Cuando el miedo derrota más rápido que la espada
- Church
- El Lugar de Su PresenciaCharismaticBogotá, Colombia
- Date
- Sunday 3rd August 2025
- Read time
- 14 min
- Language
- Spanish
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Cuando el miedo derrota más rápido que la espada
Imaginemos que en el año 1600 el Imperio Otomano se disponía a conquistar Europa. ¿Qué querían ellos? Querían acabar con el cristianismo. Estaban invadiendo por el Medio Oriente y por África, pero su meta era acabar con todo tipo de cristianismo: el catolicismo, los anglicanos y demás. Y lo iban a lograr.
Lo único que iba a impedir que ellos nos conquistaran era un pueblo llamado Viena. Allí estaba una de las familias religiosas más importantes de ese tiempo, y ellos sabían que si lograban entrar por ahí, entraban al resto de Europa. Esta familia le pidió ayuda a todos los reyes de Europa: "Por favor, nos van a matar." Pero nadie llegó a su auxilio, excepto el rey polaco. Él, junto con otros cristianos, se unió para defendernos.
En la noche, sin que los otomanos se dieran cuenta, los atacaron. Los otomanos salieron corriendo de un lado para el otro: "No puede ser, nos van a matar."
Ahora quiero decirles las cifras. El Imperio Otomano tenía 400.000 miembros, y entre ellos, 150.000 eran soldados. En cambio, nosotros éramos entre 65.000 y 70.000 combatientes. Eran casi el doble, pero ellos perdieron esa batalla. ¿Por qué? Porque cuando vieron a toda esta gente, pensaron: "Se nos vino Europa encima, nos van a matar." Empezaron a correr y huyeron.
El miedo los derrotó más rápido que la espada.
¿Cuántas veces no nos ha pasado eso a nosotros? La verdad es que yo he visto en mi vida cómo el temor ha sido un instrumento del enemigo para acabar con mi vida, con mis sueños, con mi familia. Y precisamente de eso les quiero hablar hoy: de cómo el espíritu de temor muchas veces nos puede matar más rápido que una espada.
"Y ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice al miedo. En cambio, recibieron el espíritu de Dios cuando él los adoptó como sus propios hijos. Ahora lo llamamos Abbá, Padre." — Romanos 8:15
Mi objetivo con este mensaje es que salgamos llenos de coraje, que andemos por la vida sin que este demonio nos influencie más. Quiero que ustedes se apropien de su posición en Cristo.
Puede que alguno esté pensando: "Cristi, este mensaje no es para mí. Cuando hay que matar una araña en la casa, yo soy al que llaman, yo soy el más valiente." Pero quiero mostrarles que el espíritu de temor no solo se manifiesta a través del temor que conocemos, sino de otras maneras.
1. El perfeccionismo
La primera manera en que actúa el espíritu de temor es a través del perfeccionismo: el miedo a fallar, el miedo a no ser suficiente, el miedo a que alguien nos supere.
Para que puedas evaluarte, hazte estas preguntas:
- Cuando haces algo, ¿buscas que quede perfecto esperando que no te regañen?
- ¿Cómo reaccionas cuando te dan feedback? ¿Lo recibes, o de inmediato dices "eso no fui yo, fue la otra área"?
- Si tu casa no está como una foto de Pinterest, ¿sientes que eres insuficiente?
- ¿Crees que tu valor depende de lo que haces o no haces?
A mí me cuesta bastante que me digan: "Cristi, te equivocaste." Y esto pasa en muchas empresas: cuando se da feedback, todo el mundo empieza a señalar a otros, porque nadie quiere aceptar que se equivocó.
Cuando el amor perfecto de Dios no ha sido perfeccionado en nosotros, vamos a andar por la vida sintiendo que no somos suficientes.
Marta y María
Lo vemos en Lucas 10:40-42. Jesús va a visitar a sus mejores amigas, Marta y María. María madrugó para saludarlo, lo abrazaba y pasaba tiempo con él. En cambio, Marta se aseguró de dejar esa casa impecable, porque pensaba que el maestro no podía ver ningún error en su casa.
Marta termina reclamando:
"Maestro, ¿no te parece injusto que mi hermana esté aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que venga a ayudarme."
Y Jesús le responde:
"Mi apreciada Marta, estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles. Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto y nadie se la quitará."
Marta quería una casa perfecta porque pensaba que su valor ante Jesús dependía de cómo estaba su casa. María, en cambio, solo quería estar con él, oír su voz. Ella había entendido lo más importante.
Nosotros tenemos dos opciones: buscar ser perfectos, o permitir que el amor perfecto de Dios se transforme en nosotros. Cuando buscamos ser perfectos en nuestras fuerzas, estamos imitando a un personaje de la Biblia:
"Tú eras el sello de la perfección... Estabas en el monte santo de Dios. Caminabas entre las piedras de fuego. Desde el día en que fuiste creado, tu conducta fue irreprochable hasta que se encontró en ti maldad." — Ezequiel 28:12-15
Cuando buscamos ser perfectos en nuestras fuerzas, no permitimos que Dios actúe en nosotros y estamos imitando al enemigo.
"En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo. Y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el amor de Dios." — 1 Juan 4:18
2. El rechazo
El espíritu de temor también se manifiesta a través del rechazo, y he visto que el rechazo es una especie de loop.
Hay personas que fueron abandonadas por sus papás, que no eran queridos en el colegio, a quienes no les iba bien en el deporte. Esas personas toda la vida buscan que otros las quieran, al punto de que llega a ser insoportable: "Escógeme a mí, llámame, búscame, soy importante. ¿Pero por qué no me escribes? ¿Por qué no me respondes?"
¿Por qué es un loop? Porque cuando una persona es así, nosotros tendemos a rechazarla, y esta persona vuelve a empezar el ciclo una y otra vez.
Este espíritu actúa especialmente en las personas solteras. Cuando uno intenta presentar a dos personas compatibles, suelen decir: "¿Qué tal no le guste mi forma de ser? ¿Qué tal le parezca insuficiente?" Y los dos terminan alejándose sin darse la oportunidad.
El espíritu de rechazo quiere que el rechazo sea nuestra excusa, que lo usemos como parte de nuestra identidad. He visto a mucha gente cuya identidad ha sido distorsionada por un demonio.
En la vida vamos a ser rechazados: de diez personas de las que uno se enamora, tal vez una se enamora de vuelta. El problema es cuando el espíritu de rechazo convierte el rechazo en tu identidad, o cuando le das permiso al demonio de actuar a través del rechazo.
"Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá." — Salmo 27:10
Conocemos un ejemplo de rechazo en la Biblia: Pedro, que rechaza a su maestro por temor a ser rechazado.
3. El control
El espíritu de temor también se manifiesta a través del control, o querer tener todo bajo control. Lo identificamos con la microgestión, con el temor a perder el poder, con el temor a que las cosas no sean como yo digo.
A mí esto me cuesta bastante, porque me gusta que las cosas se hagan a mi manera. Cuando organizaba algo en la iglesia, decía: "Se hace como yo digo y punto." En la universidad era la tóxica que decía: "Frescos, yo lo hago todo, pero les aseguro un 10." ¿Por qué? Por temor a que las cosas se me salieran del control.
El control es un síntoma visible de una raíz invisible de temor.
El temor hace que tomemos el lugar de Dios en nuestras vidas, queriendo controlar cada segundo y cada aspecto.
Saúl y Jezabel
Saúl quería que todo se hiciera como él quería: no esperó al profeta, no buscó la voluntad de Dios. No quería perder el control de su reino y por eso atacó a David; no quería perder el control y por eso buscó a una bruja.
Jezabel amaba el control. Para no perder el control espiritual de su país, mandó matar a los profetas de Dios. Cuando Elías vio caer fuego del cielo, ella lo intimidó, porque el espíritu de control, cuando no controla, intimida. También mandó a matar a Nabot porque no se hacían las cosas como ella decía.
¿Cuántas veces nosotros oramos así, diciendo: "Se hace como yo digo y punto, como a mí se me da la gana"? Eso es un espíritu de temor.
"Confía en el Señor con todo tu corazón. No dependas de tu propio entendimiento." — Proverbios 3:5
4. La ansiedad
El espíritu de temor también se manifiesta a través de la ansiedad. Yo necesitaba claridad, así que le pregunté a Natis: "¿Cuál es la diferencia entre el espíritu de temor y un tema médico?"
Le conté algo que me pasa: empiezo con pensamientos negativos —"no soy suficiente, nadie me ama, todos me van a dejar"— o pensamientos hacia el futuro —"me voy a quedar sin familia, sin trabajo". Estoy en el carro y pienso: "Me van a chocar y me voy a morir en mil pedazos." Empiezo a imaginar cosas que nunca van a pasar.
Y Natis me dijo: "Cada uno de esos pensamientos es demoníaco." Porque ese es el acusador de los hermanos.
"Pues el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido lanzado a la tierra." — Apocalipsis 12:10
La ansiedad nos hace pensar que todo va a salir mal, que viene el caos, el apocalipsis, el fin del mundo. Pero, ¿saben qué nos dice Dios?
"No se preocupen por nada. En cambio, oren por todo y denle gracias a Dios." — Filipenses 4:6
- "No nos va a alcanzar la plata para el recibo del agua." → No te preocupes por nada; ora por todo y dale gracias a Dios.
- "Hice el oso delante del que me gusta." → No te preocupes por nada; ora por todo y dale gracias a Dios.
- "Mi esposo me va a dejar porque me salió un grano." → No te preocupes por nada; ora por todo y dale gracias a Dios.
5. La comparación
El espíritu de temor también actúa a través de la comparación. Pensamos que la vida es una competencia, que todos están en contra nuestra. Nos lleva a pensar que nunca vamos a ser suficientes, o que somos lo máximo.
Esto nos hace ser dañinos los unos con los otros: "Tú sí eres un vago, ¿por qué no eres como yo?" O nos lleva al otro lado: "Jamás seré suficiente, todos son mejores que yo."
Las mujeres pensamos: "Ella sí tiene severo cuerpo, a ella no le salen granos." Los hombres, en Bogotá, compiten por subir Patios: "Yo lo subí en 10 minutos, no en 20." Empieza esa competencia: "Soy mejor porque hice esto en este tiempo, porque soy esta talla."
Eso es un espíritu de temor, porque nos hace pensar que hay una escala donde unos son mejores y otros peores. Pero Dios no piensa eso.
"Examine su propia conducta sin compararse con los demás." — Gálatas 6:4
En vez de estarle viendo el cuerpo a otras mujeres, tenemos que vernos a nosotras: "Ayer tenías tres granos, hoy dos. Felicitaciones." No se trata de una competencia, sino de trabajarnos a nosotros mismos.
6. La necesidad de aprobación
Finalmente, el espíritu de temor actúa a través de la necesidad de aprobación, la complacencia, o en inglés el people pleasing. El espíritu de temor quiere que yo busque la aprobación de otros antes que la aprobación de Dios. Y eso es demoníaco.
Yo era la persona más complaciente del mundo. Si me decían "me gusta el azul", yo decía: "El azul, mejor color del mundo, me voy a tatuar la cara de azul." Pero si otro decía "el azul es refeo", yo decía: "Dios, ¿por qué el cielo lo tenías que hacer azul?"
Con mis amigos cristianos, oraba y citaba historias bíblicas. Pero con mis amigos mundanos, mentía, decía una que otra grosería. ¿Por qué? Porque me importaba más complacer a la gente que a Dios.
Esto lo vemos en las familias colombianas. Un familiar se enferma y todos compiten por visitarlo más tiempo, por el qué dirán. Una vez, en un almuerzo, vimos una familia que sacó a almorzar a la abuelita: nadie hablaba con ella; todos estaban ahí por el qué dirán.
Pilato
En la Biblia vemos a Pilato, que no quería quedar mal con nadie: ni con los judíos, ni con los sumos sacerdotes, ni con Roma, ni con su esposa, ni con Jesús.
"Pilato vio que no lograba nada y que se estaba formando un disturbio. Así que mandó traer un recipiente de agua y se lavó las manos delante de la multitud: 'Soy inocente de la sangre de este hombre. La responsabilidad es de ustedes.'" — Mateo 27:24
Cuando nosotros pecamos por complacencia, Dios no le va a pedir cuentas a la otra persona, sino a nosotros.
"¿Estoy tratando de ganarme la aprobación humana o la de Dios?" — Gálatas 1:10
Creo que todo este mensaje se resume en esa pregunta: ¿Estás buscando ganarte la aprobación humana o la de Dios?
¿Cómo me deshago del espíritu de temor?
"Por eso te recuerdo que avives el don espiritual que Dios te dio cuando te impuse mis manos. Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez, sino de poder, de amor y de autodisciplina." — 2 Timoteo 1:6-7
Un espíritu de poder
Natis me dijo: "La próxima vez que te pase eso, vas a orar y vas a echar fuera esos demonios." Parece tonto, parece sencillo, pero es lo último que hacemos con el espíritu de temor.
Un día estaba discutiendo con Tomás y empezaron los pensamientos: "Tu esposo te va a dejar, eres una porquería, ¿quién te deja predicar en la iglesia?" Entonces dije: "En el nombre de Jesús, se va todo espíritu de intimidad, toda voz acusadora de los hermanos, te callas."
Y las voces seguían sonando. Pero empecé a recordar cada versículo que Dios me había dado y a responder voz por voz:
- "Eres una porquería, nadie te aguanta." → Yo soy nación escogida, pueblo adquirido por Dios, nación santa.
- "Tu esposo te va a dejar." → [el versículo sobre nuestro matrimonio]
- "Eres un fastidio." → Dios me escogió para un tiempo como este.
Y en ese momento las voces se fueron. Ustedes tienen esta misma herramienta, iglesia. Cuando llega este espíritu a decirte "eres insuficiente", tienes que ejercer el espíritu de poder y echar fuera ese demonio.
"Oré al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores." — Salmo 34:4
Un espíritu de amor
Como cristianos somos expertos en "ama a tu prójimo": "Te ves divino, me encanta tu pantalón, hueles delicioso." Pero el versículo dice "como a ti mismo". Y eso nos cuesta, porque uno se ve al espejo y dice: "Ese grano se ve desde Marte."
Tanto nos amó Dios que envió a su Hijo unigénito a morir en la cruz por nuestros pecados. Aquí les queda una tarea: bendecirse en el espejo, declarar los versículos que Dios les ha dado, y parar de darse tan duro. "Eres especial, Dios te necesita como eres, eres una persona llena de amor."
"No tengas miedo porque yo estoy contigo. No te desalientes porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré. Te sostendré con mi mano derecha victoriosa." — Isaías 41:10
No solo se trata de amarnos, sino de recibir el amor de Dios por nosotros.
"Mi gracia es todo lo que necesitas. Mi poder actúa mejor en la debilidad. Así que ahora me alegro de jactarme de mis debilidades para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí." — 2 Corintios 12:9
Un espíritu de autodisciplina (dominio propio)
La gente espera que todo pase por energías, pero así no funciona la Biblia: nos toca tomar la decisión.
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Frente al perfeccionismo: haz lo contrario. Si eres una mamá que quiere la casa perfecta para que el vecino la vea divina, deja la basura suelta. A mí me pasó: mi mamá iba a visitarme y siempre hacía aseo por complacerla. Hace unas semanas, mientras preparaba este mensaje, llegamos a casa y olía mal. Dije: "No voy a ordenar mi casa por miedo a lo que ella diga, porque no me importa más lo que otros digan que lo que dice Dios."
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Frente al rechazo: deja de tratarlo como tu identidad, deja de excusarte. "No soy una monedita de oro para caerle bien a todo el mundo."
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Frente al control y la ansiedad: pierde el control. Ahora, en las reuniones de trabajo, le pregunto a la gente: "¿Y tú cómo lo harías?" Tomás y yo teníamos metas de ahorro, y nos aconsejaron no estar pendientes del Excel, porque Dios quería sorprendernos. Me cuesta, pero paramos de revisarlo. Cuando le damos espacio a Dios para que tome el control, él lo toma y hace espacio para sus milagros.
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Frente a la comparación: toma la decisión de aceptar que Dios nos hizo así y así nos necesita. Por eso nos hizo tan variados: no hay dos iguales. Vamos a trabajar por ser mejores personas, pero no mirándonos los unos a los otros.
Conclusión
El miedo tiene el poder de derrotarnos más rápido que una espada. Pero el amor perfecto de Dios es lo único que puede echar fuera ese temor.
Oración
Señor, la verdad es que el espíritu de temor durante mucho tiempo ha estado dominando mi vida. Me cuesta que otros me vean y no digan que estoy haciendo las cosas bien; me cuesta dejar la casa desordenada, que hablen mal de mí, que me den feedback. Detesto que las cosas se me salgan del control. Muchas veces he sacrificado lo que tú dices por caerle bien a mis amigos. Perdóname, Dios, porque te he reemplazado por otros.
Hoy te pido que yo sea libre de este espíritu de temor. Con la autoridad que recibimos por medio de Cristo Jesús, echo fuera el demonio de la comparación, todo espíritu que me lleva a creer que no soy suficiente, el espíritu de perfeccionismo y todo espíritu de control. Les ordeno a estos demonios que se larguen en el nombre de Cristo Jesús, porque ante el nombre de Jesús toda rodilla se postrará.
Pero hoy no solo queremos echar fuera esto, sino recibir de tu amor, porque solo tu amor perfecto puede echar fuera el temor. Amén.
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