← Back to sermons

Sirviéndose unos a otros

Serie: Los siete consejos para la familia

Watch on YouTube →
Church
Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de IsraelBaptistSan Salvador, El Salvador
Date
Tuesday 14th July 2026
Read time
7 min
Language
Spanish

Scriptures

Galatians 5:13Mark 10:45John 13:3-5John 13:14-15

Tags

Categories

Family LifeChristian LivingBiblical Teaching

Bible Characters

Jesus

Key Takeaways

  • Serving one another is an expression of genuine love, not obligation.
  • A strong family is built when each member focuses on serving others rather than being served.
  • Jesus is our example of humble service; leaders in church and home must follow His pattern.
  • Small acts of service—washing dishes, helping with chores, words of encouragement—demonstrate love to family members.
  • Overcoming pride with love is essential; ask daily, 'What can I do to bless my family?' rather than 'What will they do for me?'
  • When family members work in agreement and harmony, serving complementary roles, peace and strength result.
  • Teaching children through example of service is more effective than mere instruction.
  • Service in the home strengthens families more than money, comfort, or material possessions ever could.

Need another language?

Checking translation support for this browser...
In this sermon

Sirviéndose unos a otros

¿Cuántos se sienten gozosos de estar en la casa de Dios? Hemos estado aprendiendo sobre una serie de los siete consejos para la familia, y hoy vamos a cerrar esa serie con un tema muy bonito: sirviéndose unos a otros.

El llamado a servir

Vamos a leer Gálatas 5:13:

"Porque vosotros, hermanos, a libertad fuiste llamados, solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros."

La nueva traducción viviente lo expresa así:

"Pues ustedes, mis hermanos, han sido llamados a vivir en libertad, pero no usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa. Al contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor."

No importa cuál versión leamos, siempre llegamos al mismo concepto: tenemos que servir a otros por amor.

En la iglesia casi a nadie nos cuesta servir. Nos echamos la sonrisa y la buena disposición. Pero cuando llegamos a casa... es diferente. ¿Por qué? Porque muchas veces llegamos cansados. Porque vivimos en una sociedad que nos promueve lo individual: "Piensa en ti, piensa en tus cosas, defiende tus derechos."

Pero una familia fuerte no se construye cuando cada uno busca ser servido, sino cuando cada uno nos dedicamos a servir a otros, especialmente en nuestros propios hogares.

El verdadero problema de nuestras familias

El verdadero problema en muchos de nuestros hogares no es la falta de dinero, ni la falta de tiempo, ni la falta de comodidades. El problema es que solo queremos recibir, pero no queremos dar.

A veces nuestras abuelitas decían: "Esa persona es bien asadona." Significa que solo quiere para dentro, solo para ella misma. Pero el Señor cambió completamente este concepto. Él nos enseñó que la verdadera grandeza está en servir.

A veces llegamos cansados del trabajo y quisiéramos solo dormir. Pero cuando nuestros hijos nos piden, "¿Y vas a cocinar?", algo en nuestro corazón se mueve. Y aunque lo hagamos de mala gana, cuando nos dicen "Gracias, mamita", esa satisfacción no tiene precio.

Jesús, nuestro ejemplo

Vamos a Marcos 10:45:

"Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos."

¿Daría usted su vida por otro? Por un hijo, tal vez sí. Pero Jesús lo hizo por todos nosotros.

Mira a Juan 13:3-5:

"Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena y se quitó su manto y tomando una toalla se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjuagarlos con la toalla con que estaba ceñido."

Jesús sirvió. Y no solo enseñó, sino que practicó el servicio. En Juan 13:14-15 dice:

"Pues sí, yo, el Señor y el maestro, he lavado vuestros pies. Vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que como yo he hecho vosotros, también."

No hay duda: tenemos que servir los unos a los otros, y nuestro ejemplo es Cristo.

Tres verdades sobre el servicio

El servicio es una expresión del amor verdadero. El Señor se sacrificó por nosotros. Cuando servimos, no es por obligación; es porque el amor nos motiva. Cuando quieres a una persona, te preocupas por ella, estás pendiente de ella, la buscas.

¿Se ha preguntado usted realmente cómo puede ayudar en casa? ¿Qué necesita su esposa hoy? ¿Qué necesitan sus hijos? A veces estamos tan ocupados que ni les preguntamos qué necesitan.

Son cosas sencillas pero tan poderosas: lavar platos, lavar el carro, tostarte una tortilla, barrer el patio. Pequeños gestos que demuestran que pensamos en alguien más.

¿Cómo vencemos el orgullo con el amor? A veces el orgullo nos dice: "¿Para qué plancho si total ni arreglan la ropa?" O: "¿Para qué ayudo si ni me lo agradecen?" El orgullo nos gana frecuentemente, y se nos olvida que la palabra del Señor nos manda servir por amor.

Un esposo demuestra amor cuando ayuda en casa. Una esposa demuestra amor cuando anima a su esposo. Los hijos demuestran amor obedeciendo. Todos tenemos tarea, sin importar nuestra edad o estado civil.

La ventaja más grande es que cuando servimos con amor, todos ganamos. Podemos tener solo dos plátanos y frijoles, pero si estamos en paz y armonía, lo disfrutamos. Una pareja que cumplió 50 años de matrimonio reveló su secreto: cada mañana se preguntaban: "¿Qué puedo hacer hoy para hacer más feliz a mi esposa/esposo?" No se preguntaban qué haría el otro por ellos, sino qué harían ellos por el otro.

Lecciones prácticas para el hogar

Mi hijo me enseñó una lección hace poco. Le pedí que revisara el techo porque había una iguana en nuestro cielo falso. Él cambió todo el baño mientras lo hacía. Cuando le dije algo sobre la iguana, me dijo: "Mire, vea todo lo bueno que hice." Me golpeó en el corazón. ¿Cuántas veces no vemos lo bueno que otros hacen por nosotros?

Tal vez el atol fue muy simple, pero lo hicieron pensando en ti. Tal vez barrieron pero dejaron las hojas al centro, pero lo intentaron. Tal vez te recogieron la basura pero no la sacaron. El amor deja de pensar: "¿Qué están haciendo por mí?" y comienza a pensar: "¿Qué puedo hacer por mi familia?"

Hemos hecho sacrificios por nuestra familia. Tal vez dejaste de comprarte zapatos para que tus hijos tuvieran. Tal vez dejaste de comprarte los rines que querías porque tu esposa necesitaba arreglar la cocina. Esos esfuerzos nos enseñan cómo amar.

El servicio fortalece la familia

Nuestros hijos aprenden más por lo que ven que por lo que escuchan. Si les enseñamos egoísmo, aprenderán egoísmo. Pero si les enseñamos a servir con amor, aprenderán a servir con amor.

El mejor padre no es el autoritario; es el que sirve a sus hijos. La mejor madre no es solo la que cocina; es la que ora por sus hijos. Los mejores hijos no son solo los que sacan buenas notas; son los que honran y obedecen.

Pongamos de acuerdo. Si uno barre y otro lava los platos, si hay canje, hay paz. Pero si no nos ponemos de acuerdo, seguiremos remando para todos lados. Nuestra familia es un equipo. Si uno quiere remar para un lado y otro para otro, no avanzamos.

Pasos prácticos para esta semana

Vamos a intentar algo esta semana:

  • El esposo puede ayudar en la casa: lavar platos, barrer, sacar la basura.
  • Si la esposa preparó frijoles salados, dígale que estaban ricos.
  • La esposa puede expresar palabras de ánimo: "Viejito, vas a ver, te van a dar el trabajo," en lugar de desanimar.
  • La familia puede reunirse a orar y dar gracias a Dios juntos, en el carro, en el bus, donde sea.

Toda la familia puede aprender a servir con el ejemplo.

Conclusión

Nuestra familia no va a prosperar porque tenga más dinero, más comodidades o una casa más grande. Tenemos que enfrentar problemas todos. Pero va a prosperar porque cada uno de nosotros va a decidir vivir con Cristo.

Cuando dejemos de preguntarnos, "¿Y quién me va a servir? ¿Quién me va a cocinar? ¿Quién me va a planchar?" y comencemos a preguntarnos, "¿A quién le puedo servir hoy?" —ahí cambia todo.

Tal vez los plátanos salgan quemados. Tal vez nadie nos lo agradezca. Pero hagámoslo como si lo hiciéramos para el Señor. Porque Él nos amó primero. Él pagó en una cruz por cada uno de nosotros. Ese fue un acto de servicio para que tuviéramos vida eterna.

Examínate hoy: ¿Estoy sirviendo a mi familia? ¿Estoy siguiendo el ejemplo del Señor? ¿Hay alguien en casa a quien le debo pedir perdón? ¿Con quién me ganó el orgullo?

Si cada uno de nosotros practicamos Gálatas 5:13, nuestros hogares van a ser más fuertes, más unidos y estarán llenos de la presencia del Señor.

Un llamado a entregar tu vida a Cristo

Si estás aquí y sientes que tu matrimonio ya no va, que tus hijos no te saludan, que ya no hay comunicación, te invito a practicar el servicio en tu familia sin esperar nada a cambio. Y si aún no has recibido al Señor en tu corazón, hoy es el día. Repite esta oración:

Señor Jesús, yo te recibo hoy como mi único y suficiente salvador personal. Creo que eres Dios, que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste al tercer día. Perdona, Señor, salva mi alma hoy en Cristo Jesús, mi salvador. Amén.

Si hiciste esta oración, busca al Señor, busca una iglesia, congrégate, lee la palabra. Porque Dios siempre nos da nuevas oportunidades.