tengas gozo, sino que también quiere traer provisión.
Ha sido un tiempo donde hemos aprendido a poner en orden nuestras finanzas. He notado que el que se dispone a poner en orden sus finanzas comienzan a sucederle milagros. Hay una economía terrena, la que estamos pasando ahora—la inflación, lo que falta, lo que no hay. Pero hay una economía celestial, la economía del cielo. Dios nunca tuvo despido. Dios nunca estuvo en crisis. El cielo nunca estuvo en crisis.
Yo me conecto con la economía del cielo a través de mis diezmos y mis ofrendas. Cuando tú das tu diezmo y tus ofrendas, tú dejas de estar conectado a la economía de la tierra y te conectas a la del cielo, donde hay abundancia, donde hay milagros.
Una discípula me decía: "Pastora, quería contarte este milagro. Me faltaba para la renta y había hecho unas monas para Navidad. Como no tenía para pagar la renta, hice otras monas y le pedí a una amiga que tiene un negocio si me dejaba ir el sábado a venderlas. Vendí unas tres o cuatro. Luego vino una señora, le compré otras dos o tres. Luego esa misma señora volvió y me compró las 10 que le quedaban. Y ella estaba feliz porque había vendido lo que necesitaba. Y esta mujer le dice, 'Una pregunta, me gustaron mucho tus monas, muy buena calidad. ¿Cuándo puedes tener listas 5,000?' Y ella le dice, 'Perdón, ¿sí?' Dice, 'Yo soy la que compro este tipo de material para Falabella.'" Dile al que está al lado, te puede ocurrir a ti. ¿Por qué? Porque cuando tú pones en orden tus finanzas y te conectas, viene esa provisión.
Otra pareja que estaba con muchas deudas hace dos años cuando comenzó a hablarse de poner en orden, ellos dijeron, "Dejamos de ir a Juan Valdés. Empezamos a ahorrar lo del café, empezamos a ahorrar de las salidas. En vez de salir todos los fines de semana, salíamos un fin de semana al mes y todo era para pagar las deudas." Cuando tú tienes esa disposición, activas los milagros. ¿Y sabes qué sucedió? Vino un tío que cobró una herencia y les regaló 40 millones de pesos y pagaron todas sus deudas en un día.
Ahora quiero que leamos lo que dice en Marcos sobre otra visita que hizo Jesús, fue a la casa de Jairo. Marcos 5 dice:
Vino uno de los principales de la sinagoga llamado Jairo y luego que vio a Jesús, se postró a sus pies y le rogaba diciendo, "Mi hija está agonizando. Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva y vivirá."
Un padre con un hijo en una crisis, un padre con un hijo enfermo. Quizás tu caso es un hijo drogadicto, quizás tu caso es un familiar enfermo. Acá había alguien que estaba agonizando. Agonizando nos habla de que ya estaba en lo último, que ya estaba en la mayor crisis, que ya no había salida.
Este padre corre a Jesús a buscar ayuda. En medio de eso, la palabra nos muestra que Jesús no le contesta nada. Jesús sigue caminando y se encuentra con la mujer del flujo de sangre. Sigue avanzando, la mujer del flujo se sana.
Mientras tanto, en el versículo 35:
Mientras Jesús aún hablaba con la mujer del flujo, vinieron de la casa del principal de la sinagoga diciendo, "Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al maestro?"
Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, le dijo al principal de la sinagoga: "No temas, cree solamente."
Y no permitió que le siguiese nadie, sino Pedro, Jacobo y Juan. Y vino a la casa del principal de la sinagoga y vio el alboroto y a los que lloraban y se lamentaban mucho. Y entrando dijo:
¿Por qué se alborotan ni llora? La niña no está muerta si no duerme.
Me impacta esta historia. Acá había un padre en necesidad que va y busca a Jesús. Hay un tiempo de silencio en Jesús. ¿Te pasó alguna vez que buscaste a Jesús, que ayunaste, que oraste con tu líder y hubo como ese tiempo de silencio, como que no hubo respuestas?
Menos mal que la crisis a este papá lo agarró al lado de Jesús. Porque dice que Jesús escuchó cuando le dijeron a él lo que había pasado con su hija. Mi pregunta: ¿dónde te agarran las crisis? ¿Por qué a veces cuando viene la crisis ya no le contestamos el WhatsApp al líder? Ya dejamos la célula. Vamos y le decimos, "Ay, líder, me voy a tomar un tiempo." Terrible.
Qué bueno que a este padre la crisis lo agarró al lado de Jesús. Las crisis nos llegan a todos en la vida. Los problemas nos llegan a todos en diferentes situaciones. Pero que cuando te llegue el problema te encuentre al lado de Jesús, al lado del que lo puede solucionar, al lado de aquel que lo puede cambiar.
Me impacta que Jesús le pide creer después de la muerte. Le pide creer cuando ya no hay salida. Le pide creer cuando era el fin. Después que la niña murió, le dice, "No temas, cree solamente." Señor, qué tremendo. Le pediste creer cuando ya no había esperanza.
Eso es lo que el Señor te dice: ¿Qué ha muerto en ti? ¿Qué has perdido? ¿Qué has dejado? ¿Qué te sacó la vida? En medio de eso, Jesús viene a decirte, "No temas, cree solamente, porque yo aún puedo hacer un milagro en medio de lo que estás viviendo."
Lo segundo que le dice es: "La niña no está muerta, solo duerme." Jesús ve las cosas diferentes. Él no veía muerte, él veía vida. Él no ve a un hijo drogadicto, él ve a un siervo de Dios. Él no ve a un padre borracho en tu casa, él ve a un padre restaurado. Él no ve un hogar roto, un hogar disfuncional, él ve un lugar lleno de la presencia de Dios. Él no ve una casa con deudas, él ve una casa próspera. Él no ve tu célula con dos, él ve tu célula con doce.
Él no ve una Colombia caída. Él no ve una Colombia en violencia. Él no ve una Colombia que está perdiendo todo. Él ve una Colombia restaurada y tú hoy tienes que irte de este lugar viendo diferente.
Ese problema que ves tienes que verlo a través de los ojos de Jesús. "La niña no está muerta, solo duerme." Él donde hay enfermedad ve salud. Donde hay tinieblas ve luz. Donde hay angustia, ve gozo.
Hoy tú tienes que cambiar la manera de mirar. Y al cambiar la manera de mirar, cambiar la manera de hablar. ¿Cómo está tu hijo drogadicto? "Ah, el que es líder de jóvenes." ¿Cómo está tu matrimonio? "¿Seguís con problemas? Tenemos el mejor matrimonio." ¿Por qué? Porque con Jesús se ven las cosas diferentes.
Hoy tú tienes que cambiar tu manera de ver y de hablar. Así como Jesús vio vida donde no había, tú tienes que ver la vida de Jesús donde quizás ya no hay esperanza.
Lo tercero que veo que él hizo en esta casa fue echar fuera. Echó fuera a todos. Es una palabra media fuerte. Para mí esto me habla de que para ver el poder de la resurrección, para poder ver lo que Jesús trajo a esta casa—fe y resurrección—hay que echar fuera la duda, echar fuera la incredulidad, echar fuera la queja, echar fuera la pereza espiritual.
Muchas veces perdemos la fuerza de avanzar por la pereza espiritual. ¿Por qué uno puede seguir avanzando en medio de los problemas y las circunstancias? Porque hay una fortaleza. No es que uno no tiene problemas, pero esa fortaleza viene del contacto con la palabra, viene de que tú te conectes a las intercesiones. De ahí viene la fuerza para seguir avanzando. Pero tenemos que echar fuera la duda, la incredulidad, el temor, las palabras negativas.
Y cuando eso sucede, el Señor trae un espíritu de resurrección y vida. Eso es lo que quiere traer sobre ti: resucitar tu fe, resucitar tus sueños, resucitar las promesas que él te ha dado para que puedas decir, "El Señor me cumplió lo que me prometió."
Si tú hoy quieres que Jesús visite tu vida con gozo, con provisión, con fe, con resurrección, quiero invitarte a que te pongas de pie. Quiero que oremos juntos y quizás quieres dar ese paso acá adelante.
Algo poderoso sucede cuando venimos al altar. Si tú dices, "Señor, me encuentro agonizando en algún área, me encuentro cargado con mi familia, con mi hogar, con un hijo y hoy quiero que me visites como visitaste a Jairo," quiero que corras aquí adelante.
Me encanta esta figura de que Jesús se interesa por lo que pasa en tu casa. Quizás no nombré la necesidad de tu casa, pero no importa porque él la conoce. Quizás la necesidad de tu casa es poder descansar. Quizás has estado sufriendo de insomnio. Quizás la necesidad de tu casa es la salud. Quizás hay alguien enfermo. Cualquiera sea la necesidad, Jesús hoy quiere llegar y suplirla.
Ahí donde estás, pon una mano en el corazón, levanta la otra al cielo y comienza a declarar. Di conmigo:
Señor Jesús, hoy renuncio a toda tristeza, toda depresión, a toda ansiedad que quiso tomar mi vida, que quiso tomar mi familia. Yo hoy renuncio a toda preocupación, a todo temor al mañana y declaro que hoy tú visitas mi hogar trayendo gozo, trayendo paz. Que hoy visitas mi hogar llevándote esta carga tan pesada por no poder pagar lo que tengo que pagar.
Declaro una semana de milagros y hoy renuncio a todo temor al mañana, todo espíritu de muerte, toda sensación de pérdida, todo aquello que me ha robado las ganas de vivir. Y declaro que cuando tú me visitas, vuelve la vida.
Ayúdame a ver las cosas como tú las ves. Yo declaro que donde había enfermedad habrá salud, que donde había tristeza habrá gozo, que donde había muerte habrá vida, que donde había tinieblas habrá luz, que donde había debilidad habrá fuerza.
Y yo creo que esta semana veré el poder de la resurrección, avivando mi fe, avivando la esperanza. Y yo creo que así como visitaste a Jairo, visitas mi vida y supleso lo que necesito.
Dile al Señor específicamente, cada hogar es diferente. Dile, "Señor, hoy necesito esto. Necesito que se abra esta puerta. Necesito volver a conectarme con mi hijo. Quizás eres una mamá cabeza de familia y has perdido la conexión con tus hijos." Pídele al Señor ahora. Invítalo. Dile:
Ven a mi casa y cumple tus promesas. Ven a mi casa y obra milagros. Ven a mi casa y cambia el corazón. Ayúdame a ver las cosas diferentes.
Comienza a ver lo diferente. Comienza a ver que ese hijo pródigo vuelve a la casa. Comienza a ver que los gritos ya no están. Comienza a ver los milagros de provisión. Comienza a ver diferente.
Levanta tus manos y di:
Señor Jesús, qué hermoso saber que te interesas por la familia. Qué hermoso saber que te interesa mi familia y hoy vienes a mi casa a traer gozo, provisión, fe y resurrección. En el nombre de Jesús. Amén.