Crece como un Guayacán
Continue exploring
Connected by scripture or shared themes.
Crece como un Guayacán
Continue exploring
Connected by scripture or shared themes.
Tú estás completo en Cristo. Si tenemos a Jesús y le sumamos nada, lo tenemos todo. La iglesia del Señor crece y madura únicamente cuando echas raíces y se arraiga sobre la suficiencia de Cristo. Cuando empiezas a creer que todos los nutrientes que necesita mi vida, todo lo que necesito, se encuentra en Cristo Jesús.
Como iglesia hemos estado estudiando el libro de Efesios durante todo el año, buscando entender cómo nos lleva a la madurez y al crecimiento en Cristo. Nos desafía a crecer como individuos y a madurar como iglesia, tal como el Señor lo quiere para cada uno de nosotros.
En Efesios capítulo 1, versículos 3 al 14, encontramos acciones de Dios—verbos que muestran lo que Dios ha hecho. El apóstol Pablo enumera: "Dios nos ha bendecido, Dios nos ha escogido, Dios nos ha predestinado, Dios ha impartido en nosotros, Dios ha creado abundancia." Y ahora llegamos al séptimo verbo: reunir todas las cosas.
"Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo." (Efesios 1:9)
Un misterio no es un secreto que alguien quiere mantener oculto. Los misterios de Dios son invitaciones que el Señor hace para que nosotros descubramos, porque desea mostrarnos su corazón. A Dios le agradó—le placío—dar a conocer este misterio. No fue que alguien lo descubriera por sí solo; Dios toma la iniciativa.
"Para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo. Reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra." (Efesios 1:10)
Hubo un tiempo en el que este misterio estuvo oculto, no revelado. Pero ahora, en el tiempo de Pablo—y en el nuestro hoy—ha sido revelado.
La palabra "reunir" proviene del griego anacefalaioo, formada por dos palabras: ana, que significa "nuevamente", y cefalo, que significa "cabeza". Literalmente, significa traer todo bajo una sola cabeza.
Eso es lo que está diciendo Pablo: todo va a ser reunido bajo una sola cabeza, ¿y cuál es la cabeza? Cristo.
Miramos a nuestro alrededor y vemos un mundo fragmentado, dividido. En las familias vemos divisiones. En los matrimonios vemos conflicto. Las naciones están en guerra. Aún dentro de nosotros mismos estamos divididos—una parte quiere hacer el bien, otra quiere hacer el mal. Como Pablo dijo: "Lo bueno quiero hacer, pero no lo hago."
Vemos que el mundo sin Dios es un rompecabezas roto.
Pero Efesios 1:10 nos da la gran noticia: El plan maestro de Dios para la historia no es dejarnos en el caos, divididos y fragmentados. El plan es unir cada pedazo roto de la creación y ponerlo bajo una sola persona: Jesucristo. Cristo se convertirá en el centro de absolutamente todas las cosas.
Ahora surge la pregunta: ¿Cómo es que Cristo—o por qué Cristo—puede reunir todas las cosas? ¿Por qué Jesús puede ser el eje de toda la creación?
Para entender esto, debemos ir a la carta hermana de Efesios: Colosenses, también escrita en prisión.
Efesios nos muestra la gran meta de Dios: reunir todas las cosas. Pero Colosenses nos dice: "Quiero que conozcas aquel que va a reunir todas las cosas. Quiero que conozcas a Cristo, quiero que entiendas su persona y suficiencia absoluta."
Hemos desarrollado una costumbre curiosa. Cuando preparamos algo, decimos: "Le falta un poco de sal. Échale sal. Este postre necesita más azúcar. Échale más azúcar." Tendemos a pensar que algo le falta a lo que preparamos.
Cuando compras un teléfono celular, viene en su caja, pero luego dices: "Le falta algo." Así que compras un case para que se vea bonito. Luego dices: "Necesito audífonos." Y ahora resulta que ni los cargadores vienen incluidos—hay que comprarlos por separado.
Vivimos en un mundo de "adicionales", donde parece que nada viene completo por sí solo.
Y aquí está lo lamentable: sin darnos cuenta, a veces tratamos a Jesús de la misma manera.
Decimos: "Sí, Jesús está bien, pero le falta algo. Si incluyo esto a Jesús, si Jesús viene con provisión económica, si Jesús viene con salud, si Jesús viene con esta añadidura, entonces compro ese combo." Pero cuando ya tienes a Jesús y no te sientes completo, comenzamos a pensar que le falta algo a Jesús.
Pensamos en nuestra vida como si fuera una estantería llena de cosas. Aquí tengo todos mis sueños. Acá tengo mi familia, mi trabajo, mis pasatiempos, mis metas. Y acá, en una esquina, tengo a Jesús como un trofeo, como una póliza de seguro.
Decimos: "Tengo toda mi vida organizada y además ahora tengo a Jesús. He añadido a Jesús a mi vida." O peor aún, pensamos que a Jesús le falta algo y caemos en la idea de que necesitamos añadirle algo.
"Para ser verdaderamente cristiano, necesito a Jesús más cumplir ciertas reglas."
"Para sostener el perdón que me ha dado, necesito a Jesús más hacer buenas obras."
"Para obedecer verdaderamente al Señor, necesito a Jesús más una experiencia sobrenatural. Si tengo eso, entonces lo seguiré de cabeza."
"Si Jesús hace ese milagro que necesito, ahora sí voy con todo."
Beginamos a añadirle a Jesús algo más.
Pero el error es que no hemos entendido: si tenemos a Jesús y le sumamos nada, lo tenemos todo. Pero tú puedes tener absolutamente todo, pero sin Cristo tienes nada.
Esta palabra es como una espada de doble filo. Para quien nada tiene, decir "Si tienes a Cristo tienes todo" es una bendición. Pero para quien tiene muchos recursos, decir "Si no tienes a Cristo, tienes nada" puede parecer duro. Pero es la verdad bíblica.
La Biblia no nos presenta a Jesús como una app de descargas que dice: "Si descargas esta aplicación llamada Jesús, todo lo que en tu vida te hace falta, Jesús se convertirá en ese complemento perfecto."
Tampoco la palabra nos muestra a Jesús como algo que deberíamos simplemente involucrar en nuestras vidas.
A Jesús no se le añade absolutamente nada.
A veces decimos: "He tomado la decisión, voy a involucrar a Dios en mis planes." Eso suena bien, pero Satanás opera con sutileza. Dios no es alguien que se añade a tu vida. Dios no es alguien a quien llamas para que se involucre.
Lo que debemos hacer es decir: "Señor, aquí están mis planes. Me rindo a tu señorío, Cristo." Y Dios toma tus planes y te dice: "Esto ahora lo vamos a hacer juntos." A veces te dirá: "Esa idea que estás pensando, estás loco. Vas a destruir tu vida. Ni se te ocurra hacer esto."
Jesús no es un complemento. Jesús es la plenitud de todas las cosas.
Jesús no complementa tu vida—Jesús completa absolutamente toda tu vida. Jesús llena por completo tu vida. Cristo no es una pieza del rompecabezas, ni siquiera la pieza más importante. Cristo es todo el rompecabezas. Jesús es todo, mis hermanos.
"Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud." (Colosenses 1:19)
Lo que está diciendo Pablo es: toda la deidad de Dios, toda su gloria, toda su sustancia se encuentra en Cristo con toda su plenitud.
"Porque toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo." (Colosenses 2:9)
Cuando el Padre ve al Hijo, dice: "Este hombre me representa. Tiene toda mi gloria, toda mi sustancia, toda mi deidad, toda mi gloria se encuentra en él."
Porque toda la plenitud de Dios se encuentra en Cristo Jesús.
Entender esto va a hacer que dejemos de buscar en otro lugar. Cuando entiendes que en Jesús se encuentra la plenitud de absolutamente todo, dejarás de buscar en otro lugar, porque en Cristo habita absolutamente toda la plenitud.
Cuando Pablo escribía esto a la iglesia de Colosas, había falsos maestros que decían: "Sí, Jesús es bueno. Jesús es muy bueno. Pero si ustedes quieren realmente experimentar a Dios, necesitan filosofías secretas. Necesitan experiencias con ángeles, rituales especiales." Indirectamente estaban diciendo: "Jesús no es suficiente."
Y es ahí donde Pablo entra con esta palabra plenitud y dice: "Falsos maestros, dejen de pensar que Jesús necesita que se le añada algo. Jesús es suficiente porque en él habita absolutamente todo."
Todo el carácter de Dios, toda su santidad, todo su amor, toda su gracia se encuentran dentro de Jesucristo. No hay absolutamente nada que se haya quedado fuera de Jesús.
Por lo tanto, si Cristo es la plenitud y nosotros tenemos a Cristo, lo tenemos todo.
Qué bueno saber que no recibimos una muestra gratis de Dios, como en los supermercados. Dios pudo habernos dado una muestra, una versión de prueba. Pero no. Él se dio por completo a cada uno de nosotros.
Cuando entendemos esto, seremos capaces de dejar de buscar validación en cisternas rotas. Dejaremos de buscar nuestra identidad en redes sociales, en la gente, en el trabajo, en fuentes que se agotan.
Pero la fuente inagotable es Cristo Jesús. Es una fuente que sacia completamente y que es eterna.
Cuando empiezas a nutrirte de esa fuente, eres capaz de buscar tu identidad en él, tu seguridad en él, tu esperanza completamente en Cristo. No basado en lo que el mundo dice, sino entendiendo que tu identidad está completa porque estás unido a aquel que lo llena todo.
Cuando entendemos esto, empezamos a caminar con la plena seguridad de que absolutamente todo lo que necesitamos, el Señor nos lo ha dado.
"En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento." (Colosenses 2:3)
Vivimos en una era de muchísima información. Con un clic tenemos acceso a millones de datos. Nos enteramos de lo que pasa en cualquier parte del mundo. Pero el problema es que la abundancia de información ha producido una tremenda escasez de sabiduría.
Pablo nos recuerda que los verdaderos tesoros no están en las corrientes de moda, en las filosofías, en las opiniones populares o en las tendencias. Los verdaderos tesoros se encuentran en Jesucristo.
Alguien puede decir: "Pastor, estoy fascinado con la inteligencia artificial. Me escribe tres palabras y me hace todo. Es increíble todo el conocimiento que tiene."
Pero si te fascina tanto la inteligencia artificial, no has tocado y palpado la fuente inagotable de todo conocimiento y sabiduría que es Cristo.
La inteligencia artificial es una fuente que se agota. Llegará un día cuando se agote. Pero la suficiencia de Cristo es una fuente inagotable. Tú puedes llenarte de conocimiento, pero la sabiduría solo viene de él. La sabiduría solo proviene de él.
¿Por qué necesitamos entender que en él se encuentra toda la sabiduría? Porque llegará el día cuando no sepas cómo vivir. Cuando no sepas cómo perdonar a alguien que te lastimó. Cuando no tengas idea cómo amar a tu cónyuge después de que te hirió. Cuando no sepas cómo criar a tus hijos. Cuando no tengas idea cómo enfrentar el sufrimiento.
En esos momentos, vas a la fuente a través de la palabra y encuentras el camino para tomar mejores decisiones. A la luz de la palabra de Cristo, encuentras una fuente donde beber, una fuente donde no vas a volver a tener sed.
Tú puedes preguntar a cualquier fuente, pero esa fuente es un pozo, una cisterna rota. Se va a agotar. Pero cuando bebes del pozo de agua viva que es Cristo, empiezas a tener vida de verdad, vida en abundancia. De eso se trata cuando nos acercamos a Jesús.
"En quien tenemos redención, el perdón de pecados." (Colosenses 1:14)
"En Jesús, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud." (Colosenses 2:10)
Cristo es suficiente para tu salvación y la libertad que necesitas.
Aquí está el corazón del evangelio. La religión humana dice: "Sigue este listado de reglas. Completa esta lista de tareas. Si te esfuerzas más, tal vez Dios te reciba."
Pero ese no es el evangelio.
El evangelio dice todo lo contrario. Cristo Jesús ya hizo todo en la cruz. Él no pagó el 90% de tu deuda para que tú pagues el 10% en buenas obras. Cristo pagó el 100%. Él pagó por completo tu deuda.
Por eso Colosenses 2:10 dice en una frase asombrosa: "Ustedes están completos en él."
Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo. En Cristo se encuentra todo. Y ahora Pablo continúa diciendo: "Pero esa plenitud ustedes han recibido. Por eso ustedes están completos."
Querida iglesia, tú estás completo en Cristo.
Es importante que empieces a vivir esta realidad y esta verdad en tu vida.
Alguien puede decir: "Pastor, me siento muy lleno del Señor. Me siento muy lleno en este momento."
Gloria a Dios por eso. Pero tal vez alguien se está sintiendo: "Pastor, me siento vacío a pesar de tener a Jesús."
Lo que he aprendido es que no importa cómo me sienta, lo que importa es la verdad.
No estoy diciendo que las emociones no valen. Lo que digo es que más allá de cómo se sienta tu corazón—que es engañoso—lo importante es que fijes tu mirada en cuál es la verdad.
La verdad es que aunque te sientas vacío, si tienes al Señor, absolutamente todo se encuentra en ti.
Aún cuando en tu mejor momento te sientas tan lleno y digas: "Me siento tan bien, pastor," llegará un día cuando dejes de sentirte así o tengas un mal día. Pero Jesús sigue completando absolutamente todo en ti, porque él es la plenitud de todas las cosas.
Si pudiera resumir este mensaje en pocas palabras:
Jesús es suficiente. Cristo es suficiente.
No sé qué estés pasando en este momento de tu vida. No sé la circunstancia por la que estés viviendo. Pero quiero decirte:
Querido hermano, querida hermana, si no tienes idea hacia dónde ir, si no tienes idea qué hacer, corre hacia Cristo.
En él vas a encontrar todo lo que necesitas. Corre hacia Cristo y empieza a beber de la fuente inagotable de vida eterna.
No te garantizo que tus problemas van a desaparecer. No te garantizo que el Señor vaya a sanar tu enfermedad—aunque puede hacerlo y gloria a Dios si lo hace. Pero algo que puedo garantizarte es que en el momento que te acerques a él, empezarás a vivir verdaderamente. Pasarás de la muerte a la vida. De eso se trata.
No necesitamos añadir a Jesús nada más.
No necesitas la aprobación de la gente. Si tienes la aprobación de Dios, no necesitas la aprobación de los hombres.
No necesitas añadirle méritos a Jesús. No necesitas hacer cosas buenas para que Dios te ame. Si tienes a Jesús, eres amado por el Padre. No necesitas añadir absolutamente nada más.
No añadas a Jesús tus planes personales. Rinde tus planes al señorío de Cristo.
Estamos en una serie llamada "Crece como un Guayacán." El guayacán no es un árbol frágil ni improvisado. No es uno que crece como la maleza que aparece de la noche a la mañana. Para que sus flores amarillas deslumbren, para que su madera sea tan firme y resistente, el guayacán necesita raíces profundas.
No puede crecer hacia arriba si primero no está firmemente arraigado hacia abajo.
La iglesia no crece imitando las modas del mundo, ni confiando en sus propias fuerzas. La iglesia del Señor crece y madura únicamente cuando echas raíces y se arraiga sobre la suficiencia de Cristo.
Cuando empiezas a creer que todos los nutrientes que necesita mi vida, todo lo que necesito, se encuentra en Cristo Jesús.
Hay momentos en la vida donde vendrán situaciones, tempestades, problemas. Llegará el día cuando los recursos se agoten. Vendrán dificultades en tu familia, en tu trabajo, en todas partes.
Pero aquí está la diferencia: cuando tú has arraigado, cuando has echado raíces y estás cimentado sobre la roca, aunque venga todo esto—aunque quieran tambalear tu fe—no te van a poder derribar porque estás fundamentado sobre la roca más alta que es Cristo Jesús.
Esa es la diferencia, mis hermanos. Esa es la diferencia.
Puedes construir donde quieras echar raíces. Pero la palabra del Señor dice que aquel que edificó su casa sobre la arena, vinieron las dificultades, vinieron los problemas. Te engañaron y te dijeron: "Vente, te voy a enseñar una nueva religión, la nueva era." Y empezaste a confiar ahí y te golpeó y te derribó porque no habías echado raíces profundas sobre la suficiencia de Cristo.
Todo lo que necesitas para crecer espiritualmente, profesionalmente, laboralmente, familiarmente—todo lo que necesitas para crecer se encuentra en la suficiencia de Cristo.
Porque en Cristo está todo. Mi hermano, todo ha sido creado en él.
Y si todo ha sido creado en él, tenemos que echar raíces, raíces para estar fundamentados sobre Cristo.
Y eso va a marcar la diferencia.
Tú estás completo en Cristo. Si tenemos a Jesús y le sumamos nada, lo tenemos todo. La iglesia del Señor crece y madura únicamente cuando echas raíces y se arraiga sobre la suficiencia de Cristo. Cuando empiezas a creer que todos los nutrientes que necesita mi vida, todo lo que necesito, se encuentra en Cristo Jesús.
Como iglesia hemos estado estudiando el libro de Efesios durante todo el año, buscando entender cómo nos lleva a la madurez y al crecimiento en Cristo. Nos desafía a crecer como individuos y a madurar como iglesia, tal como el Señor lo quiere para cada uno de nosotros.
En Efesios capítulo 1, versículos 3 al 14, encontramos acciones de Dios—verbos que muestran lo que Dios ha hecho. El apóstol Pablo enumera: "Dios nos ha bendecido, Dios nos ha escogido, Dios nos ha predestinado, Dios ha impartido en nosotros, Dios ha creado abundancia." Y ahora llegamos al séptimo verbo: reunir todas las cosas.
"Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo." (Efesios 1:9)
Un misterio no es un secreto que alguien quiere mantener oculto. Los misterios de Dios son invitaciones que el Señor hace para que nosotros descubramos, porque desea mostrarnos su corazón. A Dios le agradó—le placío—dar a conocer este misterio. No fue que alguien lo descubriera por sí solo; Dios toma la iniciativa.
"Para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo. Reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra." (Efesios 1:10)
Hubo un tiempo en el que este misterio estuvo oculto, no revelado. Pero ahora, en el tiempo de Pablo—y en el nuestro hoy—ha sido revelado.
La palabra "reunir" proviene del griego anacefalaioo, formada por dos palabras: ana, que significa "nuevamente", y cefalo, que significa "cabeza". Literalmente, significa traer todo bajo una sola cabeza.
Eso es lo que está diciendo Pablo: todo va a ser reunido bajo una sola cabeza, ¿y cuál es la cabeza? Cristo.
Miramos a nuestro alrededor y vemos un mundo fragmentado, dividido. En las familias vemos divisiones. En los matrimonios vemos conflicto. Las naciones están en guerra. Aún dentro de nosotros mismos estamos divididos—una parte quiere hacer el bien, otra quiere hacer el mal. Como Pablo dijo: "Lo bueno quiero hacer, pero no lo hago."
Vemos que el mundo sin Dios es un rompecabezas roto.
Pero Efesios 1:10 nos da la gran noticia: El plan maestro de Dios para la historia no es dejarnos en el caos, divididos y fragmentados. El plan es unir cada pedazo roto de la creación y ponerlo bajo una sola persona: Jesucristo. Cristo se convertirá en el centro de absolutamente todas las cosas.
Ahora surge la pregunta: ¿Cómo es que Cristo—o por qué Cristo—puede reunir todas las cosas? ¿Por qué Jesús puede ser el eje de toda la creación?
Para entender esto, debemos ir a la carta hermana de Efesios: Colosenses, también escrita en prisión.
Efesios nos muestra la gran meta de Dios: reunir todas las cosas. Pero Colosenses nos dice: "Quiero que conozcas aquel que va a reunir todas las cosas. Quiero que conozcas a Cristo, quiero que entiendas su persona y suficiencia absoluta."
Hemos desarrollado una costumbre curiosa. Cuando preparamos algo, decimos: "Le falta un poco de sal. Échale sal. Este postre necesita más azúcar. Échale más azúcar." Tendemos a pensar que algo le falta a lo que preparamos.
Cuando compras un teléfono celular, viene en su caja, pero luego dices: "Le falta algo." Así que compras un case para que se vea bonito. Luego dices: "Necesito audífonos." Y ahora resulta que ni los cargadores vienen incluidos—hay que comprarlos por separado.
Vivimos en un mundo de "adicionales", donde parece que nada viene completo por sí solo.
Y aquí está lo lamentable: sin darnos cuenta, a veces tratamos a Jesús de la misma manera.
Decimos: "Sí, Jesús está bien, pero le falta algo. Si incluyo esto a Jesús, si Jesús viene con provisión económica, si Jesús viene con salud, si Jesús viene con esta añadidura, entonces compro ese combo." Pero cuando ya tienes a Jesús y no te sientes completo, comenzamos a pensar que le falta algo a Jesús.
Pensamos en nuestra vida como si fuera una estantería llena de cosas. Aquí tengo todos mis sueños. Acá tengo mi familia, mi trabajo, mis pasatiempos, mis metas. Y acá, en una esquina, tengo a Jesús como un trofeo, como una póliza de seguro.
Decimos: "Tengo toda mi vida organizada y además ahora tengo a Jesús. He añadido a Jesús a mi vida." O peor aún, pensamos que a Jesús le falta algo y caemos en la idea de que necesitamos añadirle algo.
"Para ser verdaderamente cristiano, necesito a Jesús más cumplir ciertas reglas."
"Para sostener el perdón que me ha dado, necesito a Jesús más hacer buenas obras."
"Para obedecer verdaderamente al Señor, necesito a Jesús más una experiencia sobrenatural. Si tengo eso, entonces lo seguiré de cabeza."
"Si Jesús hace ese milagro que necesito, ahora sí voy con todo."
Beginamos a añadirle a Jesús algo más.
Pero el error es que no hemos entendido: si tenemos a Jesús y le sumamos nada, lo tenemos todo. Pero tú puedes tener absolutamente todo, pero sin Cristo tienes nada.
Esta palabra es como una espada de doble filo. Para quien nada tiene, decir "Si tienes a Cristo tienes todo" es una bendición. Pero para quien tiene muchos recursos, decir "Si no tienes a Cristo, tienes nada" puede parecer duro. Pero es la verdad bíblica.
La Biblia no nos presenta a Jesús como una app de descargas que dice: "Si descargas esta aplicación llamada Jesús, todo lo que en tu vida te hace falta, Jesús se convertirá en ese complemento perfecto."
Tampoco la palabra nos muestra a Jesús como algo que deberíamos simplemente involucrar en nuestras vidas.
A Jesús no se le añade absolutamente nada.
A veces decimos: "He tomado la decisión, voy a involucrar a Dios en mis planes." Eso suena bien, pero Satanás opera con sutileza. Dios no es alguien que se añade a tu vida. Dios no es alguien a quien llamas para que se involucre.
Lo que debemos hacer es decir: "Señor, aquí están mis planes. Me rindo a tu señorío, Cristo." Y Dios toma tus planes y te dice: "Esto ahora lo vamos a hacer juntos." A veces te dirá: "Esa idea que estás pensando, estás loco. Vas a destruir tu vida. Ni se te ocurra hacer esto."
Jesús no es un complemento. Jesús es la plenitud de todas las cosas.
Jesús no complementa tu vida—Jesús completa absolutamente toda tu vida. Jesús llena por completo tu vida. Cristo no es una pieza del rompecabezas, ni siquiera la pieza más importante. Cristo es todo el rompecabezas. Jesús es todo, mis hermanos.
"Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud." (Colosenses 1:19)
Lo que está diciendo Pablo es: toda la deidad de Dios, toda su gloria, toda su sustancia se encuentra en Cristo con toda su plenitud.
"Porque toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo." (Colosenses 2:9)
Cuando el Padre ve al Hijo, dice: "Este hombre me representa. Tiene toda mi gloria, toda mi sustancia, toda mi deidad, toda mi gloria se encuentra en él."
Porque toda la plenitud de Dios se encuentra en Cristo Jesús.
Entender esto va a hacer que dejemos de buscar en otro lugar. Cuando entiendes que en Jesús se encuentra la plenitud de absolutamente todo, dejarás de buscar en otro lugar, porque en Cristo habita absolutamente toda la plenitud.
Cuando Pablo escribía esto a la iglesia de Colosas, había falsos maestros que decían: "Sí, Jesús es bueno. Jesús es muy bueno. Pero si ustedes quieren realmente experimentar a Dios, necesitan filosofías secretas. Necesitan experiencias con ángeles, rituales especiales." Indirectamente estaban diciendo: "Jesús no es suficiente."
Y es ahí donde Pablo entra con esta palabra plenitud y dice: "Falsos maestros, dejen de pensar que Jesús necesita que se le añada algo. Jesús es suficiente porque en él habita absolutamente todo."
Todo el carácter de Dios, toda su santidad, todo su amor, toda su gracia se encuentran dentro de Jesucristo. No hay absolutamente nada que se haya quedado fuera de Jesús.
Por lo tanto, si Cristo es la plenitud y nosotros tenemos a Cristo, lo tenemos todo.
Qué bueno saber que no recibimos una muestra gratis de Dios, como en los supermercados. Dios pudo habernos dado una muestra, una versión de prueba. Pero no. Él se dio por completo a cada uno de nosotros.
Cuando entendemos esto, seremos capaces de dejar de buscar validación en cisternas rotas. Dejaremos de buscar nuestra identidad en redes sociales, en la gente, en el trabajo, en fuentes que se agotan.
Pero la fuente inagotable es Cristo Jesús. Es una fuente que sacia completamente y que es eterna.
Cuando empiezas a nutrirte de esa fuente, eres capaz de buscar tu identidad en él, tu seguridad en él, tu esperanza completamente en Cristo. No basado en lo que el mundo dice, sino entendiendo que tu identidad está completa porque estás unido a aquel que lo llena todo.
Cuando entendemos esto, empezamos a caminar con la plena seguridad de que absolutamente todo lo que necesitamos, el Señor nos lo ha dado.
"En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento." (Colosenses 2:3)
Vivimos en una era de muchísima información. Con un clic tenemos acceso a millones de datos. Nos enteramos de lo que pasa en cualquier parte del mundo. Pero el problema es que la abundancia de información ha producido una tremenda escasez de sabiduría.
Pablo nos recuerda que los verdaderos tesoros no están en las corrientes de moda, en las filosofías, en las opiniones populares o en las tendencias. Los verdaderos tesoros se encuentran en Jesucristo.
Alguien puede decir: "Pastor, estoy fascinado con la inteligencia artificial. Me escribe tres palabras y me hace todo. Es increíble todo el conocimiento que tiene."
Pero si te fascina tanto la inteligencia artificial, no has tocado y palpado la fuente inagotable de todo conocimiento y sabiduría que es Cristo.
La inteligencia artificial es una fuente que se agota. Llegará un día cuando se agote. Pero la suficiencia de Cristo es una fuente inagotable. Tú puedes llenarte de conocimiento, pero la sabiduría solo viene de él. La sabiduría solo proviene de él.
¿Por qué necesitamos entender que en él se encuentra toda la sabiduría? Porque llegará el día cuando no sepas cómo vivir. Cuando no sepas cómo perdonar a alguien que te lastimó. Cuando no tengas idea cómo amar a tu cónyuge después de que te hirió. Cuando no sepas cómo criar a tus hijos. Cuando no tengas idea cómo enfrentar el sufrimiento.
En esos momentos, vas a la fuente a través de la palabra y encuentras el camino para tomar mejores decisiones. A la luz de la palabra de Cristo, encuentras una fuente donde beber, una fuente donde no vas a volver a tener sed.
Tú puedes preguntar a cualquier fuente, pero esa fuente es un pozo, una cisterna rota. Se va a agotar. Pero cuando bebes del pozo de agua viva que es Cristo, empiezas a tener vida de verdad, vida en abundancia. De eso se trata cuando nos acercamos a Jesús.
"En quien tenemos redención, el perdón de pecados." (Colosenses 1:14)
"En Jesús, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud." (Colosenses 2:10)
Cristo es suficiente para tu salvación y la libertad que necesitas.
Aquí está el corazón del evangelio. La religión humana dice: "Sigue este listado de reglas. Completa esta lista de tareas. Si te esfuerzas más, tal vez Dios te reciba."
Pero ese no es el evangelio.
El evangelio dice todo lo contrario. Cristo Jesús ya hizo todo en la cruz. Él no pagó el 90% de tu deuda para que tú pagues el 10% en buenas obras. Cristo pagó el 100%. Él pagó por completo tu deuda.
Por eso Colosenses 2:10 dice en una frase asombrosa: "Ustedes están completos en él."
Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo. En Cristo se encuentra todo. Y ahora Pablo continúa diciendo: "Pero esa plenitud ustedes han recibido. Por eso ustedes están completos."
Querida iglesia, tú estás completo en Cristo.
Es importante que empieces a vivir esta realidad y esta verdad en tu vida.
Alguien puede decir: "Pastor, me siento muy lleno del Señor. Me siento muy lleno en este momento."
Gloria a Dios por eso. Pero tal vez alguien se está sintiendo: "Pastor, me siento vacío a pesar de tener a Jesús."
Lo que he aprendido es que no importa cómo me sienta, lo que importa es la verdad.
No estoy diciendo que las emociones no valen. Lo que digo es que más allá de cómo se sienta tu corazón—que es engañoso—lo importante es que fijes tu mirada en cuál es la verdad.
La verdad es que aunque te sientas vacío, si tienes al Señor, absolutamente todo se encuentra en ti.
Aún cuando en tu mejor momento te sientas tan lleno y digas: "Me siento tan bien, pastor," llegará un día cuando dejes de sentirte así o tengas un mal día. Pero Jesús sigue completando absolutamente todo en ti, porque él es la plenitud de todas las cosas.
Si pudiera resumir este mensaje en pocas palabras:
Jesús es suficiente. Cristo es suficiente.
No sé qué estés pasando en este momento de tu vida. No sé la circunstancia por la que estés viviendo. Pero quiero decirte:
Querido hermano, querida hermana, si no tienes idea hacia dónde ir, si no tienes idea qué hacer, corre hacia Cristo.
En él vas a encontrar todo lo que necesitas. Corre hacia Cristo y empieza a beber de la fuente inagotable de vida eterna.
No te garantizo que tus problemas van a desaparecer. No te garantizo que el Señor vaya a sanar tu enfermedad—aunque puede hacerlo y gloria a Dios si lo hace. Pero algo que puedo garantizarte es que en el momento que te acerques a él, empezarás a vivir verdaderamente. Pasarás de la muerte a la vida. De eso se trata.
No necesitamos añadir a Jesús nada más.
No necesitas la aprobación de la gente. Si tienes la aprobación de Dios, no necesitas la aprobación de los hombres.
No necesitas añadirle méritos a Jesús. No necesitas hacer cosas buenas para que Dios te ame. Si tienes a Jesús, eres amado por el Padre. No necesitas añadir absolutamente nada más.
No añadas a Jesús tus planes personales. Rinde tus planes al señorío de Cristo.
Estamos en una serie llamada "Crece como un Guayacán." El guayacán no es un árbol frágil ni improvisado. No es uno que crece como la maleza que aparece de la noche a la mañana. Para que sus flores amarillas deslumbren, para que su madera sea tan firme y resistente, el guayacán necesita raíces profundas.
No puede crecer hacia arriba si primero no está firmemente arraigado hacia abajo.
La iglesia no crece imitando las modas del mundo, ni confiando en sus propias fuerzas. La iglesia del Señor crece y madura únicamente cuando echas raíces y se arraiga sobre la suficiencia de Cristo.
Cuando empiezas a creer que todos los nutrientes que necesita mi vida, todo lo que necesito, se encuentra en Cristo Jesús.
Hay momentos en la vida donde vendrán situaciones, tempestades, problemas. Llegará el día cuando los recursos se agoten. Vendrán dificultades en tu familia, en tu trabajo, en todas partes.
Pero aquí está la diferencia: cuando tú has arraigado, cuando has echado raíces y estás cimentado sobre la roca, aunque venga todo esto—aunque quieran tambalear tu fe—no te van a poder derribar porque estás fundamentado sobre la roca más alta que es Cristo Jesús.
Esa es la diferencia, mis hermanos. Esa es la diferencia.
Puedes construir donde quieras echar raíces. Pero la palabra del Señor dice que aquel que edificó su casa sobre la arena, vinieron las dificultades, vinieron los problemas. Te engañaron y te dijeron: "Vente, te voy a enseñar una nueva religión, la nueva era." Y empezaste a confiar ahí y te golpeó y te derribó porque no habías echado raíces profundas sobre la suficiencia de Cristo.
Todo lo que necesitas para crecer espiritualmente, profesionalmente, laboralmente, familiarmente—todo lo que necesitas para crecer se encuentra en la suficiencia de Cristo.
Porque en Cristo está todo. Mi hermano, todo ha sido creado en él.
Y si todo ha sido creado en él, tenemos que echar raíces, raíces para estar fundamentados sobre Cristo.
Y eso va a marcar la diferencia.