Venciendo La Tradición
Una Iglesia Para Todo El Mundo
- Preacher
- Sebastián Monterroso
- Church
- Iglesia Vida RealEvangelicalCiudad de Guatemala, Guatemala
- Date
- Wednesday 1st July 2026
- Read time
- 8 min
- Language
- Spanish
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Venciendo La Tradición
La Lección de Kodak
Cuando somos jóvenes, las fotografías capturan momentos preciosos que queremos guardar para siempre. Tengo una foto especial de mí con mi abuelo Roberto y mis hermanas Isabel y Sofía, preparando barriletes juntos. Aunque la foto no está perfectamente enfocada ni tiene la iluminación ideal, guarda uno de mis mejores recuerdos.
Hay una empresa que hizo posible que todos atesoráramos esos momentos: Kodak. En su momento, Kodak era prominente, dominando casi el 90% del mercado de rollos de película y el 85% de las cámaras fotográficas. Pero cuando llegó la era digital, Kodak decidió confiar en lo que siempre había funcionado. De hecho, fueron ellos mismos quienes desarrollaron la primera cámara digital en 1975, pero no estuvieron dispuestos a sumarse a la innovación. En 2012, esta empresa cayó en bancarrota.
¿La lección? La tradición puede ser valiosa, pero también puede convertirse en un obstáculo cuando nos aferramos a ella más que al propósito por el cual fue creada.
Tradición vs. Relación con Dios
Es posible que algo que comenzó acercándonos a Dios hoy termine siendo un impedimento para conocer más de él. En nuestra serie "Una iglesia para todo el mundo", estamos estudiando el libro de Hechos. Allí vemos cómo el Espíritu Santo llega a la iglesia y ellos empiezan a predicar el evangelio.
Hay tradiciones buenas. Toda tradición empieza bien, tiene un origen noble, pero llega a ser peligrosa cuando se interpone entre nuestra obediencia y dependencia de Dios. Si ponemos la tradición por encima de la relación con Dios, ahí está el problema.
El Conflicto en Antioquía de Pisidia (Hechos 13:42-52)
Pablo y Bernabé llegaron a Antioquía de Pisidia predicando sobre Jesús. Al principio, todo iba bien. Pero cuando vieron que el mensaje también era para los gentiles, los judíos se llenaron de celo y contradicción.
"Cuando los judíos vieron la muchedumbre, se llenaron de celo y blasfemando contradecían lo que Pablo decía." (Hechos 13:45)
Los judíos rechazaron a Jesús no por falta de conocimiento, sino porque no estaban dispuestos a entregar su orgullo, su posición, su comodidad y sus tradiciones religiosas. Habían sido los primeros en recibir la promesa del Mesías, pero sus tradiciones les impidieron reconocer lo que Dios estaba haciendo delante de sus ojos.
En contraste, cuando los gentiles oyeron el mensaje, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor.
"Oyendo esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor y creyeron cuántos estaban ordenados a vida eterna." (Hechos 13:48)
Cuatro Oraciones para Vencer la Tradición Peligrosa
Para alinear nuestro corazón con el corazón del Padre y vencer las tradiciones peligrosas, quiero compartir cuatro oraciones que debemos hacer frecuentemente.
1. Cuida mi corazón para que la rutina en la iglesia no reemplace mi asombro por Jesús
La rutina es un peligro silencioso. Como iglesia tenemos mucha diversidad de actividades, servicios, cursos y conferencias, todo enfocado en glorificar el nombre del Señor. Pero si nuestro corazón se está acomodando en la rutina—solo asistiendo—ahí es donde tenemos que trabajar nuestro corazón.
Jesús mismo confrontó este peligro. En Marcos 7:6-8, Él dijo:
"Este pueblo con labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. En vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres. Dejando el mandamiento de Dios, ustedes se aferran a la tradición de los hombres."
La pregunta no es: ¿Cuánto tiempo llevo conociendo a Jesús? La pregunta real es: ¿Sigue mi corazón maravillado y asombrado de quién es Jesús?
2. Cuida mi corazón para que la religiosidad no reemplace mi transformación
Cuando era niño de 12 años en Madrid, España, donde mis papás pastoreaban, observaba todo lo que sucedía en la iglesia. Conocía los problemas, las infidelidades, todo.
Había un hombre al que llamaban don Julio. Siempre llegaba y se cruzaba de brazos observando atentamente. Su esposa constantemente le pedía al pastor que le hablara para que asistiera a las sesiones de oración, a la alabanza, al servicio.
Un día, durante el clásico del fútbol (Real Madrid vs. Barcelona), nuestro horario de servicio coincidía con el partido. Don Julio levantó las manos durante la alabanza. Pensé: "¡La oración funcionó! Don Julio se está transformando."
Mi papá me dijo la verdad: "Sebas, don Julio solo estaba marcando cómo iba el marcador. 10-0."
Don Julio cumplió con asistir, pero se perdió la oportunidad de tener un encuentro con Jesús.
Uno de los mayores peligros es ser excelentes en practicar la fe externa mientras no permitimos que transforme nuestro corazón. Hay tres áreas donde frecuentemente hacemos las cosas por tradición en lugar de por convicción:
La Oración: Hemos reducido la oración a momentos automáticos: "Señor, bendice estos alimentos. Amén." Pero el evangelio nos invita a una relación real con nuestro Padre.
El Arrepentimiento: Somos buenos para reconocer que hemos fallado, pero la religiosidad ofrece solo culpa momentánea. El evangelio nos invita a apartarnos del pecado y vivir transformados.
"Arrepiéntanse y conviértanse para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor." (Hechos 3:19)
La Gracia: A veces usamos la gracia como una carta para pecar: "Dios me ama, así que puedo vivir como quiera." Pero la gracia no es permiso para seguir en el pecado; es el poder que nos transforma. Porque Dios me ha perdonado por su gracia, ahora esa misma gracia me transforma.
3. Cuida mi corazón para que no vea la cruz solo como un accesorio, sino algo que cargo todos los días
Es fácil ver la cruz como un símbolo de esperanza. Tenemos cruces en aretes, colgantes, stickers en computadoras. Pero en el tiempo de los romanos, la cruz era símbolo de muerte: una muerte de tortura, de vergüenza.
Solo porque Jesús fue quien pagó por nuestros pecados en esa cruz y resucitó al tercer día, ahora esa cruz representa esperanza. Pero en medio de esa esperanza, se nos olvida que la cruz hay que cargarla todos los días. Significa morir a nosotros mismos cada día.
"Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame, porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará." (Lucas 9:23-24)
Dietrich Bonhoeffer escribió sobre "el costo del discipulado" y diferenció entre la gracia barata y la gracia costosa:
La gracia barata: Ofrece un perdón sin arrepentimiento, un bautismo sin transformación, un cristianismo sin cruz y una gracia sin obediencia. Es querer a Cristo como salvador, pero no rendirse a él como Señor.
La gracia costosa: Es la gracia que nos llama a seguir a Cristo, a negarnos a nosotros mismos y entregar todo delante de él. Jesús nunca escondió el costo del discipulado.
La cruz no es un accesorio, es el centro de nuestra vida cristiana.
4. Cuida mi corazón para que la comodidad no impida mi discipulado
Vivimos en una época donde estamos centrados en nosotros mismos. Venimos a la iglesia pensando: ¿Qué puede hacer Jesús por mí?
Pero deberíamos preguntarnos: ¿Qué área de mi vida todavía no he rendido a Jesús?
En Hechos 13, mientras los religiosos rechazaban el evangelio, los gentiles—quienes estaban lejos de Dios—lo recibían con gozo:
"Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: Era necesario que la palabra de Dios le fuera predicada primeramente a ustedes. Pero ya que la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, ahora nos volvemos a los gentiles, porque así nos lo ha mandado el Señor." (Hechos 13:46)
Si tu fe es cómoda, creo que tenemos un problema. El Espíritu Santo no vino para acomodarnos ni entretenernos. Vino para:
- Romper el orgullo que nos hace creer que no necesitamos cambiar
- Romper la religiosidad que tiene apariencia de vida, pero carece de poder
- Romper la comodidad que nos mantiene consumiendo en lugar de obedecer
El Propósito Real: Hacer Discípulos
Estamos en una época donde es fácil acceder a contenido, prédicas, podcasts y planes. Pero ¿qué estamos haciendo con todo ello? ¿Solo nos lo estamos quedando o lo estamos compartiendo?
Es como un lago saludable: necesita agua que entre y agua que salga. Si se estanca, muere todo lo que está dentro. Nosotros, ¿qué estamos haciendo con todo lo que recibimos?
La pregunta correcta no es: ¿Qué puede hacer la iglesia por mí?
La pregunta correcta es: ¿Cómo puede mi vida cumplir la gran comisión de Jesús?
"Acercándose Jesús, les dijo: 'Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan pues y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y recuerden, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.'" (Mateo 28:18-20)
Jesús dijo esto como sus últimas palabras antes de ascender. Si uno se va a despedir de alguien con quien compartió años, espera decir algo importante—algo que cause un impacto de generación en generación.
Nuestro propósito aquí en la tierra es conocer quién es Dios y dar a conocer quién es Dios. Tenemos que ser primero discípulos de Jesús para luego hacer discípulos para su gloria.
Si hoy has encontrado una situación donde por temor, inseguridades o falta de conocimiento no has compartido el evangelio con alguien que sabes que lo necesita, has limitado que alguien más pueda ser salvo, que alguien más pueda conocer de Cristo.
La Tradición Peligrosa Más Silenciosa
El peligro más silencioso es hacer iglesia en lugar de ser iglesia. Es estar en las actividades propias de la iglesia, pero tener un corazón distante de quién es Dios y de la gran comisión.
La oposición que enfrentó la iglesia de los Hechos no fueron los romanos. Fueron las tradiciones judías. Cuando predicaban el evangelio corrían el riesgo de muerte. Esa incomodidad hizo que el mundo conocido supiera de quién era Jesús.
Hoy estamos en un país donde podemos compartir del evangelio sin peligro, disfrutamos de instalaciones, tenemos acceso a contenido. Pero si no estamos haciendo discípulos, caeremos en una tradición peligrosa.
Conclusión
Quiero inspirarlos a que mantengamos las buenas tradiciones, pero sin perder la relación con Dios. Podemos asistir a la iglesia, pero no perdernos de maravillarnos y asombrarnos de quién es Jesús. Podemos admirar la cruz, pero cargarla todos los días, morir a nosotros mismos, seguir a Cristo hasta el final.
Que nuestra fe no sea cómoda, sino que nos inspire y nos anime a avanzar.
El evangelio no vino solo a asegurarte un destino eterno. Vino a transformar tu vida presente y hacerte semejante a Cristo. La tradición tiene valor cuando fortalece nuestra relación con Dios, pero se vuelve peligrosa cuando la reemplaza.
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