Reunión de Celebración - 25 de enero
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Hemos estado hablando sobre el segundo eje de nuestra visión: amar a todas las personas. En las últimas semanas, hemos explorado diferentes aspectos de este amor. Hablamos del camino más excelente según Pablo en 1 Corintios, luego sobre cómo vivir en amor a través de la sabiduría en Proverbios. Hoy quiero compartir algo más práctico: cómo usar nuestras palabras para mostrar amor a los demás.
Vivimos en una época muy rápida, con muchas cosas por hacer. Reaccionamos ante las circunstancias sin detenernos a pensar en lo que decimos. Muchas veces soltamos palabras o frases sin medir la repercusión que tienen. Me gustaría recordar cómo utilizar mejor nuestras palabras para mostrar el amor de Dios a nuestro prójimo.
Jesús nos lo enseña claramente en Mateo 12:33-35:
"Si el árbol es bueno, también su fruto es bueno. Pero si el árbol es malo, también su fruto es malo. Al árbol se le conoce por sus frutos. Generación de víboras, ¿cómo pueden decir cosas buenas si son malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón, mientras el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro."
Esta es una verdad fundamental: de la abundancia del corazón habla la boca. Si el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón, ese amor debe escucharse en la manera en que hablamos a los demás. Cuando el amor de Dios es abundante en tu vida, sale a través de lo que expresas.
Efesios 4:29 nos dice:
"No pronuncien ustedes ninguna palabra obscena, sino solo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación y que sean de bendición para los oyentes."
A través de los diferentes espacios donde convivimos, adquirimos maneras de hablar que no necesariamente traen edificación. Alguien puede decir: "Digo groserías sin intención de lastimar, es solo una costumbre." Pero Pablo nos está diciendo que ninguna palabra corrompida debe salir de nuestra boca.
No se trata simplemente de evitar lo ofensivo. Se trata de tomar la actitud y la decisión de evaluar nuestras palabras para que cada cosa que salga de nuestra boca edifique.
Edificar significa construir desde las bases, ayudar a que algo se mantenga en una estructura estable. Nuestras palabras deberían:
Quizás creciste en un entorno donde ciertos lenguajes o maneras de hablar eran normalizados. Pero hoy puedes tomar la decisión de cambiar tu manera de hablar y de expresar un amor que edifique, no palabras que destruyan.
Jesús en Juan 4 se encuentra con la mujer samaritana, una mujer rechazada por el pueblo de donde Jesús venía. Había una enemistad de mucho tiempo, un rechazo cultural que era normalizado.
Pero Jesús rompe esta manera de relacionarse. Él conoce el pecado de esta mujer, pero no se lo lanza en la cara. De una manera que no humilla sino que redime, le hace ver su necesidad de encontrarse con un salvador. Habla la verdad de manera que restaura su dignidad y le permite abrir el corazón para recibir lo que Dios tenía para ella.
Nuestras palabras pueden abrir el corazón de las personas o humillarlas, culparlas, avergonzarlas, marcarlas, etiquetarlas.
En la familia: Cuando tu hijo se equivoca, el amor no dice: "Siempre es lo mismo contigo, ¿cuándo vas a cambiar?" En su lugar: "Lo que hiciste no estuvo bien, pero puedo ayudarte a mejorar. ¿Hablamos sobre eso?"
En el trabajo o estudios: El amor no etiqueta a las personas por sus errores, sino que busca soluciones para mejorar juntos.
En la iglesia: El amor evita frases como "ese nunca va a cambiar" o "siempre se equivoca de la misma manera". En su lugar, reconoce que hay procesos en las personas y les ayuda a edificarse, a animarse, a caminar en el Señor.
Corrección sin aplastar. Proverbios 12:18 dice:
"Hay gente cuyas palabras son puñaladas, pero la lengua de los sabios sana las heridas."
¿Cómo son tus palabras? ¿Son puñaladas o sanidad? Puedes ser una persona que sane las heridas de otros con sus palabras, que traiga sanidad y restauración con la manera en que eliges hablar.
No estoy diciendo que cuando elijas tus palabras no digas la verdad o que no corrijas lo que está mal. No se trata de suavizar las circunstancias, sino de elegir la manera correcta, detenerte a pensar cuál es la forma adecuada, y elegir el momento en el cual esto sea más efectivo.
Efesios 4:15 dice:
"Profesemos la verdad en amor y crezcamos en todo en Cristo que es la cabeza."
No se trata de dejar de decir la verdad para hablar bonito. Se trata de aprender a hablar la verdad en amor, decir las cosas sinceramente y con honestidad, pero sin humillar o condenar a las demás personas.
En 2 Samuel 12, el profeta Natán confronta al rey David por su adulterio. Mira cómo lo hace. Natán llega y le cuenta una historia:
"En cierta ciudad vivían dos hombres. Uno era rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, pero el pobre solo tenía una corderita que había comprado y criado, que era como su propia hija. Un día el hombre rico recibió un visitante y tomó la oveja del hombre pobre y la preparó para su visitante."
David se pone furioso contra aquel hombre y dice: "Juro por el Señor que ese hombre merece la muerte."
Entonces Natán le dice: "Tú eres ese hombre."
Mira la manera en que expresa la verdad y lo hace reconocer su condición de pecado para que luego pueda arrepentirse.
En casa: ¿Qué tal si cuando tu hijo hace algo malo, esperas el momento adecuado? Busca un momento a solas y comienza diciendo: "Hijito, hijita, te amo y por eso necesito hablar esto importante contigo." Respira, piensa, ora. Luego te acercas con amor y gracia.
Como líder: El amor corrige en privado y cuida el tono. Habla del comportamiento, no de la identidad de las personas. No digas: "Tú eres irresponsable". En su lugar: "Este comportamiento necesita cambiar".
En amistades: El amor no usa el sarcasmo ni la ironía para confrontar, sino respeto y honestidad.
Proverbios 15:1-2 dice:
"La respuesta amable calma la ira, pero la respuesta grosera aumenta el enojo. La lengua sabia adorna el conocimiento, pero la boca de los necios profiere tonterías."
El sarcasmo y la ironía están normalizados, pero pueden herir a las personas. ¿Qué tal si controlamos nuestra manera de expresarnos y comenzamos a ser honestos y respetuosos?
He dicho que el amor busca palabras que edifican. He dicho que el amor busca el momento correcto para corregir. Pero también el amor se refleja en controlar mi lengua cuando la situación parece salirse de control.
Santiago 1:19-20 dice:
"Por eso, amados hermanos míos, todos ustedes deben estar dispuestos a oír, pero ser lentos para hablar y para enojarse, porque quien se enoja no promueve la justicia de Dios."
Muchas heridas no se producen por el problema en sí mismo, sino por lo que se dijo en medio del problema o en medio de la discusión. Las personas salen lastimadas no por los problemas que se podrían solucionar luego de conversar tranquilamente, sino por las cosas que la gente se dice sin pensar.
Moisés estaba con el pueblo de Israel en el desierto. El pueblo tenía sed y Dios le dijo que hablara con la roca para obtener agua. Pero Moisés estaba enojado y presionado por el pueblo. En vez de obedecer a Dios, hizo lo que ya sabía que funcionaba: golpear la roca. Salió agua, pero tuvo una consecuencia para su vida. No pudo entrar a la tierra prometida con el pueblo.
Fue una acción impulsiva de parte de él por el calor del momento. Cuántos de nosotros también hablamos de maneras equivocadas por el calor del momento, o porque nos llevamos una impresión de las cosas que sucedieron.
A veces sucede una circunstancia, una comunicación, pero las cosas se malinterpretan. Tenemos una idea en nuestra mente de lo que significó, una interpretación de la realidad. En vez de buscar aclararla, nos quedamos con esa sensación de incomodidad. Comenzamos a hablar y a decir cosas basadas en algo que quizás es equivocado, y eso trae consecuencias negativas.
En la pareja: El amor a veces debe aprender a decir: "¿Qué tal si hablamos luego? Este no es un buen momento para conversar. Estoy molesto/a. ¿Qué tal si lo hablamos más tarde, cuando estemos más tranquilos?"
En conflictos: El amor decide no responder mensajes impulsivamente solo porque entendiste algo mal. Detenerte un momento y pensar antes de responder es mejor que lastimar.
En desacuerdos cotidianos: El amor evita palabras absolutas como "siempre", "nunca", "toda la vida lo mismo". Usamos estas palabras como una expresión de nuestra intensidad del enojo, pero no son ciertas.
Proverbios 17:27 dice:
"Sabio es quien cuida sus palabras. Inteligente es quien tiene un espíritu prudente."
La Biblia habla de ponerle vozal a los caballos para ser controlados. De alguna manera necesitas ponerte un vozal también antes de hablar. No físico, pero sí en tu mente: detente y pregúntate, "¿Va a edificar? ¿Es el momento correcto? ¿Estas son las palabras correctas?"
Si no estás seguro, pregunta. Busca consejo. Nada te cuesta preguntarle a tu líder de red: "Estoy en esta situación, quiero decirle esto a esta persona. ¿Lo hago o no?"
Claro, vamos a equivocarnos. Parte de mostrar el amor de Dios es reconocer que nos equivocamos, pedir perdón. Y también parte de mostrar el amor de Dios es perdonar y extender lo que hemos recibido de parte de Dios.
No solo se trata de dejar de decir cosas malas, sino comenzar a decir cosas buenas. No solo se trata de evitar decir cosas malas, sino que de tu boca comiencen a salir cosas buenas.
1 Tesalonicenses 5:11 dice:
"Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros como en efecto ya lo hacen."
De ustedes salen palabras buenas hacia sus hijos, familiares, amigos. Pero parte de compartir el amor de Dios es ser constantes en esto.
Si eres papá o mamá, haz un promedio. Durante las 24 horas del día, ¿cuál es la proporción entre las cosas buenas que reconoces en tus hijos y las cosas malas? ¿Les has llamado la atención más de lo que los has felicitado?
Quizás habría que considerar darle más peso a las cosas positivas. No significa dejar de señalar lo que hay que corregir. Significa que estoy tratando de mostrar el amor de Dios de manera intencional. Busco reconocer las cosas positivas y afirmarlas en el corazón de mis hijos.
Quizás no lo hicieron contigo cuando eras pequeño o joven. Pero tienes la oportunidad de hacerlo en una nueva generación que aprenda a manejar su lengua también y que a través de sus palabras transmita vida, no muerte.
Muchas personas no necesitan una corrección más. Todo el mundo ya reconoce las cosas malas. Quizás en el servicio ya los llamaron la atención. Llegan a casa y los vuelven a llamar la atención. Van al trabajo y los vuelven a llamar la atención. Todo el mundo los llama la atención.
Quizás hay personas que necesitan más bien que se les devuelva la esperanza, que les levanten el ánimo. Diles: "Oye, quizás todo está mal, pero hoy te vestiste muy bien." O: "Quizás te salió todo mal, pero veo que siempre estás sonriendo. Quizás no lo hiciste bien, pero tienes buen ánimo. Entonces, sigue adelante, vuelve a intentarlo."
Puedes dar palabras que edifiquen, que transmitan vida, que animen y que construyan a las personas para acercarse y conocer el verdadero amor de Dios.
En Juan 21, Jesús restaura a Pedro después de que lo había negado tres veces. Jesús resucitado se lo encuentra en la playa. Prepara la comida para los discípulos y luego conversa con él:
"Pedro, ¿me amas? Pedro, sí, claro, sabes que te amo, Señor. Entonces, apacienta mis ovejas."
Jesús no restaura solo la relación. Restaura su identidad, restaura su propósito. Le da ánimo, le da una tarea por hacer, le hace saber que aún puede seguir adelante a pesar de que se había equivocado.
Jesús no le recuerda su traición, sino que le devuelve su propósito.
En la familia: El amor debe decir: "Estoy orgulloso de ti. Lo hiciste muy bien esta semana. No te sacaste un 20, pero fue un 17. Eso está muy bien. Aún puedes mejorar, pero estoy orgulloso de ti."
En la iglesia: El amor reconoce a los que sirven fielmente, aunque no estén en la plataforma. Hay muchos aquí que están sirviendo y siempre dan su tiempo. ¿Qué tal si le das las gracias al anfitrión? "Gracias por lo que estás haciendo." A quien está manejando el sonido, a los músicos, a los que sirven con niños.
Dios dice que no es invisible lo que hacemos hacia él. Pero tampoco debe ser invisible entre nosotros.
Con personas que se han equivocado: El amor evita decir: "Oye, te lo dije." En su lugar: "Dios aún puede hacer las cosas contigo. Dios está trabajando contigo. Dios no ha terminado contigo. Aún hay más."
Proverbios 16:23-24 dice:
"El sabio de corazón habla con prudencia y a sus labios añade sabiduría. Las palabras amables son como un panal de miel. Endulzan el alma y sanan el cuerpo."
Las palabras amables son un panal de miel, endulzan el alma y sanan el cuerpo. ¿Qué tal si intentas eso esta semana? Dejar de decir quizás algunas cosas para comenzar a cambiarlas por cosas positivas y poder dar palabras amables a tu alrededor.
Efesios 4:31 dice:
"Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias y todo tipo de maldad."
Colosenses 4:6 dice:
"Procuren que su conversación siempre sea agradable y de buen gusto para que den a cada uno la respuesta debida."
El amor no solo se va a demostrar por lo que decimos, sino también por lo que decidimos callar. Pablo le está diciendo a los efesios: desechen, quiten, olvídense de eso, déjenlo a un lado. Tu amargura, tu enojo, tu gritería, las calumnias.
No es algo por lo que hablar. La Biblia nos enseña más bien a procurar lo bueno, a pensar en lo honesto, en lo justo, en lo positivo, en lo que es digno de aplauso. Si vas a pensar en eso, entonces conversa sobre eso también.
No se trata de que uses palabras más rebuscadas o que hables en otro idioma. Se trata de que hables lo que es bueno, lo que es positivo, lo que está en la palabra de Dios, lo que transmite su amor, lo que da esperanza, lo que ayuda a la gente a conectarse con él.
En tus conversaciones: El amor no repite chismes ni comentarios que dañan. Los calla porque no valen la pena. Deséchalos.
En tus redes sociales: El amor decide no responder burlándose o agrediendo a otros. Eres anónimo, nadie sabe quién eres, y comienzas a decir varias cosas, sueltas ahí todo el veneno. No vale la pena. Deséchalo.
En tus bromas: El amor evita humillar o exponer las debilidades ajenas. A veces podemos ser un poco malos al momento de bromear y podemos lastimar a otros. Valdría la pena evaluar cómo es que nos expresamos de esa manera.
Si no edifica, si no honra a Dios y no ayuda a los demás, entonces el amor elige no decirlo. Si no edifica, si no honra a Dios y no ayuda a otro, entonces mejor sería que no lo digas, que te lo guardes.
Jesús habló palabras que sanaron, restauraron y dieron vida. Si él vive en nosotros, entonces su amor debe escucharse en nuestra manera de hablar.
Proverbios 18:21 dice:
"El que ama la lengua comerá de sus frutos. Ella tiene poder sobre la vida y la muerte."
Tu lengua tiene poder. Tienes poder quizás para humillar a algunas personas con tus palabras, porque quizás se lo merecen. Pero puedes elegir palabras de perdón y propósito, así como Jesús y Dios las eligieron para ti.
Recuerda el ejemplo de José. Fue vendido por sus hermanos, traicionado por su familia, alejado. Pudo haberse vengado cuando Dios lo puso en una nueva posición como gobernador de Egipto. Pero decidió no hacerlo. Utilizó sus palabras para restaurar a su familia, para perdonarlos, olvidándose de la maldad que le hicieron y recordando lo bueno que había sido Dios con su propia vida.
Tú puedes ser una persona que recuerde lo bueno que ha sido Dios contigo, olvidando lo malo que otras personas te pudieron haber hecho. Porque Dios ha sido bueno contigo y eso es suficiente para poder expresar amor a los demás. No porque quizás ellos te hayan pagado lo que hicieron, sino porque Dios ha sido bueno conmigo.
Hemos estado hablando sobre el segundo eje de nuestra visión: amar a todas las personas. En las últimas semanas, hemos explorado diferentes aspectos de este amor. Hablamos del camino más excelente según Pablo en 1 Corintios, luego sobre cómo vivir en amor a través de la sabiduría en Proverbios. Hoy quiero compartir algo más práctico: cómo usar nuestras palabras para mostrar amor a los demás.
Vivimos en una época muy rápida, con muchas cosas por hacer. Reaccionamos ante las circunstancias sin detenernos a pensar en lo que decimos. Muchas veces soltamos palabras o frases sin medir la repercusión que tienen. Me gustaría recordar cómo utilizar mejor nuestras palabras para mostrar el amor de Dios a nuestro prójimo.
Jesús nos lo enseña claramente en Mateo 12:33-35:
"Si el árbol es bueno, también su fruto es bueno. Pero si el árbol es malo, también su fruto es malo. Al árbol se le conoce por sus frutos. Generación de víboras, ¿cómo pueden decir cosas buenas si son malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón, mientras el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro."
Esta es una verdad fundamental: de la abundancia del corazón habla la boca. Si el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón, ese amor debe escucharse en la manera en que hablamos a los demás. Cuando el amor de Dios es abundante en tu vida, sale a través de lo que expresas.
Efesios 4:29 nos dice:
"No pronuncien ustedes ninguna palabra obscena, sino solo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación y que sean de bendición para los oyentes."
A través de los diferentes espacios donde convivimos, adquirimos maneras de hablar que no necesariamente traen edificación. Alguien puede decir: "Digo groserías sin intención de lastimar, es solo una costumbre." Pero Pablo nos está diciendo que ninguna palabra corrompida debe salir de nuestra boca.
No se trata simplemente de evitar lo ofensivo. Se trata de tomar la actitud y la decisión de evaluar nuestras palabras para que cada cosa que salga de nuestra boca edifique.
Edificar significa construir desde las bases, ayudar a que algo se mantenga en una estructura estable. Nuestras palabras deberían:
Quizás creciste en un entorno donde ciertos lenguajes o maneras de hablar eran normalizados. Pero hoy puedes tomar la decisión de cambiar tu manera de hablar y de expresar un amor que edifique, no palabras que destruyan.
Jesús en Juan 4 se encuentra con la mujer samaritana, una mujer rechazada por el pueblo de donde Jesús venía. Había una enemistad de mucho tiempo, un rechazo cultural que era normalizado.
Pero Jesús rompe esta manera de relacionarse. Él conoce el pecado de esta mujer, pero no se lo lanza en la cara. De una manera que no humilla sino que redime, le hace ver su necesidad de encontrarse con un salvador. Habla la verdad de manera que restaura su dignidad y le permite abrir el corazón para recibir lo que Dios tenía para ella.
Nuestras palabras pueden abrir el corazón de las personas o humillarlas, culparlas, avergonzarlas, marcarlas, etiquetarlas.
En la familia: Cuando tu hijo se equivoca, el amor no dice: "Siempre es lo mismo contigo, ¿cuándo vas a cambiar?" En su lugar: "Lo que hiciste no estuvo bien, pero puedo ayudarte a mejorar. ¿Hablamos sobre eso?"
En el trabajo o estudios: El amor no etiqueta a las personas por sus errores, sino que busca soluciones para mejorar juntos.
En la iglesia: El amor evita frases como "ese nunca va a cambiar" o "siempre se equivoca de la misma manera". En su lugar, reconoce que hay procesos en las personas y les ayuda a edificarse, a animarse, a caminar en el Señor.
Corrección sin aplastar. Proverbios 12:18 dice:
"Hay gente cuyas palabras son puñaladas, pero la lengua de los sabios sana las heridas."
¿Cómo son tus palabras? ¿Son puñaladas o sanidad? Puedes ser una persona que sane las heridas de otros con sus palabras, que traiga sanidad y restauración con la manera en que eliges hablar.
No estoy diciendo que cuando elijas tus palabras no digas la verdad o que no corrijas lo que está mal. No se trata de suavizar las circunstancias, sino de elegir la manera correcta, detenerte a pensar cuál es la forma adecuada, y elegir el momento en el cual esto sea más efectivo.
Efesios 4:15 dice:
"Profesemos la verdad en amor y crezcamos en todo en Cristo que es la cabeza."
No se trata de dejar de decir la verdad para hablar bonito. Se trata de aprender a hablar la verdad en amor, decir las cosas sinceramente y con honestidad, pero sin humillar o condenar a las demás personas.
En 2 Samuel 12, el profeta Natán confronta al rey David por su adulterio. Mira cómo lo hace. Natán llega y le cuenta una historia:
"En cierta ciudad vivían dos hombres. Uno era rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, pero el pobre solo tenía una corderita que había comprado y criado, que era como su propia hija. Un día el hombre rico recibió un visitante y tomó la oveja del hombre pobre y la preparó para su visitante."
David se pone furioso contra aquel hombre y dice: "Juro por el Señor que ese hombre merece la muerte."
Entonces Natán le dice: "Tú eres ese hombre."
Mira la manera en que expresa la verdad y lo hace reconocer su condición de pecado para que luego pueda arrepentirse.
En casa: ¿Qué tal si cuando tu hijo hace algo malo, esperas el momento adecuado? Busca un momento a solas y comienza diciendo: "Hijito, hijita, te amo y por eso necesito hablar esto importante contigo." Respira, piensa, ora. Luego te acercas con amor y gracia.
Como líder: El amor corrige en privado y cuida el tono. Habla del comportamiento, no de la identidad de las personas. No digas: "Tú eres irresponsable". En su lugar: "Este comportamiento necesita cambiar".
En amistades: El amor no usa el sarcasmo ni la ironía para confrontar, sino respeto y honestidad.
Proverbios 15:1-2 dice:
"La respuesta amable calma la ira, pero la respuesta grosera aumenta el enojo. La lengua sabia adorna el conocimiento, pero la boca de los necios profiere tonterías."
El sarcasmo y la ironía están normalizados, pero pueden herir a las personas. ¿Qué tal si controlamos nuestra manera de expresarnos y comenzamos a ser honestos y respetuosos?
He dicho que el amor busca palabras que edifican. He dicho que el amor busca el momento correcto para corregir. Pero también el amor se refleja en controlar mi lengua cuando la situación parece salirse de control.
Santiago 1:19-20 dice:
"Por eso, amados hermanos míos, todos ustedes deben estar dispuestos a oír, pero ser lentos para hablar y para enojarse, porque quien se enoja no promueve la justicia de Dios."
Muchas heridas no se producen por el problema en sí mismo, sino por lo que se dijo en medio del problema o en medio de la discusión. Las personas salen lastimadas no por los problemas que se podrían solucionar luego de conversar tranquilamente, sino por las cosas que la gente se dice sin pensar.
Moisés estaba con el pueblo de Israel en el desierto. El pueblo tenía sed y Dios le dijo que hablara con la roca para obtener agua. Pero Moisés estaba enojado y presionado por el pueblo. En vez de obedecer a Dios, hizo lo que ya sabía que funcionaba: golpear la roca. Salió agua, pero tuvo una consecuencia para su vida. No pudo entrar a la tierra prometida con el pueblo.
Fue una acción impulsiva de parte de él por el calor del momento. Cuántos de nosotros también hablamos de maneras equivocadas por el calor del momento, o porque nos llevamos una impresión de las cosas que sucedieron.
A veces sucede una circunstancia, una comunicación, pero las cosas se malinterpretan. Tenemos una idea en nuestra mente de lo que significó, una interpretación de la realidad. En vez de buscar aclararla, nos quedamos con esa sensación de incomodidad. Comenzamos a hablar y a decir cosas basadas en algo que quizás es equivocado, y eso trae consecuencias negativas.
En la pareja: El amor a veces debe aprender a decir: "¿Qué tal si hablamos luego? Este no es un buen momento para conversar. Estoy molesto/a. ¿Qué tal si lo hablamos más tarde, cuando estemos más tranquilos?"
En conflictos: El amor decide no responder mensajes impulsivamente solo porque entendiste algo mal. Detenerte un momento y pensar antes de responder es mejor que lastimar.
En desacuerdos cotidianos: El amor evita palabras absolutas como "siempre", "nunca", "toda la vida lo mismo". Usamos estas palabras como una expresión de nuestra intensidad del enojo, pero no son ciertas.
Proverbios 17:27 dice:
"Sabio es quien cuida sus palabras. Inteligente es quien tiene un espíritu prudente."
La Biblia habla de ponerle vozal a los caballos para ser controlados. De alguna manera necesitas ponerte un vozal también antes de hablar. No físico, pero sí en tu mente: detente y pregúntate, "¿Va a edificar? ¿Es el momento correcto? ¿Estas son las palabras correctas?"
Si no estás seguro, pregunta. Busca consejo. Nada te cuesta preguntarle a tu líder de red: "Estoy en esta situación, quiero decirle esto a esta persona. ¿Lo hago o no?"
Claro, vamos a equivocarnos. Parte de mostrar el amor de Dios es reconocer que nos equivocamos, pedir perdón. Y también parte de mostrar el amor de Dios es perdonar y extender lo que hemos recibido de parte de Dios.
No solo se trata de dejar de decir cosas malas, sino comenzar a decir cosas buenas. No solo se trata de evitar decir cosas malas, sino que de tu boca comiencen a salir cosas buenas.
1 Tesalonicenses 5:11 dice:
"Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros como en efecto ya lo hacen."
De ustedes salen palabras buenas hacia sus hijos, familiares, amigos. Pero parte de compartir el amor de Dios es ser constantes en esto.
Si eres papá o mamá, haz un promedio. Durante las 24 horas del día, ¿cuál es la proporción entre las cosas buenas que reconoces en tus hijos y las cosas malas? ¿Les has llamado la atención más de lo que los has felicitado?
Quizás habría que considerar darle más peso a las cosas positivas. No significa dejar de señalar lo que hay que corregir. Significa que estoy tratando de mostrar el amor de Dios de manera intencional. Busco reconocer las cosas positivas y afirmarlas en el corazón de mis hijos.
Quizás no lo hicieron contigo cuando eras pequeño o joven. Pero tienes la oportunidad de hacerlo en una nueva generación que aprenda a manejar su lengua también y que a través de sus palabras transmita vida, no muerte.
Muchas personas no necesitan una corrección más. Todo el mundo ya reconoce las cosas malas. Quizás en el servicio ya los llamaron la atención. Llegan a casa y los vuelven a llamar la atención. Van al trabajo y los vuelven a llamar la atención. Todo el mundo los llama la atención.
Quizás hay personas que necesitan más bien que se les devuelva la esperanza, que les levanten el ánimo. Diles: "Oye, quizás todo está mal, pero hoy te vestiste muy bien." O: "Quizás te salió todo mal, pero veo que siempre estás sonriendo. Quizás no lo hiciste bien, pero tienes buen ánimo. Entonces, sigue adelante, vuelve a intentarlo."
Puedes dar palabras que edifiquen, que transmitan vida, que animen y que construyan a las personas para acercarse y conocer el verdadero amor de Dios.
En Juan 21, Jesús restaura a Pedro después de que lo había negado tres veces. Jesús resucitado se lo encuentra en la playa. Prepara la comida para los discípulos y luego conversa con él:
"Pedro, ¿me amas? Pedro, sí, claro, sabes que te amo, Señor. Entonces, apacienta mis ovejas."
Jesús no restaura solo la relación. Restaura su identidad, restaura su propósito. Le da ánimo, le da una tarea por hacer, le hace saber que aún puede seguir adelante a pesar de que se había equivocado.
Jesús no le recuerda su traición, sino que le devuelve su propósito.
En la familia: El amor debe decir: "Estoy orgulloso de ti. Lo hiciste muy bien esta semana. No te sacaste un 20, pero fue un 17. Eso está muy bien. Aún puedes mejorar, pero estoy orgulloso de ti."
En la iglesia: El amor reconoce a los que sirven fielmente, aunque no estén en la plataforma. Hay muchos aquí que están sirviendo y siempre dan su tiempo. ¿Qué tal si le das las gracias al anfitrión? "Gracias por lo que estás haciendo." A quien está manejando el sonido, a los músicos, a los que sirven con niños.
Dios dice que no es invisible lo que hacemos hacia él. Pero tampoco debe ser invisible entre nosotros.
Con personas que se han equivocado: El amor evita decir: "Oye, te lo dije." En su lugar: "Dios aún puede hacer las cosas contigo. Dios está trabajando contigo. Dios no ha terminado contigo. Aún hay más."
Proverbios 16:23-24 dice:
"El sabio de corazón habla con prudencia y a sus labios añade sabiduría. Las palabras amables son como un panal de miel. Endulzan el alma y sanan el cuerpo."
Las palabras amables son un panal de miel, endulzan el alma y sanan el cuerpo. ¿Qué tal si intentas eso esta semana? Dejar de decir quizás algunas cosas para comenzar a cambiarlas por cosas positivas y poder dar palabras amables a tu alrededor.
Efesios 4:31 dice:
"Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias y todo tipo de maldad."
Colosenses 4:6 dice:
"Procuren que su conversación siempre sea agradable y de buen gusto para que den a cada uno la respuesta debida."
El amor no solo se va a demostrar por lo que decimos, sino también por lo que decidimos callar. Pablo le está diciendo a los efesios: desechen, quiten, olvídense de eso, déjenlo a un lado. Tu amargura, tu enojo, tu gritería, las calumnias.
No es algo por lo que hablar. La Biblia nos enseña más bien a procurar lo bueno, a pensar en lo honesto, en lo justo, en lo positivo, en lo que es digno de aplauso. Si vas a pensar en eso, entonces conversa sobre eso también.
No se trata de que uses palabras más rebuscadas o que hables en otro idioma. Se trata de que hables lo que es bueno, lo que es positivo, lo que está en la palabra de Dios, lo que transmite su amor, lo que da esperanza, lo que ayuda a la gente a conectarse con él.
En tus conversaciones: El amor no repite chismes ni comentarios que dañan. Los calla porque no valen la pena. Deséchalos.
En tus redes sociales: El amor decide no responder burlándose o agrediendo a otros. Eres anónimo, nadie sabe quién eres, y comienzas a decir varias cosas, sueltas ahí todo el veneno. No vale la pena. Deséchalo.
En tus bromas: El amor evita humillar o exponer las debilidades ajenas. A veces podemos ser un poco malos al momento de bromear y podemos lastimar a otros. Valdría la pena evaluar cómo es que nos expresamos de esa manera.
Si no edifica, si no honra a Dios y no ayuda a los demás, entonces el amor elige no decirlo. Si no edifica, si no honra a Dios y no ayuda a otro, entonces mejor sería que no lo digas, que te lo guardes.
Jesús habló palabras que sanaron, restauraron y dieron vida. Si él vive en nosotros, entonces su amor debe escucharse en nuestra manera de hablar.
Proverbios 18:21 dice:
"El que ama la lengua comerá de sus frutos. Ella tiene poder sobre la vida y la muerte."
Tu lengua tiene poder. Tienes poder quizás para humillar a algunas personas con tus palabras, porque quizás se lo merecen. Pero puedes elegir palabras de perdón y propósito, así como Jesús y Dios las eligieron para ti.
Recuerda el ejemplo de José. Fue vendido por sus hermanos, traicionado por su familia, alejado. Pudo haberse vengado cuando Dios lo puso en una nueva posición como gobernador de Egipto. Pero decidió no hacerlo. Utilizó sus palabras para restaurar a su familia, para perdonarlos, olvidándose de la maldad que le hicieron y recordando lo bueno que había sido Dios con su propia vida.
Tú puedes ser una persona que recuerde lo bueno que ha sido Dios contigo, olvidando lo malo que otras personas te pudieron haber hecho. Porque Dios ha sido bueno contigo y eso es suficiente para poder expresar amor a los demás. No porque quizás ellos te hayan pagado lo que hicieron, sino porque Dios ha sido bueno conmigo.