Una Promesa Me Está Esperando
Cómo activar las promesas de Dios en tu vida
- Preacher
- John Espinosa
- Church
- Misión Carismática InternacionalCharismaticBogotá, Colombia
- Date
- Wednesday 3rd June 2026
- Read time
- 8 min
- Language
- Spanish
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Una Promesa Me Está Esperando
La Historia de Zacarías y Elizabeth
Nuestro texto base se encuentra en Lucas 1:5-13, donde vemos a un sacerdote llamado Zacarías y su esposa Elizabeth. Ambos eran justos delante de Dios, irreprensibles en todos los mandamientos, pero enfrentaban una realidad devastadora: no tenían hijo porque Elizabeth era estéril, y ambos eran de edad avanzada.
Todo estaba en contra de ellos. Las circunstancias no favorecían. Sin embargo, cuando Zacarías entró al templo para ofrecer incienso, Dios lo sorprendió con una promesa. El ángel le dijo: "Tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabeth dará a luz un hijo."
Primera Lección: Nunca Dudes de una Promesa
Las circunstancias no determinan los milagros que Dios puede hacer en tu vida. La mayoría de las promesas llegan precisamente cuando todo está en tu contra, cuando parece imposible, cuando el mundo quiere que desistas.
Zacarías y Elizabeth oraban durante años. Sus oraciones habían sido escuchadas, aunque no veían respuesta. Pero Dios tenía una cita establecida para ellos. Cuando Dios te convoca al templo, hay una respuesta para ti. No puede ser algo forzado; es porque Dios tiene algo preparado.
Mira lo que el ángel le dijo: "Gózate y alégrate." Zacarías no tenía a su hijo en las manos. Elizabeth ni siquiera estaba embarazada. Pero cuando alguien tiene la promesa, su actitud demuestra lo que ha recibido sin tenerlo.
El problema es que muchos oran pero no creen lo que oran. Es como orar para que no llueva mientras llevas la sombrilla. ¿De qué sirve orar algo si en tu interior ni siquiera lo crees? Si realmente no crees que tus oraciones tendrán efecto, es mejor no orar.
Cuando Zacarías dudó, el Señor le dijo: "¿Sabes qué? Cállate. Tú no edificas con lo que hablas." La duda debe ser silenciada cuando tienes una promesa confirmada.
Segunda Lección: El Tamaño de tu Entrega Determina el Tamaño de tu Promesa
Las promesas no se activan solas. Esta es una verdad incómoda que muchos no quieren escuchar.
La Biblia está llena de promesas. Hay personas que tienen las promesas escritas en su habitación, en la puerta de su casa, memorizadas, pero siguen siendo las mismas personas de siempre. ¿Por qué? Porque todas las promesas están a tu alcance, pero la promesa se activa en la medida en que tú te muevas para que esa promesa se haga real.
Repetir una promesa no hará que se cumpla. Memorizarla no hará que se cumpla. Dios no respalda las intenciones de sus hijos; Dios solamente respalda las acciones de sus hijos. Ninguna persona con buena intención obtuvo buenos milagros. Jamás. Todas las personas que experimentaron milagros tuvieron que dar pasos.
El Ejemplo de Eliseo
En 1 Reyes 19:19, vemos a Eliseo arando la tierra con doce yuntas de bueyes. Estaba esperando, anhelaba la promesa que transformaría su destino. Cuando Elías vino y puso su manto sobre él, eso era lo que Eliseo necesitaba: la promesa, la decisión que tenía que tomar.
Pero mira lo que hizo Eliseo. La palabra dice: "Eliseo corrió." No solo recibió la promesa; corrió hacia ella.
Elías nunca le dijo: "Tienes que renunciar. Tienes que despedirte. Tienes que hacer esto." Nunca. Pero cuando Eliseo recibió la promesa, la promesa le trajo convicción. Esa convicción lo llevó a tomar decisiones radicales.
Eliseo tomó los bueyes que eran toda su vida, su sustento, su futuro económico. Los sacrificó. Con el arado hizo una fogata y los quemó. ¿Quién le dijo que hiciera eso? Nadie. Pero cuando tienes una promesa, viene con la convicción del respaldo de Dios, de su provisión, de que tu futuro está en sus manos.
Noarraste más la tierra esperando. Recibiste la promesa y actuaste sobre ella. Si tú no corres, la promesa no se activa. Es una convicción: mi llamado es de Dios. Esto solo Dios puede colocarlo en ti.
Puede que leas mil promesas de Dios de largo porque no han sido tuyas. Ves a Elías, a Abraham, a Pablo viviendo sus promesas, pero dices: "Eso es para ellos." No es tuya hasta que tus acciones demuestren que en realidad es tuya.
Tercera Lección: Una Promesa Requiere Caminar por el Valle del Proceso
Lo que Dios tiene para ti es muy grande, pero no es algo barato. Hay un proceso porque hay una promesa. El proceso es lo que forma para el cumplimiento de la promesa.
Todos queremos promesas bonitas, pero no queremos el proceso que Dios tiene que hacer con nosotros. Cuando compras un tiquete aéreo, no estás pagando solo que te pongan de Bogotá a Barranquilla. Estás pagando el trayecto, el recorrido. El valor que Dios le da a una persona no es llegar allá; es el trayecto.
Ves a alguien que llega y dices: "Wow, qué bonito, qué chévere." Pero desconoces el trayecto: las lágrimas, el proceso, el quebrantamiento, el desprendimiento, todo lo que tuvo que pasar. El valor es el trayecto.
El Viaje de Eliseo
En 2 Reyes 2, Eliseo camina pegado a Elías. Pasan por Gilgal, el primer lugar donde Israel entró a la tierra prometida: desprenderse del pasado e iniciar una nueva etapa. Pero empezar una nueva etapa es empezar un proceso.
Tu promesa es un proceso. Tener la promesa no significa que ya se logró todo. La promesa es el inicio de un proceso. Es el inicio de vivir, de pelear, de luchar.
En el camino, 50 profetas le dicen a Eliseo: "Tu Señor va a ser quitado de ti. ¿Para qué sigues allí?" Muchas voces van a venir tratando de desviar tu promesa.
Cuando tienes una promesa, debes aprender a identificar la voz de Dios. Porque cuando escuchas otras voces—profecías genéricas, predicciones vagas—terminas decepcionado. Pero cuando Dios te habla directamente, cuando Dios te da una promesa, eso es tu profeta.
Debes aprender a valorar la voz de Dios. Si no valoras lo que Dios te dice, ¿cómo esperas que continúe hablándote? La Biblia dice: "Te enseñaré secretos escondidos y tesoros muy guardados." Cuando aprendes a identificar esa voz, puedes pasar por el valle mirando la promesa, siempre mirando la promesa, sabiendo que puedes atravesar cualquier cosa mientras tus ojos estén puestos en ella.
La Advertencia de Taré
Hay una palabra poderosa en la historia de Taré, padre de Abraham. Cuando salieron hacia Canaán, la tierra prometida, Taré se quedó en Arán. Su hijo Arán había muerto, y el dolor lo paralizó. Aunque tenía una promesa, el dolor no lo dejó avanzar.
Muchas personas tienen una promesa pero no están dispuestas a pasar el proceso. Hay muchos a mitad del proceso que prefieren quedarse ahí que seguir caminando hasta ver el cumplimiento.
Taré murió en Arán, nunca vio la tierra prometida. Pero esta es la verdad: toda promesa siempre será mayor que lo que tú puedas entregar. Todo lo que des mientras llegas a recibir la promesa será tan insignificante comparado con lo que recibirás que lo olvidarás.
Olvidarás el proceso, el dolor, la circunstancia, la prueba, la necesidad. Cuando recibas la promesa en tus manos, dirás: "Valió la pena el proceso que viví. Si no lo hubiera vivido, no podría tener esto en mis manos."
Dios siempre te da más de lo que puedas entregar. Lo mínimo será 100 veces más, dice la palabra. Dios nunca quedará en deuda contigo. Dios nunca te deberá nada.
Cuarta Lección: Una Promesa Requiere una Vasija Nueva
En 2 Reyes 2:19-21, los hombres de la ciudad le dijeron a Eliseo: "El lugar es bueno, pero las aguas son malas y la tierra es estéril."
Eliseo respondió: "Traed una vasija nueva y poned en ella sal." Salió al manantial, echó la sal, y dijo: "Así ha dicho Jehová, yo sané estas aguas. No habrá más en ella muerte ni enfermedad." Y fueron sanas las aguas.
La promesa requiere una vasija nueva. El problema no era la tierra. El problema no eran las aguas. El problema era la vasija.
Puedes recibir un sinnúmero de promesas cada fin de semana en las reuniones, en la iglesia. Pero si la vasija no es nueva, si no eres transformado, si no cambias, no pasa nada. Seguirás viviendo 1 año, 2 años, 5, 10, y seguirás igual.
¿Sabes que no es un cumplido que alguien te diga después de 15 años: "Sigues siendo la misma persona de hace 15 años"? No te sientas bien con eso. Lo bueno es que te digan: "Te veo tan diferente a como te veía hace 15 años. Te veo rejuvenecido, próspero, con un ministerio transformado."
La vasija tiene que ser cambiada. Cuando la vasija es cambiada y se le echa la sal, y va al manantial, todas las aguas cambian.
Una Vasija puede Transformar Naciones
Algunas veces pretendemos que todo el mundo cambie. Pero mira lo que pasó: una vasija nueva fue suficiente. Una vasija, solo uno, puede hacer que una promesa transforme todo.
"Haré de ti una nación grande. Engrandeceré tu nombre y serás bendición." Una persona. Una persona puede hacer que esa promesa transforme naciones enteras.
A veces se nos olvida que nosotros podemos ser ese uno. Tú puedes ser esa vasija. No sigas quejándote de que todo está mal, todo está terrible, todo es lo peor. Una vasija. Solo uno.
Dedícate a hacer lo que tienes que hacer. Toma la promesa que Dios te dio. Somos aquí por una vasija que fue nuestro pastor César. Una vasija. Una célula. Todos aquí estamos conectados por una vasija.
Lo que nos ha enseñado es que yo puedo ser esa vasija. Usted puede ser esa. Cualquiera puede ser esa vasija. Y si salimos de aquí entendiendo eso, una sola vasija puede cambiar todo.
La Biblia dice: "Y estas aguas se convirtieron en sanidad y nunca más volvieron a ser las mismas."
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