Una serie sobre la familia: principios bíblicos para el matrimonio
Continue exploring
Connected by scripture or shared themes.
Una serie sobre la familia: principios bíblicos para el matrimonio
Continue exploring
Connected by scripture or shared themes.
Desde el principio, Dios pensó en la familia. En su amor vio que el ser humano no debía caminar solo y diseñó el matrimonio para compartir la vida, formar un hogar y aprender a amarse cada día. La familia es un regalo de Dios, un lugar para crecer, perdonar, acompañarse y disfrutar juntos cada etapa del camino.
Lo más parecido al cielo en la tierra es un hogar donde Jesús es el Señor, donde su palabra guía cada decisión y su amor llena cada corazón. Cuando seguimos el diseño de Dios, encontramos la dirección para vivir con plenitud, alegría y paz. La mejor aventura no se prepara para la familia; se vive con la familia.
En esta mañana vamos a ver principios para tener un matrimonio feliz. ¿Cómo podemos construir un matrimonio feliz? Vamos a ver 13 principios fundamentales.
Lo primero que tenemos que hacer es recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Si usted me está viendo en su casa, lo primero que tiene que hacer es recibir a Cristo. ¿Y cómo se recibe a Cristo? Diciendo: "Señor, entra en mi corazón, perdona mis pecados, te recibo, no quiero ir al infierno, quiero ir al cielo, perdona mis pecados." Y usted va a ser salvo.
Luego, asista a una iglesia donde se predique la Biblia. La Biblia es nuestro manual de fe y práctica, y los 10 mandamientos son la base de la cultura occidental. Esto tiene una connotación grandísima. Doy gracias a Dios por el bendito evangelio de la paz, por Jesucristo y por la Biblia.
Cuando el esposo reconoce que Cristo es la cabeza del hogar, qué fácil es sujetarse a ese varón de Dios. A todos los varones que nos están viendo, reconozcan a Cristo como su jefe, y su esposa e hijos se van a sujetar a usted. Un esposo que tiene a Cristo como su cabeza es amoroso, dulce y comprensivo.
Actualmente, esto es muy difícil de reconocer por muchas razones. Ha habido una filosofía durante años que dice: "el esposo no sabe." Se creó una cultura de degradar la personalidad masculina, del hombre como cabeza del hogar.
Las mujeres debemos reconocer que el varón es la cabeza del hogar, que debemos hacer caso, que él es el hombre que Dios ha puesto como nuestra cabeza. Sin embargo, es importante notar que el extremo de esto es el machismo. El verdadero liderazgo cristiano es amoroso y servicial.
Conozco a una familiar mía que Dios le dio muchos talentos e hizo mucho dinero. Cuando le pregunté por qué dejaba a su esposo, me dijo: "Es que se quedó como jefe de mantenimiento y yo hago mucho dinero." Yo entendía que eso hubiera sido un complemento, pero ella lo miraba como inferior porque ganaba menos. Eso no es razón suficiente. No basta que haya dinero; importa la integridad, la bondad y el amor.
Cuando se es novio, hay que poner parámetros para el hogar: ¿Dónde vamos a vivir? ¿Cuántos hijos vamos a tener? ¿Cuál va a ser el régimen económico? Los psicólogos dicen que el enamoramiento tarda como un año o año y medio. Si se adelanta lo que no se tiene que adelantar, entonces no hay tiempo para pensar y establecer bases sólidas.
Los novios no deben adelantar nada, sino que deben esperar y luego tener tiempo para poner bases sólidas. Por ejemplo: ¿Cuántos hijos vamos a tener? ¿Quién va a trabajar? ¿Quién se va a quedar en la casa? ¿Cómo vamos a administrar el dinero? ¿Dónde vamos a vivir?
Mi papá me contaba que cuando era novio de mi mamá, le dijo: "Si un día nuestros hijos se caen, se lastiman, se rompen un brazo o inclusive se mueren, usted por mí no se vaya a preocupar." Él le explicaba que en el trabajo pastoral había visto cómo cuando le pasa algo a un hijo, las mujeres están aterradas por la reacción del esposo, y eso no las deja tomar una buena decisión. Le dijo: "Usted atienda la emergencia y por mí no se vaya a preocupar."
Aquí en la iglesia tenemos un curso muy bonito de prematrimoniales, impartido por doctores. Muchos jóvenes lo desaprovechan, pero quienes lo aprovechan encuentran un tesoro. Estos principios basados en la Biblia son muy importantes, y no encontrará un curso así en una universidad.
Nosotros como padres debemos dar buen ejemplo a nuestros hijos. Fíjense que a nuestros hijos no los impresiona nuestra gran liturgia religiosa. A los impresiona el resultado de esa liturgia religiosa. ¿De qué sirve un padre o una madre que tiene una gran liturgia religiosa, pero que en la casa miente, lastima, abusa, no provee? Eso causa en los hijos una gran decepción del Evangelio.
Lo que nuestros hijos van a saber del Evangelio es lo que nosotros como padres reflejemos. Debemos ser personas íntegras, para que nuestros hijos puedan ver en nosotros una transparencia.
En el matrimonio debe haber un gran vidrio de respeto entre un cónyuge y el otro. Es como una gran pared, pero una pared de vidrio delgadita, pero se llama respeto. A medida que van pasando los años, los cónyuges empiezan a faltar el respeto, a contar las debilidades del otro como chistes, y todos riéndose, diciendo apodos peyorativos.
Alguien puede decir: "No, es que este apodo yo se lo digo con amor. Ella ya sabe que es con amor. Yo le digo negrita, le digo negrito." Pero miren, nadie quiere ser llamado de esa manera. Si van a decirle algo, mejor dígale Barbie, en lugar de "la gorda." En lugar de decirle "el gordo," dígale Mister Universo. Eso suena mejor y levanta, ¿verdad?
Si usted mira que tiene un hijo que es desordenado, dígale "el disciplinado." Si usted mira que tiene un hijo que está muy atrasado en los estudios, dígale "mi Premio Nobel." No nos digamos los defectos, menos en público. No le digamos a la esposa: "Sos igual que tu mamá, sos igual que tu papá." Todas esas clases de defectos no los debemos decir ni en privado ni en público.
Es mejor que cuando tenemos un problema, no lo vayamos a contar a mi mamá, a mi papá, porque entonces mi mamá va a decir: "Ay, pero es que ese sí que..." Entonces los esposos se contentan, y la esposa, la mamá, el suegro, los cuñados van a estar alimentando el conflicto.
Hay que buscar consejeros realmente probos, que no van a contar el problema. Por supuesto, si hay un gran abuso, hay que hablar. Pero hay que hablar en privado los problemas. Si no da resultado, vayan a conseguir ayuda. Cuando ya no se llega a un acuerdo entre los dos, si están peleando y el esposo dice "así se va a hacer," entonces es como que fuera a un juzgado y ese esposo se vuelve juez y parte.
Nunca puede haber una parte que acusa y el juez que sea el mismo, porque el juez va a hacerle el lado a la parte. Por eso es que se necesita ayuda, porque el esposo no puede ser juez y parte, y la esposa no puede ser juez y parte.
No puede ser que nos casemos y digamos: "¿Cómo me vas a hacer feliz? Yo quiero que me tengas la comida a las 7 de la mañana, quiero mi ropa limpia, planchada, que huela..." No, no, no. Tantas cosas que podemos decir y exigir: "que me haga feliz, que me haga feliz."
Mire, si usted ama, usted tiene que decir: "¿Cómo yo voy a hacer feliz a esa otra persona? ¿Cómo yo voy a hacer feliz y yo no voy a esperar nada a cambio? Yo te voy a servir." Si usted en su matrimonio es la persona que sirve, que ayuda, entonces usted va a hacer de ese matrimonio feliz. Y como consecuencia, usted va a ver que esa otra persona le va a hacer feliz a usted también. El principio es: ¿cómo yo puedo hacer feliz a esa persona?
Cuando hay una madre, tener hijos cuesta. Es difícil estar embarazada, dar a luz, criar a los hijos. Aunque parezca un trabajo fácil, no lo es. Hay veces hombres que se cansan y se van con otra persona, dejando a la mujer no solo de criarlos, sino de conseguir el sustento económico.
A los hombres les digo: Si ustedes han tenido una relación anterior, un matrimonio anterior donde hay hijos, ustedes deben ser responsables de esos hijos económicamente, psicológicamente, emocionalmente y espiritualmente. Legalmente es correcto ayudar a los hijos hasta los 18 años, pero moralmente y espiritualmente, a los 18 años un niño es una criatura.
Recuerde cuando usted tenía 18 años: se acababa de graduar de bachiller y no sabía qué hacer. Si usted es hombre cristiano, debe tener responsabilidad de ayudar a esos hijos hasta que estén listos en la vida para poderse mantener solos.
Igualmente, hay muchas mujeres que se vuelven a casar pero entonces hacen de lado al primer hijo que tuvieron. No, madre, usted tiene que seguirle dando amor a ese hijo, mantenerlo, velar por la protección física, emocional, psicológica y espiritual. Ahora, como se dan las sociedades modernas, las familias se componen con los hijos los tuyos, los míos y los nuestros. Pero nuestra responsabilidad cristiana es con todos nuestros hijos.
Cuando los hijos miran que el papá dice una cosa y la mamá dice otra cosa, ¿saben qué sucede? Que los hijos dicen: "Jajaja, aquí voy a ganar yo." Son listísimos y entonces juegan de un lado cuando les conviene y del otro lado cuando les conviene.
Esto se da mucho con los padres que se están divorciando. Padres que se están divorciando, los hijos tienen una buena coartada. Hay veces que están divorciando pero son buenos padres: 15 días conmigo, 15 días contigo, y los padres consientes, dan, y entonces los hijos se vuelven unos grandes consentidos, porque ambos padres quieren la tutela, quieren ganarse el corazón.
Por eso tienen que ponerse de acuerdo los padres, aunque se estén divorciando, y decir: "Mira, es cierto que te queremos y te vamos a ayudar, pero las reglas para ti son así." Tienen que ponerse de acuerdo en la corrección de los hijos.
Cuando ustedes miren una madre que tiene hijos pequeños, ayúdenla. ¿Qué madre tiene usted cerca que está criando, que está amamantando, que tiene dos, tres? Eso es difícil. La crianza del hijo no termina la noche. Muchos se duermen a las 9 de la noche. La madre que está criando se sigue desvelando, y cuando al fin se durmió a las 2 de la mañana, el otro niño tiene fiebre. Luego se durmió a las 2 y a las 4 de la mañana el otro niño está llorando porque tiene pesadillas. Hay veces las madres pasan toda la noche sin dormir.
Compadezca de una madre. Ayude a una madre, más si está con los niños pequeños. Ayudémosla, no importa quién sea. Oremos por ella. Si hay una madre embarazada, oremos por su embarazo, porque las madres son las que tienen a los niños en el vientre.
La causa número uno de divorcios a nivel mundial es la infidelidad, y la número dos es el dinero. ¿Y qué es lo que sucede? Si es el hombre el que gana el dinero, entonces él dice: "Bueno, esto es mío." Los hombres les gustan los carros, a las mujeres les gusta la casa. A los hombres les gusta el equipo de sonido, a las mujeres nos gustan las flores y los zapatos.
Cuando el hombre es el que gana, dice: "Tengamos un carro con este modelo," y la mujer dice: "No, es que yo necesito..." Hay que ponerse de acuerdo. Lo mejor es que la madre cuide al niño. Sé que en esta sociedad cuesta, pero si usted hace las cuentas de cuánto gasta en transporte, en arreglo personal, en comida afuera y en pagar a alguien que cuide los niños, y luego mira cuánto le queda de ganancia, a ver si esa ganancia vale estar sin sus niños.
Sé que en la práctica y en la sociedad muchas veces cuesta y se necesita el salario de ambos. Pero si algunas familias por comer carne, la mujer va a trabajar, yo le recomendaría mejor coman frijolitos con huevo y arroz y que la mamá se quede cuidando a los niños.
El esposo debe ser transparente y decir: "Esto es lo que gano, y entonces vamos a tener estos proyectos." Pero cuando la mujer mira que el esposo no le da para la vacuna de los niños, para ir donde el doctor, ya no hay pañales, los niños necesitan ropa y zapatos constantemente, porque crecen. Pero la mujer también debe ser una buena administradora.
Igualmente, si la mujer dice: "Tengo esto y voy a agarrar cosas aquí, voy a comprar allá, me voy a endeudar porque quiero esto," y el hombre siente que está lleno de deudas, dice: "¿Qué pasó? Yo te confié esto, llene esta tarjeta, llene esta tarjeta." Entonces mejor lo toma de nuevo, y el péndulo de la campana va de un lado al otro.
Mi papá escribía el presupuesto cada mes. Lo escribía a máquina y hacía sus libritos de presupuestos. Había un rubro que se llamaba "necesidades de Ana." Era para si mamá se quería comprar maquillaje, si quería comprar otros zapatos. A los hombres les parece que si tenemos un par de zapatos, ¿por qué queremos otro? Pero para una boda, necesitamos un vestido diferente. Los hombres se ven tan bien y usan el mismo traje gris y el mismo traje negro. Y siempre se ven bien y nadie está diciendo nada.
Pongámonos de acuerdo con el dinero. Hablemos. El esposo va a decir: "Mira, eres muy gastona, miras trastos caríísimos, no esperas que venga otro mes, miras ropa carísima." Mujeres, tenemos que ser cuerdas. Aunque esté en oferta, si no tengo el dinero, es algo que no puedo.
Pero yo declaro que aquí se van a levantar negocios y emprendimientos, y que todos los que están aquí van a tener dinero hasta que sobreabunde. Aleluya. Como dice Malaquías, ustedes van a tener una medida apretada, rebosada y rebosante. Yo desato sobre ustedes negocios, emprendimientos que les den dinero, mucho dinero, que vendan, que vendan, que Dios les dé una idea de cómo suplir una necesidad y su negocio pueda producir más y más.
Dicho sea de paso, tenemos una escuela de negocios aquí. Por favor, vengan. Unos hermanos que son masters en negocios, en business, en administración. Cada vez que yo vengo a esta escuela, digo: ¡Qué tremendo! Es como que usted estuviera recibiendo una maestría, un doctorado en una de las mejores universidades del mundo. Aprenda y el Señor le va a ayudar a multiplicar su dinero.
Usted me puede decir: "Mira, qué hora, con el tráfico de Guate." Pero mire, aunque sea cuando se vaya a tomar una atolita a San Lucas, cuando esté con toda la gente, ahí incline su rostro y diga, no nos va a dar vergüenza. Incline su rostro, cierre sus ojos y dele gracias al Señor.
El sábado reúna sus hijos, el domingo díganle hijos, aunque sea cada ocho días. Yo sé que cuando uno tiene que llevar tres niños que los tiene que tener a las siete de la mañana en un colegio, ¿a qué hora se hace un altar familiar en la mañana? Pero queriendo se puede. Aunque sea a la hora del almuerzo, a la hora de la cena, usted reúna a sus niños y diga: "Vamos a orar, hijos. Dios nos ha dado esta comida, Dios nos ha dado este techo."
Necesitamos traer a nuestros hijos a la iglesia, a servir. Tenemos programas en Lluvias Kids, en Gen, Pulso. El niño no puede venir solo, aunque tenga 17 años. Vamos a tener Congreso H2O. Haga el esfuerzo. El niño no puede venir solo, el joven no puede venir solo, porque es el adulto el que tiene el recurso.
Cuando vengan nuestros hijos a la iglesia, que los traigamos a servir y asistir. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, les decía: "El domingo vamos a almorzar juntos y vamos a servir, vamos a celebrar que servimos a Dios." Les preguntaba: "¿Cómo te fue? ¿Cómo serviste al Señor?" Porque esta es una celebración que servimos al Señor.
Cuando llega el momento de los 13 años, algunos hijos dicen: "No, ¿será que existe Dios? Tal vez estoy orando solo." ¿Por qué? Porque nosotros mismos no les mostramos el camino. Pero ahorita que el niño y el joven todavía puede, tráigalo a H2O, tráigalo a servir a la iglesia, llévelo al grupo familiar.
Si usted es anfitrión, dígale: "Miren qué privilegio. Que aquí tenemos hermanos en el grupo, que vamos a usar nuestra cocina para dar una refacción, pero aquí tenemos la bendición de Dios." Aleluya. Hermanos, yo lo he visto, yo lo he visto. No les estoy contando una teoría, les estoy contando una práctica que he visto en mi vida.
Hay una hermana de esta iglesia que me contó que empezó teniendo grupo familiar y no tenía casa. Ahora me dice: "Tengo una casa de tres niveles y el tercer nivel lo dediqué solo para el grupo. El tercer nivel lo dejé limpio porque ahí va a haber grupo familiar para siempre, porque ahora tengo casa." Servir al Señor es lo más grande que nos puede pasar a las familias. Amén.
Cuando usted da su casa, es líder o trae a sus hijos, es como el arca. ¿Qué pasó con el arca? Se llevaron el arca y de repente había bendición. Esa casa empezó a fructificar y a fructificar. David dijo: "No, ¿cómo va a ser posible? Vamos a traer el arca." Y se fue y se trajo el arca del Señor. Mi esposo y yo oramos por eso, para que el arca del Señor esté en su casa.
Y oramos para que todos los que sirven al Señor y todos los que están viniendo, y los que nos están viendo, que Dios los prospere. Que Dios los prospere en sus trabajos, que Dios los prospere en sus negocios, que Dios prospere sus emprendimientos, que Dios prospere sus hijos y prospere todo lo que ustedes hagan. Aleluya.
Desde el principio, Dios pensó en la familia. En su amor vio que el ser humano no debía caminar solo y diseñó el matrimonio para compartir la vida, formar un hogar y aprender a amarse cada día. La familia es un regalo de Dios, un lugar para crecer, perdonar, acompañarse y disfrutar juntos cada etapa del camino.
Lo más parecido al cielo en la tierra es un hogar donde Jesús es el Señor, donde su palabra guía cada decisión y su amor llena cada corazón. Cuando seguimos el diseño de Dios, encontramos la dirección para vivir con plenitud, alegría y paz. La mejor aventura no se prepara para la familia; se vive con la familia.
En esta mañana vamos a ver principios para tener un matrimonio feliz. ¿Cómo podemos construir un matrimonio feliz? Vamos a ver 13 principios fundamentales.
Lo primero que tenemos que hacer es recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador. Si usted me está viendo en su casa, lo primero que tiene que hacer es recibir a Cristo. ¿Y cómo se recibe a Cristo? Diciendo: "Señor, entra en mi corazón, perdona mis pecados, te recibo, no quiero ir al infierno, quiero ir al cielo, perdona mis pecados." Y usted va a ser salvo.
Luego, asista a una iglesia donde se predique la Biblia. La Biblia es nuestro manual de fe y práctica, y los 10 mandamientos son la base de la cultura occidental. Esto tiene una connotación grandísima. Doy gracias a Dios por el bendito evangelio de la paz, por Jesucristo y por la Biblia.
Cuando el esposo reconoce que Cristo es la cabeza del hogar, qué fácil es sujetarse a ese varón de Dios. A todos los varones que nos están viendo, reconozcan a Cristo como su jefe, y su esposa e hijos se van a sujetar a usted. Un esposo que tiene a Cristo como su cabeza es amoroso, dulce y comprensivo.
Actualmente, esto es muy difícil de reconocer por muchas razones. Ha habido una filosofía durante años que dice: "el esposo no sabe." Se creó una cultura de degradar la personalidad masculina, del hombre como cabeza del hogar.
Las mujeres debemos reconocer que el varón es la cabeza del hogar, que debemos hacer caso, que él es el hombre que Dios ha puesto como nuestra cabeza. Sin embargo, es importante notar que el extremo de esto es el machismo. El verdadero liderazgo cristiano es amoroso y servicial.
Conozco a una familiar mía que Dios le dio muchos talentos e hizo mucho dinero. Cuando le pregunté por qué dejaba a su esposo, me dijo: "Es que se quedó como jefe de mantenimiento y yo hago mucho dinero." Yo entendía que eso hubiera sido un complemento, pero ella lo miraba como inferior porque ganaba menos. Eso no es razón suficiente. No basta que haya dinero; importa la integridad, la bondad y el amor.
Cuando se es novio, hay que poner parámetros para el hogar: ¿Dónde vamos a vivir? ¿Cuántos hijos vamos a tener? ¿Cuál va a ser el régimen económico? Los psicólogos dicen que el enamoramiento tarda como un año o año y medio. Si se adelanta lo que no se tiene que adelantar, entonces no hay tiempo para pensar y establecer bases sólidas.
Los novios no deben adelantar nada, sino que deben esperar y luego tener tiempo para poner bases sólidas. Por ejemplo: ¿Cuántos hijos vamos a tener? ¿Quién va a trabajar? ¿Quién se va a quedar en la casa? ¿Cómo vamos a administrar el dinero? ¿Dónde vamos a vivir?
Mi papá me contaba que cuando era novio de mi mamá, le dijo: "Si un día nuestros hijos se caen, se lastiman, se rompen un brazo o inclusive se mueren, usted por mí no se vaya a preocupar." Él le explicaba que en el trabajo pastoral había visto cómo cuando le pasa algo a un hijo, las mujeres están aterradas por la reacción del esposo, y eso no las deja tomar una buena decisión. Le dijo: "Usted atienda la emergencia y por mí no se vaya a preocupar."
Aquí en la iglesia tenemos un curso muy bonito de prematrimoniales, impartido por doctores. Muchos jóvenes lo desaprovechan, pero quienes lo aprovechan encuentran un tesoro. Estos principios basados en la Biblia son muy importantes, y no encontrará un curso así en una universidad.
Nosotros como padres debemos dar buen ejemplo a nuestros hijos. Fíjense que a nuestros hijos no los impresiona nuestra gran liturgia religiosa. A los impresiona el resultado de esa liturgia religiosa. ¿De qué sirve un padre o una madre que tiene una gran liturgia religiosa, pero que en la casa miente, lastima, abusa, no provee? Eso causa en los hijos una gran decepción del Evangelio.
Lo que nuestros hijos van a saber del Evangelio es lo que nosotros como padres reflejemos. Debemos ser personas íntegras, para que nuestros hijos puedan ver en nosotros una transparencia.
En el matrimonio debe haber un gran vidrio de respeto entre un cónyuge y el otro. Es como una gran pared, pero una pared de vidrio delgadita, pero se llama respeto. A medida que van pasando los años, los cónyuges empiezan a faltar el respeto, a contar las debilidades del otro como chistes, y todos riéndose, diciendo apodos peyorativos.
Alguien puede decir: "No, es que este apodo yo se lo digo con amor. Ella ya sabe que es con amor. Yo le digo negrita, le digo negrito." Pero miren, nadie quiere ser llamado de esa manera. Si van a decirle algo, mejor dígale Barbie, en lugar de "la gorda." En lugar de decirle "el gordo," dígale Mister Universo. Eso suena mejor y levanta, ¿verdad?
Si usted mira que tiene un hijo que es desordenado, dígale "el disciplinado." Si usted mira que tiene un hijo que está muy atrasado en los estudios, dígale "mi Premio Nobel." No nos digamos los defectos, menos en público. No le digamos a la esposa: "Sos igual que tu mamá, sos igual que tu papá." Todas esas clases de defectos no los debemos decir ni en privado ni en público.
Es mejor que cuando tenemos un problema, no lo vayamos a contar a mi mamá, a mi papá, porque entonces mi mamá va a decir: "Ay, pero es que ese sí que..." Entonces los esposos se contentan, y la esposa, la mamá, el suegro, los cuñados van a estar alimentando el conflicto.
Hay que buscar consejeros realmente probos, que no van a contar el problema. Por supuesto, si hay un gran abuso, hay que hablar. Pero hay que hablar en privado los problemas. Si no da resultado, vayan a conseguir ayuda. Cuando ya no se llega a un acuerdo entre los dos, si están peleando y el esposo dice "así se va a hacer," entonces es como que fuera a un juzgado y ese esposo se vuelve juez y parte.
Nunca puede haber una parte que acusa y el juez que sea el mismo, porque el juez va a hacerle el lado a la parte. Por eso es que se necesita ayuda, porque el esposo no puede ser juez y parte, y la esposa no puede ser juez y parte.
No puede ser que nos casemos y digamos: "¿Cómo me vas a hacer feliz? Yo quiero que me tengas la comida a las 7 de la mañana, quiero mi ropa limpia, planchada, que huela..." No, no, no. Tantas cosas que podemos decir y exigir: "que me haga feliz, que me haga feliz."
Mire, si usted ama, usted tiene que decir: "¿Cómo yo voy a hacer feliz a esa otra persona? ¿Cómo yo voy a hacer feliz y yo no voy a esperar nada a cambio? Yo te voy a servir." Si usted en su matrimonio es la persona que sirve, que ayuda, entonces usted va a hacer de ese matrimonio feliz. Y como consecuencia, usted va a ver que esa otra persona le va a hacer feliz a usted también. El principio es: ¿cómo yo puedo hacer feliz a esa persona?
Cuando hay una madre, tener hijos cuesta. Es difícil estar embarazada, dar a luz, criar a los hijos. Aunque parezca un trabajo fácil, no lo es. Hay veces hombres que se cansan y se van con otra persona, dejando a la mujer no solo de criarlos, sino de conseguir el sustento económico.
A los hombres les digo: Si ustedes han tenido una relación anterior, un matrimonio anterior donde hay hijos, ustedes deben ser responsables de esos hijos económicamente, psicológicamente, emocionalmente y espiritualmente. Legalmente es correcto ayudar a los hijos hasta los 18 años, pero moralmente y espiritualmente, a los 18 años un niño es una criatura.
Recuerde cuando usted tenía 18 años: se acababa de graduar de bachiller y no sabía qué hacer. Si usted es hombre cristiano, debe tener responsabilidad de ayudar a esos hijos hasta que estén listos en la vida para poderse mantener solos.
Igualmente, hay muchas mujeres que se vuelven a casar pero entonces hacen de lado al primer hijo que tuvieron. No, madre, usted tiene que seguirle dando amor a ese hijo, mantenerlo, velar por la protección física, emocional, psicológica y espiritual. Ahora, como se dan las sociedades modernas, las familias se componen con los hijos los tuyos, los míos y los nuestros. Pero nuestra responsabilidad cristiana es con todos nuestros hijos.
Cuando los hijos miran que el papá dice una cosa y la mamá dice otra cosa, ¿saben qué sucede? Que los hijos dicen: "Jajaja, aquí voy a ganar yo." Son listísimos y entonces juegan de un lado cuando les conviene y del otro lado cuando les conviene.
Esto se da mucho con los padres que se están divorciando. Padres que se están divorciando, los hijos tienen una buena coartada. Hay veces que están divorciando pero son buenos padres: 15 días conmigo, 15 días contigo, y los padres consientes, dan, y entonces los hijos se vuelven unos grandes consentidos, porque ambos padres quieren la tutela, quieren ganarse el corazón.
Por eso tienen que ponerse de acuerdo los padres, aunque se estén divorciando, y decir: "Mira, es cierto que te queremos y te vamos a ayudar, pero las reglas para ti son así." Tienen que ponerse de acuerdo en la corrección de los hijos.
Cuando ustedes miren una madre que tiene hijos pequeños, ayúdenla. ¿Qué madre tiene usted cerca que está criando, que está amamantando, que tiene dos, tres? Eso es difícil. La crianza del hijo no termina la noche. Muchos se duermen a las 9 de la noche. La madre que está criando se sigue desvelando, y cuando al fin se durmió a las 2 de la mañana, el otro niño tiene fiebre. Luego se durmió a las 2 y a las 4 de la mañana el otro niño está llorando porque tiene pesadillas. Hay veces las madres pasan toda la noche sin dormir.
Compadezca de una madre. Ayude a una madre, más si está con los niños pequeños. Ayudémosla, no importa quién sea. Oremos por ella. Si hay una madre embarazada, oremos por su embarazo, porque las madres son las que tienen a los niños en el vientre.
La causa número uno de divorcios a nivel mundial es la infidelidad, y la número dos es el dinero. ¿Y qué es lo que sucede? Si es el hombre el que gana el dinero, entonces él dice: "Bueno, esto es mío." Los hombres les gustan los carros, a las mujeres les gusta la casa. A los hombres les gusta el equipo de sonido, a las mujeres nos gustan las flores y los zapatos.
Cuando el hombre es el que gana, dice: "Tengamos un carro con este modelo," y la mujer dice: "No, es que yo necesito..." Hay que ponerse de acuerdo. Lo mejor es que la madre cuide al niño. Sé que en esta sociedad cuesta, pero si usted hace las cuentas de cuánto gasta en transporte, en arreglo personal, en comida afuera y en pagar a alguien que cuide los niños, y luego mira cuánto le queda de ganancia, a ver si esa ganancia vale estar sin sus niños.
Sé que en la práctica y en la sociedad muchas veces cuesta y se necesita el salario de ambos. Pero si algunas familias por comer carne, la mujer va a trabajar, yo le recomendaría mejor coman frijolitos con huevo y arroz y que la mamá se quede cuidando a los niños.
El esposo debe ser transparente y decir: "Esto es lo que gano, y entonces vamos a tener estos proyectos." Pero cuando la mujer mira que el esposo no le da para la vacuna de los niños, para ir donde el doctor, ya no hay pañales, los niños necesitan ropa y zapatos constantemente, porque crecen. Pero la mujer también debe ser una buena administradora.
Igualmente, si la mujer dice: "Tengo esto y voy a agarrar cosas aquí, voy a comprar allá, me voy a endeudar porque quiero esto," y el hombre siente que está lleno de deudas, dice: "¿Qué pasó? Yo te confié esto, llene esta tarjeta, llene esta tarjeta." Entonces mejor lo toma de nuevo, y el péndulo de la campana va de un lado al otro.
Mi papá escribía el presupuesto cada mes. Lo escribía a máquina y hacía sus libritos de presupuestos. Había un rubro que se llamaba "necesidades de Ana." Era para si mamá se quería comprar maquillaje, si quería comprar otros zapatos. A los hombres les parece que si tenemos un par de zapatos, ¿por qué queremos otro? Pero para una boda, necesitamos un vestido diferente. Los hombres se ven tan bien y usan el mismo traje gris y el mismo traje negro. Y siempre se ven bien y nadie está diciendo nada.
Pongámonos de acuerdo con el dinero. Hablemos. El esposo va a decir: "Mira, eres muy gastona, miras trastos caríísimos, no esperas que venga otro mes, miras ropa carísima." Mujeres, tenemos que ser cuerdas. Aunque esté en oferta, si no tengo el dinero, es algo que no puedo.
Pero yo declaro que aquí se van a levantar negocios y emprendimientos, y que todos los que están aquí van a tener dinero hasta que sobreabunde. Aleluya. Como dice Malaquías, ustedes van a tener una medida apretada, rebosada y rebosante. Yo desato sobre ustedes negocios, emprendimientos que les den dinero, mucho dinero, que vendan, que vendan, que Dios les dé una idea de cómo suplir una necesidad y su negocio pueda producir más y más.
Dicho sea de paso, tenemos una escuela de negocios aquí. Por favor, vengan. Unos hermanos que son masters en negocios, en business, en administración. Cada vez que yo vengo a esta escuela, digo: ¡Qué tremendo! Es como que usted estuviera recibiendo una maestría, un doctorado en una de las mejores universidades del mundo. Aprenda y el Señor le va a ayudar a multiplicar su dinero.
Usted me puede decir: "Mira, qué hora, con el tráfico de Guate." Pero mire, aunque sea cuando se vaya a tomar una atolita a San Lucas, cuando esté con toda la gente, ahí incline su rostro y diga, no nos va a dar vergüenza. Incline su rostro, cierre sus ojos y dele gracias al Señor.
El sábado reúna sus hijos, el domingo díganle hijos, aunque sea cada ocho días. Yo sé que cuando uno tiene que llevar tres niños que los tiene que tener a las siete de la mañana en un colegio, ¿a qué hora se hace un altar familiar en la mañana? Pero queriendo se puede. Aunque sea a la hora del almuerzo, a la hora de la cena, usted reúna a sus niños y diga: "Vamos a orar, hijos. Dios nos ha dado esta comida, Dios nos ha dado este techo."
Necesitamos traer a nuestros hijos a la iglesia, a servir. Tenemos programas en Lluvias Kids, en Gen, Pulso. El niño no puede venir solo, aunque tenga 17 años. Vamos a tener Congreso H2O. Haga el esfuerzo. El niño no puede venir solo, el joven no puede venir solo, porque es el adulto el que tiene el recurso.
Cuando vengan nuestros hijos a la iglesia, que los traigamos a servir y asistir. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, les decía: "El domingo vamos a almorzar juntos y vamos a servir, vamos a celebrar que servimos a Dios." Les preguntaba: "¿Cómo te fue? ¿Cómo serviste al Señor?" Porque esta es una celebración que servimos al Señor.
Cuando llega el momento de los 13 años, algunos hijos dicen: "No, ¿será que existe Dios? Tal vez estoy orando solo." ¿Por qué? Porque nosotros mismos no les mostramos el camino. Pero ahorita que el niño y el joven todavía puede, tráigalo a H2O, tráigalo a servir a la iglesia, llévelo al grupo familiar.
Si usted es anfitrión, dígale: "Miren qué privilegio. Que aquí tenemos hermanos en el grupo, que vamos a usar nuestra cocina para dar una refacción, pero aquí tenemos la bendición de Dios." Aleluya. Hermanos, yo lo he visto, yo lo he visto. No les estoy contando una teoría, les estoy contando una práctica que he visto en mi vida.
Hay una hermana de esta iglesia que me contó que empezó teniendo grupo familiar y no tenía casa. Ahora me dice: "Tengo una casa de tres niveles y el tercer nivel lo dediqué solo para el grupo. El tercer nivel lo dejé limpio porque ahí va a haber grupo familiar para siempre, porque ahora tengo casa." Servir al Señor es lo más grande que nos puede pasar a las familias. Amén.
Cuando usted da su casa, es líder o trae a sus hijos, es como el arca. ¿Qué pasó con el arca? Se llevaron el arca y de repente había bendición. Esa casa empezó a fructificar y a fructificar. David dijo: "No, ¿cómo va a ser posible? Vamos a traer el arca." Y se fue y se trajo el arca del Señor. Mi esposo y yo oramos por eso, para que el arca del Señor esté en su casa.
Y oramos para que todos los que sirven al Señor y todos los que están viniendo, y los que nos están viendo, que Dios los prospere. Que Dios los prospere en sus trabajos, que Dios los prospere en sus negocios, que Dios prospere sus emprendimientos, que Dios prospere sus hijos y prospere todo lo que ustedes hagan. Aleluya.