Vístete Bien
La Moda del Cielo
- Church
- Iglesia EmmanuelEvangelicalLima, Peru
- Date
- Tuesday 3rd February 2026
- Read time
- 8 min
- Language
- Spanish
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Vístete Bien: La Moda del Cielo
Introducción
¿Estamos listos? Muchos de ustedes han tenido problemas para decidir qué ponerse. La ropa y la vestimenta a menudo se hacen difíciles. Hemos escuchado de la semana de la moda en Milán, París, Nueva York. Pero hoy quiero hablarles acerca de cómo debemos vestirnos — no solo en la primavera, verano, otoño o invierno, sino en nuestra vida diaria como cristianos.
He titulado el mensaje de hoy: "Vístete bien."
La Vestimenta Espiritual (Colosenses 3:12-14)
Vamos a la Palabra. Colosenses capítulo 3, verso 12 en adelante:
Vestíos, pues como escogidos de Dios, santos y amados de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportáos unos a otros y perdonándos unos a otros. Si alguno tuviere queja contra otro de la manera que Cristo os perdonó, así también hacerlo vosotros y sobre todas estas cosas, vestidos de amor, que es el vínculo perfecto.
Pablo escribió esta carta mientras estaba en prisión. No predicaba directamente en Colosas; su discípulo Epafras lo hacía. Cuando Epafras fue a verlo a la cárcel, le contó que había problemas en la comunidad cristiana. Bajo la guía del Espíritu Santo, Pablo escribió a los Colosenses para recordarles quiénes eran en Cristo.
Había conflicto porque venían de dos culturas: los griegos eran politeístas y algunos decían, "Jesús es simplemente otro dios más". Los judíos aceptaban a Jesús como Mesías pero insistían en cumplir la ley y la Torá. Otros decían, "Jesús es mi Señor, pero puedo seguir viviendo como quiera".
Pablo necesitaba recordarles su verdadera identidad.
Primera Vestimenta: Escogido, Santo y Amado
Primero, ustedes han sido escogidos. Han sido separados. Son muy amados.
Cuando van al mercado, ¿qué compran? Escogen lo mejor — los mejores tomates, la mejor yuca. Dios te dice en esta mañana: "Para mí tú eres lo mejor. A mis ojos eres de gran estima." No puedes decir que no vales nada. Si Él te escogió, camina con esa identidad.
No solo te escogió, sino que te sacó de las tinieblas y te puso en Su reino amado. Te hizo santo — apartado, separado para Dios.
Piensen en el matrimonio. Cuando le dijeron a su esposo o esposa, "Te amaré para toda la vida, en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y en la escasez", en ese momento la otra persona te pertenece y tú le perteneces a ella. De la misma manera, ahora nos pertenecemos al Señor. Un himno antiguo lo expresa bien:
Ya pertenezco a Cristo y Él pertenece a mí. Es mío por la eternidad.
Y es muy amado. Alguien que dio su vida, que lo entregó todo — ¿cómo vamos a responderle?
Segunda Vestimenta: Entrañable Misericordia
Pablo dice: "Vístanse de entrañable misericordia."
El mayor ejemplo es Jesús. En Mateo 9:36 vemos cómo miró a las multitudes:
Y al ver las multitudes, tuvo compasión, entrañable misericordia, un dolor profundo por la gente.
Estaban desamparados y dispersos como ovejas sin pastor. Cuando Jesús miraba, no se enfocaba en lo externo. Miraba el dolor, el sufrimiento y el pecado. No había condenación, sino dolor de las entrañas.
Luego actuó: oró, sanó, alimentó. La entrañable misericordia no se queda en el sentimiento — produce acción.
Hay personas que sufren por su propio pecado y personas que sufren por las consecuencias del pecado de otros. Cuando ves a una mujer abandonada por su esposo, no la juzgues. Atiéndela con misericordia. Aun cuando corrijas, no la humilles.
Esta misericordia debe manifestarse en nuestro presupuesto. Como buenos cristianos, damos el diezmo, nuestras ofrendas, pagamos la casa y el trabajo. Pero ¿conscientemente han separado algo para bendecir a alguien que lo necesita? No esperes a ser atrapado desprevenido. Haz esto una práctica.
Hay diferencia entre pena y entrañable misericordia. La pena simplemente dice, "Ay, pobrecito". Pero la misericordia te mueve a actuar — das tu abrigo, tu ropa, visitas a los enfermos, a los presos, a los ancianos. Acompañas a quienes sufren.
Tercera Vestimenta: Benignidad
Benignidad no es lo mismo que bondad. Se confunden porque van juntas, pero funcionan diferente.
Bondad es qué das. El próximo domingo traeremos el "kilo de amor" — arroz, leche, fideos. Eso es bondad.
Benignidad es cómo lo das. Nuestros hermanos del ministerio hacen las canastas y llegan a la viuda diciendo, "El Señor te ama tanto. El Señor te envía esto. El Señor te bendiga." Esa es la forma, el corazón con el que damos.
La Escritura dice que Dios ama al que da con alegría. No das porque alguien te codea diciendo, "¿Vas a dar o no?"
Benignidad es dar con amor, incluso cuando corriges. Cuando vas a hacer ver a alguien su pecado, no vas a atacar de frente. Actúa como Jesús con la mujer sorprendida en adulterio:
Mujer, ¿quién te condena? Yo tampoco te condeno, pero ve y no peques más.
Gracia y verdad van juntas siempre. Él podía tirar la primera piedra, pero fue benigno.
Cuando alguien te confiesa algo, no lo ataques. Ayúdalo a salir. La persona benigna no se enfoca en tener la razón, sino en hacer lo correcto.
Tuve una conversación con una mujer en Chile. Tenía conflictos con su hijo; la llamaba solo cada tres meses. Le pregunté, "¿Qué le dice cuando la llama?" Me respondió, "Le digo: 'Te acordaste que tienes madre. Te acordaste que tienes mamá'."
Le pregunté, "¿Realmente quiere ganar nuevamente la relación con su hijo?" "Sí", respondió.
Le dije, "La próxima vez que le llame, simplemente dígale: 'Hola, mi amor. Qué lindo escuchar tu voz'."
Un año después, esa mujer se me acercó con un rostro transformado. Me dijo, "Hice lo que me dijo. Cuando mi hijo me llamó y le dije 'Mi amor, qué lindo escucharte', él respondió sorprendido: '¿Estás bien, mamá? No estaba acostumbrado a eso.'" Pero continuó, y ahora tienen una relación muy cercana.
La persona benigna responde de manera grata, tierna y firme. No se trata de tener la razón, sino de hacer lo correcto.
Cuarta Vestimenta: Humildad
Humildad significa que nadie tenga un concepto más alto de sí mismo. Piensa de ti con cordura — ni más ni menos.
El humilde reconoce que todo lo que tiene lo ha recibido de Dios. Pablo lo expresó así:
Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no ha sido en vano para conmigo. Antes he trabajado más que todos, pero no yo, sino la gracia de Dios en mí.
En segundo lugar, el humilde pone sus dones y talentos al servicio de los demás. No los guarda.
Hago una pregunta: ¿Cuántos de ustedes cantan bonito? Levanten la mano. ¿Creen que tienen una buena voz? Ajá. Ahora: ¿ese talento es solo para cantar en la ducha? No, hermano. Si cantas bien, sirve al Señor con ese don hasta que te vayas.
¿Cuánta humildad hay en nosotros? ¿O estamos tan ocupados en nuestro trabajo que lo que Dios nos dio no lo estamos poniendo al servicio de los demás?
Quinta Vestimenta: Mansedumbre
Mansedumbre es cómo reaccionamos ante la injusticia, el maltrato, los insultos. Es poder bajo control.
Sabes que tienes fuerza, autoridad, poder — pero está bajo control. Cuando te atacan, respondes con mansedumbre. Como Jesús cuando lo maldecían: bendecía.
Piensa en esto: Estás comiendo con tu esposo. Toma la sopa y dice, "Uy, ¿sabes qué? Mi mamá cocina mejor que tú. La sazón de mi mamá no se compara."
Tienes dos opciones: reaccionar humanamente o con mansedumbre. La blanda respuesta es difícil hacerla. No es fácil. Te están diciendo que no haces las cosas bien.
Pero si eres una hija de Dios con identidad clara, dices con mansedumbre: "Mi amor, ay, qué pena. Voy a juntarme un poco más con tu mamá para que me enseñe. Me gustaría que realmente te guste lo que yo hago."
(Por dentro probablemente piensas: "No te mato más porque soy cristiana". Pero no lo dices.)
¿Cuántos serían capaces de responder así, con mansedumbre ante los insultos y el daño? Porque hablamos del cristianismo real — no son palabras, es la acción de nuestra vida. Bajo control, entregamos la ofensa al Señor, porque no puede salir de nuestros labios agua dulce y agua amarga.
Sexta Vestimenta: Paciencia y Perdón
Paciencia es la capacidad de soportar el dolor y el sufrimiento con esperanza. Es amar mientras esperas.
Amas a la persona aunque no está haciendo lo correcto, aunque está haciendo cosas indebidas. La paciencia te hace creer que Dios responderá tu oración para cambiar el corazón de tu esposo, tu esposa, tus hijos, tus padres o un amigo.
La paciencia te hace esperar con amor, te hace sufrir pero con esperanza.
E inmediatamente Pablo habla de algo que para muchos es difícil: el perdón.
Often entendemos mal el perdón. Pensamos que perdonar significa caminar de la mano con la persona. No es así. Perdonar es soltar la ofensa.
Cuando perdonas:
- Ya no hablas mal de la persona
- No permites que otros hablen mal de ella
- Aunque en la práctica no camines con ella (tal vez se rompió toda la confianza), no guardas rencor ni maldición.
No perdonar es atarte a un cuerpo de muerte. En la antigüedad, cuando alguien asesinaba a otro, lo amarraban cara a cara con la víctima. El cuerpo muerto pasaba su muerte al vivo. No perdonar permite que la muerte entre a tu vida.
No lo permitas. Eso no significa caminar con la persona, pero bendícela. Que Dios haga su obra en su vida.
Y cuando dice "soportad", significa no dejarlo caer. Es soportar, sostener.
La Vestimenta Completa: Amor
Vamos a ponernos:
- El pantalón de la misericordia
- La camisa de la humildad
- Los zapatos de la mansedumbre
- Los trajes de la paciencia
Pero lo último corona todo:
Y sobre todas estas cosas, vestidos de amor, que es el vínculo perfecto.
El abrigo es el amor. Y Jesús es amor.
Tu vestimenta refleja a Dios. La mía refleja a Dios. Vistámonos de tal manera que podamos reflejar a Dios con nuestras palabras, acciones y actitudes todo el tiempo.
Cuando vayas a la playa, al trabajo, a la escuela — donde sea que vayas, a cualquier edad — que se vea a Dios en nuestras vidas.
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