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Los fundamentos de la vida cristiana

Enseñanza basada en Marcos 3:13-15

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Church
Iglesia Bautista InternacionalBaptistSanto Domingo, Dominican Republic
Date
Tuesday 13th May 2025
Read time
11 min
Language
Spanish

Scriptures

Mark 3:13-15Luke 6:12Psalms 119:18Psalms 119:162Psalms 1:1-3Mark 1:35John 17

Tags

Bible Characters

JesusPeter

Key Takeaways

  • La relación con Dios es el fundamento de la vida cristiana, incluso antes que la misión o el servicio
  • La oración para Jesús era intimidad profunda con el Padre, no solo peticiones de emergencia
  • La Palabra de Dios debe ser un tesoro que buscamos con gozo, asombro y devoción
  • La meditación en la Palabra produce fortaleza, fructificación y permanencia espiritual
  • La oración y la Palabra funcionan como la respiración del creyente: inhalamos Palabra y exhalamos oración
  • Sin una relación cercana con Dios, somos inefectivos en el ministerio y vulnerables ante la tentación y las dificultades

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In this sermon

Los Fundamentos de la Vida Cristiana

Introducción: Volviendo a lo Esencial

Hermanos, hoy quiero reflexionar con ustedes sobre algo que he estado meditando en las últimas semanas. Como pastores, nos esforzamos por compartir lo que estamos experimentando en nuestras propias vidas, y esto es precisamente lo que Dios ha estado trabajando en mí.

Voy a comenzar con un concepto del mundo deportivo: los fundamentos del juego. Se refiere a las técnicas, habilidades y principios esenciales que forman la base de cualquier deporte. Sin una base sólida en lo fundamental, no hay progreso real ni éxito duradero.

Hay una historia emblemática de esto. En 1960, el equipo Green Bay Packers experimentaba derrotas consecutivas. Después de una derrota particularmente humillante, el famoso entrenador Lombardi entró al campamento con un balón en la mano y dijo: "Caballeros, esto es un balón de fútbol." Les recordó que debían volver a los fundamentos: cómo bloquearse, cómo correr, cómo llegar a la meta. Desde ese momento reconstruyó el equipo completamente, y en los próximos siete años ganaron cinco campeonatos, incluyendo dos Superbowls.

Esta historia ilustra una verdad simple pero poderosa: el éxito de cualquier proceder viene de priorizar lo esencial. Y muchas veces damos por sentado que lo fundamental está bien, cuando en realidad todo depende de ello.

La Selección de los Apóstoles: Fundamento de la Misión

Con esto como telón de fondo, veamos una historia del evangelio. Está relatada en Mateo, Marcos y Lucas, y describe el momento en que Jesús elige a sus apóstoles, el grupo conocido como los Doce.

Este fue un momento significativo porque ahora Jesús tendría un equipo específico e identificado que sería su apoyo en todo lo que vendría.

Marcos 3:13-14 nos dice:

"Después Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso y ellos vinieron a él. Designó a 12 para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios."

Narración sencilla, pero contiene lecciones profundas sobre los fundamentos de la vida cristiana.

El Fundamento Primario: Estar con Jesús

Sabemos por Lucas 6:12 que Jesús subió al monte y pasó toda la noche en oración antes de elegir a los Doce. Sabemos también que después los enviaría a predicar, a expulsar demonios y a sanar toda enfermedad.

Pero hay algo que fácilmente pasamos por alto: la intención primaria era que estuvieran con él. El envío a predicar y hacer obras milagrosas viene después.

Poco podrían hacer los apóstoles ministerialmente si no estaban con Jesús primero. De esa relación provendría su sabiduría, su fortaleza, su gozo como hijos de Dios y como ministros del evangelio.

Jesús lo diría más adelante en Juan 15:

"Sin mí, separados de mí, nada pueden hacer. Ustedes son incapaces de producir los frutos que están llamados a producir si no están pegados a mí como una rama está pegada a un tronco."

La Verdad Fundamental

Mi relación con Dios va antes que cualquier otra cosa. Ese es el fundamento. Mi relación con Dios va antes que mi misión. Mi intimidad debe preceder cualquier otra cosa, y es lo que alimenta lo que yo hago para Dios.

De esa relación cercana con Dios derivo todo lo demás: la sabiduría, el poder, el gozo para vivir la vida cristiana como se supone que debo vivirla.

A veces saltamos este fundamento y queremos hacer, vivir y actuar de maneras que no provienen de una relación cercana con nuestro Señor.

Las Consecuencias de Descuidar el Fundamento

Para muchos, esto puede parecer obvio. Pero así como los atletas pasan por alto los fundamentos del juego y cometen errores que llevan a sus entrenadores a preguntar, "¿En qué estabas pensando?", nosotros en la vida cristiana cometemos barrabasadas espirituales.

Muchas veces nuestra relación con Dios es inexistente, ocasional, superficial, anémica. En esas condiciones somos inefectivos en lo que Dios nos ha llamado a hacer:

  • Nuestra luz no alumbra, nuestra sal no sala.
  • Ante la tentación somos débiles y caemos con frecuencia.
  • Ante las dificultades, nos llenamos de dudas y cuestionamos a Dios.
  • Ante las grandes decisiones, nos sentimos confundidos.

El Espíritu nos puede preguntar, mirarnos a los ojos y decir: "¿En qué estás pensando? ¿Crees que vas a resistir las dificultades y tentaciones sin tener una relación cercana e íntima conmigo? ¿Quién crees que eres? ¿Eres una rama que no está conectada al tronco?"

Volviendo a lo Básico

Entonces, ¿cómo volvemos a lo fundamental? No se trata de un secreto superavanzado. Se trata de volver a los fundamentos. Se trata de estar con Jesús.

¿Cómo tenemos hoy una relación cercana con él, una relación que nos nutra, que nos alimente, que nos empodera de la manera correcta?

Usualmente los fundamentos no son muchos, y eso es lo bueno. La vida cristiana no es tan compleja como muchos la quieren pintar. Se trata de cultivar una relación cercana, vital, regular, intensa, profunda con nuestro Señor Jesús.

Hay dos cosas fundamentales que quisiera compartir:

Fundamento Uno: La Oración Como Jesús la Entendía

La Oración No Es Solo "Hablar con Dios"

Cuando preguntamos qué es la oración, la respuesta común es: "Orar es hablar con Dios." Pero hablar es un término muy amplio.

Hablamos con muchas personas: con desconocidos en un ascensor, con alguien que nos sirve gasolina, con personas en el transporte público. Hay gente con la que solo hablamos cuando los necesitamos. El ejemplo más extremo es el 911: es una relación de necesidad. Solo llamamos en emergencia. Nadie llama al 911 para preguntar cómo están, para compartir alegrías o temores.

Para Jesús, la oración era mucho más que hablar con Dios. Para nuestra vergüenza, muchos nos relacionamos con Dios más como con el 911 que como con un Padre amoroso.

Para Jesús, orar era intimar con su Padre, era relacionarse profundamente con su Padre.

El Ejemplo de Jesús en la Oración

En los evangelios, vemos 21 ocasiones en que Jesús ora, y 9 de ellas son momentos significativos, profundos y prolongados.

Antes de elegir a los apóstoles, pasó toda la noche orando. Después de alimentar a los 5000, cuando la mayoría esperaría descansar, él subió al monte a orar y pasó casi toda la noche en oración. En Marcos 1:35, se levantaba cuando aún era de noche para orar solo. Lucas 5 nos dice que con frecuencia se retiraba a lugares solitarios y oraba.

Cuando el Espíritu Santo bajó en Pentecostés, había estado orando con los discípulos. En Getsemaní, oró con gran angustia. En Juan 17 tenemos su oración más larga, donde vemos cómo Jesús oraba a su Padre.

Cuando los discípulos vieron a Jesús orar, le pidieron: "Enséñanos a orar." Esto no era una excepción. Jesús oraba con regularidad, de manera intensa, prolongada y frecuente. Oraba sin cesar.

La Humanidad de Jesús en la Oración

Muchos dicen: "Pero para Jesús era fácil porque era el Hijo de Dios, era Dios encarnado." Cierto, pero en su humanidad, Jesús enfrentó las mismas dificultades que nosotros.

Jesús se cansaba, le daba sueño, tenía hambre. Cuando se levantaba temprano a orar, no usaba su poder divino para vencer el sueño. Vencía a su carne que quería dormir porque entendía que eso era más importante. Pasó por estas mismas luchas que nosotros experimentamos.

La Oración Como Intimidad

Orar es participar del extraordinario privilegio de hablar con nuestro Padre Celestial, gracias a Cristo por medio del Espíritu. Se trata de intimar con Dios de manera tal que traigamos gozo a su corazón.

Los que somos padres hemos experimentado una sensación especial de gozo cuando un hijo nuestro, ya crecidito, entra a casa después de estar con amigos y viene y nos cuenta cómo le fue. Nos sentimos grandes porque ese ser que amamos profundamente quiere que participemos en su vida y nos hace partícipes de su vida. Considera nuestra opinión importante.

Cuando esto no ocurre, experimentamos frustración y tristeza.

Dios no experimenta inseguridad, pero sí experimenta gozo como Padre cuando nosotros como hijos le participamos lo que está pasando por nuestra mente. Él lo sabe, pero quiere que derramemos nuestros corazones delante de él y busquemos su dirección, su sabiduría, su abrazo.

"Padre Nuestro"

¿Por qué cuando Jesús enseña a orar comienza diciendo "Padre nuestro"? Porque se trata de una relación cercana, íntima, de un papá a un hijo.

Pablo dice que a través del Espíritu exclamamos: "Aba, Padre" —papi. Una relación cercana, íntima con Dios.

Espero que esta perspectiva nos ayude a orar de manera diferente, nos motive a hablar más con regularidad, profundidad, honestidad, y con la necesidad de aquel que ama mi alma y que también es el que resuelve mucho más que el 911.

Fundamento Dos: La Palabra Como Tesoro

Cómo Relacionarnos con la Biblia

Además de entender la oración como Cristo la entendía, hay un segundo aspecto fundamental: el lugar que la Palabra tiene en nosotros.

Los apóstoles tenían a Jesús presente, físicamente presente. A nosotros no nos toca ese privilegio. Pero ¿cómo nos relacionamos nosotros con Jesús? A través de su Palabra.

Es a través de su Palabra que lo conocemos, que interactuamos con su persona. Leemos lo que él hizo, cómo piensa, qué espera de nosotros. Otros que lo siguieron nos dan un modelo de vida y un esquema mental para ver el mundo.

Pero para muchos de nosotros, la relación con la Biblia es difícil. Es como con esa materia que nunca nos gustó o que siempre cuestionamos su utilidad. No entendemos la Biblia. "Se nos calienta el cerebro." Se parece más a una relación con esa materia que con lo que realmente es: la revelación de la mente y el carácter de nuestro Padre amoroso.

A veces la Palabra de Dios es la materia necesaria pero no deseada de la vida cristiana.

Pedirle a Dios que Abra Nuestros Ojos

Me pregunto: ¿por qué el salmista le pidió a Dios en el Salmo 119:18:

"Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley"?

No sabemos por qué lo pidió, pero sabemos que nosotros para encontrar gozo y entusiasmo en la Palabra, tenemos que orar así. Pídele a Dios que abra tus ojos a las maravillas de su ley, a la grandeza de su revelación, a lo significativo de su consejo.

Esto es una obra que Dios hace. El salmista simplemente dice: "Haz que me guste tu Palabra. Haz que tu Palabra me atraiga, que me asombre. Déjame ver las maravillas de tu ley."

Como cuando vemos una imagen que nos deja estáticos, que nos impresiona. Ojalá que cuando nos sumerjamos en la Palabra, sea mucho o sea poco lo que leamos, que produzca esa sensación de asombro y que ese asombro nos conduzca a buscar en ella la sabiduría que necesitamos.

La Palabra Como Tesoro

En el Salmo 119:162:

"Me regocijo en tu Palabra como quien halla un gran botín. Me alegro en tu Palabra como alguien que descubre un gran tesoro."

¿Nos relacionamos así con la Biblia? ¿Acudimos a ella diciendo: "Esto es un tesoro. Abre mis ojos, Señor, a las maravillas de tu ley. Dame entendimiento y comprensión espiritual"?

Los Frutos de Meditar en la Palabra

El Salmo 1 comienza:

"Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los burladores, sino que en la ley del Señor está su deleite y en su ley medita de día y de noche."

Lo que produce la ley del Señor: Al que medita en su ley será como árbol plantado junto a corrientes de agua. Dará su fruto a su tiempo, será hombre fructífero, de utilidad, y su hoja no se marchita. Permanece.

La meditación en la Palabra genera en el individuo:

  • Fortaleza
  • Fructificación
  • Permanencia

La Cita de los Gedeones

Hay un ministerio llamado los Gedeones que durante más de 100 años ha colocado Biblias en hoteles y moteles. Sus Biblias contienen una introducción que me asombró cuando la leí:

"La Biblia contiene la mente de Dios, el estado del hombre, el camino de la salvación, la condenación de los pecadores y la felicidad de los creyentes. Sus doctrinas son santas, sus preceptos vinculantes, sus historias son verdaderas y sus decisiones son inmutables.

Créela para ser sabio. Cree que es segura y practícala para ser santo.

Contiene luz para dirigirte, comida para sostenerte, consuelo para animarte. Es el mapa del viajero, el bastón del peregrino, la brújula del piloto, la espada del soldado, el acta del cristiano.

Aquí el paraíso es restaurado, el cielo es abierto, las puertas del infierno reveladas.

Cristo es su gran sujeto. Nuestro bien es su diseño y la gloria de Dios es su propósito.

Debe llenar la memoria, gobernar el corazón, guiar los pies. Léela lentamente, con frecuencia y en oración.

Es una mina de riqueza, un paraíso de gloria, un río de placer. Te es dada en vida, será abierta en el juicio, será recordada para siempre. Conlleva la responsabilidad más alta, recompensa el trabajo más grande y condenará a todos los que jueguen con su contenido sagrado."

Esa es tu Palabra. La Palabra de Dios nos corrige porque estamos equivocados. Nos oxigena porque estamos vacíos. La necesitamos desesperadamente. Sin ella estamos desviados y vacíos.

Los Dos Fundamentos: La Respiración del Creyente

Inhalamos Biblia, Exhalamos Oración

Me gusta mucho una metáfora: la oración y la Palabra como las dos partes de la respiración de un ser humano.

Inhalamos y exhalamos para respirar. La oración y la Biblia deberían ser como nuestra respiración:

  • Inhalamos Biblia
  • Exhalamos oración

Es la respiración del creyente. Lo que Dios nos dice a través de su Palabra, lo que le decimos a Dios en oración, es lo que nos mantiene vivos. Es el fundamento de nuestro caminar.

La Pregunta Final

¿Cuántos de nosotros pensamos caminar la vida aguantando la respiración? No estamos respirando. No inhalamos su Palabra. No exhalamos oración. Nos vamos a morir.

Llamemos a Dios a que renueve nuestro gozo al ver su Palabra. Que abra nuestros ojos y nuestro entendimiento para atesorarla, para apreciarla, para buscarlo ahí con más ahínco, con más interés, con más devoción.

Que nuestra oración, Señor, sea sin cesar.